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Mundo :: 01/01/2014

¿Franqueza o demagogia social en el papa Francisco I?

Carlos Angulo Rivas
Recurrir a la misión pastoral de la Iglesia, a la catequización colonialista, en el caso del capitalismo violento e insaciable, significa proponer la paz de los cementerios
El papa Francisco I ha sido declarado hombre del año por dos importantes medios de comunicación [burgueses], la revista norteamericana 'Time' y el diario francés 'Le Monde'. Desde su elección como jefe de la Iglesia Católica, asumiendo el nombre del santo de los pobres, el primer pontífice jesuita de nacionalidad Argentina estuvo en la noticia por asuntos propios de la corrupción en la Iglesia Católica, los escándalos éticos y financieros; y en especial en el Vaticano donde se destituyó al cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, número dos en la jerarquía eclesiástica [también por su actitud nefasta durante la dictadura argentina de 1976]. De esta suerte, algunas declaraciones en el corto período de su mandato han creado controversias dentro y fuera de la Iglesia. No acepto la defensa de la fe sacrificando la razón y tampoco creo que dentro del discurso humano esté la palabra de Dios. La cuestión de fondo ahora es que Francisco I ha publicado una extensa exhortación apostólica “Evangelii Gadium” o “Alegría del Evangelio” de 142 páginas, dirigida a los obispos, a los sacerdotes, a los diáconos y a los fieles laicos. Este anuncio papal de diciembre es tan amplio y tan etéreo que en él pueden entrar cientos de interpretaciones. La retórica papal hace referencia a dios en todos los lugares como si en la decisión de este ser abstracto estuviesen las soluciones específicas a un mundo desigual y despiadado, producto del desarrollo voraz capitalista, la globalización y el neoliberalismo regido por la especulación en los mercados, la explotación de las fuerzas laborales, la desocupación masiva y la pobreza terminal. Con una argumentación evangélica considerada por Francisco I como divina, hace referencia a distintos documentos históricos de la Iglesia, colocando en el mismo saco a los Papas progresistas con los reaccionarios y conservadores, así en sus abundantes citas nos mezcla a Juan XXIII y Paulo VI con Juan Pablo II y Benedicto XVI, por mencionar sólo a los últimos ocupantes del trono de San Pedro. De esta manera discursiva Francisco, luego de una literatura barroca elaborada, concluye: "Así como el mandamiento de no matar pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad." Esta parrafeada, entre otras varias, del análisis del papa Francisco I es enteramente correcta, y bien podría ser suscrita por cualquiera de los líderes progresistas y de izquierda en el mundo. Sin embargo, la frondosa envoltura evangélica de la “divinidad” quita valor categórico al documento. Recurrir al catecismo, a la misión pastoral de la Iglesia, a la catequización colonialista, en el caso del capitalismo violento e insaciable, significa proponer la paz de los cementerios. Argenpress. Extractado por La Haine
 

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