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Venezuela, Colombia :: 04/06/2011

Julián Conrado y el Ausnahmezustand

Chris Gilbert
Medios estatales presentan la “desestabilización” como el peor enemigo de la revolución –cosa extraña si una revolución será un gran desorden bajo el cielo como señaló Mao

[Ausnahmezustand: decretar el estado de excepción]

¿Qué es el sentimiento bolivariano, si no un preocuparse por la libertad de los demás pueblos?
Fidel en Caracas, 1959

Si las guerras mundiales siguen siendo referencia histórica imprescindible en nuestra coyuntura, creo que es porque el siglo XX fue sobre todo el siglo de las sorpresas, de lo inesperado ­–y las guerras mundiales marcaron y marcan el momento en que todo relato de progreso queda francamente desmentido. ¿Quién hubiera pensado que el segundo poder imperialista del momento, con el movimiento obrero más fuerte, iba a asesinar un amplio, productivo, y patriótico sector de su población en nombre de una doctrina “socialista”?

Por otro lado, ¿quién hubiera anticipado que aquel otro gigante país que daba pasos reales al socialismo –esa URSS que fue la esperanza de la humanidad– perdería su norte comunista poco después de la heroica lucha contra el fascismo, todo esto conduciendo en unas décadas al impensable hundimiento del primer estado obrero? ¿Y quién, finalmente, hubiera imaginado que el socialismo tendría que comenzar casi desde cero como si de un tiempo circular se tratara –para nada aquella línea en acenso en que habían confiado socialistas reales y capitalistas, unificados ambos bajo la bandera común de un concepto de inexorable progreso (nombre tanto de una famosa editorial socialista como de una infame “alianza” proimperialista).

En Venezuela, el autoproclamado gobierno revolucionario nunca ha dejado de apoyarse en los mitos de progreso (en verdad este mito es lo único que el gobierno tiene hoy de programa). Así se escucha que poco a poco las cosas van mejorando (“consolidándose” es el término favorito), y que con más trabajo y más trabajo vamos a alcanzar un futuro mejor. En la misma línea, los medios del Estado como el Canal 8 y RNV presentan la “desestabilización” como el peor enemigo de la revolución –cosa bastante extraña si una revolución ha de ser un cambio total de abajo arriba como indicó Marx, o si requiere de un gran desorden bajo el cielo como señaló Mao.

Sin embargo, pese al discurso de progreso y de normalidad que generalmente utiliza el gobierno de Chávez, éste actúa reiteradamente como si existiera un estado de excepción. Este estado de excepción, permanente y silencioso, se evidenció recientemente en el secuestro y entrega del periodista sueco Joaquín Pérez Becerra, violando así el derecho internacional, y ahora nos presenta la extradición casi tan “excepcional” –por no decir sencillamente injusta– del músico y luchador Julián Conrado al “amigo” Estado terrorista de Colombia.

Así, con dos caras –una ecuánime de frente y otra aterrorizada en el cogote– Chávez se asemeja cada día más al protagonista de una película de suspense y terror. En la historia típica, el buen héroe –en nuestro caso bueno por ser aparentemente antiimperialista y revolucionario– va de un sitio a otro pero (¡ojo, qué misterio!) cada rato hay una desaparición o una entrega secreta (¿qué está pasando?). Si fuera una película, esto despertaría un profundo interés y suspense. ¿Será que hay dos Chávez, uno público y un doppelgänger que actúa de manera inversa? ¿O será que hay una transformación bipolar al estilo de Psicosis o de Dr. Jekyll y Mr. Hyde en que el tipo es de día bueno y de noche malo? ¿O más bien que un mecanismo misterioso y barroco ha convertido el antiimperialismo en su contrario, es decir, en un “antiimperialismo” meramente teatral que involucra entregas de revolucionarios y excesos de demagogia?

En la octava de las Tesis sobre el concepto de Historia, un documento lleno de lecciones para la coyuntura porque encierra una profunda crítica al progreso y a la socialdemocracia, Walter Benjamin dice que el estado de excepción es la regla en la vida de los oprimidos, mientras la tarea revolucionaria es promover “el verdadero estado de excepción”. Así que, frente al “estado de excepción” de un Chávez acobardado y colaboracionista con el fascismo, hemos de buscar el verdadero estado de excepción... que es la revolución. Porque el verdadero estado de excepción nos llama no a buscar cuotas de poder en la coyuntura –como hacen algunas organizaciones “socialdemócratas progresistas” de corazón que intentan aprovechar el auge de las protestas– sino a reconocer el momento tal y como es: crisis política y ética, fracaso de un liderazgo.

Después de haber advertido que para los oprimidos la historia es siempre un estado de excepción, Benjamin nos dice en su tesis XVIII: “En realidad, no hay un instante que no traiga consigo su oportunidad revolucionaria –sólo que ésta tiene que ser definida en su singularidad específica, esto es, como la oportunidad de una solución completamente nueva ante una tarea completamente nueva”. Esta nueva situación, con carácter de interrupción diría Benjamin, se define tanto por su referencia al pasado (se abre “un determinado recinto del pasado, completamente clausurado hasta entonces”), como por su actuar en el presente: “El ingreso en este recinto coincide estrictamente con la acción política”.

¿Qué será para nosotros, entonces, el nuevo recinto histórico que se abre ahora sino la unidad bolivariana y popular de los revolucionarios colombianos y venezolanos con los demás pueblos en lucha? ¿Y cuál será esta acción interruptora sino la búsqueda y conformación de un nuevo liderazgo –colectivo, popular, pro-fariano– diferente a éste que nos ha fallado aquí en esta tierra abonada de revolución que es Caracas?

Caracas, 3 de junio 2011

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