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31/08/2020 :: Asia

Filipinas: La pregunta candente no es si Duterte se irá, sino cómo

x Walden Bello
Los planes mas cuidadosos de los ratones y los hombres a menudo se deshacen por el evento menos esperado

El asteroide de Wuhan

En el caso del asediado ocupante del Palacio de Malacañang, el equivalente del asteroide del espacio exterior fue el COVID-19, que lo arrojó del caballo en el que montaba triunfal tras las elecciones parciales de 2019, en la que sus partidarios arrasaron a todos los niveles. COVID-19 ha puesto de manifiesto la enorme incompetencia de un alcalde de un pequeño pueblo empujado a la presidencia por una insurgencia electoral a pesar de sus escasas calificaciones para tan alto cargo.

Pero tan devastador para la legitimidad de Duterte como la catástrofe de salud pública y la crisis económica que ha generado el COVID-19 ha sido el evidente contraste entre la prioridad que asignó a la continuación de la guerra contra las drogas, aprobando la Ley Antiterrorista y tomando el control de la cadena de comunicación ABS-CBN, cuando la prioridad evidente para el resto de nosotros era contener el devastador COVID-19, que, en el momento de escribir, ha infectado a casi 174.000 filipinos y ha matado a cerca de 2.800.

Para las personas que han visto países vecinos como Tailandia, Malasia y Vietnam enfrentar con éxito la pandemia a unos pocos miles de contagiados y las muertes a un puñado a través de programas de contención integrales, la revelación de la incompetencia de Duterte no podría haber llegado de una manera más impactante. A los cientos de miles cegados por su carisma de gángster en los últimos 4 años se les ha caído la venda de los ojos y ahora se preguntan cómo es posible que se sintieran atraídos por una persona cuya única habilidad es el asesinato en masa. Incluso los agresivos verdaderos creyentes de los escuadrones de la muerte de Davao (DDS) y los trolls a sueldo de Duterte, están confundidos y a la defensiva en sus comentarios, o simplemente se quedan callados, esperando desesperadamente un cambio de viento que nunca llegará.

El desarrollo de los acontecimientos

El hombre que había proyectado una imagen de si mismo más grande que la real ha sido reducido a su auténtico tamaño y él lo sabe. Sabe que el verdadero mensaje del reciente fallo de la Corte Suprema de que los allanamientos e incautaciones irrazonables en la guerra contra las drogas son una violación de la Constitución es que los jueces a los que tanto a despreciado ya no le temen. Sabe que cuando la oportunista por excelencia Gloria Macapagal-Arroyo sale a la palestra y le dice al público que deben tener paciencia con el presidente ya que su tarea es “difícil”, su verdadera intención es avisar a Duterte que está a punto de abandonar el barco. y que mejor que ofrezca un mejor acuerdo que el que tienen ahora.

El pánico se ha apoderado de Duterte. Esta es la única explicación de su alocada declaración de guerra contra los trabajadores de la salud en primera línea que simplemente le pedían una estrategia integral para contener el COVID-19. Su creciente desesperación puede ser la única razón por la que maldice al país y lo saludó obscenamente con el dedo medio durante su programa nocturno el lunes pasado tras percibir correctamente la erosión del apoyo a su guerra contra las drogas.

El apoyo popular, expresado en resultados electorales y encuestas, fue lo que lo sostuvo y estimuló su arrogancia en el poder. Desaparecido ese apoyo, la pregunta ahora no es si se irá, sino cómo se irá.

Cuatro escenarios del final de Duterte

He aquí hay algunos escenarios más que plausibles de su partida.

Uno es que es derrocado en un golpe militar. La gente puede decir que esto es improbable, ya que ha llenado su gobierno de generales. Lo que olvidan es que los golpes de Estado suelen ser provocados por coroneles y oficiales subalternos que no solo son ambiciosos sino que, como todos nosotros, tienen familiares y amigos que están sufriendo la pandemia, sus consecuencias económicas y la falta de una estrategia para hacer frente a la situación catastrófica. De hecho, para adelantarse a tal “golpe de los coroneles” y preservar la cadena de mando, algunos de los generales que ahora juran lealtad a Duterte podrían verse tentados a dar el primer paso.

Un segundo escenario es un EDSA 4, es decir, una masa importante de ciudadanos sale a las calles para exigir la destitución de Duterte y, ante la imposibilidad de sofocar una insurrección popular como la de 1986, la policía y las fuerzas armadas se declaran neutrales o se unen a las manifestaciones.

Un tercer escenario es que Duterte aguanta hasta las elecciones pero se convierte en un mero lastre, prácticamente encerrado en el Palacio de Malacañang, incapaz de controlar los acontecimientos, mientras sus aliados luchan entre ellos para sucederlo, pero tratan al mismo tiempo de distanciarse de una presidencia podrida mientras se enfrentan al repudio popular masivo en las urnas.

Sin embargo, salvo la muerte por causas naturales, probablemente la mejor opción para Duterte sea el cuarto escenario, es decir, dimitir ahora, lo que yo llamo, tomando prestada la frase de TS Eliott, la "opción del gemido". Así se le permitiría vivir sus últimos días en Davao y evitar que su amigo Xi Jinping tenga que hacerse cargo de sus gastos en comida y alojamiento en Beijing, como hizo EEUU cuando albergó a la pandilla de Marcos en Honolulu. La dimisión también le aseguraría que no saldrá con los pies por delante, una opción que este hombre cruel no ofreció a las 27.000 personas que fueron ejecutadas extrajudicialmente bajo su cruenta presidencia.

Por supuesto, la renuncia no le salvará de ser puesto a disposición de la Corte Penal Internacional de La Haya. Pero puede reconfortarle el hecho de que la CPI no dicta sentencias de muerte.

En cuanto a quién sucederá a Duterte y cómo podría tener lugar esa sucesión, ese es, por supuesto, un tema extremadamente importante, pero es mejor dejarlo para un futuro artículo.

rappler.com. Traducción: Enrique García para Sinpermiso. Extractado por La Haine.

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