La Ocupación, el Patriarcado y el Movimiento de Mujeres Palestinas: Entrevista a Hanadi Loubani
Hanadi Loubani está preparando su doctorado en la Universidad de York. Es fundadora de Mujeres de Palestina, una organización de solidaridad con Palestina, feminista y ant
¿Qué significa la ocupación militar israelí?
La creación del Estado de Israel en 1948 tuvo como consecuencia la expulsión de 750.000 refugiados palestinos a quienes, junto con sus descendientes, se les ha negado, desde entonces, el derecho a volver a su tierra. Muchos de los palestinos que consiguieron permanecer en el interior de las nuevas fronteras de Israel fueron dispersados por el interior y se les negaron los mismos derechos establecidos para los ciudadanos judíos. A partir de 1967, el Estado de Israel ocupó militarmente las zonas de la Franja de Gaza y Cisjordania. Desde entonces, a los palestinos que viven en los llamados Territorios Palestinos Ocupados (Gaza y Cisjordania) se les ha denegado la posibilidad de tener un estado propio y continúan bajo un gobierno colonial extranjero. La persistente ocupación de los territorios palestinos se mantiene, en gran medida, gracias a la ayuda exterior, en particular de Estados Unidos.
¿Cómo ha perpetuado la ocupación militar israelí el patriarcado en la sociedad palestina?
En términos generales, la ocupación israelí de Palestina no se reconoce internacionalmente como factor importante en la existencia del patriarcado en la sociedad palestina. No obstante, numerosos estudios han puesto de manifiesto que la actual ocupación israelí es un factor clave en el mantenimiento del patriarcado en la sociedad palestina.
La ocupación israelí ha socavado el derecho a la autodeterminación de Palestina y ha impedido con ello el desarrollo de una Constitución palestina y de unas instituciones legales. Al no existir unas instituciones legales autóctonas, las mujeres palestinas se han visto sometidas a arcaicas leyes extranjeras y se les ha impedido aprovechar un espacio legal propio como medio para obtener derechos.
Por ejemplo, la ley de derechos individuales vigente en los Territorios Ocupados de Palestina es una combinación de los represivos y anticuados componentes de la legislación otomana, de la legislación del Imperio Británico y de la ley jordana anterior al movimiento por el derecho de voto. Además, los restos de la legislación otomana son anteriores a su secularización y se basan en la ley religiosa (sharia). Sin el establecimiento de un estado independiente es imposible desarrollar un marco legal autóctono capaz de defender los derechos de las mujeres palestinas, y todo ello es consecuencia directa de la ocupación israelí.
En términos laborales, las mujeres palestinas han sido siempre muy activas como fuerza de trabajo y, con frecuencia, constituyen la única fuente de ingresos para sus familias habida cuenta del gran número de hombres palestinos asesinados, discapacitados o encarcelados por las fuerzas de ocupación israelíes. Como en cualquier país colonizado, la mano de obra palestina ha sido requerida y explotada para favorecer el desarrollo del poder colonial. En este contexto, intermediarios israelíes reclutan a mujeres palestinas para trabajar en Israel en ocupaciones temporales y con contratos que les permiten establecer condiciones de trabajo explotadoras. Las mujeres palestinas en los Territorios Ocupados, a las que se impide el regreso para vivir en su tierra natal, son contratadas a diario para trabajar en fábricas israelíes. En lo relativo a los salarios, estas mujeres de los Territorios Ocupados son las peor retribuidas entre todos los trabajadores (judíos israelíes, judías israelíes, árabes israelíes de ambos sexos y hombres palestinos), a quienes se considera trabajadores más "valiosos". En estas circunstancias, las mujeres palestinas han sido incapaces de organizar su mano de obra o agruparse en sindicatos.
Si hablamos de educación, las mujeres palestinas de los Territorios Ocupados siempre han tenido una importante representación en las Universidades de Palestina. Sin embargo, ese número está reduciéndose debido a los controles ilegales israelíes que las estudiantes, al igual que otros ciudadanos palestinos, tienen que salvar para llegar a sus escuelas. En los últimos dos años, se han establecido en Gaza y Cisjordania centenares de controles militares israelíes que limitan la libertad de movimiento de los palestinos. Con frecuencia, las mujeres palestinas que pasan por los puntos de control se ven sometidas a acoso sexual y hostigamiento por los soldados israelíes y, como consecuencia, a muchas familias les da miedo permitir que sus hijas salgan de casa. Las mujeres que viven en un medio rural, y que deben cruzar numerosos controles para llegar a zonas urbanas, son las que de forma más particular han visto restringido su derecho a la educación. Por ejemplo, cuando una mujer palestina es detenida o acosada por un soldado israelí en un control, no sólo resulta víctima de los soldados ocupantes, sino que corre el riesgo de tener problemas con su familia si llega tarde a casa. En este sentido, la interacción entre la ocupación y el patriarcado la sufren en sus carnes las mujeres palestinas.
¿Cuál es la historia de la participación política de las mujeres palestinas?
Las mujeres palestinas han sido siempre extremadamente activas en política, y su implicación es anterior a la creación del Estado de Israel. La primera Intifada vino a personificar la concienciación de las mujeres palestinas y su capacidad de organización y de movilización. La continuidad de la primera Intifada fue posible gracias a la iniciativa de las mujeres palestinas, que actuaron activamente en muchos aspectos de la sociedad civil y en los comités populares.
Por poner un ejemplo: las mujeres palestinas asumieron un papel dirigente en la campaña de 1987 para boicotear los productos israelíes en la Franja de Gaza y Cisjordania. Una iniciativa que resultó increíblemente dura habida cuenta de la carencia de industrias palestinas autóctonas. Para convencer a las familias palestinas de que se sumaran al boicot de los productos israelíes, fue preciso facilitarles fuentes de ingresos y productos alternativos. De esta manera, las mujeres palestinas comenzaron a crear sus propias industrias de elaboración de quesos, mermeladas, panaderías y huertos comunitarios, por medio de los cuales no sólo alentaron el boicot sino que también desarrollaron la infraestructura básica para una economía palestina.
Durante la primera Intifada, asimismo, dirigieron una campaña para la reapertura de escuelas (cerradas por el ejército israelí). En esta campaña, las madres palestinas crearon escuelas clandestinas para que sus hijos pudieran acudir a ellas. Estas y otras campañas se sumaron a su activismo en las calles al enfrentarse a las fuerzas de ocupación. Cuando los soldados arrestaban a un niño, las mujeres palestinas iban en masa para reclamar que se pusiera en libertad al muchacho, todas ellas afirmando que era su propio hijo. Con docenas de mujeres exigiendo el retorno de su hijo, los soldados, frecuentemente, se sentían presionados para liberar al niño que tenían retenido.
Cuando se analiza la historia del activismo de las mujeres palestinas, se comprueba que se ha fundamentado en las necesidades de las bases, en la creatividad y en la no violencia, lo que no quiere decir que esas mujeres no hayan participado activamente en la resistencia armada contra el colonialismo, ya que sí lo hicieron. Pero las mujeres palestinas se han dado cuenta de que si la resistencia armada contra la ocupación es un derecho que protegen las leyes internacionales, la resistencia pacífica es una obligación.
¿Cómo ha cambiado la participación política de las palestinas durante la segunda Intifada?
Cuando en agosto de 2002 viajé a Cisjordania lo hice en realidad para buscar a las activistas políticas palestinas que habían sido dirigentes de la primera Intifada. Me afectó enormemente el hecho de que la participación política de las mujeres de Palestina fuera, entonces, la más baja de su historia. Tenía muy claro que los Acuerdos de Oslo habían tenido mucho que ver con la disminución de su participación en la lucha de liberación nacional. La plataforma de Oslo, al reivindicar la cuestión de las tierras ocupadas en 1967, condujo la atención internacional hacia el hecho de que los palestinos vivían bajo la ocupación. De esta forma, al mismo tiempo que Oslo permitió el reconocimiento de la ocupación, hizo también que ésta fuera la única cuestión en la agenda. Desde entonces se produjo una movilización masiva de ONG interesadas en los Territorios Ocupados. Oslo despertó la esperanza de creación de un Estado palestino (que nunca se materializó) y con ello se llevaron a cabo intentos internacionales para ayudar a los palestinos a poner los cimientos políticos, económicos y sociales del futuro estado.
La ironía de la situación es que la industria internacional de las ONG (dominada por Occidente) se encuentra dominada también por el modelo liberal que no incluye las prioridades de la liberación nacional entre sus objetivos. De manera que, al colaborar para establecer los cimientos de un estado, las ONG han trabajado desde un punto de vista estrictamente humanitario sin reconocer que el pueblo palestino era un pueblo ocupado y que la ausencia de infraestructuras estatales era de hecho una consecuencia de la ocupación extranjera, de forma que las iniciativas de las ONG han tratado de paliar los síntomas y no las causas.
El problema es especialmente intenso entre las organizaciones internacionales de mujeres. Las ONG internacionales de mujeres han financiado proyectos para la consecución de los derechos de las mujeres palestinas y la igualdad de género, sin darse cuenta de los lazos existentes entre el patriarcado y la ocupación israelí. Lo que está sucediendo ahora es que los donantes internacionales intentan desligar la lucha de las feministas de la lucha nacional de las mujeres palestinas. Las organizaciones de mujeres palestinas que establecen la relación existente entre el patriarcado y la ocupación no reciben financiación de los donantes internacionales que no aceptan esa vinculación. En consecuencia, las ONG internacionales tratan de separar la conexión entre el feminismo y la lucha nacional, lo que conduce a la despolitización de los movimientos palestinos de mujeres y a una especie de existencia esquizofrénica, en la que se conoce la existencia real de la relación entre patriarcado y ocupación, pero se impide el establecimiento de un espacio para articularla y organizarse en función de ella.
¿Cómo podemos mejorar nuestro trabajo en apoyo del movimiento de las mujeres palestinas?
Yo utilizo la expresión "responsabilidades discontinuas" para referirme a las diferencias en las responsabilidades que debemos asumir de acuerdo con las posiciones de poder en las que nos encontremos. Las organizaciones internacionales de mujeres y los donantes, que se interesan básicamente en contribuir a la eliminación de la opresión que sufren las mujeres palestinas, deben enfrentarse al hecho de que están abusando de su poder para despolitizar con carácter general los movimientos de las mujeres del Sur, incluyendo los de las palestinas. Deben comenzar a reflexionar sobre lo que significa incorporar las experiencias de las mujeres palestinas a sus análisis. Ello supone el reconocimiento de la relación entre patriarcado y ocupación en la vida cotidiana de las mujeres en Palestina, y la incorporación de esta relación en la teoría, la práctica y los programas de las organizaciones feministas internacionales.
La mujeres palestinas que viven en la diáspora tiene la responsabilidad de colaborar con los movimientos de mujeres en los Territorios Ocupados y con los movimientos internacionales de mujeres. Nosotras no deberíamos tratar de hablar en nombre de las mujeres palestinas que viven bajo la ocupación, sino actuar para establecer la colaboración entre las organizaciones locales y las internacionales. Como activistas, debemos reflexionar acerca de la ética y la continuidad de nuestro activismo, de forma que lo mantengamos inexorablemente ligado a las necesidades de las palestinas que se enfrentan al patriarcado y a la ocupación.
Finalmente, las mujeres palestinas que sufren la ocupación tienen la responsabilidad de luchar por el reconocimiento del nexo entre ocupación y patriarcado, para resistir a la tentación de la financiación internacional que trata de despolitizar sus programas. Por supuesto que se trata de algo muy duro dada la desesperada situación económica en los Territorios Ocupados, y en especial en la Franja de Gaza, donde la ayuda financiera es tan extremadamente necesaria. Por ejemplo, muchas organizaciones de mujeres palestinas presentan proyectos en busca de financiación y luego establecen sus programas en función de la propuesta que recibe fondos de los donantes internacionales. ¿Cómo pueden las organizaciones palestinas mantener con coherencia un movimiento que defiende los intereses de las mujeres palestinas cuando son los fondos internacionales, que persiguen la despolitización, los que determinan sus programas?
En Palestina, las organizaciones femeninas locales deben continuar su resistencia a la despolitización y exigir una financiación que pueda facilitar el cambio de la realidad opresiva en la que viven: la que produce la combinación entre patriarcado y ocupación. La aspiración a la igualdad de género y al establecimiento de un Estado Palestino no ocurrirán nunca si se olvidan las prioridades de nuestra lucha; en otras palabras: si separamos la política de las situaciones individuales.
Todos juntos tenemos que afrontar estos desafíos, pero para hacerlo hemos de asumir que tenemos responsabilidades y tareas diferentes que realizar.
¿A dónde pueden dirigirse los lectores interesados para obtener más información?
The Jerusalem Centre for Women www.j-c-w.org/
Bat Shalom of the Jerusalem www.batshalom.org/
Z-magazine www.zmag.org
Jennifer Plyler es una activista, residente en Toronto
Título original: Occupation, Patriarchy, and the Palestinian Women's Movement
Autor: Hanadi Loubani y Jennifer Plyler
Origen: ZNet Gender, 10 noviembre de 2003
Traducido por Felisa Sastre y revisado por Nuria Juhera







