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Medio Oriente :: 20/08/2007

Israel, objetivo del boicot

George Bisharat
[Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre] ¿Cuándo está moralmente justificado el boicot ciudadano a un Estado? :: Esa es la pregunta suscitada por el creciente boicot académico, cultural y económico a Israel. Se trata de un movimiento que aglutina iglesias, sindicatos, asociaciones profesionales y otros grupos radicados en Estados Unidos, Canadá, Europa y Sudáfrica.

Un movimiento que ha provocado reacciones dramáticas por parte de los partidarios de Israel. Los dirigentes sindicales estadounidenses han condenado a sus homólogos británicos (que representan a millones de obreros) por apoyar el boicot a Israel. Los académicos de Estados Unidos han estado reuniendo firmas desesperadamente contra el boicot y han montado una masiva campaña publicitaria en los periódicos de Estados Unidos, sin ser conscientes de que con ello estaban extendiendo la controversia entre la opinión pública.

Los defensores de Israel han alegado que Israel no es el peor transgresor de los derechos humanos del mundo, y que elegirlo como objetivo no es sino hipocresía o incluso antisemitismo. Retóricamente, desvían la atención del historial de Israel en relación con los derechos humanos hacia los supuestos motivos ocultos de sus críticos.

Pero nunca [el ser]“el peor de todos” ha sido la pauta para boicotear a un Estado. De haber sido así, en el pasado,el régimen de Pol Pot hubiera sido el objetivo en lugar de la Sudáfrica del apartheid.. Y no lo fue- las relaciones de Camboya con occidente eran insuficientes para que cualquier tipo de embargo resultara efectivo El boicot hoy a Corea del Norte sería igualmente intrascendente. ¿Debería, por ello, cancelarse de forma temporal cualquier otro intento de hacer justicia?

Muy al contrario, el boicot de Sudáfrica tuvo éxito. El oprobio sufrido por los blancos sudafricanos ayudó sin duda a persuadirles para que cedieran a las justas exigencias de la mayoría negra. Israel protege también su imagen pública. Una densa red de relaciones económicas y culturales lo vinculan con occidente. Ello ( y sus irrefutables y probadas violaciones de los derechos humanos) hacen que esté maduro para el boicot.

¿Qué actuaciones realizadas por un Estado deberían provocar un boicot? ¿Expulsar o intimidar a la mayoría de la población de un país para que se vaya y más tarde negarle el derecho al retorno a sus hogares, reconocido internacionalmente? Israel lo ha hecho.

¿Apoderarse, sin indemnización, de las propiedades de miles de refugiados? Israel lo ha hecho.

¿Torturar de forma sistemática a los detenidos, la mayoría sin juicio? Israel lo ha hecho

¿Asesinar a sus oponentes, incluidos quienes viven en los territorios ocupados por él? Israel lo ha hecho.

¿Demoler miles de casas, propiedad de un grupo nacional, y asentar a su propio pueblo en el territorio de otro país? Israel lo ha hecho. Ningún país con semejante historial, con independencia de que ocupe el primer lugar o el quincuagésimo en el ranking de los peores del mundo, puede protestar de forma creíble contra el boicot.

Sudáfrica ofrece otro modelo útil. ¿Es comparable el comportamiento de Israel hacia los palestinos al de la antigua Sudáfrica con los negros? Pues es análogo o peor, según dicen un grupo de sudafricanos, entre otros el arzobispo Desmond Tutu, John Dugard, relator especial de la ONU en los territorios ocupados, Ronnie Kasrils, ministro y miembro del Congreso Nacional Africano (ANC, en sus siglas inglesas). Este último comentó recientemente que la Sudáfrica del apartheid nunca utilizó aviones de combate para atacar a los activistas del ANC, y calificó el violento control que ejerce Israel sobre los palestinos como “diez veces peor”. Leyes distintas para los colonos judíos y para los palestinos; carreteras y viviendas discriminatorias y la restricción de la libertad de movimiento de los palestinos recuerdan rotundamente a la Sudáfrica del apartheid. Si el boicot de entonces a Sudáfrica fue apropiado, resulta igualmente justo hacerlo ahora con Israel que tiene un historial equivalente.

Israel ha sido elegida pero no por lo que se quejan sus defensores ya que Israel se ha mantenido encapsulado en la impunidad. Nuestro gobierno [EE.UU.] ha vetado 41 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, en las que se condenaban actuaciones de Israel (la mitad del total de vetos estadounidenses desde la creación de Naciones Unidas) posibilitando de esta manera la continuación de las violaciones de Israel. El gobierno Bush ha hecho público un aumento de la ayuda militar estadounidense a Israel de hasta 30.000 millones de dólares durante los próximos diez años.

Otras ocupaciones militares y violaciones de los derechos humanos han sido tratadas con mayor dureza. Sólo hay que recordar la invasión iraquí de Kuwait en 1990. Quizás la ONU hace mucho tiempo debería haber lanzado el ultimátum que impuso a Iraq, y le hizo cumplir. La ocupación israelí de los territorios árabes ya ha superado los cuarenta años.

Irán, Sudán y Siria han sido objeto de sanciones a escala federal y estatal. Incluso la ciudad de Beverly Hills está estudiando la retirada de inversiones en Irán siguiendo el ejemplo de Los Ángeles, donde en junio se aprobó una ley para retirar sus inversiones allí. Sin embargo la República Islámica de Irán jamás ha atacado a sus vecinos ni ha ocupado sus territorios, simplemente se sospecha que aspira a tener las mismas armas nucleares de las que ya dispone Israel.

Los políticos de todo el mundo, y en particular los estadounidenses, nos han defraudado. Nuestros líderes, desde el poder legislativo del Congreso, han dudado o alentado a Israel mientras éste devoraba los territorios en los que establecer un Estado palestino. Su responsabilidad colectiva ha condenado tanto a palestinos como a israelíes a un futuro de enfrentamientos e inseguridad, y ha perjudicado nuestro estatus mundial. Si los políticos son incapaces de marcar el rumbo, entonces deben hacerlo los ciudadanos. Por eso, el boicot a Israel ha llegado a ser algo a la vez necesario y justificado.


George Bisharat es profesor de derecho en el Hastings College of the Law de San Francisco y escribe frecuentemente sobre derecho y política de Oriente Próximo.

ZNet - San Francisco Chronicle, 18 de agosto 2007

 

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