¿Dejan las tropas filipinas a Irak después de la crisis de los rehenes, pero ¿quién tiene de rehén a quién?

Las Filipinas se ha unido a la lista de países que han retirado sus tropas de la ya débil "coalición" dirigida por Estados Unidos en Irak.
Un portavoz norteamericano acusó al gobierno filipino de "ceder ante las demandas de los terroristas" y amenazó con "revisar" los acuerdos actuales entre los dos países. Pero no es verdad, en cualquier forma elemental en que se le quiera ver, que el secuestro de un camionero de su país fuera lo que obligó al gobierno filipino a retirar sus tropas.
Los hombres que capturaron al chofer Ángelo de la Cruz dijeron que lo ejecutarían a menos que los filipinos retiraran sus tropas para el 20 de julio. El gobierno filipino se quejó y el hombre fue liberado en esa fecha.
Washington presionó fuertemente a Manila para que no se retirara. Al principio, parecía que no se trataba de que el gobierno filipino desobedeciera a Estados Unidos. Después de hablar por teléfono con la presidenta Gloria Macapagal Arroyo, Colin Powell dijo a los medios de comunicación que no había ningún problema.
El gobierno de Arroyo es uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos porque ese país depende completamente de él. La presidenta filipina dio una entusiasta bienvenida a la "guerra contra el terrorismo" de Estados Unidos. Accedió a acoger a grandes cantidades de tropas norteamericanas en su territorio hasta que un alboroto nacional le hizo pensar dos veces al respecto. El año pasado Washington declaró a las Filipinas un "aliado no de la OTAN" a fin de integrar más estrechamente las fuerzas armadas estadounidenses y filipinos.
Como ha pasado con muchos aliados dispuestos y no dispuestos suyos, Estados Unidos se quedó fuertemente decepcionado. A la deserción de España, el tercer miembro clave en el eje anglonorteamericano, le siguieron inmediatamente Honduras, la República Dominicana y Nicaragua. Noruega y Singapur retiraron la mayoría de sus fuerzas. Nueva Zelanda y Tailandia anunciaron planes para salir en septiembre. Se dice que Estados Unidos considera que Polonia y Holanda posiblemente "estén dirigiéndose hacia la salida". Las próximas elecciones pueden llevar a terminar la participación australiana y húngara. Incluso el gobierno británico ha podido resistir la oposición interna a su apoyo político de la guerra manteniendo una cantidad relativamente baja de tropas en Irak.
Conforme las tropas de otros países se retiren, los soldados norteamericanos van en otra dirección. Estados Unidos está devolviendo tropas previamente enviadas a casa desde Irak y transfiriendo soldados de Corea del Sur y Alemania. El subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz admitió en el Congreso la semana pasada, que es probable que las tropas se queden en Irak por lo que describió como "muchos años." En contra de lo que el gobierno yanqui espera, los ataques a las fuerzas de la coalición han aumentado desde la entrega de "la soberanía" a Irak el mes pasado.
En este contexto, Estados Unidos reaccionó con dolor ante la decisión filipina, aunque el contingente en cuestión era de sólo 51 soldados. Washington se quejó que "dio un mensaje equivocado" y "animó" a los secuestradores. El verdadero mensaje que dio la retirada filipina fue que animó a otros gobiernos a los que Estados Unidos ha arrastrado a la guerra y a los pueblos que están luchando contra la participación de sus países en ella.
Los filipinos ya habían anunciado que sus tropas dejarían Irak para el 20 de agosto. Las poderosas contradicciones políticas que obligaron a adoptar esta posición obraban mucho tiempo antes del secuestro del chofer.
El problema ante el gobierno de Arroyo es muy parecido al de otros gobiernos del tercer mundo, si bien más agudo: depende completamente de la superpotencia a que la población de ese país ha odiado profundamente desde que ésta se apoderó de las Filipinas a fines del siglo 19. Esa colonización provocó una guerra de resistencia nacional que hace eco en la actual lucha revolucionaria contra la dominación norteamericana llevada a cabo por el Partido Comunista de las Filipinas.
El control norteamericano del país y su alianza con los hombres de negocios y fuerzas feudales dependientes de los imperialistas han arruinado tanto al país que muchos millones de filipinos han tenido que buscar trabajo en el extranjero. Hay 1.4 millones de trabajadores filipinos en el Medio Oriente, entre ellos cuatro mil en Irak.
Junto con miles de sudasiáticos y otros trabajadores en Irak, manejan camiones, preparan alimentos y limpian los cuarteles para el ejército norteamericano y en general realizan trabajos que antes hacían los soldados. Sus labores son más importantes ahora, porque Estados Unidos está buscando con desesperación enviar todas las tropas suyas que sea posible al combate.
Entretanto, Estados Unidos ha contratado hasta ahora a sólo 30.000 iraquíes para los trabajos civiles, en comparación a los 250.000 que había dicho que tendrían empleo ahora. Está contratando con ganas a peces gordos del partido baazista con las manos empapadas de sangre, pero aparentemente hay muy pocos iraquíes entre los sectores trabajadores en que sientan que pueden confiar.
A diferencia de los mercenarios del ejército norteamericano y de algunos trabajadores norteamericanos contratados, con frecuencia los trabajadores del tercer mundo en Irak viven en tiendas de campana en verano e invierno. No reciben la misma comida y otras amenidades que reciben los norteamericanos cuyas porquerías tienen que limpiar y a menudo el ejército yanqui desconfía tanto que los mantiene casi presos. A algunos los tienen casi de rehén: a los obreros indios a quienes les dijeron que los iban a contratar para trabajar en Kuwait cuando salieron de casa los llevaron en autobuses de ahí a Irak contra su voluntad. Sus patrones guardan a menudo los pasaportes para impedir que regresen a su tierra. Todos son rehenes de las condiciones que Estados Unidos y otras potencias imperialistas imponen en sus territorios que los obligan a que buscaran sustento en otra parte.
Como sabemos, los iraquíes son los verdaderos rehenes de Estados Unidos. Los invasores consideran a casi toda la población como enemigo. De Al Ghraib a Faluja, de la tortura de las personas arrestadas al azar a los ataques con helicóptero artillados a hogares, exhiben y despliegan de manera obsesiva su poder castigador para matar a los luchadores activos y para disuadir mediante la crueldad la resistencia de cualquiera a que puedan detener.
Es verdad que la ocupación depende de todas las fuerzas bajo el mando de Estados Unidos y sus aliados en Irak, de diversas formas: tanto soldados como civiles cuyos trabajos constituyen un apoyo a las fuerzas de combate. En una gran reunión en Manila el 16 de julio, los manifestantes exigieron que el gobierno de Arroyo no sólo retire a las tropas sino también a los trabajadores contratados. Ésta es la posición del Frente Democrático Nacional de las Filipinas, un frente unido revolucionario.
Pero el secuestro a estos trabajadores y otros civiles (los civiles de verdad, es decir, no las fuerzas especiales vestidas de civil) es una táctica errónea.
Es importantísimo volver una y otra vez al principio de que la manera en que combaten las masas tiene un carácter de clase. Es una táctica reaccionaria y a menudo imperialista tomar de rehén a civiles inocentes, individuos o en grupo, con la idea de que amenazándolos o matándolos se puede hacer que otras personas se rindan. Esa táctica se basa en la idea de que las masas populares o toda la población son el enemigo.
En el caso de los imperialistas y los explotadores del mundo, eso es cierto. Pero no es cierto en el caso los comunistas maoístas y las auténticas fuerzas de liberación.
Veamos un ejemplo histórico de diferentes circunstancias en guerras populares: incluso en su trato de los soldados enemigos los revolucionarios coreanos y vietnamitas aplicaron la política de darles trato humanitario a los soldados norteamericanos capturados. Con esta política y con la educación política de los soldados rasos norteamericanos cuando fuera posible, los revolucionarios pudieron resaltar fuertemente la contradicción entre los gobernantes imperialistas y la gente trabajadora y oprimida que mandan hacer su trabajo sucio. Mediante la interdependencia de diversos factores, a finales de la guerra de Vietnam hubo amplia oposición en la sociedad norteamericana y mucha gente en Estados Unidos, incluidos soldados, se puso del lado del pueblo vietnamita.
Hoy en Nepal, el Ejército Popular de Liberación dirigido por los maoístas lucha al máximo por aniquilar en el combate a las unidades enemigas, pero a los soldados heridos y capturados del Ejército Real los tratan bien y ocasionalmente les permite regresar a casa o unirse a los rebeldes si lo prefieren. Esta política contribuye a desintegrar a las fuerzas del enemigo y sobre todo a ganarse a nuevas fuerzas para la revolución.
Veamos el secuestro y la ejecución de civiles de otra manera: ¿cómo es posible que la resistencia iraquí espere vencer al terrorismo y la vil brutalidad de Estados Unidos y sus aliados? El virrey norteamericano en Irak, John Negroponte, se pasó años dirigiendo a los escuadrones de la muerte en Centroamérica. Su títere iraquí Iyad Allawi, según el Sydney Morning Herald, en una visita reciente a un cuartel de la policía mandó colocar a seis prisioneros iraquíes esposados y vendados en fila contra una pared, sacó una pistola y personalmente les disparó uno por uno en la cabeza a corta distancia. ¿Es creíble que las amenazas a la vida humana influyan a tales hombres?
Podría decirse que tomando rehenes de los países que han apoyado con soldados a Estados Unidos aumenta el deseo de las personas de esos países de que sus seres queridos regresen sanos y salvos a casa y avergüence a los gobiernos. A veces ocurre lo opuesto: tales tácticas no resaltan las diferencias entre las masas populares y los gobernantes que las usan como carne de cañón, sino que contribuyen a las campañas de los imperialistas para forjar "la unidad nacional".
Por ejemplo, así utilizó el primer ministro italiano Silvio Berlusconi el secuestro de un guardia de seguridad noche tras noche en la televisión, con escenas en que la familia del hombre está llorando y en que varios elementos simbólicos le recordaban a las masas trabajadoras que el hombre era "como ellas". El control personal de Berlusconi de muchos medios televisivos y de otro tipo de Italia es una forma concentrada del monopolio imperialista de los instrumentos de la opinión pública en general.
Lo que hace que una población quiera que los soldados de su país se retiren de Irak es su propio odio a esa guerra injusta y su experiencia con el imperialismo (en los países dominados por él o en las entrañas de la bestia). España tuvo que retirar a sus tropas porque la población odiaba la guerra y al gobierno de Aznar. Los padres del rehén norteamericano Nick Berg (decapitado en circunstancias muy oscuras) no necesitaron que mataran a su hijo para convertirse en fuertes oponentes de la guerra y de su gobierno. Continuaron sosteniendo esa posición: insistieron que Bush y sus secuaces eran los responsables de la muerte de su hijo sin importar quien lo mató.
Aunque un pragmático podría decir que el secuestro dio fruto en el caso del chofer de camión filipino, tales tácticas impidieron que las fuerzas de resistencia pudieran aprovechar las contradicciones estratégicas básicas más poderosas entre los oprimidos y explotados del mundo y sus enemigos comunes.
Para esconder de sus propias poblaciones lo que traman, los gobiernos de Italia, las Filipinas y muchos países más afirman que sus soldados están cumpliendo servicio en misiones puramente humanitarias o ajenas al combate. Pero independientemente de lo que haga cada soldado individual, sigue sin cambiar la naturaleza global de la contradicción entre el pueblo iraquí y la ocupación de la cual esos soldados son parte.
Asimismo, aunque algunas fuerzas antiestadounidenses en Irak usan tácticas que reflejen un punto de vista atrasado y reaccionario, sigue sin cambiar la contradicción básica.







