Europa: ¿Continuidad de la hegemonía conservadora?

La interrogante que preside el presente análisis resulta, para determinados analistas, de un enfoque erróneo acerca de la verdadera correlación de fuerzas existente a escala europea entre los diferentes partidos, de manera particular entre aquellos pertenecientes, respectivamente, a la derecha y la izquierda del espectro político en cada uno de los escenarios nacionales.
En su lugar proponen considerar la existencia de un balance de fuerzas, lo que supondría asumir que tal hegemonía no existe, y que en la realidad política del continente los procesos discurren en los marcos de una normal alternancia en el poder.
Sin embargo, un análisis más preciso de la actual situación política en Europa permite concluir que, pese a la presencia en el poder de fuerzas que convencional o formalmente se autodefinen como de izquierda, sí resulta posible hablar de la existencia de una hegemonía conservadora.
En primer lugar, si se tiene en cuenta el dato formal de la cantidad de partidos conservadores que en la actualidad ejercen el poder en los distintos países del Viejo Continente, ya sea en solitario o al frente de coaliciones, la cifra es clara y definitoria: en 21 de los 27 miembros de la Unión Europea encabezan gobierno partidos de derecha.
A lo anterior debe agregarse el hecho de que, en determinados casos, el ejercicio del poder por partidos políticos que se autodefinen de izquierda arroja un balance de política interna y exterior que contradice esa pretendida identidad político-ideológica. Ejemplos palmarios de ello lo constituyen el Partido Laborista británico que encabeza el primer ministro Anthony Blair, así como el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), integrante, en calidad de socio menor, de una coalición de gobierno encabezada por los partidos de la derecha alemana.
En el primer caso, Blair y su partido han mantenido una férrea aplicación de la política neoliberal digna de emular con los mejores tiempos de la ultraconservadora Margaret Thacher, mientras que en política exterior han hecho del Reino Unido el más firme aliado europeo y cómplice de la política unilateral y agresiva de los Estados Unidos.
En cuanto a los socialdemócratas alemanes, éstos fueron pioneros en la férrea aplicación de políticas neoliberales en el país durante sus dos últimos gobiernos (1997-2001 y 2001-2005), factor que devino en causa fundamental de la derrota electoral que sufrió en las últimas elecciones federales.
De otra parte, a pesar del rechazo formal a la agresión militar que Estados Unidos desatara contra Irak, en la actualidad el SPD y algunas de sus figuras que entonces ocupaban cargos gubernamentales se enfrentan a un escándalo debido a la participación de los servicios de inteligencia germanos y el uso de aeropuertos del país en los vuelos secretos llevados a cabo por la CIA para el traslado ilegal de prisioneros capturados como parte de la "guerra contra el terrorismo" que lleva a cabo Washington. En aquel entonces, incluso, era del conocimiento del gobierno socialdemócrata la captura y traslado ilegal a la base de Guantánamo de un ciudadano alemán de origen árabe.
En las actividades de esa red ilegal y secreta participaron, además, agencias de inteligencia e instalaciones aeroportuarias de la mayoría de los gobiernos europeos, incluidos los de Italia, España, Reino Unido, Polonia y República Checa, entre otros.
En Italia, gobernada desde hace menos de un año por una heterogénea coalición definida como de centro-izquierda pero que incluye a una constelación de 16 partidos que van desde cristiano-demócratas hasta comunistas, el gobierno que encabeza Romano Prodi se sumió días atrás en una grave crisis política luego del revés sufrido en un debate sobre política exterior en el Senado.
Esta derrota tuvo que ver con dos cuestiones de elevada sensibilidad para los italianos: la Operación Libertad Duradera -la eufemística denominación de la ocupación de Afganistán por parte de la OTAN-, y la ampliación de la base militar estadounidense en Vicenza, situada al norte de Italia.
El primer tema entra en clara contradicción con la voluntad popular: el 62% de los italianos y el 73% de quienes apoyan al gobierno quieren la retirada de las tropas italianas de Afganistán. Como los políticos en otros países, Prodi y d’Alema tienen de común, como antes lo hiciera Berlusconi, ahora en la oposición, el ignorar a la opinión pública italiana.
Dos senadores de izquierda votaron en contra del gobierno en el Senado luego de que Prodi y su ministro de Exteriores d’Alema hubieran hecho del voto una cuestión de confianza, argumentando que la de Afganistán era una guerra legal porque tenía el apoyo de las Naciones Unidas, un pretexto que no consiguió convencer a la mayoría de este órgano legislativo.
El resultado de este revés es el de un Primer Ministro aún más debilitado, definido como "prudente portavoz de una burguesía carente de moderación". La casi caída del gobierno tuvo, sin embargo, su causa más profunda en la política social de carácter neoliberal que viene aplicando, en nada distinta a la de su predecesor Berlusconi. A pesar de haber recibido la confianza del legislativo para continuar en el gobierno, lo cierto es que la coalición seguirá siendo frágil.
La popularidad de Prodi está en declive (36%, frente a un 44% que apoyó a la coalición), lo mismo que la de su ministro neoliberal de finanzas, Tommaso Padoa-Schippo (30%), cuyas tentativas de precarización y de contratos temporales para los trabajadores también habían dividido al gobierno, muchos de cuyos sostenedores y unos pocos ministros participaron en las protestas masivas del pasado noviembre en defensa de servicios sociales universales, públicamente financiados, y en contra de las restricciones a los derechos sociales.
Si de figuras se trata, en el centro de esta crisis política se situó el ominoso ministro de Exteriores Massimo D’Alema, quien postula un curso de política exterior del país basado en tres vectores principales para lograr de Italia "un partner reconocido internacionalmente": 1) un firme anclaje en los asuntos de la UE; 2) involucrarse en la solución de los problemas del Medio Oriente; y 3) participar activamente en la lucha contra el terrorismo que impulsa Estados Unidos. En el curso del debate en el Senado este comunista reconvertido llegó a afirmar que "sin una mayoría que acepte el despliegue de tropas italianas en Afganistán, todos podemos irnos a casa".
Otro elemento que confirma la existencia de una hegemonía conservadora en el escenario europeo es la actual composición del Parlamento Europeo, instancia legislativa de la Unión Europea, en la cual la correlación de fuerzas existente entre los diferentes partidos políticos en ella representados favorece claramente a los partidos de derecha y ultraderecha, lo que acentúa el carácter extremadamente conservador, eurocentrista y hostil a los intereses de los países del Tercer Mundo que caracteriza las principales resoluciones y acuerdos que se adoptan.
Tras la adhesión de Rumania y Bulgaria a la UE el pasado 1º. de enero, el número de parlamentarios europeos de extrema derecha supera la barrera de los veinte, lo que permitió, de acuerdo a los reglamentos, la formación de un grupo parlamentario propio.
Este nuevo grupo, denominado "Identidad, Soberanía y Transparencia", aglutina a miembros de partidos de la extrema derecha como el belga Vlaams Belang (Interés Flamenco), el francés Frente Nacional, y el austriaco Frente Popular Austriaco (FPÖ), así como el Partido para una Gran Rumania y el búlgaro Ataka. A última hora, el polaco Liga por las Familias Polacas y el italiano Liga Norte desistieron de participar. Sin embargo, con la inclusión de un pequeño partido italiano de la nieta de Mussolini, y un británico independiente, se alcanzó el mínimo necesario para su constitución.
Con estas nuevas fuerzas, que ganan ahora en organización y capacidad de acción en el Parlamento Europeo, se han de profundizar aún más las posturas conservadoras del Parlamento Europeo.
En otros escenarios nacionales (Holanda, República Checa, Polonia, Rumanía, Alemania, Austria) los partidos conservadores encabezan coaliciones de gobierno o participan en las mismas contribuyendo decisivamente a la continuidad del rumbo neoliberal impuesto desde hace años en los países europeos.
En política exterior, la hegemonía conservadora tiene una íntima relación con el endurecimiento de las posturas de la UE en temas medulares de la agenda global (conflicto nuclear con Irán, el apoyo a gobiernos prooccidentales en el denominado espacio postsoviético, el acompañamiento a EEUU en sus agresiones a terceros países mediante el despliegue de contingentes militares (Irak y Afganistán) y la cada vez más desembozada agresividad contra Cuba).
Europa, como se ha dicho "se escora cada vez hacia la derecha".
* Francisco Brown Infante es Investigador del Centro de Estudios Europeos.
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