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Mundo :: 06/07/2005

Live8: Radicales chic y "making capitalism legitimacy"

Carlos Sevilla Alonso
El frente cultural del neoliberalismo "moderado" hizo su aparición en forma de una decena de conciertos por todo el globo

"Tus gafas son guays -dirá Wojtyla sobre la deuda externa-, el Papa es funk -responderá Bono riéndose-; el artista radical chic, te puede advertir, te va a advertir: no pases por ese campo minado. Él, en cambio, por razones humanitarias, no debería entrar para rastrearlo. Hay que manufacturar el consenso para poder cotizar en el mercado de las ideas".
(Fermín Muguruza, Radical Chic)

"Mira, ya está en la pista el artista multimillonario, sale en la prensa como un líder revolucionario. Nada de lo esencial cambió fuera del escenario, no era lo que parecía sino otro truco publicitario".
(Nacho Murgui, Radical Chic)

"El G-8 es el problema, su sistema es el problema. Un sistema que antepone los beneficios a las personas. Para conseguir que la pobreza pase a la historia, primero tenemos que hacer que el G-8 pase a la historia y que su sistema capitalista pase a la historia".
(Trevor Ngweane, Foro contra la privatización de Sudáfrica)

El frente cultural del neoliberalismo "moderado" hizo su aparición el 2 de Julio en forma de una decena de conciertos por todo el globo, de Londres a Tokio, Edimburgo, Cornwall, Berlín, París, Roma, Filadelfia, Johannesburgo, Toronto y Moscú. Los grandes superventas de la industria discográfica de U2 a REM y del africano Youssou N'Dour a la islandesa Björk ponían así sus artes al servicio de la campaña que reclama la cancelación de la deuda multilateral para todos los países.

Esta iniciativa auspiciada por el solista Bob Geldof, participante de la Comisión por África de Blair para el G-8, se presentó como una re-edición del Live Aid celebrado hace ya 20 años para recaudar dinero para Etiopía. Contó con la ayuda inestimable de Bono, el front-man de los U2, que entre concierto y concierto se dedica a ejercer de Rasputín de los poderosos, con el objetivo de "dar solución a los millones de muertes por picadura de mosquito u otras enfermedades curables". Por el escenario de Hyde Park desfiló la aristocracia de la industria musical: Paul McCartney, Elton John o el mismo Bob Geldof. Se dejó ver por allí Bill Gates, el rector de la corporación Microsoft, en cuya boca el lema de Make Poverty History no puede considerarse más que un cinismo absoluto.

Esta "jornada histórica del activismo musical", como lo califica el diario El País en su edición dominical, contó con un presupuesto de 38 millones de euros obtenido de manera truculenta: se pidió la contribución a empresas multinacionales, mientras que es por la presión de esas mismas grandes empresas privadas que se han impuesto a los países del Sur, desde los años "80: la liberalización económica, la apertura de los mercados y las privatizaciones masivas. Todas esas medidas, acompañadas por el aumento de los gastos escolares, de los gastos de salud, del impuesto al valor añadido (IVA), así como la supresión de las subvenciones a los productos de base, ha jugado un papel importante en el aumento de la pobreza en África.

El papel de la música va ganado puntos para introducir las miserias de África o el cambio climático en el imaginario occidental. Live Aid estableció el modelo de evento benéfico: artistas superventas potenciados por las grandes discográficas, transmisión por radio, televisión, Internet y telefonía móvil, edición de discos y DVD's para reforzar los ingresos de taquilla y la venta de derechos de propiedad intelectual. Esta fórmula se ha repetido con diversas causas: contra el SIDA, para apoyar a Nelson Mandela, a favor de la víctimas del tsunami, etc.

Conviene reflexionar seriamente sobre el papel de estos eventos como catalizador de causas justas. La táctica de Bono, esto es, el lobby sobre los poderosos para la obtención de irrisorias conquistas, es compartida por todo un sector del movimiento altermundialista agrupado en torno a las grandes ONG's. Esta clase de puentes culturales entre el Foro Social Mundial y el Foro Económico Mundial deben ser cortados si no queremos que la protesta y la propuesta, inmanentes a la necesidad de cambiar el mundo, se conviertan en un elemento más de la "sociedad del espectáculo" capaz de integrar y cooptar cualquier expresión cultural aunque emerja de una potencial contracultura.

Nada más lejos del significado de los festivales de Woodstock o el de la isla de Wight, en los cuales, la expresión iba acompañada de una crítica de los valores de las sociedades opulentas y del intento de construcción de biografías colectivas, de estilos de vida, más allá del capital. El movimiento altermundialista debe dotarse de un frente contra-cultural irreductible a la mercantilización de la cultura (ADPIC de la OMC, derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio) y a la transformación de formas de acción colectiva (el activismo musical en este caso) en un engranaje más de la "autoconciencia del capital".

No podemos, no debemos permitir que Tony Blair, Bill Gates o Bono, se pongan la careta del humanitarismo universal (Make poverty history) en la enésima edición del que "todo cambie para que todo siga igual". La condonación de la deuda multilateral para 18 países pobres altamente endeudados (PPAE), o el cambio climático producido por las emisiones de dióxido de carbono, forman parte de la agenda del G-8 en su cumbre de Gleneagles. Esta toma en consideración de dos de los temas centrales para el movimiento altermundialista, no deben hacer que el G-8 (el Estado mayor del neoliberalismo) atrape en su tela de araña la potencia de la nube de mosquitos.

La deuda "externa" con los acreedores internacionales y las instituciones multilaterales que la gestionan, han creado, en buena medida, la nueva etapa de financiarización de la acumulación capitalista. Financiarización que ha desposeído de los bienes comunes a la inmensa mayoría de la población mundial. Continúan siendo pertinentes, por tanto, las demandas a favor de la abolición total de la deuda externa para el resto de Estados. Con respecto al cambio climático, la compra de derechos de emisiones contaminantes o Protocolo de Kyoto, cuenta con la oposición decidida de la administración Bush.

Malos tiempos para la lírica. Se impone en el seno del movimiento altermundialista una reflexión sobre el papel de una cultura desmercantilizada en la transformación social. No podemos olvidar el papel de la canción protesta de los años 60 y 70 como catalizador de la lucha social y política o lo que supuso y aún supone el rock radical vasco para la izquierda vasca y estatal. Necesitamos un renacimiento de contra-culturas no cooptables por el sistema. El hip-hop que surge por abajo, la socialización de la propiedad intelectual gracias a los programas que permiten compartir archivos (música, cine, libros, etc.), las músicas y letras de Manu Chao o Fermín Muguruza, pueden ofrecer pistas para aquellos que con sus culturas pueden subvertir el orden capitalista y la decadente moral y cultura burguesas.

Fuente: Espacio Alternativo

 

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