¿Cuántos afganos morirán en la guerra de Obama?

En la cobertura informativa de la decisión de Obama de intensificar la guerra en Afganistán, no se ha planteado ni contestado la siguiente pregunta: ¿Cuántos miles, decenas de miles e incluso centenares de miles de civiles afganos morirán debido a la agresión militar estadounidense?
El envío de 30.000 soldados estadounidenses más, reforzados por al menos otros 7.000 soldados de los países de la OTAN, supondrá un enorme aumento del nivel de violencia. En el momento en que la escalada de Obama se complete, el número de soldados estadounidenses en Afganistán será el triple de los desplegados en los últimos años del gobierno Bush.
Con el cínico doble lenguaje del Pentágono, la estrategia de guerra contra la resistencia, elaborada por el general Stanley McChrystal, comandante en jefe de Estados Unidos en Afganistán, va dirigida a “proteger a la población” y a “ erradicar a los Talibán”. Pero lo que significa en la práctica es que lo afganos que se opongan a la ocupación extranjera serán considerados Talibán y objetivos que aniquilar.
La doctrina de la guerra contra la resistencia, desarrollada en Iraq por McChrystal y el actual jefe del Estado Mayor estadounidense, general David Petraeus, no supone innovación militar alguna sino la recuperación de métodos aplicados por el imperialismo estadounidenses en Vietnam (de la misma manera que lo hizo Francia en Argelia y Gran Bretaña en sus innumerables guerras coloniales.) Se trata de agrupar a la población afgana, en su mayoría rural, en grandes aglomeraciones urbanas para poder controlarla mejor, especialmente en grandes ciudades como Kabul y Kandahar, y quienes se opongan a ello serán considerados partidarios de la resistencia.
McChrystal tiene prevista una gran ofensiva de las tropas estadounidenses contra la propia ciudad de Kandahar, vigilada durante el día por las fuerzas del gobierno afgano pero controladas por la noche por los Talibán. La operación se llevaría de la misma manera que se hizo en Faluya, es decir, casa por casa, en una ciudad de cerca de 3 millones de habitantes.
No hay duda de que el resultado de la escalada estadounidense va ser el aumento desmesurado de muertos civiles, aunque es poco probable que los medios de información estadounidenses informen de ello verazmente. Por el contrario, quienes sean asesinados por bombas, misiles, cohetes y demás armamento estadounidense serán considerados “Talibán”, “terroristas” o, en último término, “malas gentes”.
El gobierno Obama no se ha molestado en buscar una justificación plausible para su decisión de intensificar la guerra. Obama, en su discurso de West Point, se retrotrajo a los días inmediatamente posteriores a los atentados terroristas del 11-S, a pesar de que, según el Pentágono, en Afganistán sólo quedan ya menos de 100 miembros de Al Qaeda.
Dado que Al Qaeda constituye una ínfima parte de la resistencia, los esfuerzos bélicos de Estados Unidos se van a centrar en la exterminación de todos los afganos que tomen las armas para oponerse a la ocupación de su país por las potencias imperialistas. Habida cuenta de la historia de la resistencia afgana contra el colonialismo, que se remonta a más de 150 años, es previsible que prácticamente la totalidad de la población del país, unos 30 millones de personas, se conviertan en potenciales objetivos.
Pero, según un estudio de Scott Shane del New York Times, publicado el domingo en su sección “Week in Review” [Repaso semanal], en realidad, la población amenazada es mucho mayor, ya que pone de relieve que Estados Unidos va a combatir prácticamente contra toda la población Pastún, distribuida en ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán - 15 millones en la zona afgana y 27 millones en la paquistaní. Lo población total Pastún de los dos países es de 57 millones, más o menos la de Francia o Italia.
Hasta la fecha, se han realizado pocos estudios sobre el número de muertes de civiles en la guerra de Afganistán. De acuerdo con informes de grupos independientes, la sistemática recopilación de datos sobre víctimas civiles no se inició hasta 2007, es decir seis años después de la invasión estadounidense y de la caída de los Talibán. La ONU creó un banco de datos sobre bajas civiles pero no es accesible al público. Los informes oficiales semestrales de Naciones Unidas establecen el número de muertes alrededor de 2.000 para 2008 y 2009.
Esta cifra, sin duda un cálculo muy a la baja, va a incrementarse cuando el ejército estadounidense lance sus operaciones contra las zonas controladas por los Talibán, que incluyen la mayor parte del este y sur, así como zonas dispersas del país. Las operaciones terrestres irán acompañadas por una potencia de fuego masiva, incluidos bombarderos, helicópteros de ataque, misiles de control remoto y fuego de artillería pesada. La fuerzas aéreas estadounidense y de los aliados van a utilizar nuevas bombas, algunas lo suficientemente potentes para hacer que desaparezca cualquier ser vivo en una zona del tamaño de un campo de fútbol. Asimismo, el ejército está desplegando nuevos vehículos blindados anti-minas provenientes de Iraq, adaptados para las condiciones de escasez de carreteras de Afganistán.
En primavera de 2010, el número de las fuerzas estadounidenses en Afganistán estará cerca de los 110.000 soldados desplegados por la Unión Soviética en el momento álgido de la intervención de Moscú en Afganistán en los 1980. Añadidos los 45.000 soldados de los países de la OTAN y demás aliados, las fuerzas imperialistas, en su totalidad, serán de 155.000, muy superiores en número a las de la ocupación soviética.
Este hecho planteó preguntas al secretario de Defensa, Robert Gates, en su aparición acompañado de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en tres entrevistas en televisión el domingo por la mañana. Gates era el segundo jefe de la CIA en los años 80 y desempeñó un papel fundamental en el suministro de armas, dinero y reclutamiento de los muyahidin afganos para enfrentarse al ejército soviético (una operación en la que participaron, entre otros, Osama Bin Laden y la mayoría de quienes ahora dirigen a los Talibán).
A Gates se le preguntó en varios programas, dada su experiencia de los años 1980, en qué medida Estados Unidos iba a tener éxito en una guerra contra Afganistán donde los soviéticos habían fracasado. Y siempre contestaba que el resultado de la invasión soviética fue un millón de muertos y cinco millones de refugiados. Pero ninguno de sus entrevistadores fue capaz de preguntarle cuál sería el número de muertos y refugiados que iba a ocasionar la actual escalada bélica estadounidense. Aunque es probable que alcance las mismas magnitudes.
No se trata de una exageración, habida cuenta que los cálculos más fiables sobre pérdidas humanas producidas por la invasión y conquista estadounidenses de Iraq se sitúan en un millón de muertos y cinco millones de refugiados. Ahora se va a producir un ataque similar contra el pueblo de Afganistán.
Estas cifras conducen inexorablemente a una conclusión política: la escalada de la guerra en Afganistán es un crimen de proporciones históricas, cuyos responsables -Obama, Gates, Clinton, McChrystal, Petraeus, el vicepresidente Biden, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mullen- son tan culpables como sus predecesores del gobierno Bush, organizadores y ejecutores del baño de sangre en Iraq.
World Socialist Web Site ha pedido desde hace tiempo el procesamiento de Bush, Cheney, Rumsfeld & Co. por la ilegal invasión de Iraq. Cuando se avecina un crimen semejante en Afganistán, hacemos un llamamiento a los trabajadores y a los jóvenes del mundo para que pidan el fin de la guerra de EE.UU. y la OTAN, y el procesamiento de todos los responsables de su dirección y realización.
World Socialist Web Site, 7 de diciembre de 2009







