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Chile :: 13/03/2026

¿Indultará el nuevo presidente de Chile a uno de los verdugos de Pinochet?

Alex Fuentes
Un ultraderechista procedente de una familia nazi de la Alemania de Hitler asumió la presidencia de Chile el 11 de marzo de 2026.

¿Indultará el recién elegido presidente José Antonio Kast, que fue investido jefe de Estado de Chile el 11 de marzo, a uno de los verdugos más notorios de la dictadura de Pinochet?

Miguel Krassnoff junto al golpe de estado de 1973.

La cuestión gira en torno a Miguel Krassnoff, ex alto oficial de la policía secreta chilena DINA, condenado a más de mil años de prisión por crímenes contra la humanidad. El 4 de marzo la derecha comenzó a impulsar en el parlamento un proyecto de ley que podría permitir el indulto de asesinos notorios como Krassnoff, un proceso que podría prolongarse hasta el 16 de marzo, luego de Kast ya haya asumido el poder. En el trasfondo no figuran solo los años sangrientos de la dictadura, sino también una línea ideológica heredada de lo reaccionario y del chovinismo. Desde el ultranacionalismo del zarismo hasta el nacionalsocialismo de Hitler corre el mismo hilo oscuro: una tradición a la que Krassnoff ha declarado abiertamente su adhesión.

Miguel Krassnoff Martchenko, conocido en Chile como “El ruso”, cumple actualmente una condena de más de 1.000 años de prisión, pero nunca ha querido reconocer su responsabilidad en los crímenes cometidos cuando era uno de los oficiales de más alto rango de la DINA durante la dictadura militar. Krassnoff sigue siendo una expresión viva de la represión sistemática que se impuso durante el terror militar, con apoyo político y material de Washington. A comienzos de 2026 fue condenado nuevamente a otros 15 años de cárcel por crímenes contra la humanidad, lo que eleva su condena total a 1.062 años. No se descarta que la pena aumente, ya que aún hay procesos judiciales en curso. Es uno de los rostros históricos de la represión de la dictadura de Pinochet.

Krassnoff resulta incómodo para el nuevo presidente derechista de Chile.
¿Quién es este hombre ahora delgado, algo calvo y de cabello gris, de “férrea disciplina”, sobre el que José Antonio Kast - el nuevo presidente de extrema derecha - afirma: “No creo todo lo que se dice de él”?

Krassnoff es responsable de algunos de los peores crímenes contra la humanidad cometidos durante la dictadura. Su biografía nos remite al violento siglo XX de las estepas rusas. Ya en 1977 el periódico alemán Die Welt informaba: “Es uno de los oficiales más temidos de la DINA”.

Siempre llevaba dos pistolas - una Browning y una Colt .45 - y un fusil automático en el coche. En documentos de la CIA se le describe como “antimarxista, un oficial conforme a las normas de la institución”. A ello hay que añadir una ideología profundamente antisemita.

Krassnoff nació en Austria en 1946 como Mijaíl Semiónovich Krasnov. Era hijo de Semión Krasnov (cosaco del Don) y Dina Martchenko (cosaca del Kubán), y nieto de Piotr Krasnov (1869–1947), general y atamán cosaco del Imperio zarista. Bajo el zarismo, los cosacos fueron utilizados como fuerza represiva al servicio del Estado. Durante la guerra civil rusa tras la revolución de 1917, Piotr Krasnov fue uno de los principales líderes cosacos del Don y se convirtió en atamán del ejército cosaco en la lucha contra los bolcheviques revolucionarios. Alexander Kerensky, jefe del Gobierno Provisional ruso entre julio y noviembre de 1917, recompensó su habilidad militar nombrándolo comandante del ejército en la lucha contra el Ejército Rojo dirigido por León Trotsky.

Más tarde, Trotsky ofreció al general cosaco incorporarse al Ejército Rojo, y este dio su palabra de no volver a levantar las armas contra los revolucionarios rusos. Sin embargo, posteriormente rompió su promesa y marchó hacia el sur para continuar la resistencia, episodio que Trotsky describe en el capítulo VIII de Historia de la Revolución Rusa (“La marcha de Kerensky y Krasnov sobre Petrogrado”). Finalmente, los cosacos de Krasnov fueron derrotados por el Ejército Rojo en la batalla de Perekop en 1920.

Tras la derrota, Piotr Krasnov se alineó con el nazismo. En 1933, después de la llegada de Hitler al poder, se trasladó a Berlín, donde se convirtió en dirigente de un gobierno cosaco en el exilio, mientras sus hijos participaban en las SS. Semión Krasnov, padre de Miguel Krassnoff, se integró más tarde en una legión cosaca en París.
Cuando Hitler invadió la Unión Soviética, los cosacos - con Piotr y Semión Krasnov al frente - participaron en la ofensiva. El odio visceral y el anticomunismo ardiente contra “los rojos” fueron una fuerza motriz. La derrota alemana obligó a los Krasnov y sus cosacos a retirarse a través de los Alpes hacia Austria.

Al final de la guerra, miles de cosacos fueron entregados por los británicos a la Unión Soviética en lo que se conoce como “The Betrayal of the Cossacks”. Piotr y Semión Krasnov fueron extraditados, juzgados y ejecutados en 1947. Sin embargo, la madre de Miguel Krassnoff emigró posteriormente a Chile. El Estado chileno ya había abierto sus puertas en los años cuarenta a miles de cosacos.
Así, el joven Krassnoff creció en un ambiente donde el anticomunismo se absorbía prácticamente con la leche materna.

En 1964 Krassnoff ingresó en la academia militar chilena. El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 derrocó al presidente democráticamente elegido Salvador Allende y, entre 1973 y 1974, Krassnoff sirvió como oficial de seguridad de Pinochet.

Posteriormente pasó a formar parte de la cúpula de la DINA. Actuó sobre todo en Villa Grimaldi, centro del terror de la dictadura situado en la comuna de Peñalolén, en Santiago.

Dentro de esta organización represiva, Krassnoff fue responsable de algunos de los peores abusos contra los presos políticos de la dictadura. Al igual que muchos mandos nazis tras la Segunda Guerra Mundial, que se consideraban inocentes de crímenes contra la humanidad, Krassnoff se considera aún hoy inocente y afirma obstinadamente que solo cumplía una misión sagrada. Los testimonios de supervivientes - e incluso de perpetradores - constituyen relatos estremecedores “de las mazmorras de la dictadura de Pinochet que revelan la verdadera personalidad de este desdichado oficial”, como escribe la autora Mónica Echeverría en su libro Krassnoff – arrastrado por su destino.

El capitán Krassnoff estaba diariamente en Villa Grimaldi entre doce y catorce horas al día, decidiendo sobre la vida o la muerte de prisioneros mantenidos con los ojos vendados y encadenados. En documentos desclasificados por la CIA en 1999 se describe la actividad represiva de la DINA como un intento de “crear una atmósfera de terror (…) para provocar miedo y así destruir moral y físicamente a los prisioneros, hacerles perder la noción del tiempo y - lo peor de todo - sustituir sus nombres por números, reduciéndolos finalmente a un estado animal”. En Villa Grimaldi desaparecieron miles de opositores a la dictadura.

La joven Diana Arón fue detenida el 18 de noviembre de 1974 por la DINA bajo el mando de Krassnoff. Sus padres, judíos, hicieron todo lo posible por conocer el destino de su hija. Incluso el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, también de origen judío, intercedió ante Pinochet para pedir su liberación.
Fue completamente inútil. Uno de los torturadores más notorios de la DINA, Osvaldo Romo, confesó en 1992 durante un proceso judicial el brutal asesinato y describió el crimen con detalle. Romo reconoció que Krassnoff participó en la tortura de la joven en el centro de tortura de Villa Grimaldi y que el capitán utilizó insultos antisemitas y misóginos contra ella. Krassnoff apartó a Romo para continuar personalmente la tortura y, con sangre en las manos, dijo:

“No solo era marxista; también era judía la conchadesumadre.”

Antisemitismo y anticomunismo se entrelazaban. Los ecos del odio de los antiguos pogromos cosacos resonaban en la cámara de tortura. En sus oídos parecía escucharse el grito de guerra de los cosacos en los pogromos: “¡Muerte a los judíos!”. Era el lema incendiario que durante siglos había marcado a sus antepasados, una furia que desató contra Diana Arón.

Krassnoff fue ascendido varias veces durante la dictadura. A mediados de los años noventa exigió, junto a otros generales, el indulto del entonces encarcelado jefe de la DINA Manuel Contreras, subordinado directo de Pinochet. En una fiesta de oficiales, con un vaso de whisky en la mano, dijo:

“A mi abuelo lo colgaron los comunistas, a mi padre lo colgaron los comunistas… a mí también me colgarán los comunistas.”

Sin embargo, Krassnoff nunca fue sometido a interrogatorios coercitivos por los crímenes que él mismo había cometido. En los años noventa continuó como comandante en Valdivia, en el sur de Chile, donde expresaba abiertamente el odio heredado de la tradición cosaca contra judíos y bolcheviques, quienes - según su visión - habían destruido el imperio zarista.

Krassnoff se diferenciaba de otros altos mandos de la DINA por su convicción ideológica explícita. En una entrevista con Mónica Echeverría, la periodista y dirigente del MIR, Gladys Díaz, relató que Krassnoff la torturaba y después le ofrecía café y cigarrillos en Villa Grimaldi. A la prisionera le explicó en una de esas oportunidades que él era nacionalsocialista. Habló de la necesidad de exterminar primero a los miembros del MIR, luego a los comunistas, socialistas y demócrata-cristianos, y finalmente incluso a los empresarios. Hizo referencias a la Revolución Rusa, a revolucionarios como Trotsky y Lenin, y terminó con una devoción absoluta por Pinochet.

Más tarde se estableció que Krassnoff actuaba como ideólogo de la DINA, era el hombre que seleccionaba a prisioneros que hasta hoy permanecen desaparecidos. Un superviviente lo describió como “un narcisista, un pavo real sangriento”, mientras otros hablaban de un primitivo cavernícola violento. No fue hasta 2005 cuando los tribunales establecieron su culpabilidad en numerosos crímenes contra la humanidad. Hoy, en 2026, cumple hoy una condena de 1.062 años de prisión.

Mientras se escribe este artículo, la Corte Suprema de Chile ha endurecido varias sentencias anteriores por crímenes contra la humanidad cometidos durante la dictadura de Pinochet. Varios verdugos condenados han tenido que regresar a prisión y una veintena han visto aumentar sus penas, entre ellos Miguel Krassnoff.

José Antonio Kast asume la presidencia de Chile el 11 de marzo. Ante la pregunta sobre un posible indulto a Krassnoff - algo que en el pasado ha dejado entrever - Kast responde con evasivas. Al mismo tiempo sostiene que personas como Krassnoff, que aplastaban a los presos políticos en Villa Grimaldi como si fueran cucarachas, deben ser tratadas “con respeto”.

Por crímenes de este tipo - crímenes surgidos del terror sistemático organizado por el Estado - los principales criminales del nazismo fueron juzgados en Núremberg (1945-46). Allí se dictaron condenas a muerte. La comunidad internacional estableció un principio: los crímenes contra la humanidad no prescriben, no se justifican y no se indultan.

Casi ochenta años después surge una cuestión decisiva:

¿Indultará el nuevo presidente de Chile - hijo de un antiguo miembro del partido nazi alemán - a uno de los verdugos más notorios de la dictadura de Pinochet?

¿Deben también los crímenes contra la humanidad convertirse en objeto de clemencia política cuando el perpetrador pertenece a la propia esfera del poder?

Traducción de Internationalen (Suecia)

 

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