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22/10/2021 :: Argentina

Los grandes capitalistas argentinos tienen "IDEA"

x Daniel Campione
Se celebró esta semana el coloquio anual del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), una reunión en la que los empresarios "reflexionan"

Supuestamente acerca de la realidad económica, social y política. En realidad, buena parte del tiempo lo dedican a exposiciones públicas o a declaraciones off the record en los pasillos del encuentro; en ambos campos para presionar a favor de sus intereses. Los clamores por la “libertad de precios”, y la queja por los diversos “cepos” ocuparon lugar de privilegio en las demandas de coyuntura.

El anuncio de acuerdo o en su defecto imposición de un congelamiento de precios por parte del recién asumido secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti [que ya se puso en marcha, con el congelamiento de precios de casi 1500 productos durante 90 días], fue objeto de airados repudios. Manifestaciones infaltables ante cualquier indicio de controles de ese tipo se repitieron durante las reuniones. Incluido el lugar común con aspavientos de erudición histórica que remonta al edicto del emperador Diocleciano, en el siglo IV de nuestra era, el fracaso de los controles de precios. También se escucharon allí las demandas contra el “atraso cambiario”, con los consabidos augurios acerca de una inevitable devaluación.

La ofensiva permanente contra el derecho laboral y cualquier “intromisión” sindical o estatal en el manejo de las empresas tuvo un lugar central. Máxime cuando el evento fue puesto bajo la advocación de la “creación de empleo” tema al que se dedicaron varios discursos y mesas redondas.

Aunque ya no se use tanto el término, la “flexibilización laboral” adquirió vasta presencia en las deliberaciones. Entre los pedidos destacó el de un “régimen laboral de emergencia”, que incluiría las recetas de siempre: Liberalizar y disminuir el costo de los despidos, la reducción de los aportes patronales y medidas que vayan en contra de la llamada “industria del juicio”.

En los distintos discursos e intervenciones, no faltó el tema laboral de moda, que campeó incluso en el mensaje que amablemente envió el papa Francisco I: El reemplazo de los planes sociales por “trabajo genuino”. Esa expresión de deseos va casi siempre acompañada por la exhortación a revalorizar el “esfuerzo”, forma sutil de incitar a trabajadoras y trabajadores a que acepten la superexplotación y las jornadas interminables. Un presente penoso que enfila a un supuesto “futuro mejor”.

En palabras de Paula Altavilla, que presidió el evento de IDEA: “Necesitamos simplificar la contratación de personas y reducir la incertidumbre para desvincularlas si no les va bien. Tienen que poder evitar el riesgo de la litigiosidad, que en la Argentina es altísimo. Todos los frenos a la salida son frenos al ingreso del trabajo.” Traducido al castellano habitual: Déjennos primero despedir a las trabajadoras y trabajadores en el momento y la cantidad que queramos, y después veremos si se toman nuevos empleados.

Asimismo se insistió sobre la necesidad de llegar a un rápido acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), un supuesto requisito para generar “confianza” entre los inversores. La imposición por el organismo internacional de una férrea política de ajuste alumbra las esperanzas empresariales, siempre abiertas a la reducción del empleo público y a la baja de las prestaciones previsionales [y de los impuestos bajísimos que pagan].

Este año el cónclave estuvo teñido por el reciente resultado de las primarias, con la derrota del gobierno “populista”. Lo que oficia de estímulo para las expectativas futuras de los capitalistas. Paladean por anticipado un nuevo fracaso oficialista en las generales. Tal circunstancia podría ampliar la eficacia de sus presiones contra un gobierno debilitado.

Y preanunciar el regreso triunfal de la oposición de derecha, dispuesta a impulsar sin ningún tapujo la política de máxima del gran capital. A la hora de poner de manifiesto las preferencias políticas, hay coincidencia en que la intervención de José Luis Espert [economista de ultraderecha, estanciero y amigo de narcos] se llevó los aplausos más nutridos por parte de los empresarios y ejecutivos asistentes.

Este 57º Coloquio de IDEA se engalanó con la presencia y discurso del presidente de la Nación. Más allá de las ideas vertidas en su intervención, su sola asistencia tiene un peso simbólico no desdeñable. Durante el período presidencial de Néstor Kirchner y los dos de Cristina Fernández los primeros magistrados no asistieron nunca al festival anual de reclamos empresarios. El actual presidente prefirió mostrarse como “hombre de diálogo” y diferenciarse una vez más, siempre para peor, de sus predecesores peronistas más recientes.

La semana del gran encuentro empresarial estuvo acompañada de algún movimiento “desde abajo” de esos que hace fruncir las narices a los grandes burgueses. El jueves 14 fue ocasión de una gran movilización piquetera, de alcance nacional y con cortes en muchas vías de acceso a la ciudad de Buenos Aires (https://lahaine.org/dO0r). El panorama se completó el domingo, con una rememoración del 17 de octubre [fecha histórica del peronismo] en Plaza de Mayo, que tuvo lugar pese a las reticencias de los “moderados” que intentaron suspenderla.

Al menos una parte de los organizadores y con certeza un amplio sector de los concurrentes al acto del 17 fueron enarbolando el “no pago de la deuda”. Eso en simultáneo con las afiebradas tratativas en EEUU para el arreglo con el FMI del ministro de Economía, Martín Guzmán, respaldado de apuro por el jefe de Gabinete, Juan Manzur. Los manifestantes lo hicieron con la expresión al mismo tiempo de su apoyo al gobierno. ¿Contradicción? Sin duda, pero las hay fecundas y de consecuencias auspiciosas.

Demostraciones adicionales, a los ojos empresariales, de que las clases populares en Argentina insisten en llevar adelante la “lucha de calles”. Más de un dueño o CEO maldice vivir en este país endemoniado donde las mayorías insisten en sabotear el “buen clima de negocios” y perseveran en responsabilizar a los grandes capitalistas de al menos una parte de sus desventuras.

El de ser un “país normal” parece no ser aún el destino de Argentina, pese a la buena voluntad de los gobernantes frente a los dictados del poder económico. Los de abajo, de un modo u otro, se las ingenian para aguarles la fiesta.

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