La herejía tecno-optimista florece en pandemia

La combinación de una pandemia con economías precarias, que viven al día, y servicios de salud en los cuales se ha invertido escasamente, son los ingredientes para una tormenta perfecta. La herejía tecno-optimista encuentra terreno en el miedo y la complejidad sistémica del problema, arraigada en las carencias estructurales de América Latina, donde resulta muchísimo más difícil avizorar formas de sobreponerse a ellas que dejarnos seducir por la utopía de un atajo técnico que nos ofrece aislar al menos una parte del problema y confrontar al monstruo por partes; que nos ofrece, incluso, despolitizar la discusión.
¿Y por qué herejía tecno-optimista? En lo que sigue de estas líneas intentaré explicar por qué la confianza depositada en la capacidad de la tecnología para proveer soluciones útiles y eficientes en el contexto de pandemia contradice los principios y las reglas establecidas de la ciencia, que exige evidencia sólida antes de abrazar la efectividad de una solución o dejar establecida la relación de causalidad entre una acción (intervención tecnológica) y su efecto (mitigación de la pandemia).







