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22/01/2020 :: Venezuela

¿Participará la derecha en las elecciones parlamentarias en Venezuela?

x Edgard Ramírez
Como si de un remake se tratara, todo parece indicar que la derecha abstencionista de Venezuela pretende nuevamente evadir la contienda electoral

No es un dato menor que esta fracción antichavista ya impulsó la ausencia de electores en los comicios parlamentarios de 2005, de la Asamblea Nacional Constituyente en 2017, y las presidenciales de 2018.

Aunque esta estrategia política puede usarse para visibilizar la falta de condiciones para una competencia en igualdad de condiciones –en cumplimiento del reglamento electoral criollo- repetirla, una y otra vez, sin ningún plan democrático adicional, resulta un sin sentido.

En términos prácticos, la abstención le allana el camino a los partidos que deciden participar. Recordemos que el presidente Nicolás Maduro fue reelegido en unos comicios en los que no participó la derecha “tradicional” y la abstención alcanzó 54%. A pesar de eso –y con unos 50 países que desconocieron los resultados – allí está el mandatario en Miraflores.

No es un dato menor que el promedio de participación en las tres últimas elecciones presidenciales (2006, 2012 y 2013) fue de más de 79%, según los datos oficiales del CNE.

Y aunque en esta ocasión se trate de las elecciones legislativas –paradójicamente la única que ha ganado la derecha en los últimos años- el antichavismo liderado por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, mantiene el mantra de “no legitimar el fraude electoral”.

¿Votar o no votar? Esa es la cuestión…

Digámoslo todo. Los partidos políticos –y en última instancia sus militantes- tienen derecho a no participar en el acto de votación. El abstencionismo electoral, que se enmarca en el fenómeno más amplio de la apatía participativa, se plantea desde perspectivas distintas en los regímenes democráticos o en los autoritarios.

Mientras en democracia puede suponer la existencia de corrientes políticas que no se integran en el juego político normal, bajo el autoritarismo es un acto de “desobediencia cívica”.

Sin embargo, ya sea en uno o en otro tipo de gobierno, el abstencionismo electoral impulsa el escepticismo y termina revirtiéndose contra sus propios impulsores. Eso ya lo padece la derecha venezolana y queda en evidencia en el discurso público y desencantado de una gran cantidad de sus seguidoras y seguidores.

“(El 2020) será año electoral, llueve, truene o relampaguee. Es inevitable. Las cúpulas podridas del G4 quedarán solas en su intento de querer que la derecha no participe”, dijo Maduro desde el Palacio de Miraflores en una de sus alocuciones navideñas.

Pero el llamado G4 (Voluntad Popular, Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo), al igual que sucedió en las pasadas elecciones a gobernadores, no tiene una posición colegiada.

La tolda blanca -con Ramos Allup, su secretario general a la cabeza- ha dado fuertes señales de querer participar. Y es apenas lógico, pues aunque es un partido venido a menos y la “maquinaria adeca” forma parte del pasado, en el juego político actual ostenta la segunda mayoría de cargos de elección popular, solo detrás del PSUV.

Tal logro responde a su deslinde de la “estrategia” de abstención que impulsa la derecha. Recordemos que Acción Democrática decidió, a pesar de las presiones internas y foráneas, participar de las elecciones regionales a contrapelo de la coalición antichavista.

Los adecos lanzaron los candidatos de su cantera y lograron la totalidad de gobernadores obtenidos por la derecha ¡4 de 23 estados en disputa!: Anzoátegui, Mérida, Nueva Esparta y Táchira.

Lo ha dicho el propio Ramos Allup, “Haciendo un análisis histórico del año 2000 hasta hoy, tenemos que hemos perdido más cuando no votamos que cuando lo hacemos, siempre teniendo presente el ventajismo del Gobierno”.

Y es que el longevo político aprendió muy bien la lección de 2005 cuando adhirió la decisión de no ir a votar en las elecciones parlamentarias para “presionar” al Gobierno de Hugo Chávez. En aquella ocasión, la Asamblea Nacional fue electa con una abstención de 75% y se eligieron solo diputados chavistas. Sin mayor desenlace político, la derecha regaló el parlamento a los “rojos-rojitos”.

Según los datos publicados el pasado diciembre por la encuestadora Datincorp, y reseñados por medios nacionales, la participación en las elecciones parlamentarias dependería 80% de la concreción de un pacto para conformar un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE). “De celebrarse las parlamentarias el próximo año, según la encuesta, 17% votaría por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y 39% lo haría por candidatos de la derecha”.

Vuelve el perro arrepentido

Las próximas elecciones parlamentarias de Venezuela están planteadas para celebrarse el 6 de diciembre de 2020.

En los comicios se renovarán todos los escaños de la Asamblea Nacional, -como siempre- mediante votación universal, directa, personalizada, secreta y con representación proporcional. Los diputados electos durarán cinco años en el ejercicio de sus funciones (hasta enero de 2025).

En parte, por esta razón, la fracción chavista en el parlamento anunció que se sumaba nuevamente al hemiciclo después de retirarse por más de dos años a raíz del “desacato” dictado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela contra la Asamblea Nacional. El retorno formó parte de los acuerdos alcanzados entre el Gobierno y sectores minoritarios de la derecha en la Mesa de Diálogo Nacional.

A su regreso –en los primeros días de noviembre- los diputados “del Bloque de la Patria” anunciaron que participarían en la renovación de los miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) y las garantías electorales para las elecciones parlamentarias de inicios de 2020.

“Nuestra presencia persigue que se orienten los eventos, para que en el marco de la legalidad, se supere el desacato en que siguen de manera contumaz la directiva de la AN”, dijo el diputado chavista Francisco Torrealba.

¿”La gente” prefiere votar o abstenerse?

A pesar de la desconfianza de los militantes opositores en el CNE, la mayoría prefiere ir a las urnas electorales –según resultados publicados en medios por la encuestadora Datincorp– sobre todo porque han logrado ganar algunas contiendas con el actual órgano electoral.

Pero no solo el “voto duro” antichavista considera que hay que asistir a la cita electoral. Desde el chavismo no institucional –crítico o no domesticado lo llaman algunos- también coinciden en la necesidad de la pelea democrática.

“Creo que la derecha debe participar en las elecciones. Una consigna útil sería: Convirtamos las elecciones parlamentarias del 2020 en un plebiscito contra Maduro y contra la corrupción”, aseguró en una entrevista reciente, el histórico ex ministro de Chávez, Héctor Navarro.

Encuesta de Datincorp: 80% de los venezolanos sí votaría en unas elecciones parlamentarias con un nuevo CNE – https://t.co/WSQGuhIGiL

— ElPortal24 (@ElPortal24) December 31, 2019

 Sin embargo, hasta el último momento del año 2019, Juan Guaidó se mantiene arisco al conteo: “El origen de la crisis en Venezuela no son las parlamentarias, por eso no vamos a participar”, dijo.

Hoy hemos aprobado un comité preliminar de postulaciones abierto a todas las fuerzas políticas. La dictadura ha reconocido que solo el Parlamento puede designar el CNE.

No caigamos en desinformación y confusión: este nuevo CNE es para convocar elecciones presidenciales libres. pic.twitter.com/aEBbkWdEEI

— Juan Guaidó (@jguaido) November 5, 2019

 Claro, hay que tener en cuenta que dicha posición abstencionista la apoyan sus referentes estadounidenses. Namita Biggins, vocera del Departamento de Estado estadounidense aseguró que aunque su país apoya una salida electoral “en Venezuela no están dadas las condiciones”.

También el altisonante senador Marcos Rubio considera que Maduro “usará las elecciones para manipular el resultado y acabar con la Asamblea Nacional”.

Faltan 12 meses para la elección de los nuevos diputados de la Asamblea Nacional y en términos políticos eso es muchísimo tiempo (sobre todo teniendo en cuenta lo vertiginoso y convulso de la arena venezolana).

Aún es aventurado afirmar que la derecha caerá nuevamente en la presión de EE.UU. y faltará a la cita electoral. También lo es, considerar que esta vez decidirá autónomamente asistir a las urnas. Quizás por allá en noviembre de 2020 podremos tener un panorama más claro.

SupuestoNegado.com

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