El «miedo al socialismo» derrotó la reforma de Chávez

La oposición no tuvo que trabajar demasiado, esta vez, para “ganarle una a Chávez”. El «miedo al socialismo» fue la causa de la primera gran derrota electoral que recibe el presidente Hugo Chávez en nueve años, y la abstención de los chavistas fue la manifestación pública (y privada) de ese miedo.
Más aún, me incluyo entre quienes consideran que fue el chavismo –el «chavismo sin Chávez» y el chavismo que quiere seguir con Chávez y que, en principio, continuaría votando por él, sobre todo si de elecciones presidenciales se tratara–, el que detuvo la reforma constitucional por «miedo al socialismo». Ese miedo añejo, cultural e histórico, casi religioso, difundido en todos los colectivos publicitarios desde la familia, la iglesia y la escuela hasta los medios de comunicación y las grandes corporaciones financieras.
Noventa años de publicidad contra el socialismo –contados estos desde el inicio de la revolución rusa– han surtido efecto en Venezuela; así como los casi cincuenta años de propaganda «negra» de Estados Unidos contra Cuba, y el fracaso de los socialismos reales en Europa Oriental y en otros países. (Otra vez le fue útil al capitalismo el miedo a la Cuba de Fidel. Todos parecen ver las precariedades económicas de Cuba; pocos ven el éxito del bloqueo estadunidense a la isla.)
En esta mirada rápida al pasado también habría que darle crédito al ataque quirúrgico de la clase dominante en Venezuela contra el ensayo de gobierno popular de los adecos, entre 1945 y 1948; ensayo «reformista», en fin de cuentas, al que le pone fin la dictadura de derecha de Carlos Delgado Chalbaud y de Marcos Pérez Jiménez. Lo interesante de esto último es que aquellos adecos del cuarenta y cinco, ya envejecidos, ya derechizados, ya al servicio de la nueva potencia mundial, propiciaron a partir de 1958 el miedo a cualquier cosa que oliera a solidaridad social, a comunitarismo o, peor aún, a igualdad real, igualdad económica, social y política; y el rechazo a todo lo que proviniera de los militares, desconociendo, por ejemplo, que la «patria», Venezuela, es «hechura militar», y que esto es así desde Bolívar y Páez a Hugo Chávez.
Dejo dicho que no defiendo el militarismo, como digo, de igual modo, que tampoco soy fanático de la «democracia occidental», la democracia hecha a la medida del capitalismo. Esa democracia electoral –prístina y medularmente electoral– que nace en Europa y se perfecciona en Estados Unidos, y de la que Winston Churchill dijo que era, apenas, “el menos malo de los sistemas de gobierno”. Su mayor logro consiste, las más de las veces, en fingir todas las libertades con la misma entereza que oculta las formas más sutiles de «extrañar» el pensamiento. (Sutilezas que sostienen el poder, cotidianamente, mejor que todas las policías.)
Desde niños somos amansados con el miedo a lo desconocido, a lo «malo» y a lo «feo». Ya de adultos, la «administración del miedo», la manufactura y la tecnología del miedo, como también la llama Noam Chomsky, se ha convertido en la manera más eficaz de controlarnos. Más de tres o cuatro millones de chavistas se quedaron en casa, según las cuentas vengan de aquí o de allá. Surtió efecto la baratija que escuché a algunos amigos de la oposición: “Votando contra la reforma, no votan contra Chávez”, decían, con ese tono «conciliador» que, sin duda, agarró a más de uno.
Si así fue, votaron pensando en mantener a Chávez en el poder, pero sometido a la lógica política del capitalismo, la lógica de las minorías; es decir, devolvieron a Chávez a su papel «natural» de gobernante destinado a administrar con mayor eficacia la crisis económica y social del capitalismo, pero sin comprometer la ganancia empresarial, sin transformar nada. Solo cambios, cambios modestos, poco a poco, si fingidos, pues mejor.
“Presidente, quédese, pero lo queremos como «reformista»”, bien pudo haber dicho un preclaro, opiniómano de oficio, para continuar diciendo, otro de ellos, menos ducho en discursos aunque con las mismas señas, “bueno, usted sabe, presidente, es que eso de la revolución no nos hace falta, estamos bien así”, confundiendo las categorías y las realidades políticas con las económicas, agregaría yo; mostrando su certeza en que democracia y socialismo son antónimos, y con la fe ciega –como toda buena fe– en que comunismo es dictadura y democracia es, tan solo, democracia. Aquí, pues, me tengo que repetir a mí mismo: el capitalismo es invisible.
Sin saberlo, Chávez le pidió permiso al capitalismo para transformarlo en socialismo (como si el capitalismo lo hubiera hecho, en su momento, con el feudalismo y así sucesivamente, hacia atrás, con el resto de los modos de producción históricamente existentes; o como si el capitalismo estadunidense le hubiera pedido permiso al «socialismo de estado» soviético para contribuir a su ahogo y a su quiebra económica, política e histórica). Fue algo así como habernos metido en la madriguera del lobo –Smartmatic bajo el brazo– para consultarlo sobre si lo matábamos ya o veníamos más tarde. Fuerte como es en su guarida, no salimos.
Quienes hemos soñado vivir en una sociedad más justa que la sociedad capitalista, habremos de ir en busca de una de las empresas más ásperas: el titánico esfuerzo por desenmarañar la confusión. A Chávez lo derrotó el capitalismo. Lo derrotó la guerra de «cuarta generación», ese proceso cotidiano, solapado, de domesticación del pensamiento en beneficio del capitalismo. Resultado: un dique espiritual para todo aquello que huela a revolución. A Chávez lo derrotó, entonces, justamente, el miedo a la revolución. Lo que hemos perdido, hasta aquí, ha sido la batalla de las ideas. Batalla larga, silenciosa y bulliciosa, según las urgencias; sofisticada y bien pensada, siempre.
Ése es el enemigo, para allá hay que apuntar.
** jl Monzantg es Historiador con estudios de doctorado en Ciencia Política, docente de Geopolítica en la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA), Facultad de Ciencias de la Comunicación (Maracaibo, Venezuela), y autor de las “Las trampas de la historiografía adeca”, y de otros ensayos.
La Haine







