Rebelión popular en Ecuador: La forja de un nuevo país
[Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre] ?Una de las tareas de la Asamblea constituyente es establecer el marco legal que nos permita revisar todas las concesiones?. Las movilizaciones en defensa de los recursos naturales siguieron en Azuay y en otras provincias y dejaron bien claro que no se contentaban son las meras promesas del gobierno Correa
En el momento de su toma de posesión, Correa publicó un decreto por el que convocaba un plebiscito para un Asamblea constituyente. La oligarquía y la partitocracia se movilizaron casi de inmediato para reventar la convocatoria. El Congreso se negó a aceptar la iniciativa del presidente, aprobando su propia ley en la que se vedaba el derecho de la Asamblea a renovar las instituciones del país, y a limitar la permanencia de los diputados al Congreso ni la de ningún otro funcionario electo hasta que finalizaran sus mandatos.
Más tarde, tras el intento de convertir la elección de los miembros de la Asamblea en un circo virtual, el Congreso declaró que cualquiera podría poner su nombre en la papeleta, sin que fuera precisa la presentación de firmas o apoyos, lo que significaba que centenares de personas podrían presentarse para cualquier escaño, lo que hacía la elección prácticamente imposible de gestionar.
Correa respondió eliminando las cláusulas restrictivas de la ley del Congreso, adaptándolas a su nuevo decreto de Asamblea constituyente y enviándolo al Tribunal Electoral Superior del país, sin demasiadas esperanzas ya que el Tribunal estaba considerado históricamente como parte de la partitocracia. Los movimientos populares[1] empezaron a manifestarse ante las sedes del Tribunal y del Congreso pidiendo que Correa se limitara a promulgar el decreto para la creación de la Asamblea constituyente.
“Ante la sorpresa prácticamente de todo el mundo”, afirma René Báez, analista político de la Universidad Católica de Ecuador, “el rechazo popular sacudió las conciencias del Tribunal Supremo Electoral”. Dirigido por su presidente, Jorge Acosta, miembro del tradicional partido de la derecha, el Tribunal declaró que la propuesta original de Correa para renovar las instituciones del país sería la única sometida a votación a favor o en contra en abril.
Indignados, 57 de los 100 diputados al Congreso votaron a favor del relevo de Acosta y, al día siguiente, éste y el Tribunal contestaron expulsándoles del Congreso por su actitud inconstitucional.
La gente tomó las calles jubilosa y Correa, apoyado por los manifestantes, ordenó que 1.500 policías rodearan el Congreso para hacer cumplir el dictamen del Tribunal, e impedir que entrara ninguno de los 57 diputados cesados, quienes se dispersaron en diversos hoteles de la ciudad. En el Hotel Quito, intentaron convocar una sesión clandestina, pero no lo consiguieron con los manifestantes ridiculizándoles en el exterior, y lanzándoles chicharrones [sic, en el original] (trozos de tocino seco) cuando entraban o salían [2] Habida cuenta de que para que una iniciativa salga adelante se precisa un quórum de 51 miembros del Congreso, los diputados depuestos esperaban provocar una crisis institucional. Pero por una singularidad de las leyes ecuatorianas, junto a cada diputado se elige un sustituto del mismo partido, y el gobierno Correa manifestó su decisión de ocupar los escaños con cualquiera de los suplentes que aceptara la decisión del Tribunal. Veinte de ellos casi de inmediato rompieron la disciplina de sus partidos y el Congreso consiguió el quórum necesario para funcionar.
Algunos de los diputados depuestos se fueron a Bogotá, Colombia, y pidieron asilo político; otros, a Washington para presentar una denuncia ante la Organización de Estados Americanos, afirmando que se había violado la Constitución de su país. Pero esas denuncias y protestas quedaron en nada. El 15 de abril, más del 76% de la población del país en edad de votar fue a las urnas, y cuatro de cada cinco de los electores dieron su voto favorable a la Asamblea constituyente.
Pero, ¿Hasta dónde llegará la Asamblea constituyente en la “renovación del país?”.¿Será sólo reformista o establecerá el marco para el nuevo socialismo del siglo XXI? En Bolivia, la oligarquía y las fuerzas políticas de derechas organizaron una virulenta ofensiva, tanto en el interior como en el exterior de la Asamblea. Durante meses consiguieron paralizarla porque era necesaria una mayoría de dos tercios para aprobar una nueva Constitución, y el MAS y sus aliados controlaban sólo el 60% de los votos. En Ecuador, basta con tener la mayoría pero, lo que es incluso más importante, ahora la derecha tiene menos fuerza.
“Una cosa está clara”, dice Alejandro Moreano, sociólogo activista de los movimientos sociales, “se ha acabado con la partitocracia. Con la Asamblea ha llegado a la escena política una nueva constelación de fuerzas sociales y políticas, que va a mandar en las nuevas instituciones gubernamentales en proceso de creación”. Correa ya ha anunciado que, si las fuerzas afines a él controlan la Asamblea, una de sus primeras medidas será abolir el Congreso y establecer un marco constitucional para una cámara legislativa nueva que sea más receptiva a los intereses del pueblo.
La nueva fundación de la nación ecuatoriana implica un realineamiento internacional que vaya más allá del simple rechazo de la economía neoliberal. En sus pocos meses desde la toma de posesión, el gobierno Correa ha actuado con firmeza en sus relaciones con Estados Unidos y con las instituciones financieras internacionales. En una reunión con la Asociación de Periodistas extranjeros en Quito, María Fernanda Espinosa, ministra de Asuntos Exteriores, declaró que Ecuador tiene la intención de cerrar la base militar estadounidense situada en Manta, la mayor de su clase en la costa sudamericana del Pacífico. “Ecuador es una nación soberana”, afirmó, “no necesitamos soldados extranjeros en nuestro país”. El Tratado que ampara la Base expira en 2009 y no será renovado.
Manta se estableció en 1999, con el pretexto de ayudar a la vigilancia del tráfico de drogas a través del océano y en la cercana cuenca del Amazonas. Pero se ha convertido en el centro principal de operaciones del espionaje estadounidense y de ayuda para la coordinación de la contrainsurgencia frente las guerrillas izquierdistas de la vecina Colombia. La pista de aterrizaje de la Base, cuya construcción costó 80 millones de dólares, puede recibir los mayores y más sofisticados aviones espía de Estados Unidos. Manta sirve también como puerto para las maniobras navales estadounidenses en el Pacífico [3] Más de 475 militares estadounidenses están continuamente rotando entre Manta y el Comando estadounidense del Sur con sede en Florida.
La base de Manta tiene escasa relevancia para el narcotráfico en Ecuador. A pesar de que el cultivo de la coca se da bien allí, el país nunca ha producido cantidades significativas de cocaína u otras drogas ilegales para los mercados internacionales. Pero cuando adoptó el dólar estadounidense como moneda oficial en 2000, los traficantes de drogas internacionales, en particular los de Colombia, empezaron a utilizar bancos con sede en Ecuador (algunos controlados por gentes del Citibank), para blanquear sus ilegales beneficios.
El mayoritario sentimiento popular apoya el cierre de la Base. En los años transcurridos desde su instalación, la guerra civil en Colombia se ha extendido a Ecuador, ocasionando refugiados, violencia y conflictos sociales, en particular en la cuenca del Amazonas. La fumigación aérea con herbicidas llevada a cabo en Colombia ha afectado a las cosechas y ha envenenado a niños y adultos ecuatorianos.
Los gobiernos de Colombia y Estados Unidos aseguran que los defoliantes se utilizan exclusivamente en territorio colombiano fronterizo y que no se realizan vuelos sobre Ecuador pero Correa lo niega rotundamente.
“No permitiremos las violaciones continuas del espacio aéreo ecuatoriano por aviones provenientes no sólo de Colombia sino también de Estados Unidos que entran en nuestro país y vuelven después a Colombia”. Correa ha ordenado a las fuerzas aéreas de Ecuador interceptar cualquier avión que viole el espacio aéreo del país. [4]
Al mismo tiempo, Ecuador está negociando tratados bilaterales especiales con los presidentes Chávez y Morales. Venezuela se ha comprometido a refinar el petróleo ecuatoriano y a ayudar a financiar programas sociales en Ecuador, mientras el gobierno boliviano ha firmado un acuerdo para importar alimentos procedentes de pequeños y medianos productores ecuatorianos. Correa, asimismo, ha firmado varios acuerdos petroleros con Venezuela, el más importante de los cuales es un proyecto conjunto de las compañías estatales PetroEcuador y PDVSA [Petróleos de Venezuela SA] por 4.000 millones de dólares para la construcción de una refinería).
Aunque la reclamación de la soberanía de Ecuador no ha dado lugar a un enfrentamiento directo con Estados Unidos, el Pentágono ha mostrado su malestar. Desde 1959, anualmente, el Mando estadounidense del Sur ha realizado maniobras navales conjuntas denominadas Unitas con los países costeros del Pacífico. Este año, Ecuador tenía que acogerlas pero Estados Unidos ha preferido realizarlas en Colombia, su más estrecho aliado regional. La respuesta de Ecuador ha sido anunciar, mediante una declaración de Correa que no participaría en las maniobras del presente año: “Da la impresión de que el Mando del Sur considera que somos una colonia de Estados Unidos y que nuestra armada es sólo una unidad más controlada por su país”. [5]
Correa se ha enfrentado a Occidental Petroleum, corporación estadounidense cuyas acciones ecuatorianas fueron asumidas el año pasado por PetroEcuador al incumplir su contrato con el Estado ecuatoriano y vender parte de sus acciones a una empresa canadiense. Los primeros yacimientos importantes de petróleo en el sur Ecuador se descubrieron en los años 1960, lo que dio lugar a una bonanza económica al apresurarse las compañías multinacionales del petróleo a perforar yacimientos durante los años 70. Las corporaciones explotaron sin piedad la selva tropical donde los pueblos indígenas habían vivido durante milenios, contaminándola con miles de prospecciones, agujeros y pozos superfluos. [6] De la misma manera que los conquistadores del siglo XVI, las multinacionales diezmaron a las comunidades indígenas mediante expulsiones, enfermedades y medidas para sobornar y dividir a los campesinos. Lo obreros, la mayoría traídos del altiplano debido a que muchos de los indios de la zona tropical se negaron a trabajar, fueron explotados duramente.
Con la adquisición de las acciones de Occidental, PetroEcuador controla ahora más de la mitad de las exportaciones de petróleo del país, que suponen alrededor del 40% de las exportaciones totales de Ecuador y un tercio de los ingresos del Estado. Mientras tanto, Correa ha denunciado las presiones del gobierno Bush para que Occidental recupere sus acciones: “No vamos a permitir que una empresa transnacional prepotente y arrogante viole las leyes ecuatorianas y perjudique a nuestro país”.
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Tras la euforia producida por el discurso pronunciado en mayo por Correa, las fuerzas populares de Ecuador tuvieron dificultades para establecer la lista de candidatos a la Asamblea constitucional. Correa y sus aliados políticos más cercanos intentaron unificar a todas las fuerzas progresistas bajo el lema de “Movimiento País”, pero enseguida se toparon con la oposición, principalmente de los partidos políticos de izquierda y de sus aliados en las organizaciones sociales, algunos de los cuales cuestionaron el compromiso del Gobierno con un cambio fundamental.
“Todos los sectores de izquierdas afirman querer la unidad con nosotros”, dice César Rodríguez, uno de los organizadores del Movimiento País, “pero se retiran cuando sus dirigentes no encabezan la lista de candidatos a la Asamblea constituyente”.
Por otra parte, Luis Macas, dirigente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador, declaraba “ sentirse alejado del Gobierno”, le exigía que nacionalizara de inmediato todas las compañías petroleras y afirmaba temer que no cumpliera sus promesas de reforma agraria.[7]
Debido a estas discordias, se presentaron listas diferentes de candidatos progresistas para elegir a los 30 representantes nacionales en la Asamblea. [8] En el ámbito provincial, sin embargo, en el que se iban a elegir 100 miembros de la Asamblea, las coaliciones locales en algunos casos consiguieron presentar candidaturas unitarias. A pesar de todo este fraccionalismo, se espera que el Movimiento País y otras fuerzas de izquierda obtengan una clara mayoría en la Asamblea, ya que los partidos de derecha están también divididos. Gracias a la popularidad de Correa y el gran apoyo de la mayoría de los movimientos sociales y de los forajidos (sic, en español), indignados con los partidos políticos actuales, los candidatos del Movimiento País es muy probable que sean mayoritarios en la Asamblea.
Correa ha señalado que la Asamblea puede consagrar el “socialismo del siglo XXI” en la nueva Constitución pero no queda claro cómo puede definirse con exactitud ese socialismo. El camino hacia el socialismo en Ecuador será un proceso a desarrollar que es imposible prever tan pronto. Pero la transformación irá más allá de las políticas reformistas del pasado, en gran medida porque existe consenso entre los candidatos del Movimiento País y de otros de izquierdas respecto a que el capitalismo neoliberal, y en particular el papel predominante del capital financiero y de los bancos, tiene que ser erradicado. Correa ya ha expulsado al representante del Banco Mundial en Ecuador y prácticamente ha suspendido las relaciones del país con el Fondo Monetario Internacional. Ecuador se ha unido al Banco del Sur, una institución internacional propuesta por Chávez, en el que participan Argentina, Bolivia y otros países sudamericanos.
Correa ha denunciado en repetidas ocasiones a los bancos privados de Ecuador por sus exorbitantes beneficios y altos índices de interés, y en seis meses su gobierno ha adoptado medidas más firmes para frenar al capital internacional y local que las adoptadas por el gobierno brasileño de Luis Inacio Lula da Silva en más de cuatro años. La Asamblea, sin duda, facultará al nuevo gobierno para que ejerza un control estatal férreo sobre el sistema financiero del país y la actuación de los bancos extranjeros.
Muchos creen que la Asamblea constituyente garantizará un mayor control del petróleo de Ecuador y de sus recursos naturales en beneficio de los 12 millones de personas del país, de las cuales casi la mitad vive por debajo del umbral de la pobreza.
Con algunas de las tierras agrícolas y recursos marítimos más ricos de Sudamérica, los recursos principales del país han beneficiado básicamente a los intereses de las empresas agrícolas que controlan las exportaciones del país: bananas, langostinos, café, cacao, flores y pesca. Tal como señala Pedro de la Cruz, presidente de la Federación Nacional de Campesinos, Indios y Negros: “Tenemos que exigir que las tierras del país sean del pueblo que las trabaja, conseguir la suficiencia alimentaria y acabar con las grandes propiedades de tierra y los intereses extranjeros que nos han mantenido en la miseria durante siglos”.
A principios de junio, las masas populares de la provincia sureña de Azuay (donde se hallan minas de oro), apoyadas por organizaciones de defensa de los derechos humanos y del medio ambiente, cortaron la carretera principal para exigir la expropiación de las compañías mineras, muchas controladas por empresas transnacionales, que han contaminado ríos y acuíferos. Alberto Acosta, ex ministro de energía y minas y uno de los más cercanos y progresistas consejeros de Correa, que dimitió de su cargo para liderar la candidatura a al Asamblea del Movimiento País, se reunió con los manifestantes y les dijo que las concesiones mineras no podían ser canceladas en su totalidad.
“Una de las tareas de la Asamblea constituyente es establecer el marco legal que nos permita revisar todas las concesiones”. [9] Las movilizaciones en defensa de los recursos naturales siguieron en Azuay y en otras provincias y dejaron bien claro que no se contentaban son las meras promesas del gobierno Correa.
En Ecuador, como en la mayoría de Latinoamérica, somos testigos de una revolución desde abajo, un despertar popular que desafía a los partidos políticos tradicionales y exige una nueva forma de gobernar que responda a las necesidades e intereses de las clases populares. La variada mezcla de fuerzas en las bases es la que está abriendo nuevas perspectivas en el siglo XXI.
En una “carta abierta a la sociedad ecuatoriana”, firmada por muchas personas y organizaciones partidarias de la Asamblea constituyente, se afirma: “Jamás en el pasado ha sido tan cierta la teoría de que el pueblo es el protagonista de la Historia. Hoy, vivimos los albores de la formación del poder popular, del poder de la Asamblea constituyente. El impulso afluye desde las entrañas del pueblo ecuatoriano. Es potente y tumultuoso”. [10]
Roger Burbach es director del Center for the Study of the Americas (CENSAD), de Berkeley, Califronia. Ha escrito mucho sobre la política en Latinoamérica y EE.UU. y en la actualidad trabaja en un libro titulado “The New Fire en the Americas”. Para más información sobre las publicaciones del CENSA, proyectos actividades, consúltese: http://globalalternatives.org/
Notas
[1] Para una relación más completa del crecimiento de los movimientos populares, véase el estudio estratégico del CENSA, “Ecuador: The Popular Rebellion Againts the ‘Partidocracia’ and the Neo-Liberal State”, http://globalalternatives.org/strategicreports.
[2] Roger Burbach, “Hard Correa”, The Guardian (London), 23 de marzo de 2007. http://commentisfree.guardian.co.uk/roger_burbach/2007/03/ecuador.html.
[3] Manuel Salgado Tamayo, Drogas, terrorismo e insurgencia (Quito: Ediciones La Tierra, 2002), pp. 319-25.
[4] Burbach, “ The Pink Tide Flows”, The Guardian, 16 de marzo de 2007.
[5] “La Cancillería alista una nota de protesta contra EE.UU.”, El Comercio, Quito, 7 de mayo de 2007.
[6] Suzana Sawyer, Indigenous Politics, Multinational Oil, and Neoliberalism in Ecuador (Duke University Press, 2004), p. 13.
[7] “La izquierda ecuatoriana otra vez irá dividida a las urnas”, El Comercio, 4 de junio de 2007.
[8] De esos 30 candidatos, seis serán elegidos internacionalmente habida cuenta de la gran población de emigrantes ecuatorianos, estimada en más de 1 millón de personas: dos serán elegidos en Europa, y otros dos en Norte y Sudamérica respectivamente.
[9] “[El]Gobierno dejará que la asamblea regule las concesiones mineras”, El Comercio, 8 de junio de 2007. Acosta ha escrito una historia económica del Ecuador (Quito: Corporación Editora Nacional, 2001).
[10] “Carta abierta a la sociedad ecuatoriana”, Quito, 21 de febrero 2007.
ZNet Ecuador, 8 de octubre de 2007







