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31/12/2004 :: Asia

La China de Hu Jintao

x Octavio Rodríguez Araujo
Insistir en que China es un país socialista parece no tener fundamento alguno. Tampoco podría decirse que se trata de un país de orientación socialista o que esté construyendo el socialismo. Se trata más bien de un país gobernado por la dictadura de un pequeño grupo que domina no sólo el aparato estatal sino el partido único, y que más que el socialismo lo que está construyendo es una gran potencia capitalista

Selección del libro "Derechas y ultraderechas en el mundo", México, Siglo XXI, 2004.

Después de la muerte de Mao Tsé-Tung y de ser derrotada la "Banda de los Cuatro", con Deng Xiaoping subieron al poder nuevos funcionarios, muchos de ellos tecnócratas y administradores profesionales, que no habían pertenecido propiamente al maoísmo y que incluso habían estado en peligro durante la tristemente célebre Revolución Cultural. Estos tecnócratas eran más liberales en lo económico que en lo político, como se demostró en la represión a los lamaístas en el Tibet y a los estudiantes en Tiananmen, ambas matanzas en 1989. A esta generación de tecnócratas (de diferentes edades) pertenecían, hasta hace poco tiempo, Jiang Zemín, ex presidente de la República, Zhu Rongji, ex primer ministro (crítico de Mao desde 1958 y cercano a Lieu Shao-Shi y a Deng)[1], Li Peng, ex presidente de la Asamblea Nacional Popular y Hu Jintao, ex vicepresidente de la República (Hu era el delfín de Deng Xiaoping).[2] Todos ellos, particularmente Hu, han sido partidarios de las reformas económicas (que no políticas) hacia la apertura de mercados, pero sin perder el "carácter socialista" del país, como sugiriera repetidas veces Deng Xiaoping al hablar de la economía socialista de mercado (¿?).

En el XVI Congreso del Partido Comunista Chino (noviembre de 2002), el presidente Jiang abrió las puertas a la denominada "Cuarta Generación" de dirigentes, al frente de la cual estaba Hu. A partir de este Congreso no sólo se terminó la economía planificada en China, sino que se dieron cambios importantes en el poder del país y en la constitución del partido (los capitalistas también forman parte de éste, además de los campesinos, los obreros y los intelectuales). A partir de marzo de 2003, quedó en la presidencia de la República Hu Jintao, como primer ministro Wen Jiabao (protegido de Zhu Rongji) y Wu Bangguo en lugar de Li Peng. El único del grupo de Jiang que quedó en el ámbito reducido del poder chino fue Zeng Qinghong, quien ocupa la vicepresidencia que dejó Hu Jintao.[3]

En China hay apertura económica al capitalismo, o más que esto, sobre todo en las ciudades costeras, se ha instaurado el capitalismo.[4] Las empresas privadas, a partir de las reformas constitucionales de marzo de 1999, son consideradas como un componente importante de la economía china, de la economía socialista de mercado. Lo que está ausente es la democracia. Ésta no existe. El Estado es dominado por un pequeño grupo que negocia entre sí cuotas de poder, en la administración pública y en el partido. Y no hay indicio alguno de que se flexibilice el poder en un sentido democrático. Las ambiciosas metas económicas que se ha propuesto la Cuarta Generación no parecen compatibles con la democracia. La experiencia democrática en la URSS de Gorbachov parece confirmar, para la nomenclatura china, que la democracia es un artículo secundario en los planes al futuro. El gobierno chino parece ser de los que, como señalara Pye, están convencidos de que la democracia vendrá, si acaso, después de que se haya desarrollado la economía[5], posición no muy diferente, como ya se ha visto, de la que tuvieron los gobiernos de Park Chung Hee[6] y de Chun Du Hwan en Corea del Sur, dictatoriales y en ningún sentido proclives al socialismo.

Por otro lado, el impresionante crecimiento económico de China (calculado en 8-9 por ciento anual) no se ha traducido en mejoras para el grueso de la población, al contrario. En este país "la clase obrera no tiene derecho a sindicatos ni a negociaciones laborales".[7] Por las privatizaciones[8] y el cierre de empresas obsoletas e improductivas, se han dado millones de despidos. Por la corrupción en la administración pública local, donde tradicionalmente había repartos de poder, los nuevos gobiernos han apretado pinzas de control (incluso con condenas a muerte), que también han derivado, directa e indirectamente, en despidos masivos.[9] Como consecuencia de los impuestos (se cobran impuestos al consumo) y de la pobreza en las zonas menos desarrolladas del país, más de cien millones de campesinos han emigrado a las ciudades industriales en búsqueda de trabajo que no obtendrán fácilmente.[10] Las desigualdades sociales y económicas son visibles, pese a que el producto interno bruto por habitante ha aumentado considerablemente en los últimos diez años, pero sigue siendo todavía inferior al de un país subdesarrollado y capitalista latinoamericano, por ejemplo Perú. El índice de Gini, en 2001, fue calculado en 0.40, semejante al de Estados Unidos (0.41)[11], es decir al de un país capitalista de reconocidas desigualdades sociales, pero esto sí, China es ahora miembro de la Organización Mundial del Comercio, con todo lo que esto implica. El trato a los campesinos y la ausencia de derechos de los trabajadores, permiten una mano de obra barata, controlada y dependiente, que es, como señala Qin, la clave del "milagro de competitividad’ de China en el mercado mundial. El Estado y su legitimidad, añade este autor, no están basados en ningún principio de contrato social. "El poder del Estado de ninguna manera corresponde a las responsabilidades del Estado" con su población.[12]

Insistir en que China es un país socialista parece no tener fundamento alguno. Tampoco podría decirse que se trata de un país de orientación socialista o que esté construyendo el socialismo. Se trata más bien de un país gobernado por la dictadura de un pequeño grupo que domina no sólo el aparato estatal sino el partido único, y que más que el socialismo lo que está construyendo es una gran potencia capitalista, si se quiere, sui generis para estos tiempos.[13] En mi opinión, el régimen chino cabría en la categoría que he caracterizado como régimen de derecha, además de dictatorial y totalitario. Un régimen que sacrifica a más de una generación de trabajadores para el desarrollo industrial, especialmente a trabajadores agrícolas y a campesinos, no puede ser calificado de izquierda; que hubiera en China economía planificada (que se ha eliminado recientemente), tampoco: Corea del Sur, que no es ni ha pretendido ser socialista, a partir del gobierno de Park llevó a cabo planes quinquenales centralizados que en general se cumplieron rigurosamente, sacrificó económicamente a los campesinos mediante la política de precios a los productos agrícolas y a los trabajadores mineros e industriales por medio de salarios reducidos, que en la actualidad, debe decirse, son altos mientras en China continúan muy deprimidos. En ninguno de estos dos países, vale añadir, el desarrollo industrial se ha llevado a cabo en un marco democrático ni con criterios de igualitarismo.[14]


Notas

[1] La biografía de Zhu Rongji puede verse en http://www.cidob.org/bios/castellano/lideres/z-009.htm. Zhu, durante la Revolución Cultural, fue acusado de reaccionario y confinado a uno de los campos de trabajos forzados eufemísticamente llamados campos de reeducación política.

[2] Véase la biografía de Hu Jintao en http://www.cidob.org/bios/castellano/lideres/h-001.htm.

[3] http://www.electionworld.org/china.htm.

[4] Sobre el proceso de incorporación de China al capitalismo, véase Francoise Lemoine, La nouvelle économie chinoise, Paris, Éditions La Découverte, 1994.

[5] Lucian W. Pye, "Party Systems and National Development in Asia", en Joseph LaPalombara y Myron Weiner (editors), Political Parties and Political Development, Princeton, Princeton University Press, 1966, p. 390.

[6] Con Park Chung Hee, Corea pasó de ser agrícola a industrial a partir del gobierno central en una combinación de capitalismo de Estado y libre empresa (con grandes conglomerados, los llamados chaebol equivalentes a los zaibatsu japoneses).

[7] Qin Hui, "Dividing the big family assets", New Left Review, London, número 20, marzo-abril 2003 (en Internet).

[8] "El sector estatal de la economía ha pasado de representar el 73% de la producción industrial en 1988 al 35% en 1992", y continuó disminuyendo. G. Buster, "El PCCh y la transición al capitalismo", Revista Viento Sur, reproducido en Rebelión, Internet, 24/06/2003.

[9] Régine Serra, "China", El estado del mundo, Madrid, Akal, 2003.

[10] La renta media de los campesinos, de 1978 a 2002, descendió a la mitad. Ídem.

[11] http://www.cia.gov/cia/publications/factbook/geos/. Búster, op cit, calcula que el IG en China pasó de 0.20 a 0.46, es decir que aumentaron considerablemente las desigualdades sociales.

[12] Qin Hui, op cit.

[13] En 1994, cuando el crecimiento del PIB en China era un poco mayor que en la actualidad (alrededor de 9.5%), The Economist (1de octubre de 1994) estimaba que, de continuar a este ritmo, en 2020 este país sería la economía más grande del mundo, incluso mayor que Estados Unidos.

[14] Sobre la expropiación de la renta del campo para el desarrollo industrial y sobre las desigualdades sociales que se crearon gracias a los incentivos materiales en el medio rural, durante la época de Mao (y no sólo después de su muerte), véase Livio Maitan, Party, Army and Masses in China: a Marxist Interpretation of the Cultural Revolution and its Aftermath, London, New Left Books, 1976, p. 55.

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