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18/06/2006 :: Medio Oriente

La Autoridad (Anti-) Palestina

x Joseph Massad
Traducido para La Haine por Marina Trillo :: La verdadera fisura de la sociedad Palestina está entre aquellos que luchan para preservar los privilegios clasistas de Oslo y sus oponentes que defienden la esencia de la causa Palestina

(Foto: Abbas y Tzipi Livni, ministra de comercio exterior del régimen de Israel, conversando amigablemente en el Foro Económico Mundial de Davos)

Una de las medidas más importantes que adoptaron los arquitectos israelíes y palestinos del acuerdo de Oslo para garantizar la supervivencia estructural de lo que vino a ser conocido como "proceso de paz" de Oslo fue la creación de estructuras, instituciones y clases que estarían conectadas directamente con él, y que pueden sobrevivir al derrumbamiento mismo del acuerdo de Oslo mientras preservan el "proceso" que generó el acuerdo. Esta garantía fue guardada como un relicario en una ley, y apoyada con financiación internacional afirmada en la continuación del "proceso de Oslo", en tanto éste continuara al servicio de los intereses israelíes y estadounidenses así como de los intereses de la corrupta élite Palestina que lo consintió.

Las cinco clases principales que los arquitectos de Oslo crearon para asegurarse de que el "proceso" sobreviviera son:

- Una clase política, dividida entre los elegidos para servir al proceso de Oslo, ya sea en el Consejo Legislativo o en la rama ejecutiva (esencialmente el puesto de presidente de la Autoridad Palestina), y los que son designados para servir a los que se elijan, ya sea en los ministerios, o en la oficina presidencial.

- Una clase policial, cifrada en decenas de millares, cuya función es defender el proceso de Oslo contra todos los Palestinos que intenten minarlo. Está dividida en un número de cuerpos de seguridad y de espionaje que compiten entre sí, todos rivalizando para probar que son los más aptos para neutralizar cualquier amenaza al proceso de Oslo. Bajo la autoridad de Arafat, los miembros de esta clase inauguraron sus servicios disparando y matando a 14 Palestinos a quienes consideraron enemigos del "proceso", en Gaza en 1994 -- un logro que les ganó el respeto inicial de los americanos y de los israelíes que insistieron en que la clase policial tenía que utilizar más represión que ésa para ser más eficaz.

- Una clase burocrática unida a la clase política y a la clase policial y que constituye un cuerpo administrativo de decenas de millares que ejecutan las órdenes de los electos y de los designados al servicio del "proceso".

- Una clase ONG: Otra clase burocrática y técnica cuyas finanzas dependen por completo de su servicio al proceso de Oslo y de asegurar su éxito mediante planificación y servicios.

- Una clase de negocios integrada por hombres de negocios Palestinos expatriados así como hombres de negocios locales -- incluyendo de modo especial a miembros de las clases política, policial y burocrática -- cuyos ingresos se derivan de la inversión financiera en el proceso de Oslo y de los pactos de reparto de beneficios que la autoridad Palestina (AP) pueda hacer posibles.

Aunque la clase ONG no recibe en su mayor parte dinero de la AP, al ser beneficiaria de la generosidad financiera gubernamental y no-gubernamental extranjera que está conectada estructuralmente con el proceso de Oslo, las clases política, policial y burocrática reciben todos sus ingresos legítimos e ilegítimos directamente de la AP. Al vincular el sustento de decenas de millares de Palestinos al proceso de Oslo, los arquitectos les proporcionaron un interés crucial en la supervivencia del mismo, incluso, y especialmente, si no lograba producir ningún resultado político. Para la élite Palestina que se hizo cargo de la AP, la principal tarea que tenía por delante era asegurar que el proceso de Oslo continuara (sin importar que produjera resultados o no) y que la élite siguiera controlando todas las instituciones que garantizan la supervivencia del "proceso". Lo que la élite no previó fue que podría perder el control frente a Hamas, oponente público del proceso de Oslo que, según las expectativas, había boicoteado las elecciones de 1994 controladas por el muñidor electoral Fatah. Las elecciones de 2006, que Fatah esperaba ganar, constituyeron un terremoto que podría destruir todas estas garantías estructurales y con ellas el "proceso" para cuya protección fueron diseñadas.

Si bajo la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) "la causa" era aquello a lo que normalmente estaban dedicados los Palestinos, bajo la AP sería el "proceso", al cual se les urgió a dedicarse. Es en este contexto donde los incentivos financieros para unirse a una de estas clases garantizarían que los Palestinos permanecieran comprometidos con el proceso. El reciente pánico que manifiestan las clases política, policial y burocrática de la AP está directamente relacionado con su percepción de que a menos que inviertan la victoria de Hamás, su misma continuación como clases beneficiarias estará en juego. De hecho, incluso los intelectuales y técnicos que son miembros de la clase ONG comenzaron a explicar que el triunfo de "Hamás" no fue tan grande como se creyó al principio, proporcionando meticulosos análisis de distritos electorales y similares, así como proporcionando asesoramiento y consejos a las tres clases de la AP sobre cómo socavar a Hamás. La misma clase Palestina de negocios celebró una reunión en Londres, esencialmente urgiendo a Hamás a que apoyara el "proceso".

Así, tan pronto como Hamas ganó las elecciones, los miembros de la clase política comenzaron a reunirse, tanto abiertamente como en secreto, con funcionarios americanos e israelíes para planear minarla. Estos planes pronto involucrarían a países árabes vecinos que igualmente están tan dedicados, como lo está la AP, a servir los intereses americanos e israelíes. A la clase política de la AP ya no le importaba si su estrategia era del dominio público, de ahí la espectacular detención de un funcionario de Hamás por traer donaciones extranjeras a Gaza, un delito por el que no le habrían arrestado si hubiera seguido la corrupta tradición de Fatah y de los funcionarios de la AP que de modo habitual roban fondos públicos Palestinos ¡y los sacan de contrabando fuera de Gaza, en vez de meterlos en ella!. La clase policial ha estado provocando agitación para reafirmar su poder, mostrando no ser más que una banda de matones dedicados a la represión de todos los Palestinos para servicio del proceso. La burocracia rechazó cooperar con los funcionarios de Hamás y comenzó a amenazarlos y a bloquearles la entrada en sus propias oficinas ministeriales. El ataque más reciente contra la oficina del primer ministro y el edificio del Consejo Legislativo Palestino en Ramala, incendiándolos, es indicación clara de que estas tres clases creadas en la AP están dispuestas a todo con tal de asegurar la continuación de las ventajas financieras de Oslo.

El relato de las decenas de millares de empleados de la AP que no han recibido sus salarios durante dos meses habría sido más conmovedor para una población Palestina que tuviera unos ingresos regulares. Dado que la mayoría de Palestinos ha tenido unos ingresos minúsculos -si es que ha tenido algunos- desde que comenzó la segunda Intifada, la situación de los empleados de la AP fue correctamente vista como no única o más trágica que la del resto de los Palestinos. Realmente, es la igualación de las clases beneficiarias de Oslo con la mayoría de la población Palestina (que de hecho es la clase perdedora de Oslo) lo que parece irritar a las clases de la AP. Por tanto están determinados a impedir la pérdida de sus privilegios de clase a cualquier precio.

La victoria electoral de Hamás está ayudando de hecho a unificar Fatah, que estaba plagada de divisiones y luchas fratricidas antes de las elecciones, hasta el punto de que el pasado enero hubo comentarios entre elementos de Fatah de que asesinarían a Mahmoud Abbas si posponía las elecciones. Abbas, que a diferencia de Arafat no tiene apoyo popular ni grupo de electores base de Fatah, tiene las manos más libres que el fallecido líder para alcahuetear a los americanos y a los israelíes si le aseguran la continuación del "proceso". Fatah ahora está recurriendo a Abbas, lo mismo que él está recurriendo a Fatah. De hecho Abbas hizo las paces recientemente con lo que queda de la OLP -- que él, como Arafat antes que él, continuó desmantelando -- mejorando las relaciones con Farouq Qaddumi y Suha Arafat después de meses de rencor. Sigue sin estar claro, sin embargo, si la AP reanudará el pago a Suha y a su hija de cheques multimillonarios en dólares. Incluso el sedicioso Mohamed Dahlan, que desea toda la tarta para sí, está acudiendo en ayuda de Abbas.

De hecho, al tiempo que está consolidando y centralizando la autoridad en sus propias manos por primera vez desde que llegó al poder, Abbas ha creado recientemente una guardia Pretoriana para garantizar su seguridad como guardián supremo (¿o es como padrino?) del "proceso". Israel se apresuró a permitir la entrada de armas en los territorios ocupados para equipar a la nueva fuerza represiva. Como queda claro por las declaraciones públicas de Abbas, la única vez que habló en contra de los israelíes fue cuando Ariel Sharon y más tarde Ehud Olmert amenazaron con terminar el "proceso" y pasar a la acción unilateral. Por otra parte, Abbas se ha mostrado absolutamente favorable a todas y cada una de las propuestas israelíes y estadounidenses.

Hamás, por su parte, está jugando un juego reminiscente de Salvador Allende. Como Allende, Hamás continúa insistiendo en el juego democrático, mientras sus oponentes gangsteriles y matones no observan ningún límite en sus acciones conspiratorias y traidoras. Es verdad que el ataque contra la oficina de Ismail Haniyeh no es de la magnitud del asalto a la Moneda el 11 de septiembre de 1973, pero los criminales están demostrando que están dispuestos a ir tan lejos como fue Pinochet para servir a los intereses de Fatah e israelíes. A pesar de todo esto, Hamás parece haber mostrado una cuidadosa contención. Hamás podría, por ejemplo, arrestar a toda la alta dirección (y a muchos de nivel medio) de Fatah y de la AP con cargos de corrupción y traición nacional, para los cuales tiene amplias pruebas documentales, llevándolos a un juicio abierto y justo. Podría movilizar a la población contra estos individuos corruptos por medio de manifestaciones y en los medios informativos. Que no lo haya hecho así atestigua su compromiso por preservar una apariencia de paz y por no responder a la instigación de una guerra civil que la élite derrotada de la AP desea causar como posible modo de restaurar el "proceso".

Mientras la AP y sus clases beneficiarias están librando una batalla para mantener vivo el "proceso", los israelíes han dado todo tipo de indicaciones de que el "proceso" terminó para ellos hace mucho tiempo. Para ellos, el proceso de Oslo fue un paso necesario pero históricamente finito diseñado para cooptar a la dirección Palestina, para solidificar el asimiento de Israel de tierras Palestinas robadas, y para normalizar el estatus diplomático de Israel en el mundo árabe y también globalmente. Dado que los israelíes han alcanzado todas estas metas, el proceso ya no les sirve a ningún propósito. Por el momento, su continuada campaña de bombardeos y asesinatos de civiles políticos Palestinos, tanto favorables al "proceso" como contrarios a él, en Cisjordania y Gaza, no ha dado ninguna señal de disminuir. Dado que el proceso de Oslo ha traído calamidad sobre calamidad al pueblo Palestino, su única razón de continuar es la supervivencia de las clases de la AP que son sus principales y únicos beneficiarios.

No nos equivoquemos, de todo esto es de lo que va la actual batalla en Cisjordania y la Franja de Gaza. Lo que está en juego es el destino de nueve millones de Palestinos.

* El autor es profesor asociado de política Árabe moderna e historia intelectual en la Universidad de Columbia. Su libro, The Persistence of the Palestinian Question, ha sido publicado recientemente por Routledge.
http://weekly.ahram.org.eg/2006/799/op11.htm

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