Las nuevas alzas de precios agudizaran el conflicto social colombiano

Después de toda la arremetida fascista de que han sido víctima millones de compatriotas desde que Álvaro Uribe Vélez, con su arrogancia, se sentó en la silla presidencial, nuestro pueblo sigue capoteando las arbitrariedades que el neoliberalismo impone.
En lo transcurrido de este gobierno nuestro país se ha resquebrajado aceleradamente: el terrorismo de Estado aumentó los índices de víctimas sepultadas por la estrategia del crimen, de las detenciones masivas y las desapariciones. Todo tipo de violaciones a los derechos fundamentales se han elevado.
Por otro lado, crecieron las privatizaciones y liquidaciones de importantes empresas, como en un maremoto ha impulsado las olas de despidos de trabajadores, el desempleo aumentó y el grado de miseria está llegando a topes inimaginables.
Suben los homicidios, se multiplican los desplazamientos, el gobierno se inspira en sus nefastas reformas, y para rematar, nuestra soberanía nacional cada vez más se pierde en la niebla.
Ahora, para comenzar el 2005, el pueblo colombiano recibe las alzas y a su ya precaria canasta familiar se le rompen los pocos retazos que aún le quedan.
El salario mínimo tan sólo se incrementó en un 6.56 por ciento, quedando en 381.500 pesos (155 dólares aproximadamente). ¿Qué maromas habrá que hacer para estirar el sueldo, si es que todavía queda de dónde estirar?
Se comienzan a hacer las cuentas y los resultados se mantienen en el desaliento. Basta mirar por encima para ver el alcance del salario mínimo, si tenemos en cuenta que los arriendos de viviendas oscilan entre 120 y 200 mil pesos para el estrato 2 y de 180 a 300 mil pesos para el estrato 3 (según las agencias de arrendamiento).
La canasta familiar en ciertos rubros sufrirá de nuevo el alza del IVA (Impuesto al Valor Agregado) que pasa del 7 al 10%. Igualmente se afectará el costo de los peajes, los avalúos catastrales (urbanos y rurales), los trámites notariales, los combustibles, el pasaje de taxis y buses y los arriendos comerciales y domiciliarios que están ligados con el Ãndice de Precios al Consumidor.
Las nuevas alzas también incidirán en la problemática social que circunda al eje de la salud.
Por ejemplo, subió el costo de los planes de medicina prepagada, pólizas de seguros de cirugía y hospitalizaciones. El Consejo de Seguridad Social aprobó un incremento de 0.5% por encima del índice de inflación registrado en el 2004 para el valor de la Unidad de Pago por Capacitación (UPC) correspondiente a los regimenes contributivos y subsidiados.
De igual manera aumentaron en 6.5% las cuotas que dan derecho a consulta general y odontológica, urgencias y a exámenes de laboratorio.
En lo concerniente a pensiones, para los afiliados al Sistema General de Pensiones la taza de cotización pasó del 14.5 al 15 %, tal como lo dispuso la ley 797 del 2002.
Igual suerte ha tenido la parte educativa ya que aumentó el costo de las matrículas, agudizando cada vez más la situación por la que atraviesa este importante derecho.
Se cuadruplicarán los miles de desconectados que por no alcanzarles su sueldo, perderán el beneficio de los servicios públicos (agua, luz, teléfono, gas). La taza de servicios públicos va a crecer a nivel del interés compuesto.
Crece descomunalmente la zozobra en los más de los tres millones de desplazados que huyendo de la guerra causada por el conflicto social, hoy no saben cómo enfrentar la realidad de las alzas, pues ellos hacen parte también del desempleo, la marginación y la mendicidad a que han sido cruelmente sometidos.
Como vemos, este es el reiterado obsequio que año tras año nos imponen los gobiernos neoliberales y el de este año, con Uribe Vélez ha sido especial, pues así garantiza las exigencias que desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), le orienta Washington.
Nuestro país, ve aumentar exageradamente las desigualdades sociales. El peso de la crisis sigue cayendo sobre las espaldas de quienes con sudor y sangre no solo luchan por levantar lo que queda de la nación, sino que también se baten contra las violaciones de un Estado cada vez más excluyente.
La condición de pobreza ya sobrepasó a más de la mitad de la población colombiana y el 16% de indigencia que reconoció Planeación no demora en remontar la triste cifra del 20 por ciento.
Mientras la avalancha del alto costo de la vida arrincona al 90% de la población colombiana, unas cuantas familias de oligarcas ven crecer sus arcas a costa de sus corruptos negocios y del provecho ventajoso que les da la explotación de los trabajadores.
Así lo reporta, a manera de ejemplo, la revista Forbes al publicar el aumento de las fortunas de Luis Carlos Sarmiento y Julio Mario Santodomingo a mil cuatrocientos millones de dólares. ¿No es esa acaso la consigna del neoliberalismo, aumentar la brecha entre pobres y ricos?
La pobreza e indigencia aumentarán a raíz de estas nuevas alzas de precios. La situación nos obliga a prepararnos de manera organizada no solo para resistir, sino sobretodo, para impedir el desastre que nos traería la concreción del TLC.
La Central Unitaria de Trabajadores (CUT) ha convocado a todo el pueblo colombiano para que se mantenga la justa lucha de los trabajadores. Por eso, el dos de febrero se dará inicio a la primera marcha de protesta en contra de las nuevas y lesivas medidas económicas del actual gobierno.
Todos nos disponemos una vez más, a seguir construyendo el camino de la esperanza, para que la nueva Colombia no tenga el descrédito de ser gobernada por un puñado de oligarcas que amasan su fortuna a costa de los dividendos que obtienen con la corrupción y el trabajo abnegado de los trabajadores.







