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01/09/2020 :: EE.UU.

Mensaje desde la nación más bombardeada de la Tierra

x Ian Zabarte
En el territorio indígena shoshone de EEUU el régimen imperial llevó a cabo más de 900 pruebas nucleares. Las personas que residen ahí todavía sufren las consecuencias

Nunca se sabe qué te mata cuando se hace en secreto. Vi a mi tío padecer un horrible cáncer que le corroía la garganta y a mi abuelo morir de una enfermedad autoinmune que se sabe que está causada por la exposición a la radiación. Dicen que tuvo un ataque al corazón, pero cuando se te cae la piel, eso provoca estrés al corazón.

Muchos de mis primos han muerto. El año pasado tuvieron que aplicar un desfribilador a mi primo, que tiene unos 50 años. Ahora su hija, que tiene alrededor de año y medio, también tiene problemas de corazón. Más o menos en esa época uno de mis primos me dijo que su madre tenía cáncer y después, una semana más tarde, descubrió que él también lo tenía.

Hace unos meses un anciano de aquí murió debido una forma rara de cáncer cerebral. Todas las familias están afectadas. Hemos visto retrasos físicos y mentales, leucemia, leucemia infantil, todo tipo de cánceres

El complejo militar-industrial estadounidense

Soy la “Persona Principal” (Principal Man) de las Franjas Occidentales de la Nación Shoshore de Indios, la nación más bombardeada de la Tierra.

Nuestro país mide aproximadamente 40.000 millas cuadradas miles (25.6 millones de acres), desde el oeste de Las Vegas, Nevada, hasta el río Snake en Idaho, incluida una franja de 350 millas (563 kilómetros) de ancho en la Gran Cuenca. Hay entre 25.000 y 30.000 personas descendientes lineales de los shoshone, pero EEUU considera una cifra mucho más baja basándose en la cantidad de sangre (un porcentaje de ascendencia).

Llevamos en esta tierra al menos 10.000 años. Nuestra relación con EEUU se basa en el Tratado de Ruby Valley firmado en 1863. Según este Tratado, los shoshone seguían siendo propietarios de la tierra pero accedimos a que a cambio de 5.000 dólares al año durante 20 años, pagados en ganado y otros artículos, EEUU podía establecer puestos militares en nuestra tierra, el servicio postal y de telégrafo estadounidense podía seguir operando en ella y el ferrocarril podía atravesarla, y que EEUU podía extraer minerales de nuestra tierra.

Pero poco antes de la Segunda Guerra Mundial el complejo militar-industrial estadounidense nos empezó a invadir de una manera que solo ahora empezamos a entender.

Lluvia nuclear

En 1951, en violación del Tratado, EEUU estableció en territorio shoshore el Nevada Proving Grounds [Terreno de Pruebas de Nevada] (que más tarde sería conocido como el Nevada Test Site [Emplazamiento de Pruebas de Nevada] y actualmente se conoce como Nevada National Security Site [Emplazamiento de Seguridad Nacional de Nevada]) y empezó a hacer pruebas de armas nucleares, sin nuestro consentimiento ni nuestro conocimiento. Tenemos la sospecha de que en el proyecto estaban implicados científicos nazis que habían sido traídos a EEUU como parte de la Operación Paperclip para ayudar a EEUU a desarrollar armas nucleares.

El 27 de enero de 1951 se llevó a cabo la primera prueba nuclear en nuestra tierra cuando se arrojó una bomba de un kiolotón desde un avión que sobrevolaba el emplazamiento.

A lo largo de los siguientes 40 años nuestra tierra se convirtió en el principal lugar en el que se efectuaron las pruebas nucleares estadounidenses. En territorio shoshone se hicieron aproximadamente 928 pruebas nucleares, 100 en la atmósfera y 800 bajo tierra.

Cuando EEUU arrojó una bomba atómica sobre Hiroshima en 1945 cayeron sobre esta ciudad japonesa 13 kilotones de lluvia nuclear. Según un estudio de 2009 del Nevada Law Journal, las pruebas nucleares realizadas en nuestra tierra entre 1951 y 1992 provocaron 620 kilotones de lluvia nuclear.

Yo nací en 1964, un año después de que se prohibieran las pruebas sobre tierra de armas nucleares, pero EEUU siguió haciendo pruebas de armas nucleares de destrucción masiva bajo nuestra tierra casi cada tres semanas hasta 1992.

Downwinters”, personas expuestas a la contaminación radioactiva (1)

La lluvia radioactiva de estas pruebas cubrió una vasta zona, pero quienes estuvimos más expuestos fuimos las comunidades de personas nativas estadounidenses que vivíamos en la dirección del viento proveniente del emplazamiento puesto que consumimos fauna contaminada, bebimos leche contaminada y vivimos en una tierra contaminada. Se ha demostrado que el riesgo de exposición de las personas nativas estadounidenses es quince veces mayor que el de las demás personas estadounidenses, en el caso de las personas jóvenes aumenta hasta treinta veces y en el de los fetos y bebés de hasta dos años de edad llega a ser cincuenta veces mayor.

Cuando cayó la lluvia radioactiva mató la delicada flora y fauna, y provocó una enorme vulnerabilidad en miles de millas cuadradas del territorio shoshone. Los pinos que utilizamos como alimento y para calentarnos se vieron expuestos, las plantas que utilizamos como alimento y como medicinas se vieron expuestas, y los animales de los que nos alimentamos se vieron expuestos. Nosotros nos vimos expuestos.

A consecuencia de ello, hemos visto morir a nuestro pueblo. Algunas de las personas que eran las más firmes defensoras de nuestra tierra, de nuestro pueblo, simplemente murieron.

Pero tenemos que proteger nuestra tierra y a nuestro pueblo. Nuestra identidad es la tierra. Nuestra identidad es el agua pura y cristalina que surge de la tierra, que fluye desde hace millones, decenas de millones, cientos de millones de años. Consideramos este agua pura una medicina. La gente necesita agua pura para curar.

Pero lo que nos encontramos es que EEUU hace de agente para la industria nuclear, para la industria de la minería, destruye nuestras propiedades para obtener beneficios.

No podemos soportar ningún riesgo más, ya sea proveniente de las pruebas de armas nucleares o de la ceniza del carbón o del rastreo de petroleo, de absolutamente ninguna fuente de radiación.

Martillos y clavos

Estamos empezando a entender lo que nos ha ocurrido. Desde hace más de cincuenta años sufrimos a este asesino silencioso y la cultura del gobierno estadounidense del secretismo lo mantienen en silencio. Pero necesitamos ayuda.

En todas las demás partes del mundo en las que ha habido catástrofes nucleares o pruebas nucleares (como Kazajastán Japón e incluso Chernobil) existen registros sanitarios para controlar a las personas que se han visto expuestas, aunque en algunos lugares la cantidad de estas personas se mantenga artificialmente baja. Aquí en EEUU no tenemos eso. No lo tenemos para las personas nativas estadounidenses expuestas a la radiación. Necesitamos ese tipo de pruebas. Necesitamos registros sanitarios. Necesitamos seguimiento. No podemos esperar más a que se identifiquen las disparidades de salud que experimentamos. Tenemos que luchar contra EEUU para que comprenda nuestras necesidades sanitarias básicas.

Conseguimos obtener documentos que se desclasificaron en la década de 1990. Pero hay casi dos millones de paginas. Tratar de entenderlo todo es una tarea descomunal. No contamos con financiación alguna ni tenemos el apoyo de EEUU para hacer ese trabajo, de modo que lo tenemos que hacer nosotros mismos mientras sufrimos esta continua crisis sanitaria.

Y mientras tanto, se siguen realizando actividades militares en nuestra tierra. Seguimos soportándolo y vivimos sabiendo que la radiación está ahí en la tierra, está ahí en nuestras plantas, en nuestros animales y en el interior de nuestro pueblo.

En el tratado que firmamos no constaba asesinar al pueblo shoshone. Nuestro pueblo nunca se hubiera comprometido con algo que provocara nuestra propia destrucción.

Tenemos la costumbre de compartir, pero cuando todo lo que se posee es un martillo, todo es un clavo, y eso es lo que hace el ejército estadounidense, martillear a los shoshone con bombas.

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(1) Nota de la traductora: “Downwinders” sería literalmente quienes están en la dirección en la que sopla el viento, pero esta palabra se usa para designar a las personas y comunidades de la zona situada entre las cordilleras de la Cascada y las Montañas Rocosas, sobre todo en Arizona, Nevada, Nuevo México y Utah, pero también en Oregón, Washington e Idaho, que estuvieron expuestas a la contaminación radiactiva o a la lluvia radioactiva de las pruebas de armas nucleares atmosféricas o subterráneas, y a accidentes nucleares.

aljazeera.com. Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos. Extractado por La Haine.

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