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17/11/2021 :: Argentina

Elecciones en Argentina: ¿El Frente de Todos festejó la derrota?

x Daniel Campione
Hubo “celebración” en Buenos Aires, después del domingo de elecciones. Una ruidosa alegría fue desplegada, vaya paradoja, por quienes habían perdido

Ocurrió pese a que el Frente de Todos (FdT, peronista) perdió el quorum en la Cámara de Senadores, fue superado por ocho puntos en la sumatoria de votos a nivel nacional y remontó los resultados de septiembre en Buenos Aires, pero perdiendo de todas maneras por más de un punto en ese distrito. Una mirada de pretensión “racionalista” haría parecer absurda esa actitud.

El motivo real del festejo fue haber evitado el peor de los escenarios: La derrota aún más amplia que la de septiembre que muchos analistas vaticinaban. Algunos de ellos sin duda más guiados por sus deseos que por un examen desapasionado de tendencias. Fue parte importante del ramalazo de alivio el haber tenido buenos resultados en la mayor parte del conurbano bonaerense. Incluso los candidatos del FdT se impusieron en municipios como Quilmes, San Martín y San Fernando, que fueron “territorio hostil” en las recientes primarias. Al menos parte de la base de apoyo parece seguir intacta.

En cuanto a la esperanza de “dar vuelta” la elección de las PASO el FdT sólo puede invocar a Chaco y Tierra del Fuego, las únicas dos derrotas distritales de las primarias que consiguió revertir.

De cualquier modo, el Frente de Todos ha generado una expectativa de pervivencia política, de seguir en la disputa por el poder con posibilidades de éxito. A algunos, sólo eso parece importarles. Lo que interesa es seguir en el juego.

El pacto siniestro

El que sin duda no puede celebrarse es el contenido del discurso grabado del presidente, difundido alrededor de las 22 del domingo en el que llamó al diálogo y la unidad para “arreglar” con el FMI. Oficialismo y oposición deberían converger en un consensuado sometimiento a las exigencias que impone la descomunal deuda externa.

Más aún, indicó la necesidad de aprobar en el Congreso en el mes de diciembre un “programa plurianual”, en consonancia con las exigencias del organismo de presentar un programa que explique cómo Argentina pagará su enorme deuda.

La perspectiva no puede ser otra que la de un ajuste, en el que la oposición de derecha brinde su aquiescencia a ese proyecto y éste tome la forma de una ley.

Una aspiración de “irreprochable legitimidad democrática” para un acuerdo que sólo puede ir en dirección a recortar gasto público, disminuir ingresos, incrementar tarifas. Tal vez despedir empleados públicos, “recortar” planes sociales.

Emprender una reforma laboral a la medida de las aspiraciones patronales y una previsional que disminuya derechos y beneficios. Quizás por añadidura una reforma tributaria que confirme el sesgo regresivo del sistema impositivo argentino.

La “fiesta” del domingo a la noche fue posterior al discurso presidencial que extendió tan sombríos presagios. No pareció importar, se cantó y se bailó como después de una gran victoria. Tal vez porque, cada vez más, la política sistémica se reduce al propósito de alcanzar y preservar el poder.

Los ideales de “búsqueda del bien común”, de “proteger a los sectores vulnerables” son artilugios retóricos sin casi ningún correlato en la realidad. Puede que el futuro inmediato nos depare un acuerdo entre coaliciones, un pacto “racional” y “serio” que apunte al empeoramiento de una situación ya por demás angustiosa para las mayorías populares.

Lo que no obstará para que, camino a las elecciones de 2023, se agite el espantajo del “retorno de la derecha”, en búsqueda de los votos necesarios para conservar el control sobre el aparato del Estado. La “grieta” es una fuente que nunca parece agotarse. Y la rueda seguirá girando, en medio de la “fiesta” para unos pocos, entre empresarios y una elite política que –con descaro o con vergüenza- está puesta al servicio del poder económico.

¿Se recuerda aquella consigna post 2001, “gane quien gane pierde el pueblo”? Justo viene a la memoria.

La reflexión pertinente es que sólo articulando una alternativa política que tome el rumbo de los intereses populares se puede interferir en la lógica de una democracia en declive. La que resulta cada vez más una máquina de otorgar cobertura a las decisiones enfiladas contra trabajadores y pobres. La protesta social y la capacidad de traducirla en construcción política tendrán la palabra.

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