El XXII congreso del Partido Comunista de Chile (Primera parte)

El PC hizo pública la Convocatoria a su XXII Congreso Nacional [realizado a principios de noviembre de 2002]. Plantea allí una serie de consideraciones sobre la situación política mundial y nacional, y sobre estrategia y políticas a seguir. Queremos en esta nota iniciar una serie de discusiones al respecto. Aunque son muchas las cuestiones planteadas, comenzaremos por centrarnos en dos: sus fundamentos teóricos y su estrategia política más general.
Pero queremos afirmar de entrada una caracterización general sobre el conjunto de esta Convocatoria: Por una lado, que plantea, como veremos, definiciones abiertas a todas las posiciones posibles, en lugar de una definición firme que separe a reformistas de revolucionarios, y por otro lado, que reafirma la estrategia reformista de colaboración de clases que caracteriza toda la historia del PC desde su Conferencia de julio de 1933 (ver N. Miranda, "Historia marxista del Partido Comunista de Chile", Ediciones Clase contra Clase), reafirmando, por si hiciera falta, que el PC no es transformable en un partido revolucionario, sino que se hace indispensable la lucha por construir un nuevo partido revolucionario de los trabajadores.
I. Sus bases teóricas generales
El marxismo es la teoría científica revolucionaria del proletariado. La clave teórica que permitió a Marx sus descubrimientos científicos -aún vigentes- de los fundamentos y la lógica de funcionamiento del capitalismo mediante el método del materialismo dialéctico que fundara junto con su gran compañero Federico Engels, es decir, el descubrimiento de las categorías de trabajo concreto y trabajo abstracto, que son la base sólida de la teoría marxista de la plusvalía, esta clave teórica, decíamos, es que Marx se posicionó en el terreno teórico desde el punto de vista del proletariado. De aquí su afirmación de que "la historia de la sociedad hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases". La teoría marxista es una teoría clasista revolucionaria. Y es revolucionaria porque no sólo da cuenta de la división de la sociedad en clases, y de sus luchas, sino porque su estrategia es la abolición de todas las clases mediante la lucha por la dictadura del proletariado: "Y ahora, en lo que a mí respecta, no ostento el título de descubridor de la existencia de las clases en la sociedad moderna, ni tampoco de la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de clases, y los economistas burgueses la anatomía económica de las clases. Lo nuevo que aporté fue demostrar: 1) que la existencia de las clases está vinculada únicamente a fases particulares, históricas, del desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esa misma dictadura sólo constituye la transición de la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases". (carta de Marx a Weydemeyer, 5/3/1852).
Esta estrategia política de lucha revolucionaria por la dictadura del proletariado era del todo coherente con la teoría clasista de Marx y Engels. Pero en los años del siglo XIX, debía considerar el papel relativamente progresista que podía jugar la burguesía, en lucha, cada vez más débil y vacilante, con los restos de las capas representativas del orden feudal. Con las experiencias de las revoluciones de 1848 y de la Comuna de Paris de 1871, la consideración del papel relativamente progresista que podían jugar sectores de la burguesía, fue liquidada por la propia historia de las revoluciones.
Con el advenimiento de la etapa imperialista, los continuadores revolucionarios de Marx y Engels, Lenin y los bolcheviques, junto con Trotsky, plantearon con claridad que los burgueses, en todas sus alas, fracciones y sectores, como clase, habían pasado a ser una clase absolutamente reaccionaria, que prefería pactar con los sectores más reaccionarios de la oligarquía y los terratenientes, por temor al empuje revolucionario del proletariado, que podía barrerlos como clase. La teoría de la organización de Lenin, y la Teoría -Programa de la Revolución Permanente, dieron forma a esta fundamentación de la estrategia revolucionaria en la época imperialista: la Teoría Programa de la Revolución Permanente de Trotsky, plantea, en su núcleo, que las tareas democráticas pendientes, sólo podrán ser resueltas íntegra y efectivamente por la dictadura del proletariado; con la teoría de la organización de Lenin, el partido bolchevique dio un combate sin pausa a cualquier sector de la burguesía, no entrando nunca en ninguna alianza de ningún tipo con ningún sector burgués. Lenin asumió la Teoría Programa de la Revolución Permanente en sus Tesis de Abril y orientando al partido bolchevique a la toma del poder, Trotsky asumió la teoría de la organización de Lenin, incorporándose al Comité Central del partido bolchevique en 1917.
Ayer como hoy, el movimiento marxista estaba dividido en diferentes sectores. Y así como Lenin y Trotsky representaron la continuidad revolucionaria de Marx y Engels, otros dirigentes, partidos y fracciones, representaron su continuidad reformista. Entre ellos los mencheviques, que planteaban, al contrario de Lenin y Trotsky, la necesidad de llegar a acuerdos y alianzas con sectores burgueses progresivos, basados en definiciones sobre las características del capitalismo mundial (definidas por el dirigente marxista alemán Bernstein, contra quien Rosa Luxemburgo desarrolló una aguda polémica con su "Reforma o Revolución"). De esas definiciones políticas a la erosión progresiva de la teoría marxista, había sólo un paso, que Bernstein había comenzado a dar.
El más reconocido dirigente del marxismo internacional de aquellos años, Kautsky, lo remataría en la teoría política marxista, en un escrito contra la necesidad histórica de la toma del poder por la clase obrera acaudillando a toda la nación oprimida y dirigida por su partido revolucionario. Contra este, Lenin escribiría su conocido "La revolución proletaria y el renegado Kautsky", donde anota: "El problema que tan atrozmente embrolla Kautsky, se plantea en realidad así. Si no es para mofarse del sentido común y de la historia, claro está que no puede hablarse de "democracia pura" mientras existan diferentes clases, y sólo puede hablarse de democracia de clase. La "democracia pura" es un embuste de liberal que embauca a los obreros. La historia conoce la democracia burguesa, que reemplaza al feudalismo, y la democracia proletaria, que sustituye a la burguesa".
A partir de aquí, el marxismo se ha dividido alrededor de esta línea de fuego en toda su historia. Un enorme sector continuó sobre las bases reformistas implantadas por los reformistas alemanes, Bernstein y Kautsky, y los mencheviques rusos: el stalinismo y todas sus variantes (maoísmo, titoísmo, castrismo, etc), caracterizados por la estrategia de la colaboración de clases, la caracterización de la revolución en etapas que exigía el combate primero por su etapa democrática y la consecuente alianza con sectores burgueses democráticos, peleando en muchos lados por las llamadas "democracias populares". Otro sector, más reducido, continuó las enseñanzas de Lenin y Trotsky, el combate por el poder obrero y la lucha intransigente contra cualquier sector burgués, por más amigo de los explotados y oprimidos con el que pérfidamente se mostrara. Entre medio de ambos existieron innumerables sectores, que llamamos centristas.
Las derrotas de las revoluciones, los triunfos de revoluciones que terminaron deformándose construyendo regímenes burocráticos, la dogmatización del marxismo que impuso el stalinismo, fue conformando un sector de intelectuales marxistas que se separaron de la lucha revolucionaria, de la fusión entre la teoría y la práctica (el llamado "marxismo occidental" por el ex historiador marxista británico Perry Anderson), que fueron acentuando, en muchos casos, aunque en el terreno de la teoría, aspectos de esta concepción reformista del marxismo. Muchos hablaron de la dominación en lugar de la explotación (Ralph Miliband), de la desaparición del proletariado (André Gorz), de la financierización del capitalismo, como la cara negativa de los globalizadores (F. Chesnais), otros difuminaron al proletariado en el obrero masa (Antonio Negri), y los más hablan contra la toma del poder (Holloway, Negri, Petras, etc). Este es el tipo de intelectual marxista que predomina hoy, pero que, al mismo tiempo, se plantea explícitamente estas reflexiones, especialmente contra la toma del poder, en cierta medida ante la crisis de los partidos obreros y marxistas.
La Convocatoria del PC, enlaza con estas tradiciones. Es cierto, nombra el problema del poder: "Se requiere una acción organizada con planes y un programa que asuma la cuestión del poder" ("Convocatoria...", p. 8). Pero sólo lo nombra. Y por el contrario, la teoría clasista del marxismo revolucionario de la época imperialista reclama que sea el eje articulador de su estrategia, más aún con la andanada de los intelectuales predominantes actuales que cuestionan la necesidad de plantearse el problema del poder. "... la estrategia revolucionaria se extiende a un sistema combinado de acciones que en su relación, en su sucesión, en su desarrollo deben llevar al proletariado a la conquista del poder ... Sólo la Tercera Internacional restableció los derechos de la estrategia revolucionaria del comunismo, a la cual subordinó completamente los métodos tácticos" (León Trotsky, "La Tercera Internacional después de Lenin. Stalin, el gran organizador de derrotas", p. 145). Y la "cuestión del poder" que se plantea la Convocatoria, merece la misma crítica de Lenin a Kautsky: "En nuestro país la contradicción principal sigue siendo entre neoliberalismo y democracia" ("Convocatoria...", cap. II "La revolución democrática, p. 4). ¿Qué democracia, para ricos, como la popularizó Lenin a la democracia burguesa, o la democracia obrera? El PC no lo aclara. Y no es un descuido. El PC reafirma su estrategia de revolución por etapas, luchando primero por la democracia, y su política de consecuente de colaboración de clases.
II. Su estrategia política
Con estas bases teóricas, que como vimos en el rápido recorrido por los hitos de la teoría y la estrategia política del marxismo, se aleja de la tradición teórica revolucionaria de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, y también Rosa Luxemburgo y un cierto período de Antonio Gramsci, y se acerca a la tradición del reformismo.
Lo ha planteado de otra manera también: "La tarea histórica inmediata es la conquista de la democracia, la soberanía nacional, y la construcción de un poder estatal al servicio del pueblo, aglutinando para ello a todos los sectores y capas sociales afectados por el neoliberalismo" ("Convocatoria...", p. 2).
Nuevamente, no dice si se trata de una democracia obrera o burguesa, que como afirmó Lenin, y como la teoría marxista señala, no puede haber otra duradera. Y si no señala que se trata de una democracia obrera, por esa vía, asume que se trata de una democracia burguesa, aunque profundizada. Y por eso habla de un poder estatal al servicio del pueblo, y no un poder estatal de los trabajadores y el pueblo. La diferencia no es menor. Es más, es determinante. Pero ya la experiencia histórica de los propios trabajadores de nuestro país, y de esta misma estrategia política del PC a lo largo de su historia, por ejemplo con el Frente Popular que concluyó en la Ley Maldita, e incluso con el gobierno de la Unidad Popular, que llevó al máximo posible la profundización de la democracia, pero que justamente por no tomarse el poder dejó los resortes fundamentales de la sociedad burguesa en manos de los sirvientes de la burguesía, comenzando por las FFAA (ver N. Miranda, "Historia marxista del PC de Chile", Ediciones Clase contra Clase), estas experiencias históricas, decíamos, ya sellaron en la realidad el significado y las consecuencias de esta estrategia política.
Por otra parte, una democracia -burguesa- profundizada, con por ejemplo, sistema electoral proporcional, planes de industrialización, etc., es cierto que necesitará de una amplia presión de las masas para lograrse, pero su resultado será prestigiar a sectores de la burguesía y sus partidos que adopten ese discurso, y de esa manera obstaculizar el avance del proletariado como caudillo de la nación oprimida HACIA la toma del poder. Como podría ser el caso de Chávez en Venezuela, que con sus políticas que le quitan un poco a los sectores dominantes, impiden que se les quite todo, actuando como el dique de contención a una revolución social clásica, como él mismo ha declarado.
Esta es la estrategia que permite una tal amplitud en las alianzas, que los lleva hasta la propia burguesía y algunos de sus partidos. La propia "Convocatoria..." lo señala: "Esta concepción presupone una amplia política de alianzas. Ella contempla la construcción de un movimiento político social, con un activo papel de la Izquierda, que impulse acciones comunes con todas las fuerzas que comparten la lucha democratizadora y que se oponen a la globalización neoliberal, al imperialismo y la guerra". (p. 7). Y pasa a citarlos: los trabajadores, los cesantes, capas medias proletarizadas, los propietarios pequeños y medianos, sectores de la burguesía de la ciudad y el campo, pobladores, consumidores de servicios, deudores hipotecarios, exonerados y jubilados, jóvenes, mujeres, mapuche, intelectuales, movimiento de DDHH.
Como se ve, esta alianza amplia llega hasta la burguesía. Pero además, de eso, para disimularlo, mezcla y confunde a clases y sectores de clase (trabajadores, burgueses), con capas sociales (jóvenes) y hasta con organizaciones sociales (movimiento de DDHH), en una mezcla tal, que permite que entre cualquiera. Pero no sólo esto, que le permite preparar las condiciones para dirigirse a las organizaciones políticas que las dirigen o influyen en estas alianzas. Porque salvo que digan una obviedad, como ser que las revoluciones o luchas sociales deben ser masivas, lo que tienen que estar diciendo es que se dirigirán a las expresiones organizativas de este conglomerado confuso que señalan, incluyendo los partidos burgueses democráticos o progresistas. Pero tampoco es sólo esto. Porque esta descripción, aunque el PC nombre una vez más que "los trabajadores son la fuerza motriz fundamental de los cambios revolucionarios y de la construcción del nuevo sujeto político- social" ("Convocatoria...", p. 8), no indica claramente que el proletariado debe ser el caudillo de la nación oprimida dirigido por su partido revolucionario. Por esta vía deja planteada la posibilidad de subordinar al proletariado a otra clase social, que por ser la burguesía la clase dominante, no podrá ser más que a esta, aunque sean sus sectores progresistas. Y esto se ve en sus proposiciones de "industrialización del país", que así, a secas, será sólo una industrialización burguesa. Por otro lado, habla de un nuevo sujeto social y político. Esto apunta a dos cosas. El sujeto social revolucionario, en la teoría marxista, es el proletariado, así que, aún con todos los cambios en su composición, no hay uno "nuevo" del que hablar, y el sujeto político (este es el gran aporte de Lenin) es el partido, ¿de qué otro "nuevo" sujeto hablan también aquí?
Según esta reafirmación de la teoría y la estrategia histórica del PC, de la revolución por etapas y la colaboración de clases, será un nuevo Frente Popular, previamente preparado por una Unidad de la Izquierda, con sectores de la burguesía afectados por el neoliberalismo: "Sí reafirmamos la posibilidad de entendimientos parciales con partidos o sectores de la Concertación que abran paso a cambios democráticos. Pararemos a la derecha construyendo la alternativa de izquierda". ("Convocatoria...", p. 9). Ya criticamos en su oportunidad desde Clase contra Clase y las posiciones del trotskysmo principista, esta política de parar a la derecha con sectores del propio conglomerado que les ha permitido desarrollarse... una política impotente que se subordina a sectores de la burguesía.
En todo esto se revela que lo del "problema del poder" es pura fraseología, y peor aún, que forma a nuevas generaciones de militantes revolucionarios y sectores de vanguardia en la falsa creencia de que se puede tomar el poder -o preparar las condiciones para hacerlo- con sectores burgueses, con sectores que no luchan por el socialismo: "ante la intensidad de la ofensiva del neoliberalismo es necesaria una alianza plural de todos aquellos partidos, organizaciones sociales, movimientos, personas, comprometidos con la idea de transformaciones profundas, de contenido anticapitalista, donde, naturalmente, no todos postulan socialismo y comunismo y donde se respeten las autonomías de cada organización. Se requiere una acción organizada con planes y un programa que asuma la cuestión del poder" ("Convocatoria...", p. 8). Más todavía, liquida la concepción leninista del partido al plantear que es posible proponerse la estrategia de la toma del poder respetando "las autonomías de cada organización", entonces, si unos luchan por el socialismo, otros por una democracia burguesa más profunda, otros por una democracia popular, puede actuarse organizadamente para resolver "la cuestión del poder", aunque algunos no quieran planteárselo y otros supuestamente lo hagan. Estas son de las sumas que restan de las que hablaba Trotsky. Y la organización leninista se transforma en una mera cuestión administrativa y no en la sólida organización para la toma del poder, siendo también la base de la burocratización, donde deben imponerse las políticas centrales porque cada uno tiene la suya.
Resumiendo, en principio. El PC ha reafirmado su teoría de revolución por etapas y su estrategia de colaboración de clases enlazando con las tradiciones del reformismo, de esta manera lucha por una democracia profundizada, lo que resulta en prestigiar a sectores de la burguesía democrática y progresista transformándose en un obstáculo en la lucha por la toma del poder por el proletariado acaudillando a la nación oprimida- o en preparar las condiciones para hacerlo, y concluye así en liquidar la concepción leninista de partido.
Hay muchas otras cuestiones que el PC plantea en esta "Convocatoria...", respecto a una política clasista, su posición ante las elecciones que llevaron a Lagos a la Presidencia, las tareas actuales de los partidos de la clase obrera y de izquierda en general. En próximos artículos polemizaremos sobre los mismos. Esperamos que esta discusión resulte útil a los honestos militantes y cuadros del PC para dar una pelea teórica, estratégica y política que permita avanzar a la construcción de un partido revolucionario de los trabajadores, bajo las banderas del marxismo revolucionario de Lenin y Trotsky. Este combate es la tarea de Clase contra Clase en Chile, y de la Fracción Trotskysta - Estrategia Internacional a nivel internacional, luchando por reconstruir-refundar la IV Internacional, el Partido Mundial de la Revolución Proletaria.







