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01/06/2020 :: Pensamiento, Europa, Mundo

Marx, Piketty y los ladrones de conceptos

x Maciek Wisniewski
Ni él ni sus libros tienen nada que ver con Marx ni con el marxismo, son una decepción intelectual y política apoyada por los medios

Louis Althusser, tras ejecutar su famoso –y problemático− corte epistemológico que en su obra tardía mutó en una “tensión permanente entre el ‘joven’ y el ‘viejo’ Marx”, reformuló también famosamente dentro del marxismo –and with a little help of hisfriends”: Freud & Spinoza (P. Anderson, Considerations on western marxism, 1976, p. 84-85)− el concepto de la ideología.

Viéndola más allá de la falsa consciencia como un campo en que las prácticas e instituciones materiales del Estado están representadas de forma imaginaria con tal de asegurar la reproducción de estructuras socioeconómicas existentes, Althusser argumentaba que 1. La ideología representa una relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de vida, y que 2. La ideología tiene una existencia material (véase: On the reproduction of capitalism. Ideology and ideological state apparatuses, 1970, 288pp).

Pese a deficiencias, su modelo se mantiene. Comprender como formamos nuestras ideas influenciados por nuestras instituciones –aparatos ideológicos del Estado− es crucial para comprender por qué seguimos reproduciendo el sistema que nos está explotando.

Los que piensan que algo de esto – en forma de refutación, debate de un marxista al otro (p.ej. Miliband vs Poulantzas) e incluso un ataque (p.ej. E. P. Thompson vs Althusser)− estaría en el nuevo y “monumental opus magnum” del “gran economista super star” –todas las comillas son como siempre muy intencionales− Thomas Piketty titulado El capital y la ideología (2019, 1200pp.), seguramente pensaban y/o siguen pensando que Piketty en su anterior y “monumental opus magnumEl capital en el siglo XXI (2013, 696pp) “actualizaba a El capital”, “avanzaba la teoría marxista para ‘la era de las desigualdades’” o que incluso era el moderno sucesor de Marx −no, no estoy inventando estos absurdos.

Mientras, ni él ni sus libros tienen nada que ver con Marx ni con el marxismo, son una decepción intelectual y política apoyada por los medios o, en el mejor de los casos −sin tener idea del concepto del capital introducido por Marx y poniéndolo en la portada de su libro e ignorar cuestiones como la explotación del trabajo, el valor o la tasa de ganancia− un robo de título (véase: Marx, Piketty y los ladrones de títulos, https://lahaine.org/eG9r).

Tras más de seis años, Piketty no sólo continúa sin entender el concepto del capital (una relación social, no un conjunto de bienes, propiedades y riqueza), sino − ¡suprise, suprise!− tampoco entiende el concepto de la ideología (véase: Althusser, no un conjunto de ideas que profesamos conscientemente). Tras no haber leído El capital –como él mismo ha asegurado− para hablar del capital en el siglo XXI, ahora − ¡suprise, suprise!− Piketty no ha leído nada sobre la ideología para hablar del capital y la ideología.

“Lo más alucinante –le decía Frédéric Lordon debatiendo con él 'de un economista marxista a un mainstream'− es la manera en la que te lanzas lleno de entusiasmo a uno de los temas más populares en ciencias sociales en los pasados 150 años sin ninguna referencia y sin citar a un solo autor...” (¡sic!) ¿Marx y Engels con su Ideología alemana? ¿Adorno, Horkheimer y la Escuela de Frankfurt? ¿Algun otro de la tradición marxista de la ideología (de ‘A’ como Althusser a ‘Z’ como Zizek)? ¿Weber? ¿Bourdieu con su violencia simbólica con la que “sustituía el concepto de la ‘ideología’, pero para preservarlo”? Pero no, no hay nada. Nada. Y esto es muy desconcertante... –le decía.

En vez de esto hay un festival de lugares comunes y confusiones (y por supuesto una impresionante masa de datos). Dándole la espalda al materialismo y retrocediendo a posiciones idealistas –¡vaya sucesor de Marx...!− Piketty ve a las ideas –no, p.ej., ¡ejem...!, la lucha de clases–, como el motor del mundo. Para él las desigualdades son ante todo ideológicas y justificadas por la ideología −como hoy por la sacralización de la propiedad−, una explicación que se queda dolorosamente en la superficie.

Proponiendo la circulación de bienes para superar el capitalismo (sic) y una suerte de socialismo participativo (sic) para, mediante los impuestos, “compartir ‘el capital’ (la riqueza) acumulado por los ricos” y... generado por el mismo sistema, sin expropiarlo o sustituirlo con otro modo de producción, Piketty no nota como su remedio reproduce la misma lógica capitalista y desemboca en mero reformismo. Así revela inconscientemente cómo el propio concepto de la desigualdad en vías de absorción por intelectuales, políticos e instituciones dominantes, y lejos de ser ya algo subversivo, se vuelve parte orgánica de la ideología burguesa para ir oscureciendo los verdaderos mecanismos del capitalismo y salvarlo de sí mismo.

“La desigualdad −bien apunta G. M. Tamas− es un problema sociológico, mientras la explotación (algo que ningún gobierno ni la clase capitalista puede remediar como quieren p.ej. los socialdemócratas), no. Transformar la reificación, el fetichismo de la mercancía, la explotación en ‘desigualdad’ (o sea, ‘un problema político posible de solucionar gradualmente’), es, desde el punto de vista marxista, un absurdo”. Igual lo es hablar de la ideología sin entender la hondura del concepto.

@MaciekWizz

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