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Medio Oriente :: 24/06/2013

El triunfo electoral del líder supremo iraní

Txente Rekondo
Los resultados de las elecciones señalan a Hassan Rouhani como el próximo presidente, aunque el gran triunfador ha sido el Ayatollah Ali Khamenei

Siempre que se acercan los períodos electorales en Irán se suceden los tópicos, las lecturas interesadas y los falsos mitos. Nos hablan de elecciones ilegítimas, de un sistema frágil y a punto de caer, nos recuerdan que no estamos ante una “elección, sino ante una selección dirigida”. Y luego cuando los resultados echan por tierra los análisis mencionados, sus autores no dudan en cambiar los ejes de sus discursos y volver a insertarnos toda una serie de nuevas interpretaciones 'sui generis'.

Desde Occidente esos “expertos” no quieren o no pueden reconocer la complejidad del sistema iraní. Prefieren presentar la misma condicionada por las lecturas interesadas formuladas desde los 'lobbies' sionistas, desde los sectores neocon, o desde las aportaciones de los citados “expertos” y su prensa colaboradora. Los continuos esfuerzos para demonizar el sistema y la sociedad iraní les impide ver con claridad la realidad de aquel país. Y sobre todo les imposibilita para comprender que el devenir del mismo está en manos de su población, y ésta, independientemente de su ideología, no acepta los guiones impuestos desde el exterior, nunca lo ha hecho.

Los resultados de las elecciones señalan a Hassan Rouhani como el próximo presidente de la República Islámica de Irán, nos lo presentan como el gran vencedor de las mismas, aunque el gran triunfador ha sido el Líder Supremo, el Ayatollah Ali Khamenei, a pesar que no se presentaba a la contienda electoral, y sobre todo puede “superar” la anterior etapa presidencial.

Khamenei ha logrado un balance entre las diferentes facciones ideológicas y los diferentes centros de poder del complejo sistema política iraní. Y al mismo tiempo ha comenzado a borrar todo resto del anterior presidente y de su corriente ideológica.

Recientemente un prestigioso analista señalaba irónicamente que con la caída en desgracia del hasta ahora presidente Mahmoud Ahmadinejab, Occidente ha perdido un factor clave para poner en aprietos al dominio de los clérigos en Irán. Probablemente esa lectura no busque un respaldo de la política desarrollada por el propio Ahmadinejab, pero evidentemente, desde Occidente hace tiempo que se ha convertido al mismo en el objeto de mentiras y ataques manipuladores.

El triunfo de Ahmadinejab sobre Rafsanjani vino acompañado de sus críticas a la riqueza de éste, ligándola a supuestas tramas corruptas, y supuso el primer paso de un distanciamiento de la élite clerical país. Sus intentos por consolidar el poder de la presidencia del país, chocaron con la citada élite, y ya durante su segundo mandato protagonizó posturas que debilitaban y erosionaban el poder político, económico y religiosos de la élite religiosa iraní.

Contrariamente a lo que se ha presentado, Ahmadinejab criticó acciones de la policía en torno a la supuesta “defensa de la moralidad” en las calles, puso en tela de juicio la enorme riqueza acumulada por diferentes clérigos, así como su atrevimiento, o pulso, con el mismísimo Líder Supremo en trono a decisiones y nombramientos políticos.

Sus alegaciones al Mahdi, poniendo en tela de juicio que sean tan sólo los mullahs los que puedan “comunicarse” con él; sus referencias al Irán pre-islámico o a Ciro el Grande (nacionalismo persa), supuso la ruptura de algunos tabúes que no gustaron tampoco a los dirigentes religiosos de Irán.

La figura de Rohuani acapara la atención del momento. Los que hasta ahora lo definían de una manera, ahora lo quieren situar en el centro de su estrategia interesada. Nos comentan que es una figura pragmática y moderada, y que será capaz de abordar un nuevo desarrollo económico, eso sí, basado en una liberalización del mismo, y sobre todo en un “acercamiento al mundo exterior”.

En torno a esta figura, se ha logrado tejer una suma clave para entender su triunfo en las urnas. El 'stablishment' religioso, del que forma parte; algunos sectores reformistas (fue colaborador de Mohammad Khatami); personajes como Rafsanjani; conservadores moderados y tecnócratas pragmáticos; clérigos y figuras claves del régimen; son algunos de los apoyos que se han adherido a la candidatura de Rohuani, y todos con sus propios intereses sobre la mesa.

Su pasado unido a la revolución y a Khomeini, la confianza del Líder Supremo, el beneplácito de las facciones del régimen (durante todos los años desde el triunfo de la revolución ha venido ocupando cargos clave en el país), y su carrera religiosa (“Hojatoleslam”, autoridad sobre el Islam, e “Ijtehad”, figura competente para la interpretación de la sharía) son factores que le permiten afrontar una presidencia con cierto margen de comodidad.

Lo cierto es que Rohuani no representa una amenaza ni para Khamenei ni para el sistema. Su cercanía al Líder Supremo y a Rafsanjani puede posibilitar que estas dos figuras logren lo que quieran. El primero estabiliza su poder, deshaciendo la política que ponía en cuestión el mismo, y el segundo acercándose al aparato administrativo, vital para sus “negocios”.

El programa nuclear iraní seguirá protagonizando la agenda. Sus implicaciones domésticas, el papel de las sanciones y la debilitación de la economía, así como el balance del poder en la región (Siria, Turquía, Arabia Saudí) y las relaciones con EEUU marcarán algunas de las prioridades de los próximos meses.

Nadie pone en duda dentro de Irán el derecho del país a desarrollar su programa de energía nuclear, y nuevamente nos encontramos ante una avalancha de comentarios externos que muestran “ilusiones”, pero alejadas de la realidad. En torno a este tema además es necesario superar los mitos y la desinformación en torno a Irán para revelar lo que realmente está pasando.

Los políticos y los medios de comunicación occidentales han estado, y están muy empeñados en retratar a Irán como una potencia agresiva y malévola a punto de adquirir armas nucleares, a pesar de que existen grandes y poderosas evidencias de lo contrario.

Por eso, como señalaban recientemente dos prestigiosos periodistas británicos, autores de un libro sobre el tema, es necesario “volver a la diplomacia genuina, poniendo fin a las sanciones y poner en marcha la construcción una nueva relación con Irán, libre de la doble moral y la hipocresía occidental que han puesto en peligro cualquier acuerdo anterior”. Y añadían, “los riesgos son altos, el costo del fracaso será mayor aún”.

Hassan Rohuani, como próximo presidente de la República Islámica de Irán no condicionará la naturaleza de la misma. Sabrá convivir con los poderosos centros de poder, desde Beyt-e Rahbar (la oficina del Líder Supremo), hasta los Cuerpos de los Guardias Islámicos (presentes en todos los sectores de la economía), pasando por las Bonyads o fundaciones religiosas y las mezquitas (controlan el 20% de la economía) o el Majlis (parlamento), y junto a ellos ubicará su presidencia. Pero al mismo tiempo deberá afrontar la reacción de EEUU, que hasta la fecha ha mostrado las dos caras de la misma moneda, a través de la cautela optimista de Obama y su administración y del rechazo de los sectores pro sionistas de la misma.

* Analista Internacional
La Haine

 

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