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Mundo :: 03/08/2007

El derecho al agua y los nuevos presos políticos en El Salvador

Dagoberto Gutiérrez
Conflicto intergubernamental, esta es la pelea entre los dos partidos básicos para el régimen político, ARENA y FMLN, ambos pilares de este régimen y ambos co-gobernantes de la política gubernamental

Cuando las personas son capturadas por exigir agua potable, por manifestarse públicamente en las calles públicas, por hacer público lo que quieren, por concentrarse para una discusión sobre el agua, por intentar decirle al presidente de la república lo que piensan sobre el problema del agua potable. Cuando esto ocurre estas personas detenidas se convierten en presos políticos.

Las leyes, es decir la política convertida en deber ser, crean a los delitos y establecen sus límites y fronteras de modo que toda conducta humana que se adecue a las características de ese delito, pueda ser reprimido legalmente por el estado.

Así se trata desde los primeros momentos de la civilización occidental, la relación de la persona con el estado y así se ha pensado que debe ser y aun más, que debería ser.

El agua potable ha producido en El Salvador los primeros presos políticos de la postguerra, tanto en Santa Isabel Ishuatán, como en Tacuba y ahora en Suchitoto, el tema agua produce el choque insoluble entre la ciudadanía que exige lo que legalmente le corresponde y un aparato estatal, ciego y sordo, que sólo alcanza a usar la fuerza. En cada uno de estos lugares hay una historia dramática de autismo político estatal pero también de falta de inteligencia gubernamental y de una paciente impaciencia de las comunidades; pero en Suchitoto se conjugaron por lo menos tres factores que lo hacen resonante:

Conflicto intergubernamental, esta es la pelea entre los dos partidos básicos para el régimen político, ARENA y FMLN, ambos pilares de este régimen y ambos co-gobernantes de la política gubernamental.

En Suchitoto el 2 de julio se construyó un escenario electoral en donde un presidente arenero, o un arenero presidente trabajó en una jurisdicción gobernada por el FMLN, sin coordinación con éste partido y con un planteamiento relacionado con el tema agua; aunque éste tema no forme parte sustancial de la agenda del FMLN, sí lo es de las comunidades interesadas y afectadas y de las organizaciones sociales conocedoras del tema.

La descentralización es una figura sin prestigio, autoridad ni peso en el país porque un régimen autoritario no puede descentralizar, a lo sumo puede desconcentrar. La descentralización supone ejercicio de poder y la desconcentración implica distribución de funciones, he aquí la diferencia entre una y otra y he aquí la razón porqué un régimen autoritario, como el de El Salvador, no puede ni siquiera, soñar con descentralizar.

Estos tres factores resultan explosivos ante la precariedad gubernamental y resultan riquísimos cuando un gobierno es fuerte políticamente. Un presidente inteligente usaría el escenario para un diálogo rico, colorido y totalmente ventajoso para el gobernante pero esto supone, en todo caso, que la clase gobernante no le tenga miedo al pueblo, y como éste es justamente el miedo que domina a los dominadores en nuestro país (el miedo al pueblo), ocurrió lo que ocurrió.

El presidente de la república hacía un trabajo político y el pueblo también, se trataba de dos políticas diferentes, pero de eso se trata: de hacer política a partir de las políticas diferentes porque no es concebible una sola política en una sociedad humana, así como no lo es en la sociedad de las hormigas ni en la de los ornitorrincos. El miedo al pueblo y el terror a los fantasmas hizo que Suchitoto, que era un escenario político saludable, se convirtiera en un teatro de operaciones.

El escenario era político, como lo es el tema agua, el desempeño presidencial y todo el trabajo gubernamental; y como lo es así mismo, el trabajo de las organizaciones sociales. Lo político es el hogar y el horno donde se cocinan las sociedades humanas y esto es así siempre, excepto cuando hay un gobierno que piensa o cree pensar que la única política es la que ellos piensan o ellos aplican. Cuando esto ocurre, que se llama autismo político, todo aquello que no esta “dentro de mi política” puede ser anarquía, desorden, terror o subversión.

El régimen cuenta con la ley antiterrorista y la legislación especial para lo que se llama delitos complejos. Estas son las peores armas para un régimen débil o las mejores para una dictadura que se precie de tal, sin embargo en nuestro país, resulta increíble calificar de terrorista a las personas que a plena luz del día se concentran, dicen lo que quieren y exigen agua potable.

Todo esto tiene que ver con la figura del enemigo, y aquí hay que decir que es cierto que los grandes imperios del planeta tienen también grandes enemigos que conspiran para golpearlos donde mas les duelen esos golpes, estos enemigos son igualmente poderosos porque cada quien tiene los enemigos que le corresponde. Esta es la lógica de Washington, Londres, París, Madrid y otros porque todos ellos tienen una capacidad de ofensa a nivel planetario; pero el gobierno de El Salvador lo es de 20,000 kilómetros cuadrados y los enemigos que tiene, por los menos los enemigos reales no serán aquellos que públicamente les dicen que quieren agua potable, que no están de acuerdo que se privatice el agua, en que se destruyan los bosques porque todas estas son reivindicaciones universales conocidas y nada de esto es secreto. Cuando a una conducta política abierta anunciada, pacífica se responde con disparos, armas, gases y operativos militares estamos frente a un divorcio, real o aparente entre un gobierno entre unos gobernantes y unos gobernados.

La exageración la desproporción y la falta de correspondencia entre la política de un pueblo y la de un gobierno no puede resolverse sobre la fuerza porque en estas circunstancias es la política la única solución y esta supone, en todo caso, acuerdos y desacuerdos, capacidad de cambiar el rumbo, cambiar el timón y también al timonel.

Cuando el costo de vida del pueblo se vuelve astronómico, como ocurre actualmente, ningún gobierno medianamente inteligente ha de pensar que su fuerza política es la fuerza contaminante de los gases lacrimógenos porque estos últimos no saben de política. El poder ejecutivo no puede glorificarse por su eficiencia gubernamental; cuando todo aparece y parece oscuro para la vida de los seres humanos, lo menos que puede hacer un poder ejecutivo sensible es aprender a escuchar y a descifrar la clave Morse de la realidad, este ejercicio le ayudara a distinguir entre los fantasmas y lo real, a encontrar sus fortalezas y debilidades, y sobre todo, le puede ayudar en la escuela de la modestia para reconocer errores.

El bosque social siempre conjuga leña verde y leña seca, de lo que se trata es que el bosque garantice sus retoños saludables, y esto sólo es posible con el concurso, la energía y el talento de los pueblos.

Cuando este pueblo, sus hombres y mujeres son encarcelados, es la política la que duerme en las bartolinas y cuando un gobierno hace eso no hay mas camino que reconocer que está perdiendo la cabeza.

Tendencia Revolucionaria - El Salvador

 

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