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Medio Oriente, EE.UU. :: 22/03/2026

Irán está ganando

Rafael Poch
El hundimiento de una sola gran nave norteamericana o el derribo de los dieciséis aviones de EEUU hasta ahora reportados, representan una humillación para el imperio

[Foto: Trump enfadado al descubrir que el secretario de Guerra Hegseth es un imbécil.]

No hay duda de que la sociedad iraní está sufriendo más que cualquiera de las otras sociedades implicadas, en Israel o en los países del Golfo, por no hablar de EEUU donde no hay daño alguno (al menos militar). Pero a juzgar por lo visto, hay una diferencia en la capacidad de aguante: ni los israelíes, ni los estadounidenses, ni los habitantes de los países del Golfo, aguantarían el nivel de destrucción de infraestructuras, hospitales, escuelas y centros administrativos, por no hablar de la eliminación de una línea de primeras figuras de la dirección política, militar y religiosa, sin experimentar un seísmo político y social. Irán asume todos esos daños que sus adversarios no pueden asumir.

Contemplado desde Israel, la diferencia de tamaño es importante. Irán es unas 75 veces mayor que Israel. Eso quiere decir que si se lanzan una cantidad semejante de misiles y bombas, Israel resulta más destruido por una cuestión de tamaño. Y eso es lo que se está viendo.

Otra diferencia de escala es que aunque buena parte de la marina de guerra de Irán haya sido destruida, excepto los submarinos y las temibles flotillas de lanchas rápidas lanzamisiles, todos esos barcos y recursos hundidos tendrían menos peso y consecuencias que el hundimiento de un solo portaaviones de EEUU.

El hundimiento de una sola gran nave norteamericana o el derribo de los dieciséis aviones de EEUU hasta ahora reportados, representan una humillación para ese país. Lo mismo puede decirse de la destrucción continua de sus bases y radares en los países del Golfo. La destrucción militar sufrida por Irán no es humillante, dado el tamaño del adversario. Todo eso sí lo es para EEUU -por la misma razón-, y la experiencia histórica sugiere que la humillación militar de una superpotencia es letal para ésta.

Algo parecido puede decirse sobre los bombardeos y misiles lanzados que destruyen Irán o el Líbano matando diariamente a decenas de civiles. La guerra induce una unión de país más que un impulso de cambio de gobierno. Parece que los adversarios del gobierno en Irán no están entusiasmados ante la perspectiva de que su país se convierta en una nueva Libia, Irak o Siria.

Por el contrario, cada misil iraní o de Hezbollah que destruye bases militares o edificios en territorio israelí, donde se acumulan por miles los heridos y muertos, plantea preguntas críticas sobre la eficacia de la defensa de un país acostumbrado a agredir sin consecuencias. En las bases del Golfo, las preguntas son sobre la conveniencia de una arquitectura de seguridad que no solo ya no les garantiza inmunidad, sino que evidencia que las dictaduras de la región van muy por detrás del régimen israelí en las prioridades de defensa de Washington.

Independiente de la reserva de misiles de la que disponga -y son muchos, y los más temibles apenas se están empezando a utilizar ahora - Irán dispone de un arma definitiva que es el cierre del estrecho de Ormuz. Hay consenso acerca de que la interrupción del suministro de gas y petróleo, si se prolonga, puede ocasionar importantes perjuicios a la economía occidental e incluso una recesión económica global.

Incluso si el manejo de este recurso es selectivo, permitiendo la circulación de buques con destino a países no hostiles a Irán, las consecuencias varían mucho de un país a otro. Rusia, por ejemplo, es inmune e incluso se beneficiaría por los aumentos de precios del gas y el petróleo. China tiene reservas para suplir durante varios meses una interrupción del suministro del Golfo Pérsico y además dispone del suministro ruso. Para India y los países europeos sería mucho más complicado y para Japón y Taiwan sería dramático en un plazo muy breve.

EEUU importa poco petróleo de la región afectada, pero la mera interrupción de ese poco está aumentando los precios de la gasolina y el diésel significativamente, con gran repercusión para el transporte y los precios en general. Y las elecciones de medio término se van acercando. El consumidor norteamericano puede convivir con la masacre de centenares de miles de seres humanos propiciada por su gobierno en el otro extremo del mundo, pero no con el incremento de algunos dólares del precio de los combustibles.

Y, finalmente, todo el mundo percibe que esta guerra es un error de ese Nerón narcisista sospechoso de pedofilia. Cuando Trump solicita la ayuda militar de sus vasallos europeos para profundizar el desastre, todos se escaquean. Su propio aspecto, el lunes, jactándose del martirio de Cuba, no era muy bueno. Tampoco lo es desde hace algunos días, el de algunos propagandistas del régimen israelí.

Y es que Irán está ganando la guerra y todo el mundo se está dando cuenta de la magnitud del estropicio. Esta guerra es asimétrica porque la superioridad tecnológica y la capacidad militar de uno de los bandos es mayor, pero de momento Irán la está ganando.

rafaelpoch.com

 

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