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31/10/2009 :: Medio Oriente

Irán: ¿Qué tiene que hacer Ahmadinejad para que le den el Nobel de la Paz?

x Michel Collon y Gregoire Lalieu
[Traducido del francés para La Haine por Felisa Sastre] Entrevista con Mohamed Hassan :: La propaganda de las elecciones trucadas es para poner un gobierno pro-occidental

¿Se ciernen las amenazas iraníes a las puertas de occidente? ¿Las elecciones en Irán fueron fraudulentas? ¿Cuáles han sido los verdaderos desafíos? ¿Por qué Estados Unidos ha apoyado al movimiento de oposición? Mohamed Hassan responde a estas preguntas para nuestro informe “Comprender el mundo musulmán”. Como especialista, aclara las diferentes fuerzas que se enfrentan en Irán, y las razones por las que Ahmadinejad aparece tan frecuentemente en los titulares de los periódicos y en qué medida la república islámica influirá en el futuro del ya debilitado imperio estadounidense.

Los medios de comunicación nos dicen que Irán constituye una gran amenaza y presentan como prueba las declaraciones de Ahmadinejad sobre Israel y sobre el programa nuclear iraní. ¿Es en realidad Irán un país peligroso?

Ante todo, deben saber que ese famoso programa nuclear se inició en la época del régimen anterior, el del Shah, y ¡con el apoyo del Estados Unidos! A lo que hay que añadir que los opositores a Ahmadinejad han montado una campaña en el interior y fuera del país asegurando que Irán quiere entrar en guerra con Israel, lo que es falso. Irán no quiere enfrentarse a nadie. Lo único que desea es afirmar su soberanía nacional. Así que el tema nuclear debe abordarse desde este punto de vista. Para el pueblo iraní se trata de su derecho a la autodeterminación.

Pero Israel se siente amenazada. ¿Por qué Ahmadinejad niega el Holocausto? ¿O no es así?

No. Él ha reconocido que el Holocausto fue un hecho terrible pero ha subrayado por encima de todo que las personas responsables de aquel genocidio no hayan pagado por ello mientras que los palestinos sí lo han hecho. Durante la Primera Guerra Mundial, Alemania atacó a sus vecinos y pagó las consecuencias. Por poner un ejemplo, Bélgica fue indemnizada por Alemania.

¿Cuál es la auténtica posición de Ahmadinejad? Él defiende que para establecer quiénes fueron las personas responsables del Holocausto y hacerles pagar por él, es preciso que estudiemos ese trágico suceso y hacer público el debate. Este aspecto esencial se oculta en la campaña contra Ahmadinejad: algunos le plantean preguntas y después sacan de contexto sus respuestas. Por otra parte, el tema del Holocausto se ha convertido en asunto tabú y toda la propaganda contra Ahmadinejad va dirigida a desestabilizar Irán.

¿Por qué?

Noam Chomsky ha explicado en su libro The Fateful Triangle(1) cómo Israel, en la época del Shah, quería establecer una alianza con Irán, Turquía y Etiopia para dividir al nacionalismo árabe de la región. Hoy, Israel querría que Irán estuviera dirigido por un gobierno complaciente. El objetivo inmediato de la campaña contra Ahmadinejad, es cortar las relaciones entre Irán, por una parte, y Hezbollah y Hamás, por la otra, lo que consolidaría la situación de Israel en dos aspectos. En primer término, los países pro-occidentales de la región con buenas relaciones con Israel (como Egipto o Jordania), se verían reforzados. Les seguiría Palestina, donde la situación de Abbas sería más cómoda y los sectores que quieren plantar cara a Israel quedarían debilitados. Esas son las razones de la campaña israelí contra Ahmadinejad.

La cuestión palestina y el programa nuclear ¿han servido de pretextos electorales para que Ahmadinejad aglutinara a la población con sentimientos nacionalistas?

Es lo que han pretendido también algunos opositores de Ahmadinejah durante la campaña. Está claro que el pueblo iraní, que sufrió privaciones con el Shah, es solidario con los palestinos. Pero ello no podría ser un elemento crucial para decidir el resultado de las elecciones: no es la cuestión palestina la que va a proporcionar trabajo y comida a los iraníes. Y de hecho, la visión política de Ahmadinejad tiene como eje al Estado: para él, debe controlarlo todo. Y debido a ello los trabajadores, campesinos y obreros de las ciudades lo han elegido: son personas que se benefician de la intervención del Estado y de su política económica. Por el contrario, los reformistas como Moussavi (apoyado por occidente) no estaban de acuerdo con esta perspectiva.


[las grandes potencias se concentran en Irán, mientras el disidente israelí, Vananu, señala el arsenal nuclear israelí]

¿Cuál es su postura?

Esos reformistas provienen de lo que se conoce como la “burguesía del Bazar”, una burguesía existente en los países islámicos desde hace mucho tiempo. La forman productores artesanos asociados al campesinado. En la época del Shah, la burguesía del Bazar no era tan importante porque el país lo dominaba la burguesía de los intermediarios, que se servían del aparato del Estado y del dinero del gobierno para comerciar con los países imperialistas en las importaciones-exportaciones. Los intermediarios no producían nada, se limitaban a vender los productos. Por eso, la economía iraní era tan dependiente de las potencias extranjeras.

En aquella época, la burguesía del Bazar no gozaba del apoyo de los intermediarios, si bien es cierto que carecía de capital y de tecnología. Por eso apoyó a Jomeini durante la revolución islámica de 1979. El sistema económico iraní se vio transformado y con el desarrollo de la burguesía del Bazar en detrimento de los intermediarios, el país pasó de una situación neocolonial a un modelo independiente.

Las gentes surgidas de la burguesía del Bazar encontraron en la revolución una oportunidad de servirse del capital del Estado para hacer mucho dinero, y hoy algunos de ellos son multimillonarios. Reformistas como Mousavi, Rafsanjani o Jatami provienen de ese grupo. Se les llama “reformistas”no porque tengan ideas progresistas sino porque quieren cambiar el actual sistema económico, con una menor intervención estatal y más privatizaciones, lo que permitiría que algunos de ellos se enriquecieran más aún, con un Irán convertido en un enorme mercado. Ese fue el asunto crucial en las últimas elecciones y, tal como he dicho antes, la mayoría de los iraníes, que se benefician de la intervención del Estado, eligieron a Ahmadinejah en lugar del “reformista” Mousavi.

A su juicio, ¿Las elecciones han sido manipuladas?

Por supuesto que no. La idea de que hayan sido fraudulentas se debe a la propaganda desplegada para marginar a Ahmadinejah y colocar en Irán un gobierno pro-occidental. Sólo hay que analizar ciertos elementos para darse cuenta de la idea de que el fraude no es seria. En primer lugar, la Fundación Rockefeller financió a una ONG para llevar a cabo un sondeo de opinión dos semanas antes de las elecciones: Ahmadinejad ganaba por tres a uno. En segundo, nuestros medios de información nunca difundieron los debates organizados durante la campaña electoral en Irán: cualquiera hubiera podido comprobar que se trataba de debates muy abiertos y hubiera comprendido mejor las razones por las que los trabajadores se decantaron por Ahmadinejad. En tercero, podríamos preguntarnos: ¿Quiénes son los que proclaman que se ha producido un fraude en Irán? ¿Por qué Estados Unidos no se interesa en la democracia en los Emiratos? ¿Por qué no ha habido campaña contra Afganistán donde las elecciones han sido manifiestamente fraudulentas? Etc.

Para responder a estas preguntas, debemos comprender que los certificados que garantizan dónde las elecciones han sido limpias y dónde no, dependen de los intereses imperialistas. En resumen, el pueblo iraní ha visto lo que las fuerzas imperialistas han hecho en Iraq, en Afganistán o en Pakistán. Es otra de las razones por las que los iraníes han preferido a Ahmadinejad, quien ha puesto en marcha una alianza anti-imperialista con países como China o Rusia. En sentido contrario, los reformistas, más “pragmáticos”, están dispuestos a establecer buenas relaciones con los países imperialistas para comerciar con ellos.

Hillary Clinton ha admitido recientemente que Estados Unidos había impulsado el movimiento de oposición iraní tras las elecciones. Pero no era la primera ocasión en que Washington intervenía en la política de Irán, ¿no es así?

En efecto, en 1953 la CIA derrocó al primer ministro iraní Mossadeq, elegido por sus ideas nacionalistas y progresistas. En 1951, había nacionalizado la industria petrolera, lo que provocó la cólera de los intereses anglosajones en la región. Una operación orquestada por la CIA le remplazó por Mohamed Reza Pahlavi, el Shah, que defendería los intereses imperialistas en la zona durante muchos años.

Para Estados Unidos, era muy importante tener un aliado en Irán porque la región del Golfo había estado controlada durante mucho tiempo por el imperio británico, pero a partir de los años sesenta empezó su decadencia y los británicos ya no dispusieron de los medios para mantener su estratégica situación en la zona. Al abandonar el Golfo, Estados Unidos temió que la influencia de los soviéticos y del nacionalismo árabe aprovecharan la ocasión para reforzarse. Por ello, Washington utilizó al Shah como gendarme de la región y para la defensa de sus intereses. El Shah aprovechó el dinero del petróleo para construir una enorme potencia militar y un servicio de información sólido e implacable: el SAVAK.

En aquella época, se enfrentaban en la región dos fuerzas: los revolucionarios que cada vez adquirían más credibilidad entre las masas, como el gobierno de Nasser o la revolución republicana en el Yemen; por otra, los pro-imperialistas como el régimen wahhabí de Arabia Saudí, y los regímenes de Kuwait o Jordania. La dictadura militar establecida por el Shah, con la ayuda de Estados Unidos, contribuyó en gran medida a la victoria de los pro-imperialistas.

¿Cuál era la situación de Irán en la dictadura del Shah?

El pueblo iraní sufrió mucho con aquel régimen. Tal como ya he dicho, el pueblo iraní estaba dominado por la burguesía mercantil, dirigida por monárquicos feudales y un régimen militar en un Estado semi-colonial sin la menor perspectiva de promover una industria nacional. La burguesía iraní, por su parte, era muy débil y la mayoría de la población la componían el campesinado, la pequeña burguesía y el proletariado. Las diferencias sociales eran enormes. Había gentes incluso más ricas que lo que se podía ver en Beverly Hills; en contraposición, muchos iraníes nunca habían tenido zapatos. Esa fue la razón de que la gran mayoría de los iraníes apoyaron la revolución islámica de 1979 que derrocó al Shah. Los problemas de las diversas clases sociales es el único medio de comprender lo sucedido en Irán antes y después de la revolución.

¿Cómo se produjo la revolución? ¿En qué medida se ha transformado Irán?

Por supuesto, debido a las enormes diferencias entre las clases sociales, los partidos y las asociaciones querían cambiar de régimen. El partido más importante durante mucho tiempo había sido el partido comunista, Toudeh, a quien el Shah había perseguido con saña, pero su error más grave fue probablemente dejar que se desarrollara la organización de los mujahidines del pueblo iraní (OMPI), inspirada en la teología de la liberación de Latinoamérica, que aunaba el análisis marxista de clases con la ideología islámica. El Shah creía que si un grupo aportaba una nueva teoría en la que mezclaba a Marx con el Islam, la influencia de su principal enemigo, el comunismo, disminuiría. Pero la OMPI era de hecho algo más que un partido porque tenía una auténtica ideología, como los sandinistas en Nicaragua. Se hicieron muy populares y se fortalecieron. Pero, para derrocar al Shah les faltaba un líder, y se sirvieron de Jomeini (exiliado entonces en Francia), porque era un dirigente religioso carismático y anti-imperialista. Pero Jomeini tenía sus propias ideas. Una vez derrocado el Shah, Jomeini impuso enseguida su ideología y se hizo con el poder, lo que produjo tensiones con los mujahidines del pueblo. Ambas corrientes se enfrentaron, y Jomeini se impuso al final porque gozaba del apoyo de la burguesía del Bazar.

¿Cuál era la ideología de Jomeini?

Para Jomeini, los pueblos del Tercer Mundo, oprimidos por el imperialismo, debían recuperar el poder. Aspiraba a establecer un frente unido de los pueblos y apoyó a los sandinistas de Nicaragua. Así, Irán pasó de ser un Estado neocolonial a ser un Estado independiente. La primera medida del gobierno fue nacionalizar el petróleo, tal como había hecho antes Mossadeq. Cambió, asimismo, el sistema dictatorial del Shah. Declaró que era necesario un Parlamento y alguien que lo controlara de acuerdo con la religión y la independencia nacional: El Guía Supremo.

Habida cuenta de que las candidaturas a las elecciones debían ser aprobadas por el Guía Supremo, ¿Era un sistema verdaderamente democrático?

La definición de qué es democracia plantea en sí misma un gran problema. ¿Existe en Irán una democracia al estilo occidental, una democracia burguesa? Por supuesto que no. El Guía Supremo controla, efectivamente, el sistema político iraní pero sería ingenuo creer que las elecciones en los países occidentales son un ejemplo de democracia ideal. Las elecciones en occidente están sustentadas en fuerzas ocultas que apoyan a los partidos. Irán, por su parte, es una república islámica y todos los partidos deben, por ello, tener una base religiosa. Los partidos laicos se perciben allí como un invento de occidente que podría dividir al pueblo y amenazar la soberanía nacional del país.

Y es precisamente esta independencia iraní lo que frustra a los países imperialistas, que en realidad no ven problema alguno en el hecho de que Irán sea un Estado islámico. Arabia Saudí lo es, y allí no hay elecciones, pero los países imperialistas no ponen ningún reparo a este hecho porque es un país amigo. El auténtico problema es que Irán mantiene una actitud independiente respecto a su soberanía nacional. Imaginemos que Ahmadinejad abandona esta postura y adopta un sistema que defienda los intereses imperialistas como lo hace Arabia Saudí: seguro que recibiría el Premio Nobel.

Hace unos días Zbigniew Brzezinski, consejero de Obama, ha declarado que si Israel atacase a Irán, Estados Unidos debería interceptar sus bombarderos. ¿No resulta sorprendente?

Brzezinski reconoce que Estados Unidos se ha visto muy debilitado en el plano económico y militar por dos razones. Primero, los neoconservadores, una vez llegados al poder, se han servido del 11-S como pretexto para desatar la guerra y han convertido el mundo musulmán en el enemigo. Algo totalmente descabellado y contraproducente para Estados Unidos. Además, la invasión de Iraq ha sido un tremendo error: no los ha reforzado sino que los ha sumido en graves problemas.

En ese contexto, Brzezinski trata de encontrar soluciones que mantengan en esencia lo que es el objetivo principal para su país, es decir frenar el desarrollo de su principal rival: China. Parte de la solución consiste en reforzar la OTAN, porque puede dar respuesta a los problemas de occidente, en general, y de EE.UU., en particular. Esa es la razón fundamental de que Brzezinski haya aprobado la propuesta de Gran Bretaña, Alemania y Francia de convocar una nueva conferencia internacional sobre Afganistán: resulta primordial que la OTAN no sufra una derrota afgana, como les ocurrió a los soviéticos, porque la OTAN es absolutamente imprescindible para que Estados Unidos desempeñe un nuevo e importante papel en el mundo.

La otra parte de la solución se apoya en nuevas incorporaciones para que la Alianza sea más fuerte frente a China. Desde esta óptica, Brzezinski considera que la política hacia Irán, en particular, y hacia otros países musulmanes e incluso hacia Rusia, no debería ser agresiva, sino basada en el diálogo y en no seguir dependiendo de la propaganda sionista de Israel.

Eso es lo que explica el discurso pronunciado por Obama en El Cairo. Estados Unidos debe convencer a los musulmanes, a los hindúes y a la burguesía rusa de que les conviene más aliarse con las fuerzas occidentales que con China. Esa es la razón de que Brzezinski haya dicho que la cólera de los países considerados enemigos por el gobierno Bush ahora merece tenerse en cuenta, y que esos países deberían tener derecho a beneficiase de sus propios recursos. Las razones de este cambio político son evidentes: Estados Unidos debe impedir que esos países constituyan otro sistema mundial y mantenerlos a toda costa en el actual dominado por Washington.

¿Quiere eso decir que las relaciones entre Estados Unidos e Israel no son tan buenas?

En principio, no es Israel quien marca la política de Estados Unidos. Es la burguesía estadounidense quien decide. Pero es un hecho la existencia de una profunda división en el seno del imperialismo estadounidense. Existe esa tendencia retrógrada que sigue creyendo que es posible continuar con la vía militar, pero no es realista: el país tendrá un problema demográfico, y un enfrentamiento militar con China está perdido de antemano. La otra tendencia, en la que se encuentran Obama y Brzezinski, por el contrario, sabe que es preciso recurrir a la estrategia y mostrarse realista para mantener la hegemonía estadounidense. Afirman: “Debemos conocer nuestras posibilidades y nuestros límites y trabajar de acuerdo con ellos con el fin de estar seguros de que nuestra fuerza no se perciba de forma negativa sino positiva. Nuestra fuerza debe constituir una garantía para nuestros aliados.”

Estados Unidos es evidente que tiene unos lazos muy sólidos con Israel, pero el desafío euro-asiático (el control de Euroasia) es lo más importante: es lo que va a decidir el futuro de la humanidad. Brzezinski quiere controlar el cotarro. Sabe que la presión de la olla debe ser mantenida por cocineros perversos pero no lunáticos. Porque, si la olla se desborda, va a hacer que arda el mundo y los estadounidenses serán expulsados de la región. Ello explica su declaración sobre los bombarderos israelíes y el que, por primera vez, Estados Unidos hagan concesiones y autoricen la presencia de otras fuerzas occidentales en el Golfo. Es el caso, por ejemplo, de Francia con una base militar en los Emiratos Árabes Unidos, lo que indica, también, la debilidad actual de Estados Unidos.


Nota
1. N.T.: Hay traducción al español: Triángulo Fatal, Ed. Popular, 2002.

Algunas lecturas sobre Irán recomendadas por Mohamed Hassan:

- The Persian Puzzle, par K. Pollack (ex-consejero de Clinton et analista de la CIA), Brookings Institution, 2004
- Ervand Abrahamian, The Iranian Mojahedin, Yale University Press, 1989
- Trita Parsi , Treacherous Alliance: The Secret Dealings of Israel, Iran and the United States, Yale University Press, 2007
- Noam Chomsky, Fateful Triangle: The United States, Israel, and the Palestinians, South End Press, 1983.
- Zbigniew Brzezinski, An agenda for Nato, Foreign Affairs, septembre –octobre 2009
- Michel Collon, Quelle sera, demain la politique internationale des USA ?

www.michelcollon.info

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