Otro ladrillo más en el Muro del Apartheid

Buenas y malas noticias, así que empecemos por las malas.
En Palestina, el gobierno israelí sigue adelante con la construcción del Muro del Apartheid, encerrando a los palestinos en miríadas de cárceles de varios tamaños. Difícilmente pasa un día sin que mueran palestinos víctimas de los proyectiles o de los obuses israelíes.
La victoria de Hamás en las últimas elecciones palestinas, entretanto, ha tenido el efecto del suero de la verdad para poner de manifiesto las auténticas lealtades de los gobiernos del Norte, con Javier Solana y Angela Merkel alternándose en el papel de Torquemada. La Unión Europea, conjuntamente con Estados Unidos y Canadá han decidido torturar a los palestinos hasta que confiesen su herejía democrática, se arrepientan y declaren públicamente su lealtad a la verdadera fe sionista (el supuesto "derecho a existir" de Israel, un derecho que ningún otro gobierno tiene).
Este auto de fe internacional consiste en matar de hambre a los palestinos; en interrumpir los servicios médicos y en causar todo el daño posible a una población que vive ya en las peores circunstancias imaginables. El repugnante Dov Weissglas- en aquellos momentos consejero del primer ministro de Israel- comparó el asedio económico con "una consulta con el dietista". Que un consejero racista de un gobierno igualmente racista haga chistes sobre campos de concentración quizás no sea algo digno de mencionar- como el célebre ejemplo sobre lo que no es noticia: "un perro muerde a un hombre"-, pero la decisión de Europa de ayudar a administrar la "dieta" de hambre para los palestinos es bastante más inquietante. Y plantea una cuestión importante: ¿Podrá Europa liberarse alguna vez de su legado sangriento?
Las dudas persisten. Franziska Voboril, asesora política que trabaja diligentemente en la oficina de prensa de la UE, ha publicado una carta defendiendo la política europea, en la que ha tenido la desfachatez de decir que la Unión Europea está matando de hambre a los palestinos por su propio bien, porque la actitud del ( democráticamente elegido) Hamás, supuestamente, "es contraria a los deseos de la mayoría de los palestinos." La Inquisición, que fue la primera burocracia transnacional europea y, al parecer, el modelo espiritual de Solana y Voboril, afirmaba también que quemaba, mataba de hambre y humillaba a sus víctimas por su propio bien, se supone que para "salvar sus almas". Cuanto más se cambia...
Pero en esta desesperanzadora espiral de inhumanidad y de hipocresía existen focos de esperanza. Uno, nos llega del Reino Unido y otro, de Canadá; no de sus gobiernos sino de organizaciones sindicales.
En Gran Bretaña, la Asociación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria y Universitaria (NATFHE, en sus siglas inglesas) ha votado a favor del boicot académico a Israel. La resolución de NATFHE hace un llamamiento a sus afiliados "para tomar en consideración el boicot a quienes no se distancien públicamente de las "políticas de apartheid de Israel".
El voto de la NATFHE todavía no refleja el consenso generalizado para tomar medidas. Son muchos los que se oponen, y muchos más quienes apenas han empezado a pensar sobre el asunto. Tal como establece claramente la resolución, no se trata de un boicot obligatorio sino de una propuesta a sus asociados para tomar postura contra el apartheid israelí. Para mayor información de lo que significa el boicot y por qué esta justificado, véase letter from Palestinian Academics under Israeli Occupation. (Carta de los profesores palestinos que se encuentran bajo la ocupación israelí).
Casi por las mismas fechas, la mayor organización canadiense de funcionarios en la región de Ontario, CUPE, aprobó una resolución en la que se hace un llamamiento para boicotear los productos israelíes y llevar a cabo una campaña de información sobre las políticas israelíes de segregación. La resolución de CUPE es mucho más contundente que la de la NATFHE, y refleja un consenso mucho más radical y coherente de los 900 delegados que representaban a 200.000 empleados. CUPE de Ontario se ha comprometido a realizar una campaña de información y a llevar adelante propuestas de boicot en el movimiento laboral de Canadá.
Ambas resoluciones son exponentes de la pérdida de influencia de Israel para presentarse como una democracia asediada, y del reconocimiento creciente por parte de la opinión pública de que su tipo de apartheid, debido a su especificidad histórica y única, va más allá de lo aceptable políticamente.
El hecho de que tanto CUPE como NAFTHE sean organizaciones de trabajadores tiene una especial importancia. Estados peligrosos que de forma habitual atentan contra los derechos humanos los hay a montones pero ninguno otro de los estados canallas tiene tantos empresarios multimillonarios y serviles a su disposición. Israel se ha ganado su apoyo al ponerse al servicio de sus intereses plutocráticos. Su Gobierno, que está a la cabeza en la corrupción mundial, siempre ha estado dispuesto a venderse y a vender a sus trabajadores a cualquier postor, y no siempre al mejor precio. Con su enorme presupuesto de defensa, su belicismo crónico y el 10% de sus exportaciones dedicadas al comercio de armas, Israel es el amante natural de la industria de armamento. Desde la guerra de Suez, Israel ha sido el mejor amigo de los peores regímenes, entrenando a los escuadrones de la muerte en El Salvador, proporcionando armas al régimen del terror de Somoza en Nicaragua, ayudando a Sudáfrica a evitar sanciones económicas, etc. (Israel Shahak, Israel"s Global Role, 1982.)
Pero todo esto palidece si se compara con la más importante, aunque intangible, exportación mundial de Israel: el supuesto "choque de civilizaciones." Las tensiones étnicas, el racismo cultural y el miedo al terrorismo que acecha, es decir, todo lo que hace Israel para avivar los conflictos en el mundo, puede ser de nuevo el arma elegida contra los trabajadores, y el remedio mundial de los plutócratas para lo que Samuel Huntington ha calificado de "exceso de democracia". La vigilancia, el recorte de los derechos civiles, la represión intensificada, y la retirada de la financiación para los servicios públicos que no sean la "seguridad’, hacen furor entre las elites económicas tanto "en el mundo desarrollado" como en el "mundo en desarrollo."
Israel cuya asombrosa desigualdad económica y su capitalismo de compadres se ha basado en esos pilares de la "seguridad’, está dispuesta ahora a comercializar y mercantilizar su maestría adquirida (veamos un par de ejemplos: Estados Unidos está planteándose en la actualidad el establecimiento de un Muro en su frontera con Méjico semejante al del apartheid; Israel está formando a las policías estadounidense y británica; funcionarios de Estados Unidos ponen en práctica las lecciones israelíes sobre la "guerrilla urbana", etc.)
De ahí que los movimientos sindicales deban dar prioridad al desmantelamiento del apartheid de Israel y a la consecución de una paz justa en Oriente Próximo. Además de ser lo que moralmente hay que hacer, el desmantelamiento del apartheid israelí es también un acto de autodefensa, dirigido a cambiar la tendencia hacia una mayor represión y una democracia reducida que es evidente en tantos países, incluidos el Reino Unido y Canadá.
En las próximas semanas, la gigantesca máquina de propaganda israelí, de dinero y de presión, va a hacer horas extraordinarias. Mientras los bien dispuestos apologistas de Israel cargan furiosos, uno espera que los delegados de CUPE y de NATFHE estén preparados para el ataque que se les viene encima y puedan resistir la presión. Por favor, escríbanles y exprésenles su apoyo (vean las direcciones al final).
Hace sólo dos años, la campaña para no invertir en Israel parecía moribunda. En efecto, uno de los principales argumentos contra ella fue que se trataba de una causa perdida y de una frivolidad porque, al contrario lo ocurrido con el movimiento contra el apartheid en Sudáfrica, el movimiento contra el apartheid israelí no gozaba de un amplio consenso en la opinión pública.
El consenso generalizado, no obstante, no se materializa de repente como la sabiduría emana de la cabeza de Júpiter. Se va consiguiendo paso a paso, con información y con campañas. Desde que se hizo la denuncia, muchas organizaciones religiosas, civiles y políticas se han unido al llamamiento por el boicot, entre ellas el Partido de los Verdes estadounidense, el sínodo general de la Iglesia de Inglaterra, el Consejo Regional de Sor-Trondelag en Noruega, el Consejo Municipal de Arbizu en el País Vasco, la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos, el Consejo Consultivo Anglicano de Nottingham, Inglaterra, la Conferencia Internacional de la ONU sobre la Sociedad Civil por la Paz en Oriente Próximo, y el Consejo Mundial de las Iglesias. Puede haber pocas dudas de que de repente existe mucho más consenso que hace un año. Y eso es una buena noticia.
Gabriel Ash es un activista y escritor que escribe porque la pluma, a veces, puede ser más poderosa que la espada y, a veces, no. Su dirección para el envío de comentarios, que son bienvenidos es: g.a.evildoer@gmail.com.
Información para escribir a CUPE Ontario y NAFTHE
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Página en Internet: www.cupe.on.ca/www/contactus/contact
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