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Medio Oriente :: 03/11/2003

Irak es cada vez más un avispero

Editorial Gara
El derribo ayer por parte de la resistencia iraquí de un helicóptero en las cercanías de Bagdad se saldó con la muerte de quince de sus ocupantes, además de veintiún heridos, todos militares estadounidenses.

Este ataque, el más letal sufrido por las tropas de EEUU desde que Bush proclamó la «victoria» el 1 de mayo, no fue el único de la jornada, en la que fallecieron cuatro o cinco marines más, con lo que el número de norteamericanos muertos desde el «final» de la guerra ronda los 360.

Fue el colofón de una semana que arrancó cuando aún no se había apagado el eco del ataque contra el hotel en el que se hospedaba el número dos del Pentágono, Paul Wolfwovich. Eco que el mismo lunes quedó minimizado por el estruendo de los cinco ataques suicidas coordinados que se saldaron con medio centenar de víctimas mortales. Y todos y cada uno de los días de la semana han sido testigos de lo que, más que un goteo, puede calificarse como un torrente de ataques (la media es de 36 por jornada).

En estas circunstancias, la versión oficial norteamericana de que los ataques cada vez más mortíferos de la resistencia son síntoma de su «desesperación» ante los «evidentes avances» en la estabiliza- ción del país carece de credibilidad. Sobre todo cuando se constata que las dos grandes victorias diplomáticas de Washington en los últimos tiempos íla resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que legitima su política en Irak y la disposición de Turquía para enviar tropasí se desinflan.

La resolución no evitó que la Conferencia de Donantes fuera un fiasco y tampoco parece que la ONU esté en condiciones de reforzar su «papel vital» en Irak, o, al menos, eso induce a pensar que haya llamado «a consultas», es decir, haya repatriado, a los pocos funcionarios que aún mantenía en el país tras la evacuación general ordenada después del ataque contra su sede en Bagdad. La Cruz Roja, golpeada el lunes, habla de actuar «desde el exterior».

En cuanto a las tropas turcas, conseguidas tras no pocas concesiones a Ankara, al final ha sido el propio Washington el que ha tenido que rechazarlas, ante la evidencia de que su presencia podía soliviantar los ánimos en la zona controlada por las milicias kurdas, la única «tranquila» del país. Decisiones como ésta, que hablan claramente de improvisación, denotan hasta qué punto EEUU se siente atrapado en un avispero, a pesar de que desde la Casa Blanca se insista en que mantiene el control.

[03/11/03]

 

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