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03/11/2021 :: Medio Oriente

El terror real de la sociedad palestina

x Amjad Iraqi
Ilegalizar a grupos palestinos de DDHH refleja un consenso central en la política israelí: que el apartheid debe permanecer y el régimen debe tener la audacia de defenderlo

El descaro (chupaz) ha sido durante mucho tiempo un ingrediente clave de la estrategia política israelí. Cuando las tácticas sutiles no logran apaciguar la resistencia local o el escrutinio internacional, las autoridades israelíes a menudo confrontan a su oposición con un descaro feroz, persiguiendo sus objetivos con el peso de la pura confianza en sí mismos. Cuando esa actitud da sus frutos, como a menudo le ha sucedido a Israel, la arrogancia de las autoridades hace metástasis, animándolos a ser aún más agresivos y celosos con sus planes .

Esta cualidad, que a los propagandistas del sionismo les gusta promocionar como un rasgo cultural entrañable, no le hizo ningún favor a Israel la semana pasada. En un descarado movimiento ejecutivo, el ministro de Defensa Benny Gantz ilegalizó a seis importantes grupos palestinos de DDHH como "organizaciones terroristas", acusándolos, sin mostrar ninguna prueba, de ser brazos del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP).

Según los informes de los medios , Gantz puede haber emitido sus órdenes sin consultar al primer ministro y otros miembros del gabinete, ni informar adecuadamente a los aliados de Israel en el extranjero, incluido Washington. Si bien algunos editoriales de periódicos israelíes criticaron la negativa del gobierno a presentar pruebas de su decisión, en su mayoría lo han hecho desde el punto de vista de que la falta de transparencia perjudica más que ayuda a las acciones justificadas del Estado contra estos grupos.

Pero la mala planificación no es la historia aquí. Incluso si actuaba solo, Gantz estaba cumpliendo efectivamente con una doctrina central del gobierno de Bennett-Lapid que hoy se describe popularmente como "reducir el conflicto". Aunque se atribuye al filósofo israelí Micah Goodman y su libro "Catch-67", es de hecho una política de hace décadas que ha sido reempaquetada para reflejar un consenso central en la política israelí: que el apartheid debe permanecer e Israel debe tener la audacia de defenderlo.

A pesar de las diversas propuestas en el libro de Goodman , que al parecer se ha convertido en la biblia política del primer ministro Naftali Bennett, la frase "reducir el conflicto" está diseñada para abrazar una idea simple: que Israel quiere reducir la fricción con los palestinos, mientras atenúa los dramas políticos que caracterizaron el reinado de 12 años de Benjamin Netanyahu. Este enfoque refleja la cautela necesaria para preservar el frágil nuevo gobierno y se alinea perfectamente con los intereses de Washington y Bruselas, que, a pesar de su inversión política en la región, están desesperados por sacar la cuestión palestina de su agenda los próximos años.

El nombre de la doctrina, sin embargo, es un ejemplo colorido de doble lenguaje orwelliano. En la práctica, la estrategia del gobierno no trata de reducir las tensiones; se trata de sofocar la oposición al poder israelí. Entre otras cosas, eso significa limitar aún más al liderazgo palestino a su papel de proveedor de servicios locales y fuerza policial para la población ocupada; promover medidas socio-económicas, como aumentar el número de los permisos de entrada y la ayuda financiera, para mantener a los palestinos concentrados en sus bolsillos en lugar de en sus políticas; y cerrar el espacio que los críticos utilizan para desafíar las políticas de Israel, desde los campus universitarios hasta los organismos internacionales.

Dicho sin rodeos, esta doctrina está lejos de ser una estrategia diplomática cuidadosa: es un plan ambicioso y violento para eliminar la agencia palestina en la resistencia al apartheid. Es puro descaro israelí en toda su brutalidad.

Un perfecto hombre del saco

Con esta doctrina Gantz puso su mirada en seis grupos de la sociedad civil palestina la semana pasada. Estas ONG, entre muchas otras, han sido incubadoras de algunos de los defensores de Palestina más valientes y brillantes de todo el mundo. Son fuentes de empleo y crecimiento para jóvenes abogados, académicos, activistas y escritores que hoy desempeñan papeles influyentes en el movimiento por los derechos de los palestinos.

La oficina de la organización palestina de DDHH Al-Haq en Ramallah, Cisjordania, 27 de octubre de 2021.

El trabajo de estos grupos ha sido fundamental para exponer los abusos de los derechos de Israel y cambiar el rumbo de la opinión mundial contra su régimen, especialmente porque el liderazgo político palestino permanece fragmentado y en coma. Como dijo el director de Addameer, Sahar Francis, a +972 esta semana: "Hemos sido blanco de ataques durante años, por una razón: estamos logrando cambiar el paradigma en todo el mundo al hablar de apartheid".

El impacto de estas ONG va más allá del nivel del discurso. Al-Haq, por ejemplo, se encuentra entre los principales grupos palestinos que aportan pruebas a la Corte Penal Internacional, lo que obliga al exfiscal jefe a abrir una investigación oficial sobre presuntos crímenes de guerra. DNI-Palestina está a la vanguardia de la defensa de Palestina en el Capitolio, influyendo en proyectos de ley históricos que buscan bloquear la financiación estadounidense que incita a las violaciones de los derechos palestinos. Addameer es el grupo principal que mantiene a los prisioneros palestinos en la agenda internacional mientras los defiende ante los tribunales militares israelíes. UAWC proporciona un apoyo vital a los agricultores palestinos en el Área C de la Cisjordania ocupada, entorpeciendo los planes de Israel de tragarse más tierra para su empresa de asentamientos.

Temiendo la receptividad del mundo hacia la sociedad civil palestina, Israel y sus aliados encontraron un perfecto fantasma en el FPLP , que ha sido designado como grupo terrorista por EEUU y la Unión Europea. Si en su día fue una facción dirigente en el seno de la Organización de Liberación de Palestina, el FPLP hoy tiene un peso limitado en una escena política dominada por los cada vez más autoritarios Fatah y Hamas.

Si bien su ideología marxista-leninista es influyente para centrar un análisis de clase y antiimperialista, el FPLP ha perdido gran parte de su influencia histórica, mientras que su brazo armado ha reducido considerablemente sus actividades desde la Segunda Intifada. Pocos observadores en el extranjero saben mucho sobre el partido (a excepción de sus infames secuestros de aviones en las décadas de 1960 y 1970) y, por lo tanto, es poco probable que cuestionen las descripciones del grupo que hace Israel. La estrategia de Israel, entonces, ha sido sencilla: describir a los trabajadores de DDHH como " terroristas con traje " y al FPLP como sus sastres.

A través de años de meticuloso cabildeo, el gobierno israelí y grupos pro-Israel como NGO Monitor, UK Lawyers for Israel y Shurat HaDin han descrito el trabajo palestino de DDHH como falso en el mejor de los casos y antisemita en el peor. La difamación funcionó: durante la última década, los gobiernos extranjeros y las fundaciones privadas han intensificado su escrutinio de los grupos de la sociedad civil palestina que patrocinan, ordenando innumerables auditorías y estipulando condiciones de subvención dudosas que las organizaciones palestinas temen limitarán aún más sus actividades. Las auditorías por sí solas han agotado cantidades asombrosas de tiempo y energía del personal de las ONG, que deberían haberse centrado en su trabajo principal en lugar de atender la paranoia de los financiadores. Ninguna de las auditorías encontró algo que corroborara las amplias acusaciones de Israel.

La toxicidad de la campaña de Israel y los recursos que ha absorvido han paralizado a la sociedad civil palestina. Y aun así, el gobierno y sus aliados no han logrado aplastar a las organizaciones para siempre. Pero, la semana pasada, pasaron a utilizar la medida más eficaz que les quedaba: el poder ejecutivo.

Las órdenes de Gantz, que siguen las recomendaciones del Shin Bet y el Ministerio de Justicia, se derivan de la Ley contra el terrorismo de 2016, una ley colosal que otorga a las autoridades israelíes poderes draconianos bajo el disfraz de las necesidades de seguridad. Cuando se estaba redactando, los grupos de DDHH, incluidos los que han pasado a la lista negra el viernes pasado, advirtieron que la ley facilitaría a Israel el ejercicio de un gobierno autoritario. Esa profecía se ha cumplido.

Denunciando el descaro de Israel

Las ONG palestinas objetivo no son ajenas a los ataques israelíes. Junto con la demonización de su trabajo, su personal ha sido arrestado, sus oficinas allanadas, sus clientes maltratados, sus donantes intimidados y sus plataformas de financiación cerradas, por nombrar solo algunas de las amenazas a las que se han enfrentado. Pero ahora, se puede decir que están entrando en un territorio sin precedentes. La invocación de la Ley contra el terrorismo no solo es el castigo más severo hasta ahora, sino que la comunidad internacional ha mostrado poco interés en poner freno a la agresión de Israel.

De hecho, es indignante observar la timidez de los gobiernos extranjeros que alguna vez fueron tan inflexibles sobre la protección de la sociedad civil. No hace mucho, los gobiernos europeos criticaron duramente al gobierno de Netanyahu por promulgar una ley de 2016 que requería que las ONG israelíes que recibían más de la mitad de sus fondos de fuentes extranjeras declararan ese hecho en toda su documentación. Los europeos no compraron las afirmaciones de los funcionarios de que la ley estaba destinada a la “transparencia” y, con razón, la llamaron un intento de demonizar a los grupos de DDHH. Esa presión, aunque limitada, fue fundamental para obstaculizar los peores impulsos del gobierno de Netanyahu contra la sociedad civil israelí.

Las respuestas de Europa al ataque de la semana pasada contra las ONG palestinas no se han acercado a la firme oposición mostrada hace cinco años. Francamente, esto es absurdo: la orden de Gantz no solo es mucho más seria que tener que redactar un descargo de responsabilidad público, sino que los funcionarios europeos, a través de sus propias auditorías exhaustivas, tienen todas las pruebas que necesitan para refutar las acusaciones de Israel.

De una forma u otra, estos gobiernos extranjeros han internalizado la narrativa maligna de Israel o se han vuelto demasiado prudentes a la hora de hablar en contra de sus políticas. Esa impunidad es el combustible de la arrogancia de Israel, lo que garantiza que el estado enfrentará pocas o ninguna consecuencia por llevar a cabo acciones cada vez más atroces. Fue una de las lecciones definitivas de la era de Netanyahu y, gracias a la complicidad internacional, la coalición Bennett-Lapid la aprendió gentilmente.

Pero a pesar de los peligros de este momento, el torpe intento del gobierno de imponer su doctrina a las ONG también ha traicionado su mayor temor. Según todos los informes, el control de Israel entre el río Jordan y el mar nunca ha estado más asegurado: el liderazgo palestino está roto, los estados árabes están normalizando relaciones diplomáticas, los EEUU se están alejando del proceso de paz y los engranajes del gobierno militar están funcionando sin problemas.

Y, sin embargo, los funcionarios israelíes están aterrorizados, no por los grupos militantes que disparan armas, sino por millones de palestinos y aliados que están exponiendo la verdad sobre la opresión del Estado. Esos funcionarios tienen razón en tener miedo: es gracias a la movilización de las fuerzas de base y de la sociedad civil como los medios de comunicación están desafiando el ataque israelí a las ONG y la razón por la que los diplomáticos están presionando a sus capitales para que respalden su retórica con acciones. A pesar de su arrogancia, Israel sigue temiendo que llegue un día en que los aliados del gobierno denuncien las políticas del estado por lo que son: persecución política por parte de un régimen de apartheid. Con cada acto de descaro, Israel puede acercar ese día.

972mag.com. Traducción: Enrique García para Sinpermiso

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