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Europa :: 10/08/2026

«Falsas banderas»

Slavyangrad / La Haine
Esta excusa es ideal para que ni Ucrania ni sus países vecinos tengan que explicar por qué drones ucranianos se acercan peligrosamente o directamente utilizan espacio aéreo de la UE

Tras muchos meses en los que no se producían en la Unión Europea avistamientos de drones en los aeropuertos, la semana pasada las autoridades alemanas han detectado una aeronave no tripulada en las inmediaciones de un avión Antonov ucraniano que portaba armas para la guerra y que se encontraba estacionado en el aeropuerto alemán de Leipzig-Halle. Tras desviar varios vuelos, las autoridades alemanas lograron desactivar la carga explosiva y evitar cualquier tipo de peligro en tierra. Desde un primer momento, se ha dado por hecha la autoría rusa y se ha calificado el incidente de parte de la presunta guerra híbrida de Moscú contra la Unión Europea.

Lo ocurrido recuerda las dificultades creadas por la presencia de drones en aeropuertos de diferentes países de la UE, especialmente en Dinamarca, que Bruselas y los países miembros siempre insistieron, sin necesidad de probar absolutamente nada, que no había dudas: la culpa era de Rusia. Por aquel entonces, Ucrania exigía a los países europeos los 90.000 millones de euros que Hungría aún bloqueaba y que no se aprobaron hasta el cambio de Gobierno en Budapest.

La presencia de drones rusos en aeropuertos europeos, con la sensación de inseguridad y ataque híbrido, fue uno de los argumentos que Ucrania utilizó para insistir en la necesidad de invertir en seguridad, es decir, en la guerra. Lo mismo va a repetirse ahora, cuando Kiev demanda de sus aliados el envío inmediato de misiles para la defensa aérea alegando que Ucrania es el escudo de Europa.

Mezclando la narrativa de victoria con la de riesgo de derrota, Kiev busca aumentar aún más la cantidad de armas recibidas. "Recibí un informe del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Mijailo Drapaty. El enfoque particular estuvo en la defensa de Konstantinovka, Slavyansk y la región de Donetsk en su conjunto. Estoy agradecido a todas las unidades que están cumpliendo plenamente sus misiones de combate, repeliendo los asaltos rusos, eliminando intentos de infiltración y destruyendo sistemáticamente a los ocupantes", escribió ayer Zelenesky jactándose de los buenos resultados de la guerra terrestre, éxitos que solo existen en la propaganda de Kiev.

"Los interceptores de misiles balísticos podrían haber salvado la vida de las personas que la han perdido hoy. Es muy importante que nuestros socios comprendan que los retrasos en su suministro o la falta de voluntad para proporcionar sistemas antibalísticos conducen directamente a unas bajas y una destrucción tan horribles", había escrito tras el ataque ruso contra industrias y depósitos militares en Kiev el pasado martes, en el que las defensas ucranianas no pudieron -o no intentaron- derribar ni un solo misil ruso. Los éxitos -imaginarios- y el temor -en muchos casos también exagerado- se mezclan en el discurso ucraniano con el objetivo de crear una imagen de amenaza militar inminente contra la que la única receta es armar, financiar y equipar con aún más ímpetu al prácticamente derrotado ejército ucraniano.

Parte integral de esa estrategia es no limitar el peligro a Ucrania, sino extenderlo al resto del continente. Para ello, Ucrania cuenta con grandes aliados, los países de su entorno y los medios de comunicación, siempre dispuestos a presentar como hechos los informes de inteligencia de países que difícilmente pueden calificarse de imparciales y desinteresados. Justo en el momento preciso, cuando Kiev eleva el nivel retórico para conseguir que sus socios extranjeros amplíen y aceleren el suministro de armas para la guerra -supuestamente para acortar la guerra y evitar un invierno aún más duro que el último-, los aliados más cercanos de Ucrania vuelven al ataque con el peligro ruso.

"Lituania dispone de información de inteligencia que sugiere que Rusia podría utilizar drones de fabricación ucraniana para llevar a cabo ataques de «bandera falsa» contra infraestructuras críticas de la región báltica, según declaró el 6 de agosto el ministro de Defensa del país, Robert Kaunas, al medio de comunicación local 15min. Esta declaración se produce después de que los incidentes e incursiones con drones en los tres Estados bálticos --tanto de drones ucranianos de ataque a larga distancia como de drones rusos operados por Ucrania-- hayan aumentado las tensiones en la región", escribía el jueves The Kyiv Independent haciendo referencia a la prensa de Lituania, uno de los países que, junto a sus vecinos bálticos y Polonia, más ha presionado por conseguir una mayor asistencia militar a Ucrania, su admisión en la OTAN y la guerra eterna contra Rusia librada, por supuesto, por sus aliados de la retaguardia.

Lituania, cuyo presidente trató de moderar al día siguiente el peligro insistiendo en que "existen ciertas amenazas", pero "el Estado está preparando y llevando a cabo su labor discretamente. No lo explicamos todo porque no queremos que los Estados vecinos hostiles sepan demasiado", utiliza periódicamente la amenaza rusa para agitar el avispero, exista o no amenaza alguna. Es más, los drones que Lituania utiliza para exagerar la amenaza de Moscú no son rusos, sino ucranianos, algo que Kiev nunca ha explicado realmente.

Pero, por si acaso, el ministro de Defensa de Lituania alegó también la posibilidad de una operación de "falsa bandera" rusa en los países bálticos o Polonia con el objetivo de probar las defensas de la OTAN y tratar de culpar a Ucrania. Esta excusa, la de la falsa bandera, es ideal para que ni Ucrania ni sus países vecinos tengan que explicar por qué aeronaves no tripuladas ucranianas se acercan peligrosamente o directamente utilizan espacio aéreo de la UE para sus ataques contra Rusia. Cualquier ataque ucraniano que resulte incómodo de explicar es siempre calificado de ser un ataque ruso.

La histeria báltica ha sido una constante que se ha repetido periódicamente, escalando la supuesta amenaza a medida que la guerra se endurecía en Ucrania. Esta semana, a Lituania se ha unido EEUU o, al menos, sus servicios de inteligencia, su Estado profundo. "Los servicios de inteligencia estadounidenses concluyen que Putin podría poner a prueba la determinación de la OTAN con una incursión limitada. La nueva evaluación actualiza las previsiones anteriores, según las cuales el líder ruso no provocaría a la alianza durante la guerra de Ucrania", sentencia esta semana The Wall Street Journal en un artículo cuyas fuentes principales son una inteligencia que siempre ha abogado por la guerra y think-tanks especializados en justificar escaladas políticas o militares.

"El presidente ruso, Vladímir Putin, podría intentar poner a prueba la determinación de la OTAN con un ataque limitado contra un país aliado en los próximos años, según nuevos informes de los servicios de inteligencia estadounidenses que plantean posibles escenarios que van desde un ciberataque hasta una incursión terrestre a pequeña escala", afirma el medio, que explica que "hasta ahora, EEUU había valorado que Putin no provocaría a ningún país de la OTAN mientras siguiera combatiendo en Ucrania. Sin embargo, esa valoración cambió a principios de este año, según afirmaron los funcionarios estadounidenses, ya que Putin se ve acorralado en Ucrania y sometido a presión en su propio país para asegurar una victoria. Los drones de Kiev están causando daños cada vez mayores tanto al ejército ruso como a la industria petrolera, mientras que las fuerzas de Putin están logrando avances menores en el frente, en medio de numerosas bajas".

La base sobre la que se sustenta esta supuesta amenaza es el mismo discurso triunfalista de Ucrania, que sirve tanto para afirmar --contra toda evidencia-- que Rusia está al borde del colapso como para insistir en que está a punto de iniciar una guerra contra la OTAN.

El momento en el que la inteligencia y los think-tanks más beligerantes de EEUU insisten en la amenaza rusa no parece casual. "Estas evaluaciones, descritas por funcionarios estadounidenses, se producen en un contexto de escasez de ciertas municiones críticas que las Fuerzas Armadas necesitarían para enfrentarse a Rusia o China en una posible guerra futura. EEUU ha reducido drásticamente sus reservas de estas armas debido a los envíos a Ucrania tras la invasión rusa, así como al conflicto de EEUU con Irán. Entre las reservas en riesgo se encuentran los misiles de ataque de precisión de largo alcance y los sistemas de misiles tácticos del Ejército, así como los misiles tierra-aire Stinger de corto alcance, según indicaron otros oficiales", afirma The Wall Street Journal.

El empeoramiento de la guerra no solo es un argumento para que Zelensky exija aún más asistencia militar y para que los países europeos justifiquen el rearme y la remilitarización. La amenaza fantasma de Rusia contra la OTAN sirve también para que los think-tanks y la CIA hagan lobby para aumentar la producción de su complejo militar-industrial y reponga los arsenales vaciados por la guerra de Trump contra Irán.

 

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