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Medio Oriente :: 26/06/2007

Golpe de estado fallido en Gaza

Michel Warschawski
Confrontado a una tentativa de desestabilización de Israel y de los Estados Unidos, Hamas se ha asegurado el control militar de la banda de Gaza enfrentándose al Fatah. Pero los occidentales, entre ellos Francia, atizan el fuego de la división y apoyan el campo de Mahmud Abbas

"Una vez más, los palestinos se matan entre si. ¡Decididamente, no dejan pasar una ocasión de autodestruirse!" Este discurso, retomado por los medios internacionales, está acompañado, en general, de una compasión hipócrita y lágrimas de cocodrilo. No hay decididamente, ningún límite para el cinismo. Pues, en Gaza, no hay guerra civil sino una tentativa, abortada de golpe de estado orquestado en Washington y en Tel Aviv, contra el gobierno elegido y apoyado por la gran mayoría de la población palestina de los territorios ocupados.

El hombre de los norteamericanos, Mohamed Dahlan, intenta, desde hace más de un año, derrocar al gobierno palestino de unión nacional puesto en pie por el presidente Mahmud Abbas y Hamas que, recordamos, había ganado de lejos las últimas elecciones legislativas. Estas elecciones, tan reivindicadas por la administración neoconservadora estadounidense, expresaron masivamente la voluntad de la población de acabar con el régimen corrupto e incompetente del Fatah, eligiendo a los islamistas de Hamas, no por una repentina vuelta a la religión, sino como voto de protesta contra una dirección política en quiebra. Una vez más, para la Casa Blanca, el pueblo había votado mal, e incumbía a la milicia de Mohamed Dahlan -cuyo refuerzo en armas y municiones acababa de autorizar Israel- corregir los resultados. En vano. Hamas no ha necesitado ni 24 horas para aplastar a los bandidos que componen lo esencial de la milicia de Dahlan y poner fin así a la tentativa de golpe de estado del protegido de los servicios israelíes y del Departamento de Estado. Con algunos desbordes (entre otros, la defenestración de uno de los lugartenientes de Dahlan), inmediatamente denunciados por los dirigentes de la organización islamista.

Contrariamente a la propaganda difundida por los medios occidentales, el control de Gaza por Hamas ha puesto fin inmediatamente a la anarquía que reinaba en esta zona. Un oficial de las fuerzas de seguridad de Abou Mazen (nombre de guerra de Mahmud Abbas) lo reconoce explícitamente: "Jamás la situación ha estado tan calmada en la ciudad. Prefiero de lejos esta situación a la que existía antes: por fin puedo salir de casa" (Haaretz, 17 de junio de 2007). La respuesta internacional ha sido radical: la puesta en marcha de una verdadera escisión, geográfica y política, entre la banda de Gaza y Cisjordania. ¡George W. Bush y el primer ministro israelí, Ehoud Olmert, han declarado a Abou Mazen presidente del estado palestino de Cisjordania!. Esta maniobra habría podido ser una comedieta, si no tuviera consecuencias dramáticas para 1.400.000 residentes en la banda de Gaza.

Política del caos

Pues, si el proyecto americano-israelí promete hacer de la Cisjordania un "paraíso" (sic) gracias al dinero palestino que se encuentra en las cajas fuerte del Banco de Israel y que Olmert promete transferir "lo más rápidamente posible" a Abou Mazen, define abiertamente la banda de Gaza como el infierno, y promete a su población sufrimientos sin fin: ningún lazo comercial, ninguna entrada o salida, y si el gobierno israelí promete no cortar el agua y la electricidad, no duda en hablar, una vez más, de "régimen" severo.

La colaboración del presidente Abbas en esta toma como rehenes de cerca de 1,5 millones de sus conciudadanos puede costarle muy caro. Como escribe Zwy Barel, experto de asuntos árabes de Haaretz, ni Olmert, ni Dahlan, ni Abou Mazen lograrán cortar los lazos estructurales, nacionales, familiares y simbólicos que ligan Gaza con Cisjordania. Se trata de una única entidad política y social. Tanto más -y parece que se ha olvidado- cuanto que, en Cisjordania también, Hamas es la fuerza política más importante. Dispone allí de un gran número de medios para recordar a los israelíes que incluso la partición forzada del territorio palestino no le excluye del juego político, ni de lejos.

Como en Irak, en Afganistán o en el Líbano, los neoconservadores de Washington y de Tel Aviv apuestan por la política del caos y las guerras fratricidas en los territorios ocupados. Pueden lamentarlo. "Si no reconocéis a la OLP como socio, os veréis obligados a negociar con Hamas", teníamos la costumbre de decir a las autoridades israelíes hasta la muerte del presidente Arafat. Hoy, esta frase se declina de otra forma: "Si no reconocéis hoy a Hamas, os veréis confrontados con un movimiento del tipo Al-Qaida, con todo lo que implica en términos de víctimas inocentes y de regresión". Es sin embargo poco probable que el gobierno israelí, el más impopular de todos los gobiernos israelíes desde la creación del estado judío, entienda ese mensaje.

Rouge, 22/6/2007. Traducción: Alberto Nadal

 

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