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Argentina :: 18/02/2026

Milei tiene algo enfrente

Daniel Campione
Se ha vuelto habitual la aseveración de que el actual oficialismo “no tiene nada enfrente”. El diagnóstico es concluyente. Pero ahora tiene una huelga general enfrente

No hay una oposición dinámica, con ideas renovadas y proyectos atractivos para el conjunto de la sociedad. Un análisis objetivo de la situación lleva a matizarlo. Al menos como perspectiva que asoma en el horizonte.

Cuando se afirma esa carencia se piensa sobre todo en el peronismo. Perdidoso en tres elecciones; dividido por fuertes internas que no aparecen conciliables. Poblado por dirigentes que preservan sus espacios de poder con pérdida de vista de las demandas del conjunto de la sociedad. Con su líder presa y sin concierto para un movimiento sólido y masivo en reclamo de su libertad.

Votan en contra de los proyectos gubernamentales en el Congreso. También gobiernan unas pocas provincias y muchos municipios. Desde allí sostienen la disidencia con el rumbo oficial. Y participan sin la masividad deseable en las manifestaciones de protesta. Poco más.

Con más razón se juzga algo semejante de las diversas variantes de "oposición amigable" o de oficialismo apenas disimulado. Coinciden en general con el rumbo del gobierno. Apoyan con no tantas reticencias los proyectos del oficialismo. Los que gobiernan provincias negocian sus respaldos a cambio de ventajas parciales. Las que mejoran la situación de los gobernantes pero no la de sus votantes.

Ante ese panorama semidesértico no son pocos los que se dejan llevar por la congoja del presente y el pesimismo a futuro. Apoyan a Unión por la Patria (peronismo) desde cierto hartazgo. O simpatizan con el FIT-U (trotskismo) con esperanzas insuficientes. Ninguna de ambas cosas suele derivar en poner el cuerpo en la calle o en compromiso militante activo. Los hay que sí, por supuesto. Pero no son la mayoría.

En tiempos sombríos la historia ha dado sorpresas

El escritor y periodista Sergio Olguín se preguntó hace poco si no vivimos un tiempo que guarda similitudes con los años oscuros y desconcertados del apogeo de la llamada "década infame". Aquella época en el que una coalición conservadora desplegaba a gusto políticas proimperialistas y favorecedoras de una minoría de privilegiados.

Sosteniéndose sobre el fraude, las proscripciones, la represión de huelgas y reclamos públicos. Con el reciente invento de la picana. Y la Sección Especial de la policía para combatir el comunismo.

No todo era coerción. También corrompían a gusto a quienes debían ser opositores. Sobre todo de la Unión Cívica Radical, que había dejado en la estacada a quienes se sublevaban y jugábanse la vida armas en mano. El Paso de los Libres ya quedaba lejos.

El partido de raigambre popular legitimaba el fraude presentándose a elecciones que no les dejarían ganar. Una parte de los correligionarios se sumaba a los peores negociados del régimen. La prórroga en base a sobornos de la concesión de la compañía de electricidad hizo historia.

No aparecían alternativas en el horizonte. No lo era, a pesar de merecerlo, Lisandro de la Torre. Con sus denuncias sobre el gigantesco enjuague de los frigoríficos, los grandes exportadores ganaderos, con participación de funcionarios oficiales. Los que además eran estancieros y abogados de los frigoríficos británicos y estadounidenses.

Tampoco constituían una opción de poder los heroicos militantes comunistas en la conducción de sindicatos y huelgas. Poblaban cárceles, comisarías y cámaras de tortura. Tampoco los que desde revistas contestatarias y libros de denuncia cuestionaban el sistema corrupto y de dictadura encubierta.

Habían reemplazado a los anarquistas como la expresión más radicalizada de la resistencia. Pero sólo tenían el apoyo de una minoría. Fueron la expresión de los sufrimientos y la rebeldía de la clase obrera. No era poco. No alcanzaba.

Allí estaba FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), en procura del rescate de los rasgos populares del radicalismo. Sus escritos eran muy leídos. Agitaban desde sus locales y en las calles. Despertaban simpatía, sin sustento masivo. Querían dar vuelta muchas cosas, entre ellas la visión del pasado nacional. No tenían fuerza como para tan venturosa reversión del presente funesto.

Nada presagiaba que unos años más tarde alumbraría un nuevo movimiento político con sustento popular mayoritario. Sobre todo en el movimiento obrero y en las masas hundidas en la miseria. Nacería del lugar menos pensado: Las entrañas de un gobierno fascistoide.

Lleno de católicos integristas, militares simpatizantes de los nazis, antisemitas furibundos y profesionales de la lucha contra el comunismo y cualquier corriente de izquierda.

Sin embargo, desde arriba hacia abajo, surgieron políticas de ampliación de derechos sociales, de defensa y fortalecimiento de trabajadores y sindicatos. El abajo respondió y cuando las conquistas se vieron amenazadas llenaron como nunca la Plaza de Mayo. Demandaban la libertad de Perón, a quien comenzaban a percibir como líder. Y la obtuvieron.

En el momento menos pensado, desde un ámbito imprevisto, se había gestado el cambio hacia una nueva época histórica. Nada volvería a ser como antes, ni para los explotadores ni para los explotados.

Fue una excepción. Antes y después en el itinerario del país todos los procesos de pretensión transformadora desenvueltos desde el aparato estatal tuvieron un fuerte sentido regresivo. Y de refuerzo del sometimiento de las mayorías populares a la minoría de ricos y poderosos.

La sociedad se había transformado. Para los fervientes partidarios de la nueva corriente, pero también para los que rumiaban su bronca contra lo que consideraban expresión del fascismo. Y solían coronarlo con la cárcel militar. Y otra vez, en los pasadizos policiales y con la picana rasgando las carnes.

El interrogante más que pertinente es si no estaremos en la travesía hacia un nuevo tiempo que aún no se avizora. Muy distinto del peronismo, como éste lo fue del radicalismo que lo precedió.

¿Nos hallaremos en una época previa a que los nuevos emisarios de la reacción patronal, la represión y el abandono contra los oprimidos experimenten otra vez la derrota mientras el grueso del pueblo se levanta en demanda de justicia e igualdad?

La izquierda en ascenso

Hay, pese a la apariencia de oscuridad, posibles indicios. Quien esto escribe, frecuentador de cafés y obsesivo escucha de diálogos de filas y veredas, cada vez oye con más frecuencia las siguientes palabras: "La izquierda" y "Myriam Bregman" (diputada trotskista).

Suele acompañarlas la afirmación de que son los únicos que se oponen. A veces simplemente que "saben lo que quieren" o "que no son corruptos". En ocasiones hasta la aparente trivialidad de que Myriam es "simpática" o "bonita". Hace pocos días escuché dos veces por separado algo significativo: "es la política que más me gusta".

Claro que falta muchísimo, casi todo, si se quiere. Y son muchas las acechanzas. Ahí está el sistema institucional que servirá en bandeja la permanencia como minoría ruidosa. Hasta querible. Pero a no ser votada. Mucho menos respaldada en los barrios y en las fábricas.

Jugarán su rol los medios, que brindan la oportunidad de lucirse con la declaración pertinente; informada, con reflexión y garra resistente. Hasta ahí. A no salirse del molde.

Si crecen subirá en paralelo, a no dudarlo, la estigmatización. Las denuncias amañadas y sin pruebas. Y los palos a quienes porten y difundan las banderas y las ideas de la izquierda. Bregman dejará de ser tratada como diputada ejemplar. Será convertida en una bruja. Sospechosa de todos los males y faltas posibles. Habrá que enfrentarlo en todos los terrenos posibles.

Las encuestas marcan aumento en la opinión favorable a la izquierda. En Buenos Aires y además en el conurbano. En las capas medias "progre" sí. Acompañadas ahora de trabajadores y trabajadoras asqueadas de sindicalistas corruptos o incompetentes. Del ataque constante contra sus ingresos, su calidad de vida y los derechos adquiridos.

Algo nuevo puede surgir. No es cuestión de quedarse a esperarlo, en ese caso no sucederá. Habrá tareas en el día a día. En todos los ámbitos. Los lugares de trabajo, de vivienda, de estudio. En las veredas donde esperan los repartidores de aplicaciones. En la fila del supermercado o la carnicería, donde la plata no alcanza.

Los medios y las redes son trincheras insoslayables. El portal que da las noticias diarias o esboza la reflexión del mediano plazo. Y el libro que trae los últimos análisis críticos. O acerca de nuevo a los clásicos del pensamiento transformador. Tiene que ser una tarea colectiva. Más aún, de masas. No alcanzará sólo con vanguardias reducidas.

Se necesita el cambio de la conciencia, del sentido común. La siembra de la convicción de que no existe la condena a ser el tres por ciento. De que los izquierdistas no son "gorilas incorregibles" sino que practican la crítica razonada del peronismo. Sin obsesionarse con ella. La confianza en que no son intolerantes ni insisten en "manijear" actos y asambleas.

Que pueden señalar actos de corrupción. Sin callarse en la denuncia de que los juicios contra Cristina están manipulados en sus procedimientos y flojos en sus pruebas.

Ya muchos saben que son los más empeñados en las luchas. Quienes no le temen a represalias ni prisiones. Hace falta que haya muchos más que los conozcan. Se identifiquen con una mística nueva y sean entusiasmados con propuestas a la vez radicales y creíbles.

Es conocido también que no se encierran en las fronteras del país. Denuncian atropellos a lo ancho del mundo. Así honran la tradición internacionalista, que debe ser reivindicada y actualizada.

No son tiempos de cautelas y medias palabras, de oscuridades que requieren leerse entre líneas. Las izquierdas argentinas saben ser francas y abiertas. No callarse nunca. Ser cuatro en el Congreso y parecer que son un centenar.

Tienen otras cosas que demostrar. Más todavía que lo mucho ya hecho. Por ejemplo que pueden ser amplios en la construcción de alianzas. Que saben de convocatorias articuladas y unitarias. Las que aúnen fuerzas políticas; movimientos sociales y culturales, transfeminismos. Y "minorías intensas" de todo tipo y color.

Necesitan la revalidación de palabras clave usurpadas como "libertad" o "libertario". O relegadas poco a poco como "democracia". Asimismo urge la recuperación de "patria", hoy instrumento de la reacción más tenebrosa.

También la exhibición práctica cotidiana de que construyen democracia auténtica en asambleas, debates, medios de comunicación horizontales, comprensibles, sin tapujos.

¿Están en condiciones para hacer todo eso y más? Algunos requisitos están. Otros habrá que desarrollarlos. No faltarán los rumbos que necesiten corrección. Los hábitos que tengan que ser modificados.

Hay bastante más de cien años de tradición de izquierda en Argentina. Ochenta de peronismo con aportes luminosos y oscuridades de espanto. Todo hay que reverlo, volver a pensarlo. Sobre todo que se trate de su rescate y enriquecimiento. Traer de nuevo a la memoria colectiva las huelgas del Centenario, la semana trágica. La resistencia contra la Libertadora. El sindicalismo combativo de las décadas de 1960 y 1970. El Cordobazo, claro. Las organizaciones armadas. Las Madres.

Más cerca la rebelión popular de 2001, bastardeada desde el poder como un momento infausto que no debería repetirse. Al contrario, se impone el cántico en cada manifestación para que esta vez sí se vayan todos.

***

Así estamos. Viendo si emprendemos el nuevo camino de la historia, la memoria, el presente crítico. Si reencarnamos la expectativa en un futuro liberador. "El sol del porvenir" era anunciado hace poco desde su título por una película de Italia. La que revalorizaba las mejores tradiciones de combate y pensamiento de la izquierda del siglo XX.

Allí está el astro del mañana. Se impone avanzar en su dirección en alas de que los imperios no son omnipotentes. De que habrá socialismo y no barbarie. Tendremos bases y conductores que marquen el sendero y alcancen el punto de llegada tan deseado.

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