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Mundo :: 03/04/2009

La batalla por el Ártico ha comenzado

Genevieve Beduneau
[Traducido del francés para La Haine por Felisa Sastre] El calentamiento climático libera nuevos océanos. Asoman nuevas inquietudes ecológicas por las emisiones de metano

Los pasados 9 y 10 de noviembre, tuvo lugar una conferencia internacional en Mónaco. Se trataba de una reunión de trabajo de los ministros y personalidades de la Unión Europea, de los países del Consejo Ártico (Dinamarca, en representación de Groenlandia y las islas Feroe, Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia, Rusia, Canadá y Estados Unidos, a los que se incorporaron representantes de comunidades indígenas, como los Aleutes, los pueblos siberianos, los Inuit, etc.) y representantes de instituciones internacionales Oficialmente, la conferencia tenía como objetivo la observación científica y los temas medioambientales: cambio climático, contaminación, biodiversidad. No obstante, resulta raro que asuntos exclusivamente científicos sean tratados en el ámbito ministerial.

Los acuerdos sobre investigación y las virtuosas proclamas de buena voluntad ecológica resultan una extraña posibilidad de negociaciones discretas mientras que la evolución climática actual despierta apetitos y tensiones internacionales que se encuentran entre los más peligrosos de nuestro tiempo. Ya no se trata de conflictos locales y limitados: en torno al polo norte, se encuentran las grandes potencias y sus aliados directos. Cualquier enfrentamiento significaría la entrada inmediata en una guerra mundial.

En ese mismo mes de noviembre de 2008, se produjo el cambio de estatuto de Groenlandia. El día 25, los habitantes de la isla acudieron a un referéndum que les permitía decidir si daban un nuevo paso hacia la independencia. Territorio danés desde hace más de tres siglos, Groenlandia disfrutaba ya de un estatuto de autonomía bastante amplio, reforzado por la política militar de Estados Unidos que tiene allí la base de Thulé, con un conjunto de radares, y ha colocado sus peones para la explotación de sus riquezas mineras y petrolíferas.

Desde finales de noviembre, después del sí al referéndum del 75,5% de la población, el groenlandés se convirtió en la lengua oficial y el gobierno local quedó a partir de entonces habilitado para negociar en solitario los contratos de explotación de las riquezas del subsuelo: además del petróleo y del gas, recordemos que se trata de diamantes (su producción supera ya la del África austral), uranio, oro, zinc y plomo.

Sin embargo, Jean Frederksen, jefe de la oposición groenlandesa, recuerda que el territorio autónomo no “dispone de los medios financieros para asumir las competencias cedidas por Dinamarca”. Y añade: “Es ilusorio creer que las riquezas del subsuelo, todavía hipotéticas, van a asegurar las bases de nuestra economía para conseguir la independencia”, lo que sugiere que otros podrían verse tentados a apoderarse de contratos más beneficiosos para sus intereses que para los de la isla. Este referéndum marca el final de un muy prolongado trabajo de la diplomacia estadounidense, público o encubierto, desde los inicios de la Guerra Fría, con el fin de separar a Groenlandia de la órbita danesa para atraerla a la zona de influencia directa de Estados Unidos de acuerdo on la doctrina Monroe.

El pasado año universitario 2007-2008, fue el Año Polar Internacional, destacado por las diversas investigaciones científicas financiadas por gobiernos movidos por intereses ocultos. Las expediciones canadiense y europea, a su regreso, empezaron a publicar sus informes. La previsión que establecía hacia el año 2050 el deshielo total de los glaciares se revisó de forma drástica. Al ritmo actual, el océano Ártico podría convertirse en un mar libre hacia 2015, al menos durante el verano. Jean Claude Gascard, oceanógrafo y coordinador del programa europeo Damocles, aporta una precisión importante: “el efecto invernadero ya no es el único responsable del calentamiento climático. A partir de ahora se ve acompañado, e incluso superado, por el efecto Albédo, que mide la relación de la energía solar reflejada por una superficie con la energía solar incidente”.

Si estas perspectivas horrorizan a los ecologistas y a los países con costas bajas que temen una subida dramática del nivel de los mares, por el contrario llenan de satisfacción a numerosos agentes de la economía mundial. En efecto, un océano Ártico libre de hielo, al menos cerca de las costas, navegable en ciertas estaciones, reduciría de forma decisiva las distancias y los costes de transporte en los intercambios entre China, Rusia, Estados Unidos, Europa y Canadá. La mítica travesía del noroeste vuelve a ponerse de actualidad, de la misma manera que su gemela rusa, el paso noreste a través del estrecho de Bering. Alemania acaba de anunciar, el 5 de diciembre, la construcción del rompehielos “más potente del mundo”, capaz de navegar incluso en invierno. El “Aurora Borealis” medirá 199 metros de eslora y será capaz de romper bloques de hielo de 15 metros de espesor y de perforar hasta 1.000 metros en los fondos marinos situados a 5.000 metros de profundidad, incluidos los bloques de hielo en movimiento. Además, será capaz de navegar en las agitadas aguas del Atlántico o del Báltico, contrariamente a los otros barcos de este tipo.

El proyecto acaba de entrar en la fase de financiación y, para conseguir los 650 millones de euros necesarios, ha recurrido a un consorcio internacional donde la Unión Europea y Rusia desempeñarán un activo papel. Pero ya el 17 de octubre, el instituto alemán Alfred Wegener anunciaba que su propio barco de investigación oceanográfica, el “Polar-stern”, había podido atravesar los pasajes del nordeste y del noroeste sin tener que romper el hielo, lo que significa que los cargueros de contenedores podrían, a partir de ahora, utilizar esas rutas marítimas durante los meses de verano.

Ello plantea el problema de la propiedad de estos canales. En lo relativo al pasaje noroeste, que serpentea entre las islas canadienses, se enfrentan dos opiniones. Canadá afirma su plena soberanía sobre ellos, y el 3 de diciembre, el ministro de Transportes, John Baird, presentó las medidas adoptadas por el Parlamento que, según el grupo CNW Telbec(1), “permitirán a Canadá ejercer un mayor y más eficaz control de las actividades marítimas en el Ártico canadiense poniendo especial cuidado en la protección medioambiental en el norte de Canadá”. El ministro añadió: “Haremos todo lo que podamos para proteger el patrimonio y la soberanía del ártico canadiense. Las medidas anunciadas hoy contribuirán a apoyar la navegación segura y ecológica de los barcos en las aguas árticas de Canadá”.

La nueva ley aumenta de 100 a 200 millas náuticas el límite de las aguas territoriales a fin de hacer respetar la reglamentación canadiense contra la contaminación, mucho más estricta que la de la OMI [Organización Marítima Internacional.] Accesoriamente, la soberanía sobre esas aguas y sobre el paso entre las islas permitiría a Canadá exigir un derecho de peaje. Frente a estas reivindicaciones, EE.UU. y la Unión Europea abogan por un estatuto internacional semejante a los del Canal de Suez, el canal de Panamá o el Danubio.

Además del ahorro sustancial que supondría el paso del comercio internacional por el Ártico, las riquezas propias de esta región despiertan todas las codicias. Recordemos que se trata de un océano, sometido exclusivamente al derecho marítimo y para el que no existe un reglamento específico como el del continente antártico. O que este reglamento permite hoy extender la zona de explotación privilegiada hasta 200 millas de la costa, e incluso más si se puede probar que las rocas submarinas son prolongación de la plataforma continental. Esta norma perfecta para la mayoría de los océanos se aplica mal a los mares interiores donde esas zonas pueden ocultarse, lo que es aquí el caso.

Enormes riquezas mineras

La agencia gubernamental estadounidense para la investigación geológica (USGS) recientemente ha estimado en 412.000 millones de barriles las reservas sin explotar de petróleo y gas en el conjunto del Ártico, de las que el 84% están a lo largo de la costa. El gobierno canadiense acaba de decidir a mediados de noviembre la promoción de la extracción de gas en el Ártico y de flexibilizar la reglamentación en vigor a fin de ampliar la red de gasoductos. Noruega ha pedido que su zona de explotación exclusiva de 200 millas se calcule a partir del archipiélago de Spitzberg. La Unión Europea, ribereña a través de Dinamarca dado que ésta conserva la soberanía sobre Groenlandia y las islas Feroe, se inclina por una convención internacional. Rusia, desde 2007, reclama la ampliación de su propia zona hasta el polo norte, afirmando que la dorsal de Lomonossov prolonga su plataforma continental. Groelandia considera que es la prolongación de la suya.

Es necesario decir que esa dorsal atesora minerales: plata, plomo, zinc, oro, uranio y diamantes. Si hoy todavía resulta utópico soñar con explotarlos, la perspectiva del deshielo hacia el 2015 y los progresos técnicos como los batiscafos rusos que han llegado al fondo marino en 2007 en la vertical del polo, o el proyecto Aurora Borealis, sugieren que prospección podría comenzar en el plazo de 10 años.

Además de los minerales, el océano Ártico guarda otras riquezas. Investigadores noruegos de la universidad de Tromso han llevado a cabo una bio-prospección sistemática que ya ha permitido el desarrollo de nuevos medicamentos como el Prialt, un eficaz calmante contra los dolores crónicos, extraído del cône mage, caracol marino que se sirve de este veneno para paralizar a los peces. El equipo noruego del MARBIO(2) colabora en esta investigación con un instituto de Mourmansk, en Rusia.

El 3 de diciembre, la doctora Jeannette Andersen, directora de investigaciones, ha presentado los primeros resultados: los 200 compuestos moleculares de su base de datos, 9 de los cuales son especialmente prometedores. “Sin duda, vamos a descubrir cantidad de nuevas moléculas que nos permitirán no sólo desarrollar nuevos medicamentos sino al mismo tiempo consolidar nuestros diagnósticos. Algunas podrían incluso utilizarse como alimento funcional. “Cuando se conoce las sumas faraónicas que mueve la industria farmacéutica, se comprende que los desafíos árticos, en este tema también, son determinantes para la economía del próximo siglo”.

Frente a la apertura climática de semejante cofre lleno de tesoros, las inquietudes de los ecologistas pesan poco. Pero, ese mismo 3 de diciembre, un tribunal federal de apelación ha juzgado ilegal la decisión del gobierno Bush de permitir a la compañía Schell la explotación del petróleo del mar ártico en Beaufort, en las proximidades de una zona protegida. Un conjunto de asociaciones se ha implicado en la guerra jurídica, añadiendo tensiones internas a las rivalidades internacionales.

Más allá de esta pequeña, y probablemente sin futuro, victoria, una inquietud ecológica más real acaba de asomar. El equipo sueco de la universidad de Lund, dirigido por Torben Christensen, ha aprovechado el año polar para dejar su estación abierta dos meses más. Los investigadores han comprobado entonces que al principio del otoño, cuando la tundra comienza a helarse, las emisiones de metano hasta ahora registradas sólo en el momento del deshielo han alcanzado valores nunca registrados.

Esta constatación revela una incertidumbre: la posibilidad de que las variaciones de presión relacionadas con el deshielo de la banquisa libere cantidades de metano suficientes para transformar la composición de la atmósfera terrestre. Por el momento, nada permite afirmar o negar este riesgo potencial pero es probable que el argumento será utilizado y manipulado si las rivalidades de los países ribereños se exacerban.


Bibliografía aconsejada para profundizar en la cuestión: Richard Labévière y François Thual, “La bataille du grand nord a comencé”, Perrin, 2008.

* Título original: La bataille feutrée dans le grand nord. Publicado en el número de enero de la revista B-1. http://www.b-i-infos.com/

1. N.T.: Agencia canadiense de noticias y de comunicaciones

2. N. T.: Marine Biology Mailing List

Michel Collon Mes Invités

 

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