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Medio Oriente :: 11/06/2013

Maniobras y protestas en Turquía

Txente Rekondo
Erdogan ha dado un giro absoluto, pasando de su alianza con el gobierno de Al Assad a ser un sustento clave para los terroristas que llegan a Siria

Estos días se suceden las protestas y enfrentamientos en Turquía. Lo que comenzó siendo una reivindicación social en defensa de un parque se ha convertido en una sucesión de acontecimientos que algunos interesadamente quieren presentar como “la primavera turca”, pero que sí se presenta como la primera crisis seria que afronta el gobernante AKP y su líder Erdogan en estos últimos años.

En estos algo más de once años, el gobernante AKP ha ido dando pasos que ha transformado en cierta manera el panorama de Turquía, lo que representaría la cara de la moneda. Durante su primer mandato puso en marcha algunas reformas (relaciones militares-civiles, derechos minorías) para afrontar las condiciones en busca de una acceso a la Unión Europea, y sobre todo aumentó a través de diversas medidas el peso del poder legislativo y ejecutivo frente a los todopoderosos militares turcos y sus aliados de la burocracia del status quo.

En las elecciones de 2007 logró un mayor apoyo electoral y continúo con las reformas, al tiempo que inició algunos juicios contra maniobras golpistas militares. En 2010 puso en marcha una reforma constitucional para restringir la influencia de la judicatura sobre los poderes públicos (respaldada mayoritariamente en las urnas), y en 2011 logrará el apoyo del 50% de los votantes en la nueva cita electoral.

A todo ello se une el importante crecimiento económico (eso sí, una realidad muy descompensada socialmente), la firmeza ante las maniobras involucionistas de miembros del anterior aparto estatal (apertura de los casos Ergenekon y Balyuz), y el inicio del proceso para solucionar de manera negociada el conflicto con el pueblo kurdo.

Sin embargo, algunos también apuntan a lo que sería la otra cara de la moneda de este tiempo. Por un lado el AKP ha desarrollado un proceso de restructuración neoliberal. Hasta ahora mediante ciertos equilibrios, implementando algunas medidas neoliberales al tiempo que extendía el estado de bienestar, sobre todo en educación y sanidad, a grandes sectores de la sociedad.

Algunos ejemplos son los proyectos de plantas hidroeléctricas, a las que se oponen las poblaciones locales y con altos costes medioambientales; el negocio del ladrillo-construcción, como los barrios de Tarlabasi o Sulukule, donde se ha expulsado a sus habitantes, realojándolos a kilómetros de la ciudad y en su lugar construyendo apartamentos y viviendas más caras; o los megaproyectos como el tercer puente sobre el Bósforo (cuyo nombre genera el rechazo de la minoría aleví), el mayor aeropuerto de Europa o el canal para conectar los mares Mármara y Negro.

En segundo lugar encontramos las políticas socialmente conservadoras y con fuerte carga religiosa. La reforma educativa, donde se ha dado un mayor peso a las clases de religión, las restricciones en torno a la venta de alcohol, o el anuncio en el metro de Ankara contra los “besos en público”, son medidas que han recabado el rechazo de importantes sectores de la población.

Y en tercer lugar está la política exterior, sobre todo en torno a Iraq y más recientemente a Siria, donde ha dado un giro absoluto, pasando de su alianza con el gobierno de Al Assad a ser un sustento clave para los elementos jihadistas que llegan a Siria y para el paso de armas a éstos. Esta muestra de apoyo a la oposición sunita siria no ha sido bien recibida por alevís o kurdos, como tampoco por otros sectores no sunitas del país.

La imagen de las protestas ha mostrado una inimaginable unión entre diferentes sectores. Desde movimientos ecologistas, defensores de los derechos de gays y lesbianas, pasando por simpatizantes y militantes de las dos fuerzas políticas de la oposición, el CHP y el MHP, y miembros de organizaciones sindicales y de la izquierda extraparlamentaria y de las minorías kurda y aleví, incluso hay quien afirma que entre los manifestantes hay un número importante de simpatizantes del propio AKP. Lo que les une a todas esa fuerzas es su rechazo al primer ministro, Recep Tayyip Erdogan.

Sin embargo una visión más detallada de esa fotografía nos permite percibir con más nitidez la realidad opositora. La debilidad manifiesta de los dos principales partidos opositores para articular un apoyo electoral es un factor que juega a favor del AKP y del propio Erdogan. Pero sobre todo se observa una clara división entre los sectores que temen que Turquía se convierta en “un nuevo Irán” (el peso de la religión) y que rechazan además el proceso iniciado con los representantes del pueblo kurdo (temor a la ruptura de “la unidad” del país), y aquellos sectores, kurdos y de izquierda sobre todo, que están preocupados por la represión que ha ido en aumento en los últimos meses, con decenas de detenciones, juicios y persecuciones políticas.

Pero Erdogan cuenta también con otros enemigos, más allá de lo que él ha definido como “kaymak tabaka”, las clases medias-altas, “la crème de la crème”. Nos referimos a EEUU y a sectores del propio AKP. Ha sorprendido a algunos observadores la reacción de Washington, con un ataque dialéctico de John Kerry y con la publicación en pocos días de al menos seis comunicados muy críticos con Erdogan.

El doble rasero de EEUU y de la propia UE no han pasado desapercibidos. Cuando desde Washington o Bruselas se dice “que las protestas son acciones pacíficas de ciudadanos respetuosos con la ley ejerciendo el derecho a la libertad de expresión” o que se “muestra su preocupación por la respuesta del gobierno” (la policía siempre ha sido brutal, sobre todo cuando el estado identifica a sus propios ciudadanos como una amenaza) y esperando que “Ankara respete los derechos de sus ciudadanos”, muchos se acuerdan de la actitud de esos actores ante lo que acontece en Bahrein o Grecia, por ejemplo.

El otro frente contra Erdogan se encuentra en torno al poderoso movimiento de Fetullah Gulen, que ante la llamada “troika del AKP” o “padres fundadores”(el presidente Gül, el viceprimer-ministro Arinç y el primer ministro Erdogan) apuesta claramente por los dos primeros, mientras que rechaza al último. En estos días las críticas y ataques contra Erdogan se han sucedido desde este sector y desde algunos de sus poderoso medios de comunicación.

Mientras que este movimiento rechaza el proceso iniciado con el pueblo kurdo, EEUU observa con preocupación el camino “incontrolable” de Erdogan en política exterior (Siria, apoyo al sur del Kurdistán, relaciones con Hamas y hermanos Musulmanes o su rechazo a la política de Israel). Ambos protagonistas buscan debilitar al actual primer ministro turco, erosionando su legitimidad a los ojos de la población, presentando al mismo como “un dictador”, un “sultán moderno”.

La percepciones en ocasiones no son la realidad, y en el caso de Turquía se ha incrementado estos días. Los deseos de que esta protesta se transforme en una especie de “primavera turca”, de momento no son más que deseos, a pesar de esos intentos por presentar a Erdogan como una figura similar a Mubarak, sin apoyo popular y por tanto vulnerable a las protestas y manifestaciones populares.

En ese sentido son penosos los intentos por presentar la actual Turquía como una realidad que “necesita ser salvada” de las manos de un dictador, utilizando para ello todo un abanico de distorsiones y mentiras informativas. Como señala un periodista turco, “¿es razonable pensar que estamos ante una revolución contra un gobierno que ha introducido reformas para facilitar el acceso a al UE, que busca un acuerdo con los kurdos, que ha recortado la tutela y el poder de los militares, iniciando investigaciones y juicios sobre diversos intentos golpistas o la red Gladio turca?”.

Desde sectores próximos a Erdogan se argumenta que los intentos del dirigente turco para acabar con lo que ellos definen como “régimen burocrático de tutelaje” cuenta con importantes detractores, teniendo en cuenta además que la oligarquía kemalista todavía conserva espacios de poder en el país. Estos defensores del anterior 'status quo' estarían intentando aprovechar las actuales protestas para debilitar y desgastar a Erdogan y al AKP, todo ello con la vista puesta en las próximas elecciones municipales, y sobre todo intentan poner fin al “süreç” o “proceso” kurdo, y evitar que se redacte y apruebe una nueva Constitución.

A pesar de que ha sido capaz de unir a diferentes sectores e intereses, otrora enfrentados, en contra suyo, es demasiado pronto para enterrar a Erdogan. Hay quien afirma que una gestión hábil por parte de éste de la actual crisis puede permitirle salir reforzado de la misma.

Además, y a pesar de las tensiones internas y externas, y al “cansancio” de tantos años en el gobierno, el AKP sigue siendo la principal fuerza política del país, algo que facilita también la debilidad de la oposición parlamentaria.

En los próximos meses la atención en Turquía estará centrada por las dinámicas domésticas y por el desarrollo de los acontecimientos en la región (sobre todo en Iraq y Siria). El crecimiento económico puede seguir dándose, pero al mismo tiempo las diferencias también se acentuarán, ya que no se reparte los beneficios del citado crecimiento de manera igual para los sectores de la población. El acuerdo de paz con el pueblo kurdo deberá sortear importantes obstáculos (los enemigos del mismo son poderos), como lo demuestra el reciente enfrentamiento en Sirnak, el primero desde el alto el fuego, pero que a pesar de todo puede llegar a fructificar.

Y serán clave, sobre todo, las próximas citas con las urnas, las elecciones locales en otoño de este año, el referéndum para aprobar una nueva constitución en el 2014 y las elecciones generales previstas para el 2015.

La polarización y las divisiones han marcado la política turca en las últimas décadas, unido a la desinformación, los rumores, los discursos de odio y las teorías conspirativas. El proyecto del AKP, otrora un modelo para exportar a otros países musulmanes (compaginando una mayoría musulmana con una democracia secular), parece que ya no es del gusto de determinados actores internacionales.

Pero por otra parte, el actual matrimonio de conveniencia entre sectores populares de izquierda (cuyas banderas y pancartas protagonizan algunas marchas de estos días), kurdos (desconfiados ante la presencia cada vez mayor de banderas turcas), de seguidores de equipos de fútbol (en ocasiones rondando el hooliganismo), de partidarios de la intervención militar o de los sectores del chauvinismo turco, no es suficiente para poder presentar el devenir de los acontecimientos como la antesala de la “primavera turca”, ni tan siquiera de un “verano turco”.

Las protestas se extienden a Europa

La importante comunidad turca en Londres también ha salido a la calle estos días. En la céntrica plaza de Trafalgar Square se vienen manifestando decenas de turcos en contra del primer ministro Erdogan y del AKP. Banderas de sindicatos turcos o de organizaciones de izquierda comparten espacio con banderas turcas y de algunos clubs de fútbol de aquél país.

El microcosmos de esa comunidad es un reflejo también de lo que se vive en Turquía. En opinión de un periodista turco residente en Londres, a día de hoy dentro de ese espacio encontramos al menos seis grupos. Los que apoyan la política del gobierno y a su primer ministro, que no se manifiestan, y que con su silencio aprueban su labor; los que apoyan al actual gobierno no por motivos políticos o religiosos, sino por el auge económico; los que apoyan a la oposición parlamentaria; la minoría aleví, que mira con preocupación al papel en Siria; los kurdos del norte, que están preocupados por el devenir del proceso y por la aparición masiva de banderas turcas en las protestas; y también aquellos sectores que rechazan los ataques contra las libertades que estaría cometiendo el AKP.

Del medio millón aproximado de personas de origen turco y de Kurdistán del norte que residen en Gran Bretaña, cerca de un tercio apoyaría a día de hoy al actual gobierno del AKP. Algunos llegaron por motivos económicos, y otros por motivos políticos, sobre todo los kurdos, lo que también se refleja en la diversidad religiosa y étnica de estos sectores.

* Analista Internacional
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