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20/08/2018 :: Argentina, Pensamiento

Mariátegui según Aricó: en busca del marxismo latinoamericano

x Juan Dal Maso
A 90 años de los '7 Ensayos' de Mariátegui, un repaso de sus posiciones y el rescate que hiciera de ellas José Aricó, referente de los “gramscianos argentinos”

Mariátegui fue para José Aricó un punto de referencia destacado en su indagación sobre la relación del marxismo con América Latina. Ya desde muy joven (1959) se había encontrado con los escritos de Mariátegui, a quien veía posible entender trazando un paralelismo con Antonio Gramsci [1]. Durante el exilio mexicano publicó el volumen Mariátegui y los orígenes de marxismo latinoamericano, una minuciosa selección de textos precedida de un estudio introductorio −al que nos referiremos mayormente en este artículo− en el que trazaba una serie de coordenadas de lectura, sobre las que volvería luego en posteriores artículos y entrevistas. En 1980 organizó en Sinaloa el seminario “Mariátegui y la revolución latinoamericana”, en el que participaron los principales investigadores de la obra de Mariátegui como Robert Paris, Alberto Flores Galindo y otros.

Los paralelismos entre Gramsci y Mariátegui, destacados por Aricó, son conocidos. Mariátegui se introdujo en el marxismo a través del clima de ideas de la Italia de la primera posguerra, compartiendo con el joven Gramsci una lectura del marxismo mediatizada por el historicismo crociano y por Sorel, contraria a la lectura gradualista y positivista predominante en líneas generales en la Segunda Internacional. Mientras Gramsci dio cuenta de la “cuestión meridional”, Mariátegui pensó “el problema del indio”. Ambos buscaron desarrollar una perspectiva marxista que pudiera comprender la especificidad de sus respectivos marcos nacionales, sin por eso dejar de lado la reflexión sobre problemas internacionales. Ambos dialogaron con los exponentes de la “cultura burguesa” como forma de revitalizar la tradición marxista. Por último, Mariátegui se inspiró en el análisis del Risorgimento de Piero Gobetti, crociano de izquierda y firme colaborador de L’Ordine Nuovo, para pensar las limitaciones históricas de la conformación de la República peruana y su política de exclusión sistemática de las masas indígenas de la vida pública.

Traducción y Nación

El interés de Mariátegui por recrear el marxismo en un análisis histórico concreto de la realidad nacional, hacía de él un traductor en términos gramscianos, lo cual se expresó en sus originales tentativas de intervención teórica y política, que se podrían sintetizar en el título de su obra más conocida: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.

Luego de su muerte en 1930, el modo de en que apristas y stalinistas trataron su legado resultó significativo de la incomodidad que produjo en unos y otros, lo cual destacaba con acierto Aricó en su estudio preliminar a Mariátegui y los orígenes.... Retratado por los apristas como un “bolchevique d’annuziano” que había realizado análisis inteligentes, pero no había sido un hombre de acción y considerado como el representante de una “desviación pequeñoburguesa” por el secretario general del PC peruano Eudocio Ravines, fue catalogado como “populista” por el historiador soviético Mirosheviski en 1941 [2].

Esta caracterización no tenía nada de inocente y según Aricó, después de “trotskista”, “populista” era el peor adjetivo con que los stalinistas podían etiquetar a sus adversarios en los años ‘30 y ‘40 en la URSS, ya que el término aludía a quienes en Rusia habían apostado a la conjunción de la acción terrorista y la revuelta campesina, por las que Stalin no tenía ninguna simpatía, mucho menos después de las colectivizaciones forzosas desde 1928, que implicaron choques muy violentos con el campesinado y una crisis en el campo, por la resistencia pasiva que dejaba los campos sin trabajar y la pérdida de millones de animales.

Por el contrario, para Aricó, la sensibilidad de Mariátegui hacia la cuestión indígena era una de las claves de su aporte a la comprensión de la realidad peruana como a la puesta en pie de un marxismo latinoamericano. Al identificar el problema del indio como el problema de la tierra, no resuelto sino agravado por el paso de la colonia a la República y al identificar en la comunidad campesina indígena un punto de apoyo para el socialismo, Mariátegui había encontrado la vía para la constitución de un movimiento socialista en clave nacional-popular a diferencia de la política de la Internacional Comunista.

Mariátegui y el APRA

Desde su vuelta de Europa a Perú en 1923, Mariátegui había colaborado con el movimiento estudiantil, se aboca a la organización del movimiento obrero, con la fundación de la CGTP y busca mediante Amauta agrupar a la intelectualidad revolucionaria, uniendo las posiciones marxistas, antimperialistas e indigenistas y Labor era la publicación que apuntalaba el trabajo de organización en el movimiento obrero. También apoyaba al movimiento feminista, señalando su importancia. Desde esa óptica participa del APRA en tanto este se manifestaba como un movimiento de vanguardia sin una posición definida en términos estratégicos, que para Mariátegui debía ser el resultado de una suerte de decantación y no una definición a priori, en base sobre todo a la debilidad de la izquierda en Perú (“somos demasiado pocos para dividirnos” había señalado en su intervención el 1 de Mayo de 1924 [3]).

Aricó sugiere que la ruptura entre Mariátegui y Haya de la Torre fue inducida por la Tercera Internacional que habría ejercido presión sobre Mariátegui. Sin embargo, esta lectura subestima el peso que en la ruptura tuvo la propia posición de Haya de la Torre. Cuando Aricó destaca que la ruptura se precipitó porque Haya quería transformar al APRA en un partido diferenciado de los marxistas, olvida precisar que Haya de la Torre proponía conformar un “Kuomintang latinoamericano”, es decir un partido nacionalista burgués hecho y derecho, que por otra parte había utilizado a los comunistas chinos como carbón para sus locomotoras después de la insurrección de Shangai. En este sentido, la ruptura entre Mariátegui y Haya de la Torre estaba más que justificada por los propios posicionamientos de éste último. Pero sobre todo, la lectura de una ruptura precipitada por presión de la Comintern es contradictoria con lo que Aricó reivindica de Mariátegui, que es su pensamiento original, el cual lo llevó a identificar la comunidad indígena como punto de apoyo para la lucha por el socialismo. Mientras Haya oponía antimperialismo y socialismo, para Mariátegui eran inseparables. En esta diferencia de fondo radica la profundidad de la ruptura. Y este posicionamiento de Mariátegui chocaba también con la línea de la Comintern, como veremos a continuación.

La Conferencia Comunista Latinoamericana: choque de civilizaciones

Los vínculos efectivos de Mariátegui con la Comintern fueron tardíos, recién en marzo de 1928 había recibido la invitación para participar en el congreso de la Internacional Sindical Roja, donde Julio Portocarrero, delegado del grupo fundacional del PS del Perú, se había negado a firmar un repudio contra Andreu Nin (en ese momento integrante de la Oposición de Izquierda), por conocer solamente la versión oficial del asunto. Tampoco aceptó votar una condena del APRA porque recién se estaba dando la polémica en el Perú.

Ya constituido el PS peruano en noviembre de 1928, la primera Conferencia Comunista Latinoamericana se realizó en junio de 1929 en Buenos Aires bajo la dirección de Jules Humbert-Drodz y Vittorio Codovilla, quien luego se destacaría en la organización de la represión de anarquistas, trotskistas y poumistas en la guerra civil española, fiel ejecutor de la política stalinista, fuera cual fuese. No podía sorprender, como dice Alberto Flores Galindo, que este individuo no pudiera soportar la presencia de los términos “ensayo” y “realidad peruana” en una misma oración.

La delegación peruana, integrada por Julio Portocarrero y Hugo Pesce, presentó los documentos “El problema de las razas en América Latina” y “Punto de vista anti-imperialista”, elaborados en conjunto con Mariátegui.

De las polémicas que se dieron, destacaremos la caracterización del imperialismo y la estructura económica latinoamericana. La posición oficial señalaba que el imperialismo mantenía una estructura feudal. Hugo Pesce explicaba, en acuerdo con la lectura de Mariátegui, que la penetración imperialista había dado lugar a un proceso de desarrollo contradictorio en el que ciertos avances del capitalismo se combinaban con formas feudales, por ejemplo en las haciendas andinas.

Otro de los puntos planteados por la delegación peruana fue la importancia de la comunidad indígena como punto de apoyo para la lucha socialista. Este tema, sin duda una de las elaboraciones más originales de Mariátegui, había sido planteado en los Siete Ensayos:

Congruentemente con mi posición ideológica, yo pienso que la hora de ensayar en el Perú el método liberal, la fórmula individualista, ha pasado ya. Dejando aparte las razones doctrinales, considero fundamentalmente este factor incontestable y concreto que da un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y la vida indígenas. [4]

La dirección de la Comintern y Codovilla veían países semicoloniales en los que predominaba una estructura feudal y por ende correspondía una revolución democrático-burguesa que diera lugar a una “dictadura democrática de obreros y campesinos” (vieja fórmula de Lenin embalsamada por Stalin y Bujarin para los países periféricos). La delegación peruana decía que la realidad era mucho más híbrida, lo cual implicaba que las tareas democráticas pendientes no se iban a realizar con una “revolución democrático-burguesa” sino con una revolución socialista. [5]

Todos estos problemas confluían en la cuestión del Partido. Mientras para los peruanos era lo más conveniente un Partido Socialista que agrupara la mayor parte de las masas obreras y populares, la Comintern indicaba la obligatoriedad de conformar un Partido Comunista burocratizado.

De Bujarin al Frente Popular

Aricó atribuye la rigidez de la Comintern al fin de la predominancia del sector de Bujarin en la dirección de la organización y el comienzo del llamado “tercer período” que imprimió una orientación ultraizquierdista a la política de la III Internacional desde 1928 en adelante [6]. Sin embargo, esto es inexacto, dado que el sector bujarinista a través de Jules Humbert Droz mantuvo influencia en la política sobre América Latina por lo menos hasta fines de 1929 [7], y las formulaciones estratégicas planteadas por Codovilla contra la delegación peruana en la Conferencia de Buenos Aires eran calcadas de las que habían realizado Bujarin y Stalin (“asesorados” por el ex menchevique Martinov) para la revolución china 1925-27. Si bien Bujarin sostuvo varias de las coordenadas estratégicas planteadas por Zinoviev en el V Congreso, en especial la idea de “partidos bi-partitos obrero-campesinos” y su discurso pro-campesino (en la URSS pro kulak) podía parecer “populista” o “tercermundista”, Bujarin fue uno de los que más contribuyó a la definición de los países periféricos como feudales, con la consiguiente definición de revolución democrático-burguesa opuesta a la revolución socialista, por más que se agregara la penosa frase ritual de que no había “una muralla china” entre una y otra.

La lectura de Aricó se vuelve más ecléctica en este punto porque resaltaba el vínculo entre las posiciones de la Comintern en la Conferencia de 1929 en Bs. As., y el “tercer período”, pero omitía el carácter etapista de sus formulaciones. De esta forma, Mariátegui aparecía en su lectura más cerca del Frente Popular adoptado desde 1935 por el VII Congreso de la Comintern, por su ausencia de sectarismo hacia el APRA, de lo que estuvo efectivamente.

Posiblemente por este motivo, tampoco tomaba en cuenta los elementos de “revolución permanente” que hay en el pensamiento de Mariátegui y que están claramente planteados en torno del cuestionamiento del carácter de la “feudalidad” latinoamericana tal cual era postulada por la Comintern. En trabajos como Aniversario y Balance, el Programa del PS peruano o Punto de vista anti-imperialista, Mariátegui destacaba el rol protagónico del proletariado (en alianza con las masas campesinas e indígenas) como único agente posible de las tareas de la revolución democrático-burguesa que la burguesía era incapaz de realizar.

Aunque concebía la combinación de tareas democráticas y socialistas como dos etapas diferenciadas, no proponía entre ellas un período de desarrollo burgués prolongado ni una alianza con la “burguesía nacional”. Es decir que más allá de las imprecisiones propias de una lectura pionera, su posición era inasimilable al Frente Popular reivindicado por Aricó.

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Notas

[1] Cortés, Martín, Un nuevo marxismo para América Latina. José Aricó: traductor, editor, intelectual, Bs. As., Siglo XXI, 2015, p. 198.

[2] Miroshevski, V. M. “El populismo en el Perú. Papel de Mariátegui en la historia del pensamiento social latinoamericano” (1941) en Aricó, José, Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, segunda edición corregida y aumentada, México DF, Ed. Pasado y Presente, 1980, pgs. 55 a 70.

[3] Mariátegui José Carlos, “El 1 de mayo y el Frente Único”, versión electrónica en www.marxists.org.

[4] Mariátegui, José Carlos. “El Problema de la Tierra”, en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, versión electrónica.

[5] Sobre el debate en la Conferencia Comunista Latinoamericana, ver Flores Galindo, Alberto, La agonía de Mariátegui. La polémica con la Komintern, Lima, Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo, 1980.

[6] Aricó, José. Entrevistas 1974-1991, Córdoba, UNC, 2014, pág. 180.

[7] Ver por ejemplo, Caballero Manuel, La Internacional Comunista y la revolución latinoamericana, Caracas, Nueva Sociedad, 1988.

La izquierda diario

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Más info en La Haine:

José Aricó, «Pasado y Presente» y los gramscianos argentinos

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