Los medios, la desinformación y la guerra contra Irán

Esta famosa frase, atribuida a Joseph Goebbels, ministro de Información de Alemania, fue pronunciada hace más de ochenta años durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en muchos sentidos todavía parece resonar en algunas redacciones modernas.
La guerra entre Irán y la coalición Estados Unidos–Israel en 2026 no solo ha creado una gran crisis geopolítica; también ha demostrado una vez más que, en tiempos de guerra, las narrativas mediáticas pueden moldear la opinión pública mundial casi con la misma fuerza que los misiles y los drones. Un examen más detenido de cómo se ha cubierto el conflicto revela cómo la elección de palabras, los titulares, el énfasis selectivo y la omisión de ciertos detalles pueden construir una realidad que difiere significativamente de los hechos sobre el terreno.
Uno de los patrones más visibles en la cobertura en tiempos de guerra se refiere a cómo se describen las víctimas civiles. En muchos informes de medios occidentales, cuando mueren iraníes, la parte responsable suele presentarse de forma vaga o incluso omitirse por completo. Sin embargo, cuando mueren israelíes, el responsable suele identificarse de inmediato y con certeza.
Un ejemplo llamativo de este patrón surgió tras el ataque estadounidense contra la ciudad iraní de Minab, en el sur del país. Según los informes, al menos 175 personas murieron en el bombardeo, muchas de ellas niñas escolares. A pesar de la disponibilidad de numerosas imágenes y testimonios locales, la tragedia recibió una atención mínima en muchos de los principales medios occidentales. En algunos casos, se mencionó solo brevemente y se atribuyó a “medios estatales iraníes”, una expresión que implícitamente pone en duda la credibilidad de la información. En cambio, los críticos argumentan que si un incidente similar hubiera ocurrido en Israel, la cobertura probablemente habría sido muy distinta: titulares de portada, entrevistas extensas con las familias, reportajes humanos detallados y atención internacional sostenida.
Otro ejemplo ocurrió el segundo día de la guerra, cuando Estados Unidos anunció que había perdido tres de sus cazas. La explicación oficial afirmó que los aviones habían sido derribados por “fuego amigo” procedente de Kuwait. Sin embargo, varios analistas militares independientes cuestionaron la plausibilidad de esta versión, señalando que los tres incidentes ocurrieron en momentos y lugares distintos. A pesar de estas dudas, el tema recibió un seguimiento limitado en muchos grandes medios occidentales y rápidamente desapareció del ciclo informativo.
El lenguaje en sí mismo también desempeña un papel poderoso en la forma en que se percibe la guerra. Muchas organizaciones mediáticas occidentales recurren a terminología que suaviza la realidad de la violencia. Por ejemplo, la expresión “neutralizar” o “eliminar” a menudo se utiliza en lugar de palabras como “matar” o “asesinar”. Del mismo modo, el término “decapitar” se usa con frecuencia para describir la eliminación de líderes políticos o militares. Aunque literalmente se refiere a cortar la cabeza, en el contexto del periodismo moderno suele sonar más como un término técnico de gestión que como un acto de fuerza letal.
Otra expresión común es “boots on the ground” (“botas sobre el terreno”). A primera vista suena inocua, pero en realidad se refiere al despliegue de soldados en una zona de combate. El uso de este tipo de lenguaje puede hacer que las duras realidades de la guerra parezcan más abstractas y lejanas para el público.
Estas elecciones lingüísticas no son meramente estilísticas. Influyen en cómo el público interpreta emocionalmente los acontecimientos. Las palabras que suavizan o burocratizan la violencia pueden hacer que las acciones militares parezcan más controladas, racionales o incluso inevitables.
Ejemplos concretos de estos patrones aparecen en múltiples informes de noticias. En la cobertura de un ataque iraní contra la ciudad israelí de Beit Shemesh, una cadena de televisión describió el evento con un lenguaje dramático, declarando: “Así es como se ve la furia de Irán”. El corresponsal continuó describiendo la destrucción de una escuela, una sinagoga y viviendas cercanas.
Sin embargo, los críticos han planteado una pregunta importante: ¿se utiliza el mismo lenguaje emocionalmente cargado cuando se informan ataques israelíes contra objetivos civiles en la Franja de Gaza? ¿Los titulares describen esos incidentes como “historias de horror”, o recurren a una terminología más neutral?
El encuadre de los titulares ofrece otro ejemplo revelador. Cuando Irán es el objetivo de un ataque, los titulares de algunos periódicos occidentales comienzan con frecuencia con frases como “Irán dice” o “medios estatales iraníes informan”. Sin embargo, cuando Irán lanza un ataque, los mismos medios suelen describir los hechos con un lenguaje definitivo y con adjetivos como “devastador” o “letal”.
En otro segmento televisivo, un reportero describió la campaña militar afirmando que Estados Unidos e Israel estaban intentando “cambiar Irán”. Esa formulación presenta un asalto militar a gran escala como si fuera un proyecto de reforma política: un intento de mejorar un país en lugar de una operación violenta contra él.
De manera similar, expresiones como “ataque selectivo” o “ataque de precisión” se utilizan con frecuencia para describir bombardeos aéreos. Estos términos sugieren operaciones cuidadosamente controladas con un daño colateral mínimo, incluso cuando los informes indican víctimas civiles.
Durante las últimas décadas, las narrativas mediáticas occidentales han desempeñado un papel importante en la formación de la percepción global de Irán. Etiquetas como “Estado rebelde”, “régimen terrorista”, “amenaza existencial” y “el mayor patrocinador del terrorismo del mundo” han aparecido repetidamente en comentarios políticos y cobertura informativa.
Estas etiquetas funcionan como algo más que simples descripciones. Crean un marco cognitivo en el que la acción militar contra Irán puede interpretarse como defensiva o preventiva. Si un país se presenta de forma constante como singularmente peligroso o irracional, entonces las políticas agresivas hacia él pueden parecer más justificadas para el público internacional.
En algunos círculos políticos de Estados Unidos e Israel, incluso se ha introducido imaginería religiosa en el debate. Términos como “Armagedón” se han invocado ocasionalmente para describir lo que está en juego en el conflicto. Este tipo de lenguaje transforma una disputa geopolítica en algo que se asemeja a una lucha civilizatoria o incluso apocalíptica.
Otra expresión recurrente en los debates políticos es “influencia maligna”, utilizada a menudo para caracterizar las actividades regionales de Irán. La frase sugiere una amenaza amplia y siniestra sin especificar siempre acciones concretas o pruebas. Como resultado, puede generar una sensación general de peligro que es difícil de definir pero fácil de condenar.
Al mismo tiempo, los informes de periodistas dentro de Irán a veces presentan una imagen distinta de la que transmiten muchos titulares internacionales. Mientras que algunos medios occidentales han descrito un pánico generalizado dentro del país, ciertos relatos sobre el terreno sugieren que la vida cotidiana en muchas ciudades continúa con relativa normalidad. Los mercados permanecen abiertos, los cafés están llenos y las gasolineras operan sin colas inusualmente largas.
Un corresponsal internacional que informaba desde dentro del país señaló que había poca evidencia visible de histeria masiva. Observaciones como estas ponen de relieve la posible brecha entre las narrativas mediáticas dominantes y las complejas realidades que viven las personas sobre el terreno.
Además de que la vida cotidiana continúa, también se han producido grandes concentraciones públicas en varias ciudades iraníes. Se han informado manifestaciones en Teherán, Isfahán, Shiraz y Mashhad. Según diversos informes, miles de personas participaron en concentraciones para protestar contra los ataques extranjeros y expresar su apoyo a la soberanía nacional.
Estas concentraciones a menudo se describen brevemente —o a veces se ignoran— en la cobertura occidental. Cuando se mencionan, con frecuencia se caracterizan simplemente como “manifestaciones organizadas por el Estado”, sin explorar en profundidad las motivaciones o los antecedentes de los participantes.
Para muchos analistas, los patrones mediáticos observados en este conflicto se asemejan a los vistos en guerras anteriores. Durante la guerra de Vietnam, pasaron años antes de que muchas de las realidades sobre el terreno contradijeran las narrativas presentadas en declaraciones oficiales y en la cobertura informativa inicial. Debates similares surgieron durante las guerras de Afganistán e Irak, cuando el encuadre mediático inicial fue posteriormente reevaluado por periodistas e historiadores.
En cada uno de estos conflictos, los medios de comunicación desempeñaron un papel crucial en la formación de la opinión pública y en la legitimación de las políticas gubernamentales.
En última instancia, la guerra entre Irán y la coalición Estados Unidos–Israel no es solo una confrontación militar; también es una batalla de narrativas. La selección de palabras, imágenes, titulares y fuentes puede influir profundamente en la forma en que el público mundial interpreta los acontecimientos.
Como sugiere la famosa frase atribuida a Joseph Goebbels, la repetición puede transformar una narrativa en algo ampliamente aceptado como verdad. Sin embargo, en el entorno informativo actual —donde noticias, imágenes y comentarios circulan rápidamente desde múltiples fuentes— el público tiene más oportunidades que nunca para comparar perspectivas y cuestionar las narrativas dominantes.
Por esa razón, quizá la responsabilidad más importante del periodismo en tiempos de guerra no sea simplemente repetir las historias establecidas, sino examinarlas críticamente y buscar una comprensión más completa de los acontecimientos: una comprensión que, a menudo, es más compleja y matizada de lo que aparece en los titulares.
Traducido del inglés por La Haine
Fuente: Teheran Times







