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26/03/2018 :: EE.UU., James Petras, Pensamiento

Imperio estadounidense: Imperialismo global y colonialismo interno

x James Petras - La Haine
El imperialismo militar y financiero de los EEUU fue un éxito temporal y efímero basado en la desaparición de la URSS y un mundo unipolar

Introducción

La dinámica del imperialismo estadounidense contemporáneo se basa en dos características estructurales: el impulso hacia la expansión militar mundial, la conquista y la ocupación respaldada por la intensificación de la explotación del trabajo doméstico y el saqueo de la economía doméstica.

En este trabajo desafiaremos la noción de que la explotación económica en el extranjero ha transferido los ingresos para “comprar” a las clases medias y trabajadoras domésticas, en el curso de la consolidación de la hegemonía imperial.

Argumentaremos que el imperio ya no se basa en un crecimiento robusto en el extranjero, sino que el imperio actual es una propuesta costosa y en declive.

Vamos a proceder a delinear los costos del imperialismo militarizado y el relativo declive económico del imperio.

Luego pasaremos a analizar cómo el estado imperial de los EEUU ha recurrido al financiamiento del imperio a través de sus regresivas políticas impositivas, regulatorias y presupuestarias.

Concluiremos refutando la noción de que los EEUU recurriendo al proteccionismo revivirán el imperio económico estadounidense.

Imperio: pasado y presente

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el final de la Guerra Fría, el imperio estadounidense se vio impulsado por la riqueza y el poder de las multinacionales para extraer y transferir beneficios a la economía doméstica y mantener un efecto de "goteo" sobre una fuerza de trabajo parcialmente sindicalizada, y para financiar a sus guardianes militares del capital global.

EEUU dominó el comercio mundial y lideró las inversiones mundiales, además de actuar como la principal fuerza creadora de instituciones financieras internacionales (BM, FMI). El libre comercio y la doctrina neoliberal se derivan del "Consenso de Washington" diseñado para inducir la desnacionalización y la privatización de las economías nacionales específicas en todo el mundo.

El imperio estadounidense aseguró aún más el ascenso global con la desaparición de la URSS, la absorción de los estados clientes ex soviéticos y el saqueo de la economía rusa. Washington declaró que el mundo se había convertido en un "estado unipolar", en el que EEUU era la única potencia dominante, libre para invadir, conquistar y explotar a cualquier rival.

Para sostener y fomentar su dominio militar global, Washington declaró una "guerra contra el terrorismo" mundial que acentuó las dimensiones militares de la "unipolaridad". El imperio de los EEUU fue redefinido a través de su capacidad militar para derrocar regímenes independientes, llevar a cabo múltiples guerras y simultáneamente financiar conquistas económicas en el extranjero mientras se mantiene un crecimiento interno dinámico.

Los constructores del imperio saquearon Rusia pero no lograron construir un satélite productivo viable. En cambio, invirtió miles de millones de dólares para expandir la OTAN a las fronteras rusas. Por el contrario, Alemania incorporó de manera rentable las economías poscomunistas en la Unión Europea.

La visión unipolar de los constructores del imperio los condujo a interminables guerras de miles de millones de dólares, que no se autofinanciaron y redujeron la presencia económica mundial de EEUU como fuente de beneficios. La búsqueda del imperio del mundo unipolar, a través de las guerras globales "sobre el terror", condujo a un estado imperial altamente militarizado que redujo en gran medida la competitividad económica de los EEUU y el crecimiento exponencial de su déficit comercial.

En respuesta a las demandas militares para el financiamiento estatal, las corporaciones multinacionales buscaron impuestos más bajos, mano de obra barata y mercados internacionales más lucrativos. La desindustrialización estuvo acompañada por la financiarización de la economía estadounidense.

El estado imperial era un Jano de dos caras: política exterior militarizada y política interna financiarizada. Los déficits inducidos por los militares y las guerras múltiples e inconclusas llevaron a los constructores del imperio a exigir más a la economía.

La financiarización condujo a una profunda crisis económica en 2008/09 y a una década de rescate de un billón de dólares.

El imperio financiero-militar era un costo, no un beneficio para el imperio económico. Los constructores imperiales encontraron pocos socios extranjeros dispuestos o capaces de compartir los costos. Los constructores del imperio recurrieron a la intensificación de la explotación, del mercado laboral nacional, la reasignación del presupuesto federal y la reducción de impuestos para la élite económica. EEUU redefinió la construcción del imperio como una forma de explotar la economía doméstica para militarizar el imperio.

Washington debatió dos opciones paralelas: una basada en una mayor internacionalización de la economía estadounidense con la esperanza de recuperar los mercados y el capital; la segunda opción fue convertir a los EEUU en una "fortaleza Americana" creando muros alrededor de un estado proteccionista y preparando una "guerra comercial". Ambas opciones dependían de la reducción de los costos laborales, la concentración de la riqueza y la reducción del trabajo y el bienestar.

El presidente Obama optó por la "internacionalización", vinculando el imperialismo económico y militar. El presidente Trump eligió una estrategia militarista-proteccionista diseñada para atraer capital extranjero al mercado doméstico de EEUU a través de amenazas militares y comerciales a fin de intimidar a los adversarios. Ambos enfoques se basaban básicamente en el colonialismo doméstico.

Los elementos del colonialismo interno

El período previo a las crisis financieras de 2008-09 y el rescate de un billón de dólares llevaron al saqueo del Estado y profundizaron la financiarización de la economía. La transferencia a gran escala de las ganancias de la fabricación interna a los mercados extranjeros y a los sectores bancarios, inmobiliarios y de seguros (FIRE) contribuyó a la creciente polarización de la economía y a la profundización de las desigualdades sociales.

Estos cambios en la economía fueron acompañados por cambios regresivos en la carga tributaria: las multinacionales evitaron cientos de miles de millones en impuestos a través de paraísos fiscales en el extranjero (FT 3/12/18 p.1) y pagaron menos impuestos nacionales a medida que la tasa impositiva efectiva disminuyó (FT 3/12/18 p.3).

Los estados nacionales compitieron para reducir los impuestos a la élite lo que llevó a la reducción del gasto social; la desregulación del sector bancario y energético condujo al aumento del capital especulativo.

El capital global creció a expensas de la economía doméstica; el crecimiento del capital financiero redujo los ingresos de la clase trabajadora y la clase media; las costosas guerras imperiales aumentaron el déficit comercial; el empleo temporal mal pagado en los servicios se convirtió en la norma.

Las condiciones de salud y ambientales se deterioraron. La construcción del imperio se intensificó y la doméstica “en desarrollo” para financiar un creciente déficit comercial y un imperio en declive. La disidencia popular creció.

El estado imperial se enfrentó a dos opciones para marginar aún más a la mayoría o dirigirse hacia una política proteccionista que en efecto buscaba dirigir el descontento masivo exteriormente hacia los competidores económicos y militares.

Los demócratas trataron de culpar a Rusia, los republicanos señalaron a China e Irán.

La elección de Trump condujo a la adopción de una política de profundización de la desregulación, aumento de la concentración de la riqueza, reducciones impositivas masivas para los corporativos multinacionales, una guerra comercial para el capital local, una política proteccionista para los sindicatos y una política de guerra para satisfacer a los ideological warlords.

El recurso del régimen de Obama al imperialismo militar y financiero basado en el colonialismo interno había llegado a sus límites. El régimen de Trump ha tratado externalizar a los enemigos y, ante todo, dirigir su "imperialismo nacional" contra China.

El presidente Trump: China y el déficit comercial

El régimen de Trump respaldado por los demócratas ha buscado sostener al imperialismo militarizado inventando una amenaza de guerra rusa en Siria, Ucrania, Reino Unido (la trampa del espionaje). Los demócratas promovieron la conspiración rusa para controlar las elecciones presidenciales estadounidenses.

Trump buscó evitar el inminente fracaso de su política económica, culpando a China, de explotar injustamente a los EEUU a través de relaciones unilaterales de comercio, inversión y tecnología, todo lo cual condujo a grandes déficits comerciales.

Contrariamente a Trump, el déficit comercial tiene todo que ver con la estructura económica perversa y las políticas de los EEUU creadas por sus élites gobernantes.

El déficit comercial de los EEUU es el resultado de que las multinacionales se muden a China y vuelvan a exportar a los EEUU. Las exportaciones estadounidenses de China representan casi un tercio del déficit. Washington no puede y no quiere coaccionar o atraer a los corporativos trasnacionales para regresar a los EEUU, incluso con generosos incentivos fiscales.

En segundo lugar, el déficit comercial es el resultado del creciente gasto militar de EEUU en guerras múltiples y continuas, en lugar de aumentar la inversión en los sectores de exportación. En contraste, China aumenta sus inversiones públicas en sectores de exportación de alto crecimiento que agregan valor y aseguran nuevos mercados.

En tercer lugar, EEUU restringe las exportaciones de tecnología militar y de alta tecnología a China para favorecer los intereses de la economía de la clase militar, lo que lleva a la pérdida de mercados y la capacidad de reducir los déficits.

En cuarto lugar, EEUU restringe las inversiones chinas en sectores que financiarían industrias de exportación que podrían reequilibrar el comercio basándose en el falso argumento de la "seguridad nacional".

En quinto lugar, EEUU y los corporativos trasnacionales están permitidos -reciben incentivos del estado- para retener 2.5 billones de dólares en paraísos fiscales, lo que reduce la capacidad de EEUU para financiar su sector de exportación y "equilibrar el comercio" con China (y el resto del mundo).

En sexto lugar, EEUU acusa a Pekín de insistir en que las empresas estadounidenses que invierten en China transfieran tecnología. Esta es una situación en la que todos salen ganando: las multinacionales estadounidenses obtienen beneficios y China obtiene conocimientos técnicos. Si los EEUU invirtieran sus ganancias en la actualización constante de su tecnología, podrían continuar reteniendo los mercados y las ganancias y sus ventajas de exportación.

En una palabra, China no está “haciendo trampa” sino aprendiendo y creciendo; depende de los EEUU hacer lo mismo, en lugar de tomar ganancias y trasladarlas a paraísos fiscales y al sector financiero.

La amenaza de EEUU de una guerra comercial contra China devastará las exportaciones de los EEUU en tecnología, transporte, agricultura e industrias avanzadas, al tiempo que socavará los sectores nacionales de consumo.

El resultado neto será la reducción del empleo, los ingresos y el comercio. EEUU tendrá que exprimir el ingreso interno para mantener la primacía de su élite militar y financiera, lo que provocará un mayor descontento interno.

Una cosa es clara: ante una guerra comercial, China se adaptará a sus inversiones en infraestructura global y se asegurará socios comerciales alternativos: sobrevivirá a una guerra comercial.

Conclusión

El imperialismo militar y financiero de los EEUU fue un éxito temporal y efímero basado en la desaparición de la URSS y un mundo unipolar, y el lanzamiento de la guerra global contra el terrorismo. Con el ascenso militar de Rusia y el crecimiento económico dinámico de China, estas ventajas a corto plazo desaparecieron y todas las vulnerabilidades resonaban. Los rescates bancarios de un billón de dólares y las prolongadas pérdidas militares socavaron las ventajas temporales que existían. El saqueo de la economía doméstica profundizó el descontento interno. El imperialismo "nacional" al estilo de Trump incrementó las ganancias pero perdió las guerras comerciales.

Una economía especulativa, un tesoro público saqueado y un imperio militarizado no pueden reestructurar la economía, ni siquiera con la retórica de la guerra comercial y los folletos fiscales de un billón de dólares. El tiempo se está acabando Presidente Trump; la economía se está preparando para hundirse y los votantes le están dando la espalda.

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Artículo originalo: https://petras.lahaine.org/us-empire-global-imperialism-and-internal/. Traducido para La Haine y CEDAM-Che Guevara, por José Luis Ríos Vera.

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