En 1967, la Guerra de los Seis Días permitió a Israel extender su dominio sobre Palestina

La primera mitad del siglo XX había visto los territorios palestinos -entonces bajo mandato británico- poco a poco colonizados por los primeros sionistas llegados allí. La huelga general de los trabajadores palestinos, en 1936, así como el movimiento popular campesino dirigido por el jeque Ezzedine Al-Qassam, habían sido reprimidos sangrientamente por las autoridades británicas y los movimientos armados de los colonos. La creación del estado de Israel, en 1948, se había saldado con la expulsión masiva de más de 800.000 palestinos, tras una guerra llevada a cabo contra las poblaciones árabes, realizando una verdadera transferencia y limpieza étnica de las poblaciones civiles. Dos zonas geográficas de la antigua Palestina mandataria permanecieron entonces al margen del control del estado de Israel: Cisjordania, en el este, la banda de Gaza, en el sur, respectivamente bajo el control jordano y egipcio hasta junio de 1967.
El 15 de junio de 1967, Israel lanzó un "ataque preventivo" contra los ejércitos árabes, en tres frentes: en el este, Cisjordania, en el norte, los altos del Golán sirios, y en el sur, desde la banda de Gaza hasta el desierto del Sinaí egipcio. En seis días, los ejércitos jordano, egipcio y sirio fueron completamente deshechos. Los territorios conquistados entonces siguen aún en esa situación, salvo el Sinaí devuelto a Egipto tras los acuerdos de paz firmados por el presidente Sadat con Israel en 1979. La parte oriental de Jerusalén está anexionada. Desde 1967, Israel emprende una política de colonización activa de Jerusalén-Este, de Cisjordania y de la banda de Gaza así como de los altos del Golán. De nuevo, varias decenas de miles de palestinos son expulsados de su tierra: el antiguo barrio judío de Jerusalén, donde vivían palestinos, fue "limpiado" el 17 de junio de 1967. El 22 de noviembre de 1967, la resolución 242 de la ONU pidió a Israel retirarse de los territorios ocupados.
Sionismo reforzado
La llamada "Guerra de los Seis Días" reforzó el nacionalismo israelí. Si el estado sionista estaba hasta entonces en gran medida dirigido por la izquierda israelí -una izquierda a la vez laica y colonial-, reagrupada alrededor del primer ministro, David Ben Gurion, el discurso israelí tomó de forma cada vez más marcada un tono religioso y mesiánico. El estado de Israel no dudaba ya en jugar la temática religiosa: el Muro de las lamentaciones y los lugares santos judíos están a partir de entonces en manos del estado de Israel. La extrema derecha religiosa se siente en profunda afinidad con una izquierda laborista israelí igualmente atravesada por la temática mesiánica de un gran Israel reencontrado tras 3000 años de exilio. El colonialismo ideológico se refuerza. "Desde 1968, los dirigentes no religiosos, es decir los laboristas aún en el poder por diez años más, hablan de los religiosos como de los "nuevos pioneros", cuando ayer aún, eran unos marginales. Y, en efecto, son los religiosos armados con el fusil y los libros del rabino Kook los que, a la cabeza, colonizan Cisjordania, dejando a los militantes del Hashomer Hatzair y otros movimientos "sionistas de izquierda" la tarea de colonizar las zonas fronterizas, el Golán y el valle del Jordán" /1.
La segunda consecuencia de la guerra de junio de 1967 se juega en el seno del movimiento de resistencia árabe. Los regímenes árabes, nacionalistas, de Nasser en Egipto y del Baas en Siria, quedan desacreditados. El poder hachemita jordano, monárquico y reaccionario, lo es otro tanto, si no más. Por segunda vez desde 1948, los estados árabes no han podido oponerse a la política anexionista de Israel. Esto provoca inmediatamente una radicalización hacia la izquierda de los movimientos de resistencia árabe, así como del movimiento de liberación nacional palestino.
El Movimiento nacionalista árabe (MNA), pro Nasser en su origen, quiere en adelante seguir el ejemplo de las izquierdas que existen en Cuba, América Latina y Vietnam. La rama palestina del MNA da nacimiento al Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), en 1968, que se orienta rápidamente hacia el marxismo. En el Líbano, corrientes nacionalistas radicalizadas fundan, en 1969, la Organización de acción comunista del Líbano (OACL). El giro a la izquierda de numerosos cuadros políticos nacionalistas es la consecuencia directa de los fracasos de los regímenes árabes en la guerra de junio de 1967. Se trata en delante de crear focos revolucionarios armados a partir de los campos de refugiados palestinos, primero de Jordania, luego del Líbano, a fin de no solo liberar Palestina sino, más allá, de hacer caer los gobiernos árabes reaccionarios. Para el FPLP, "el movimiento armado palestino debe ser considerado como la vanguardia del movimiento de liberación popular árabe" /2.
Radicalización árabe
La guerra de junio de 1967 tiene también otra consecuencia: la reforma de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) y el desarrollo del Fatah palestino. En su origen, la OLP era particularmente dependiente de los regímenes árabes. En 1968, Yasser Arafat tomó la cabeza del movimiento. El Fatah, reagrupando a cuadros y grupos que van desde la izquierda marxista a antiguos Hermanos musulmanes, se convierte en el centro político del nacionalismo palestino. Ahí también, se trata de liberar Palestina siguiendo el modelo de la guerra popular. Pero, al contrario que la izquierda nacionalista del FPLP y del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDPLP), el modelo ideológico no es el socialismo revolucionario, incluso si el término de revolución palestina se hace recurrente en el discurso del Fatah. Además, Arafat es bastante más conciliador que el FPLP hacia los regímenes árabes, aunque plantee una política de independencia respecto a ellos. El proyecto de un solo estado democrático y laico, sobre toda la Palestina, constituye el marco común de todos estos grupos.
Cuarenta años más tarde, Cisjordania y la banda de Gaza, ocupada y colonizada una, asediada, bombardeada y asfixiada económicamente la otra, constituyen, según las resoluciones de la ONU, las bases de un posible estado palestino: espejismo engañoso, cuya factibilidad se aleja de mes en mes, con la colonización que se ha multiplicado desde el fraude de los acuerdos de Oslo, y el muro que parte Cisjordania en minicantones estancos. El estado de Israel no quiere un estado palestino y, de guerra en negociación, continúa haciendo avanzar su proyecto colonial anexionista, que implica Cisjordania y el sur libanés, proyecto comenzado en el resto de Palestina en 1948. La resistencia palestina, la de los territorios de 1967, las de los palestinos que viven en Israel en situación de apartheid, la de los campos de refugiados de Jordania, Siria y el Líbano por el derecho al retorno, están ahí aún para testimoniar la no resignación de los palestinos al pasado y al presente colonial.
Notas
1/ Michel Warschawski, «Sionisme et Religion», cahier numéro 10 de l"AFPS. www.france-palestine.org.
2/ FPLP, «Les ennemis de la Révolution», 1969.
Rouge, 9/06/2007. Traducción: Alberto Nadal







