Porqué he recibido la condecoración

Todo comenzó cuando fui a mi bar preferido a tomar un sabroso cafecito con medialuna y reflexionar un poco sobre la vida.
El clima era tenso como de costumbre: ruido de autos, conversaciones de comensales, llantos de un bebe, ladridos de un perro, una discusión a gritos con un policía municipal que ponía una multa a un conductor y un auto con 27 altavoces a todo lo que podían dar.
De pronto, de reojo pude captar un movimiento extraño. Mis sentidos se tensionaron como un resorte. Levante la cabeza y lo vi. Altura media, pelo lacio, ropa de color negro. Le clave la mirada y de pronto vi el cuchillo en su mano derecha.
"¡Tiene un cuchillo!", grité, mientras el bebe seguía llorando, y sin titubear desenfunde mi revolver y disparé 5 tiros. Disparé a la parte baja del cuerpo, como aprendí de la televisión. El terrorista cayo desplomado.
"¡El bebe!", grité, "¡salven al bebe!" y me acerqué al maldito para asegurarme de que estaba definitivamente muerto - cosa que aprendí también de la televisión-, pero en ese momento llego la policía y se encargó de completar mi labor de forma pedante.
Luego colaboré con la policía y les ayude a sacarle el cuchillo de la mano al terrorista. También el tenedor que tenía en la otra mano. También una cucharita. Luego alejé también el menú y la servilleta para no correr riesgos que pudieran representar un peligró para el público.
El dueño del bar estaba consternado:!Hace ocho años que trabaja aquí de camarero y nunca había sospechado que era un terrorista!.
El público me aplaudió. Cantaron canciones patriotas, mientras gritaban "¡muerte a los árabes!". Me convertí en un héroe, me levantaron en andas mientras bailaban al derredor del cuerpo abatido del terrorista.
El primero en felicitarme oficialmente fue el alcalde. Llego armado, por supuesto, y me otorgó las llaves de la ciudad. Luego llegaron los periodistas y tomaron nota, palabra por palabra, de lo sucedido. "¿Que pensaste -me preguntaron- cuando vistes al terrorista?" . "Lo que todo judío debe hacer en casos como estos" respondí, haciendo alarde de mi humildad. La multitud por detrás estaba eufórica.
Esa misma noche aparecí en los noticieros de todos los canales de televisión. Una niña bonita me otorgo un ramo de flores en nombre de la oposición, la secretaria del primer ministro me anuncio que soy candidato al premio más importante de Israel en cultura y educación física.
Esa misma noche, de pronto, la radio informó que el camarero era judío.
Algunos jóvenes nacionalistas del equipo de fútbol local y de un grupo de extrema derecha sitiaron mi casa con antorchas y exigieron que me entregara en sus manos. El alcalde vino con su ametralladora y me arrancó la llave de la ciudad. El miembro de la Knesset Ynon Magal exigió matarme inmediatamente o alternativamente, encarcelar a todos lo que no me matasen. Miles de SMS llegaron a mi ordenador exigiendo echarme, expulsarme, demoler mi casa, y violar a mi difunta madre.
A la mañana vinieron a arrestarme. Me acusaron de asesinato, ataque alevoso, pertenencia a organización terrorista y abuso sexual. El fiscal pidió cadena perpetua. La Knesset pidió ahorcarme en la plaza central.
Mi situación se hizo dramática. Estaba desesperado.
Pero entonces, ¡sorpresa!. Mi astuto abogado descubrió que la abuela materna del camarero había sido una musulmana que se convirtió al judaísmo por medio de un rabino reformista. El rabinato se reunió de urgencia para anular la conversión retroactivamente, de modo que el mozo paso a ser un árabe. O por lo menos medio árabe.
Ese mismo día el alcalde me devolvió las llaves de la ciudad. El líder de la oposición me propuso dar clases en escuelas y sinagogas. Un canal de televisión me ofreció presentar un programa de reality. El primer ministro me dio una condecoración y en sus cálidas palabras de felicitación exigió encarcelar a la diputada árabe de la Knesset Hanin Zoabi.
Esta es la historia de mi condecoración.
Haaretz







