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12/12/2019 :: Europa

Hoy nueva jornada de huelga general contra el neoliberalismo de Macron

x HispanTV / La Haine
En 2018-2019 fueron los chalecos amarillos, en 2019-2020 serán las pensiones y los salarios las que mantendrán ardiente la llama social

Manifestantes franceses registran la 8.ª jornada de huelga contra el régimen de Macron y todo indica que seguirá el paro, ya que rechazan una “tregua de Navidad”.

Los sindicatos, estudiantes y paradxs han salido nuevamente este jueves masivamente a las calles, tras conocer los detalles de la reforma de pensiones que plantea implementar el régimen de Emmanuel Macron.

El miércoles, el primer ministro galo, Edouard Philippe, dio a conocer más detalles de la reforma en cuestión que, entre otros cambios, pretende acabar con los 42 regímenes especiales de jubilación e implementar un sistema único, que en lugar de favorecer a algunos, perjudica a la mayoría.

Esta jornada, en varias ciudades de Francia, casi todo el servicio de transporte público ha dejado de funcionar y las poquísimas unidades activas han estado abarrotadas.

El centro de París ha colapsado por la afluencia masiva de vehículos particulares y ciudadanos que intentaban movilizarse a pie o en bicicleta.

La Confederación General del Trabajo (CGT), sindicato convocante del paro general, ha prometido prolongadas jornadas de huelga y ha asegurado que no aceptará una “tregua de Navidad”.

“La huelga continúa y lo sentimos porque no lo habíamos previsto de esta manera. Nos hemos dado cuenta de que el régimen no da su brazo a torcer y esto va a durar tiempo. No habrá tregua de Navidad salvo si el régimen entra en razón”, ha dicho el secretario general del sindicato CGT de los trabajadores ferroviarios, Laurent Brun.

Ayer, el premier galo anunció que la edad mínima para jubilarse será de 62 años, aunque la edad de referencia para recibir una pensión plena se establecerá a partir de 2025 en los 64 años, con un sistema de incentivos y penalizaciones que premie la permanencia en el mercado de trabajo.

Al respecto, Laurent Berger, el secretario general de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), ha advertido de que el régimen de Macron ha cruzado la línea roja al fijar los 64 años como la edad para disfrutar todos los beneficios.

Estos paros se suman a las protestas del movimiento “chalecos amarillos” que protagonizan ciudadanos franceses cada semana, desde el 17 de noviembre de 2018, en defensa del poder adquisitivo y contra la subida de los precios.

Las centrales sindicales fijaron para el próximo 17 de diciembre una nueva jornada de huelgas y protestas en todo el país

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Una reforma de pensiones que no convence

Eduardo Febbro

 El proyecto para reformar el sistema de pensiones francés salió hoy de la nebulosa y, fuera del patronato, no convenció a ninguno de los actores sociales. Sindicatos y partidos políticos cuestionaron la reforma presentada por el Primer Ministro Edouard Philippe al cabo de dos años de negociaciones, varios meses de tergiversaciones y casi una semana de fuertes huelgas en los transportes públicos. El Ejecutivo introdujo algunas concesiones a los sindicatos, pero, en lo global, resguardó la arquitectura de una jubilación “universal por puntos” tal como la definió el presidente Emmanuel Macron cuando aspiraba a la presidencia en 2017. ” Injusto”, ”un engaño”, ”todos pierden”, la oposición política y los sindicatos salieron de inmediato a demoler una reforma que, lejos de ser decorativa, transforma en muchos aspectos la estructura de las pensiones. La consecuencia social era previsible: las centrales sindicales llamaron a continuar el movimiento y fijaron para el próximo 17 de diciembre una jornada de huelgas y protestas.

Entre el momento en que se cristalizó el conflicto y el anuncio del contenido de la reforma el Ejecutivo perdió un aliado de mucho peso. El sindicato CFDT no había participado en las huelgas, pero ahora dio vuelta su posición. Su Secretario General, Laurent Berger, declaró que “se acababa de atravesar una línea roja”. La CGT, el principal motor de la protesta, acusó al Primer Ministro de haberse “burlado de todo el mundo”. La reacción revela el trastorno profundo del equilibrio de fuerzas. En lo concreto, los sectores políticos y sindicales que tenían un perfil reformista y, por consiguiente, estaban de acuerdo con un cambio en el sistema de jubilaciones lo empiezan a cuestionar fuertemente. Según el plan presentado por el jefe del Gobierno, la edad legal de la jubilación se mantiene a los 62 años, pero con una variable que extiende “la edad del equilibrio a los 64 años”. Así, la sospecha de que la reforma conduciría a trabajar más años se confirma sin ambigüedad.

El patronato francés, agrupado en el Medef, está satisfecho. Este sector conserva todos sus privilegios. Sin embargo, más allá de los círculos patronales no hay nadie que adhiera a la línea oficialista. A la izquierda, el líder de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, juzgó que “Macron acaba de instaurar la jubilación a los 64 años”. Los ecologistas hablan de “fractura” del país, los socialistas de “norme injusticia”, los comunistas de un “sacrificio” y la extrema derecha de “reforma terrible”.

Envuelta en las formulaciones técnico retóricas aparece una realidad ya adelantada por el sindicalismo: habrá que trabajar más, aportar más y, en suma, ganar menos. El principio de una jubilación universal por puntos contaba, hasta ayer, con muchos adeptos. Personalidades como Thomas Piketty (autor del libro El Capital en el Siglo XX) alentaban una restructuración de las pensiones en esa dirección para que hubiera menos desigualdades entre los regímenes especiales (hay 42). Incluso la opinión pública defendía (76%) la urgencia de una reforma capaz de preservar la originalidad del sistema por reparto al mismo tiempo que introducía más equidad en los cálculos. La reforma presentada por el primer ministro asusta, no solo por la variable de los 64 años sino, también, porque amenaza con romper definitivamente con el sistema solidario que rige desde finales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Dicho sistema ya ha sufrido muchas alteraciones justificadas por la competencia mundial, el multilateralismo o la globalización. 

En 2003 y 2010 hubo dos reformas del sistema de pensiones. En 2016 se trastornó la ley laboral con el fin de adaptarla a los imperativos de la competitividad de las empresas y en 2018 Emmanuel Macron llevó a cabo una reforma sustancial de la compañía nacional de ferrocarriles, la SNCF. En cada caso hubo huelgas y manifestaciones sin que los actores sociales lograran preservar sus derechos. El año 2019 apunta a terminar como concluyó el anterior y empezó este: manifestaciones, enfrentamientos, bloqueos y gases lacrimógenos.

En 2018-2019 fueron los chalecos amarillos, en 2019-2020 serán las pensiones las que mantendrán ardiente la llama social. Pasado, presente y futuro, nuevas generaciones, ya jubilados o por venir, todo el mundo está concernido por la reforma. Ferrocarriles, educación nacional, policías, hospitales, profesiones liberales y hasta los miembros de la Opera de Paris, hoy en huelga, se preparan a pasar una navidad en pie de guerra social. El primer ministro, Edouard Philippe, se anotó un punto histórico: aspiraba a apaciguar al país y dividir a los contestatarios y a los sindicatos, pero alcanzó la meta opuesta: todos se aliaron contra él. La reforma reveló al final su auténtica naturaleza. No se trataba únicamente de “retocar” la arquitectura sino de introducir recortes y economías.

efebbro@pagina12.com.ar

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