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22/04/2009 :: EE.UU.

Las mentiras que nos han contado sobre la marihuana

x Helen Redmon
[Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre] Consecuencias de la ?guerra contra las drogas? en el potencial médico de la marihuana para mejorar la calidad de vida

En el primero encuentro virtual del presidente Obama a través de Internet, las preguntas sobre la legalización de la marihuana se situaron por encima de los “empleos verdes”, “la estabilidad financiera” y las partidas presupuestarias, y ocuparon casi el segundo lugar en lo que respecta a la asistencia médica.

Obama aceptó la pregunta diciendo que los votantes querían saber “si la legalización de la marihuana mejoraría la economía y la creación de empleo”, para añadir bromeando, “No sé lo que opina sobre esto la audiencia en línea”. Tras la broma, la respuesta de Obama fue “no” a la legalización de la marihuana. Pero no hay nada de lo que reírse. Cada 38 segundos se arresta a una persona en EE.UU. por violar las leyes sobre la marihuana. Según las estadísticas del FBI, en 2007, la policía detuvo a unas 872.720 personas, el mayor número anual jamás registrado. En los últimos 10 años, cerca de 15 millones de personas ha sido detenidas; el 89 por ciento de ellas acusadas sólo de posesión. Las condenas relacionadas con la marihuana han ocasionado millones de delincuentes a quienes ha privado de empleo, hogar y ayuda para ir seguir los estudios.

Existe un enorme alejamiento entre leyes que se aplican tan implacable y generosamente, a pesar de ser consideradas sin sentido por un gran número de la población. La marihuana es la más popular y más extendida droga ilegal. Millones de estadounidenses la han fumado a pesar de su ilegalidad, incluido el propio Obama quien, preguntado si había la había fumado (prueba de fuego desde que Bill Clinton mintió y contestó que no) respondió con indeferencia: Lo he hecho con frecuencia. Era el momento”.

Este es un país sumergido en la cultura del cannabis: desde los artistas más afamados que la fuman desafiantes, a la serie televisiva Weeds, candidata a los Globos de Oro, hay millones de estadounidenses para quienes fumar marihuana es tan normal como tomar una cerveza o un vaso de vino.

La marihuana es una de las drogas más seguras. Nunca nadie ha muerto por consumirla y sus efectos son en su mayoría benignos. Pero el gobierno federal ha lanzado una campaña de mitos, distorsiones y rotundas mentiras para satanizar la marihuana como una droga peligrosa e insana.

Entre las afirmaciones “sobre los porros locos” de la marihuana, se manejan que es la “puerta” de iniciación a drogas más duras; que es enormemente adictiva; que a largo plazo destruye la memoria, y que causa cáncer de pulmón y enfermedades mentales. Afirmaciones todas desmentidas por décadas de investigación científica y por la experiencia directa de millones de personas que fuman marihuana y no tienen problemas de salud.

La marihuana es también una medicina que toman miles de enfermos y pacientes terminales para evitar las náuseas y vómitos producidos por la quimioterapia, que reduce la tensión ocular en el glaucoma y sirve como tratamiento de las neuropatías periféricas. Las propiedades médicas del cannabis se han investigado ampliamente en Europa y Canadá, y apenas existe debate en la comunidad científica los varios aspectos positivos del uso terapéuticos de la marihuana.

En Estados Unidos no se puede investigar sobre la marihuana porque la Agencia contra la Drogas (DEA, en sus siglas inglesas) la clasifica como droga perteneciente al Programa 1. Las drogas incluidas en esta categoría se consideran muy dañinas y no se autoriza su uso médico.

Sin embargo, el American Institute of Medicine, en una evaluación analítica llega a la conclusión siguiente: “Los datos acumulados indican un potencial valor terapéutico de las drogas derivadas del cannabis, en especial para alivio del dolor, control de las náuseas y vómitos, estimulación del apetito”. El informe concluye: “ Los efectos secundarios de la marihuana son similares a los de otras medicinas autorizadas”. Incluso la conservadora Asociación Médica Estadounidense apoya el uso médico de la marihuana.

Pero en la guerra gubernamental “para encarcelar a todos” contra el uso medicinal de la marihuana, los primeros objetivos fueron los médicos. En 1997, el ex zar de las drogas, Barry McCaffrey, amenazó con retirar las licencias médicas o con perseguir penalmente a los médicos que prescribieran marihuana a sus pacientes.

En una demanda legal de 2002, un tribunal federal de apelación por unanimidad restableció el derecho de los médicos para prescribir marihuana a sus enfermos. La sentencia protege a los médicos del procesamiento, pero no a los pacientes que son quienes siguen la prescripción y utilizan la marihuana.

En esos momentos, el gobierno federal estaba perdiendo la batalla contra la marihuana medicinal, ya que 13 Estados habían aprobado leyes que permitían su “utilización humanitaria”. California fue el primero en legalizar la venta de marihuana con receta médica. Se abrieron centros autorizados para dispensar marihuana y la ley permitía a los pacientes cultivar plantas para consumo personal.

Los gobiernos federales y la DEA se sintieron ultrajados y combatieron cualquier cambio del estatus ilegal de la marihuana en el ámbito federal. El Tribunal Supremo, en su sentencia de 2005 en el caso Gonzales v. Raich, dictaminó que el gobierno federal podría procesar a enfermos consumidores de marihuana medicinal incluso en Estados con leyes que la autorizaban. De hecho, la ley federal prevalecería y anularía las leyes de los otros estados.

Los registros y arrestos comenzaron con los nuevos objetivos: dispensarios de marihuana medicinal, residencias de ancianos, y las viviendas de enfermos y pacientes terminales.

Un de esas enfermas, Suzanne Pfeil, parapléjica, estaba durmiendo cuando 20 agentes federales irrumpieron en su residencia médica y apuntaron con sus rifles de asalto a la cabezas de los pacientes y personal sanitario. Aquí está su descripción del asalto:

Al amanecer, me desperté con cinco agentes federales apuntando con sus rifles de asalto a mi cabeza. No les oí llegar porque mi respirador es bastante ruidoso. Me gritaron que levantara las manos y me levantara. Intenté explicarles que tenía que mantener las manos sobre la cama para poder levantarme porque estoy paralizada. De nuevo, me gritaron que me incorporara. Les señalé mis muletas y les dije que normalmente utilizo silla de ruedas.

En ese momento, retiraron la colcha y sábanas de la cama y al fin comprendieron lo que estaba intentando explicarles entre sus gritos y armas. Me esposaron por detrás de la espalda y me dejaron en la cama.

Will Foster padece una grave artritis reumatoide y se le prescribieron narcótico para controlar el dolor, pero no podía tolerar sus efectos secundarios. Probó con marihuana y el dolor y la inflamación disminuyeron. Cultivaba marihuana en el sótano de su casa. En 1995, la policía llamó a su puerta con una orden de registro. Detrás de una puerta de acero cerrada del sótano, encontraron la planta de marihuana y le arrestaron.

Aunque Foster, padre de dos niños y acreditado programador de ordenadores, tenía sólo 30 dólares en casa y no había pruebas de que vendiese marihuana, el jurado le condenó por cultivo e intento de comercialización. Fue condenado a 93 años de cárcel. Foster habla sobre su sentencia:

El uso medicinal de la marihuana nunca interfirió en mi trabajo. Dirigía una empresa boyante. Le dije a mi médico (que era conservador) lo que estaba haciendo, y aunque no estaba de acuerdo por el riesgo para la salud de fumar, comprobó los resultados positivos. Estaba dedicado a mis propios asuntos, cuidando de mi salud y de mi familia. ¿Qué le había hecho a nadie para que me cayeran 93 años?

Foster recurrió la sentencia, estuvo cuatro años en la cárcel y finalmente salió en libertad condicional en 2001.

La mayoría de la opinión pública se opone a esas redadas violentas y con grupos paramilitares SWAT [Special Weapons Attack Team] y las indignantes sentencias de cárcel.

El apoyo a la marihuana de uso medicinal es tan grande que después de un registro federal en la Wo/Men’s Alliance for Medcial Marijuana de Santa Cruz (UAM en sus siglas inglesas), el alcalde y el consejo municipal permitió a la UAM que dispensara la marihuana a sus pacientes públicamente en el Ayuntamiento. La vicealcaldesa, Emily Reilly, declaró: Para mí, es absolutamente repugnante que el dinero federal, la energía y el tiempo de su personal se utilicen para acosar a gentes como éstas”. Incluso la oficina del sheriff de Santa Cruz se opuso a esos registros.

El mes pasado, los enfermos que usan marihuana medicinal consiguieron una victoria cuando el Fiscal General, Eric Holder, anunció que el gobierno federal acabaría con los registros de los dispensarios de marihuana. La postura del gobierno Obama sobre la marihuana medicinal es una cambio positivo y largamente esperado respecto a la del gobierno Bush.

Obama dejó clara su postura durante la campaña. “Mi actitud es que si la ciencia y los médicos consideran la marihuana medicinal es el mejor cuidado paliativo y la forma de aliviar el dolor y el sufrimiento, entonces estoy dispuesto a aceptarlo” y añadió: “No existe diferencia entre ella y la morfina cuando se trata de aliviar el dolor de las personas”.

Pero una semana después, la DEA llevó a cabo una incursión en la Emmalyn’s California Cannabis Clinic, dispensario médico de marihuana autorizado en San Francisco. Bill Piper, director de asuntos internos de la Drug Policy Alliance Network, se preguntaba: “¿No tiene el gobierno de Obama otros asuntos más importantes de los que ocuparse precisamente ahora?”.

Durante más de 30 años, el gobierno federal ha estado inmerso en la “guerra contra las drogas”. La criminalización de la marihuana y el procesamiento de sus consumidores es el punto fuerte de la guerra y funciona como una cinta transportadora que entrega centenares de miles de personas al sistema judicial penal año tras año.

No es posible mantener una guerra contra las drogas con la intensidad actual si se legaliza la marihuana. Y eso es lo que la DEA y las fuerzas que se benefician de ella temen más. Todos necesitan la histeria de la guerra contra las drogas para justificar la existencia de la DEA y los más de 20.000 millones de dólares anuales gastados en ejecutar la prohibición.

La guerra contra las drogas también desempeña ideológicamente un importante papel por su racismo reforzado. Los traficantes de drogas y los consumidores, en particular los latinos y afroamericanos, han sido cabezas de turco muy convenientes para [tapar] los problemas sociales y económicos de la sociedad.

Pero las grietas en el sistema de control del cannabis son más grandes que nunca. Una encuesta de Zogby realizada este año indicaba que el 58 por ciento de los encuestados en la costa oeste estaban de acuerdo en que la marihuana debería “ser regulada con impuestos como el alcohol y los cigarrillos”. En la costa este, el 48 por ciento apoyaba su legalización. Otra encuesta del New York Times/CBS dio como resultado que el 41 por ciento de los estadounidenses están a favor de la legalización de la marihuana.


Para leer más sobre el tema:

web Drug Policy Alliance Network. Sobre el caso de Will Foster, la web Medical Marijuana Project.

El libro Marijuana Myths Marijuana Facts: A Review Of The Scientific Evidence, de Lynn Zimmer y John P. Morgan presenta un análisis meticuloso y conciso de los estudios científicos que echan por tierra las mentiras sobre la marihuana.

Socialistworker.Org, 15 de abril de 2009

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