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02/11/2019 :: Medio Oriente

Remember Faluya. 15 años de horror y resistencia en la ciudad de las mezquitas

x Antonio Torres
Recordar a los mártires de Faluya es un deber antiimperialista

Faluya que es como se suele transcribir del árabe ( فلوجة ) al castellano esta ciudad iraquí fue hace 15 años escenario de la más sangrienta batalla que tuvo lugar tras la invasión de Iraq por las tropas de la coalición internacional liderada por los Estados Unidos. Fuentes del propio ejército norteamericano, concretamente del cuerpo de marines, calificaron la segunda batalla de Faluya, en noviembre de 2004, como la peor batalla urbana tras la de Hue en Vietnam en 1968.

Faluya está situada en el centro de Iraq, a unos 70 kilómetros al Oeste de Bagdad en la rivera del Eufrates y pertenece a la Gobernación de Ambar. De mayoría árabe y musulmana suní, cuenta con una población actual de más de 90.000 habitantes, aunque hay fuentes que apuntan a que en 2010 su población superaba los 320.000. Conocida como la ciudad de las mezquitas al contar con más de 200 en su área urbana y localidades aledañas, Faluya ha destacado históricamente por su rechazo a toda dominación extranjera, fuera turco otomana, británica o posteriormente norteamericana.

Como es bien sabido, del 20 marzo al 1 de mayo de 2003, tuvo lugar la invasión de la coalición internacional liderada por los EEUU de la República de Iraq; no creemos que sea necesario volver a incidir en la sarta de mentiras que motivaron la intervención militar de los EEUU y sus aliados –el Estado español entre ellos- ni en cuáles fueron los verdaderas razonas: a) el dominio de recursos energéticos, b) mantener al dólar como moneda referente y de uso esencial en los intercambios comerciales, especialmente en el mercado del gas y el petróleo, c) acabar con un régimen político –el del Partido Baaz Árabe Socialista encabezado por Saddam Hussein– que se había opuesto a los intereses imperialistas y que suponía, a pesar de sus muchos y graves errores, un ejemplo inaceptable de soberanía e independencia nacional, frente a los no tan ejemplares regímenes títeres árabes y musulmanes y al Estado colonial de Israel.

A pesar de que el 1 de mayo de 2003, George W. Bush proclamó la victoria sobre el ejército iraquí, pasada la primavera y a principios del verano comenzaría a activarse una fuerte resistencia armada en todo Iraq que alcanzaría su apogeo entre el 2004 y el 2009/2010. A modo de recordatorio para refrescar nuestras memorias, recordemos como esa resistencia armada acabó en noviembre de 2003 con la vida de siete agentes del CNI español en una emboscada en Latifiya.

Echando la vista atrás todo parece indicar que el alto mando iraquí, tenía previsto tanto el derrumbe del ejército, a pesar de la dura resistencia que el ejército opuso en lugares como Basora, como la posterior fase de guerra de guerrillas que tendría lugar, Salah Al Mukhtar, antiguo embajador iraquí en la India y Vietnam explicaba: “La resistencia armada iraquí venía siendo sistemáticamente preparada desde 2001 cuando la dirección del país comprendió que Bush preparaba la invasión. La dirige una dirección secreta y la forma una fuerza de elite compuesta por miembros del Baaz, militares, sobre todo de la Guardia republicana, oficiales experimentados de los servicios de información y científicos de la industria militar quienes han entrenado a millones de ciudadanos”.

Igualmente, han sido muchas las informaciones que apuntaban a la existencia de una red de zulos en todo Iraq, en cuya preparación al parecer se implicó personalmente el propio Saddam Hussein, en los que se guardaban armas y dinero.

Pero, ¿qué pasó en Faluya durante el año 2014 para que lo tengamos que recordar?

Aparentemente, Faluya fue ocupada durante el periodo de “guerra convencional” del 20 de marzo al 1 de mayo sin demasiadas dificultades por los ocupantes norteamericanos; concretamente para abril de 2003 la ciudad estaba ocupada. Sin embargo, al poco tiempo, y sobre todo a raíz de la brutal persecución de la que fueron objeto funcionarios y trabajadores públicos, militantes del Baaz, o miembros de la sociedad civil (sindicatos, organizaciones de jóvenes, mujeres, etc.) vinculados al anterior régimen baazista, empezarían a tomar forma y fuerza los primeros grupos resistentes. Se puede tener la impresión equivocada de que al ser Faluya una ciudad de mayoría suní, y por tanto, susceptible de haber sido beneficiada por el régimen baazista de Saddam Hussein, se desarrollaría una especial resistencia, sin embargo, y al contrario de lo que se suele suponer, lugares de mayorías no suní como Basora o de mayoría no árabe como Mosul o Kirkuk también fueron territorios donde se generó una gran resistencia contra la ocupación.

La cuestión es que ese caldo de cultivo de represión, persecución y desprecio propiciado por los ocupantes hacia la población local dio como resultado que determinados lugares de Iraq se convirtieran en auténticos bastiones de resistencia y dignidad nacional, como ocurrió con Faluya.

Faluya 2004: Resolución Vigilante y Furia Fantasma

Como decíamos todo ese caldo de cultivo estalló en Faluya cuando cuatro contratistas –es decir, mercenarios- de la empresa Blackwater cayeron en una emboscada tendida por la insurgencia el 31 de marzo de 2004. Una vez que los mercenarios de Blackwater fueron abatidos por el fuego de ametralladoras y granadas, un grupo de personas prendió fuego a los cuerpos y los arrastraron por la ciudad hasta que finalmente fueron colgados de un puente sobre el río Eufrates.

Estos hechos dieron lugar a que el general Mark Kimmitt asegurase que iba a “pacificar” la ciudad a toda costa, en contra de las opiniones de otros mandos militares norteamericanos que sugerían una intervención quirúrgica. Así pues, el 4 de abril comenzó la llamada operación Resolución Vigilante encaminada a “pacificar” la ciudad y a acabar con los “terroristas”, que se saldó con un estrepitoso fracaso del ejército norteamericano, incapaz de contener la contraofensiva de los insurgentes de Faluya, que recibieron el apoyo del resto de grupos insurgentes de Iraq. Todo acabaría el 28 de abril con un acuerdo entre la población local y el ejército norteamericano por el cual en principio los insurgentes salían de Faluya y los norteamericanos cesaban la operación militar de castigo.

El activista antiimperialista y antisionista jordano Ibrahim Alloush (1) decía respecto a esta primera batalla de Faluya: “Cuando el enemigo se adentra en las zonas urbanas y en calles y callejones estrechos pierde mucha de la ventaja tecnológica que le proporciona sus avanzados instrumentos militares. Ello concede ventaja a los que viven desde siempre en la zona y la conocen a fondo por lo que se mueven con una mayor flexibilidad. No es necesario infringir al enemigo pérdidas mayores de las que tenemos que soportar nosotros para vencer. Lo que hay que lograr en que sus pérdidas estén por encima del listón que pueden soportar, tal como reza el principio de pérdidas inaceptables”.

El fracaso de Resolución Vigilante no estuvo solamente en que les fue imposible a las tropas norteamericanas derrotar a la insurgencia, y “pacificar” Faluya, sino en que, a pesar del acuerdo con la población local, la insurgencia convertiría Faluya en un bastión, prácticamente en una zona autónoma y liberada tanto del gobierno títere como de las tropas de ocupación.

Los ocupantes comprendieron que si querían “pacificar” Iraq antes tenían que “pacificar” Faluya, y esta vez, a diferencia de lo ocurrido en primavera, los ocupantes norteamericanos, británicos, los colaboracionistas y el gobierno títere iban a poner toda la carne en el asador; había que acabar con la insurgencia de Faluya a cualquier precio. Había que dar un escarmiento ejemplarizante. Entre el 7 y el 8 de noviembre comenzaría la operación Furia Fantasma (Phantom Fury) bautizada también en árabe como operación Al Fajr (Amanecer).

Los efectivos conjuntos de Estados Unidos, el gobierno títere de Iraq y Reino Unido eran de unos 13.500 soldados. 6.500 marines de los que 1.500 tomarían parte en el asalto, además de unos 2.500 miembros de la Armada en tareas de apoyo. Alrededor de 2.000 soldados iraquíes. Más 850 miembros de un batallón británico. Todos ellos tendrían apoyo aéreo y artillero.

Por el lado insurgente se calcula que hubo entre 3.000 ó 4.000 combatientes que construyeron defensas fortificadas, cavaron túneles y trincheras, prepararon nidos de araña;, etc. Llenaron los interiores de casas con botellas de propano, bidones de gasolina y municiones, todo ello conectado mediante cables a un interruptor remoto que podía ser pulsado cuando las tropas ocupantes entraran en el edificio. Asimismo, bloquearon calles con barreras de hormigón. Los insurgentes estaban equipados con diverso armamento ligero avanzado, que incluía equipos capturados a los estadounidenses. Entre las trampas que instalaron en edificios y vehículos se incluían puertas y ventanas conectadas mediante alambres a granadas y otros artefactos explosivos.

Utilizando la jerga de los invasores y sus títeres, “liberar” o “pacificar” Faluya implicaba inevitablemente castigar a una población civil que había demostrado su adhesión a los insurgentes, por ejemplo, en Faluya fueron frecuentes manifestaciones en las que se portaban retratos de Sadam Hussein o que asistieran a las mismas personas con el uniforme del ejército iraquí baazista. Toda una provocación para los ocupantes.

En un comunicado (2) emitido el 14 de noviembre de 2004, es decir, a una semana de iniciada la Furia Fantasma, y firmado por diferentes partidos y movimientos sociales del Estado español se decía: “El Creciente Rojo Iraquí y el Comité Internacional de la Cruz Roja alertan sobre la catástrofe humanitaria que vive Faluya y piden a las fuerzas asaltantes que cercan la ciudad que permitieran la entrada urgente de suministros sanitarios, alimentos y agua, una petición aún no atendida. 2.000 familias se han convertido en refugiadas en la vecina ciudad de Habaniya, pero decenas de miles de personas más permanecen aún en Faluya, donde la situación humanitaria es crítica. El suministro de agua y electricidad está interrumpido, y el asedio impide la evacuación de los heridos o la entrada de toda ayuda. Barrios enteros han sido reducidos a escombros y los cadáveres están esparcidos por las calles. Al menos dos hospitales han sido destruidos en los bombardeos, y el Hospital General ha sido asaltado y ocupado por las tropas estadounidenses, que han detenido a heridos y miembros de su personal sanitario. Según la prensa internacional, las fuerzas estadounidenses están recurriendo al uso de bombas de fósforo blanco, una variante del napalm. Se desconoce el número de muertos iraquíes, pero ha de ser elevadísimo, como cabe imaginar de la desigualdad de fuerzas y la brutalidad inhumana de las fuerzas de ocupación, que están siguiendo una estrategia sobre el terreno de tierra quemada”.

Las fuerzas ocupantes negarían en varias ocasiones el uso del fósforo blanco, pero un año después, en noviembre de 2005, el Pentágono admitiría (3) por primera vez su uso, aunque a la vez negaba que fuera un arma química. Igualmente, un mando del ejército británico llegó a admitir que entrenó a sus soldados en el uso de fósforo blanco.

El fósforo blanco es frecuentemente comparado con el napalm, porque se vuelve combustible espontáneamente cuando se expone al oxígeno, y puede quemar la piel hasta los huesos. Fueron varios los medios de comunicación que denunciaron el uso de fósforo blanco como el Washington Post, la RAI italiana o la BBC. En general, la Furia Fantasma estuvo muy cuestionada por su crueldad; la batalla fue una verdadera guerra urbana, casa por casa; para evitar bajas, los estadounidenses destruyeron con aviones o tanques los edificios, aumentando de este modo las bajas civiles. NBC News mostró unas imágenes de los combates en las que se veía a un marine asesinando a un insurgente iraquí herido, en el vídeo se le escucha afirmar al soldado que el iraquí se está haciendo el muerto.

Para finales de noviembre, prácticamente la resistencia había sido exterminada, pero no sería hasta el 23 de diciembre, un mes después, cuando las últimas bolsas de resistencia fueran neutralizadas.

La Cruz Roja calculó que unos 800 civiles habían perdido la vida durante la Furia Fantasma, aunque otras fuentes establecieron la cifra de 6.000 muertos y otros tantos heridos. Según algunas estimaciones, fueron destruidas 36.000 viviendas, 9.000 comercios, 65 mezquitas, 60 escuelas y toda la infraestructura de la ciudad.

Otros calculan que de sus aproximadamente 50.000 edificios fueron destruidos entre 7.000 y 10.000, y entre la mitad y dos tercios de los restantes presentaban daños considerables. Faluya fue arrasada. Faluya fue una masacre, un crimen por el que nadie pagó y del que nadie se hizo responsable. Así se “pacificó” Faluya y la Iraq post Baaz.

 Entre 2006 y 2007, la ciudad de Faluya volvió a estar sitiada en lo que fue la tercera batalla de Faluya; para finales de 2013 y principios de 2014, el Estado Islámico tomaría Faluya, siendo liberada por el ejército iraquí, con apoyo ruso, en junio de 2016.

No podemos olvidarnos del papel que jugó el que fue hasta diciembre de 2018 Secretario de Defensa de los EEUU, James Mattis, “Perro Loco”. Mattis se encargó de la negociación con la insurgencia que supuso el fin de la operación Resolución Vigilante, se le atribuye la planificación de la operación Furia Fantasma.

¿Qué fue de la resistencia iraquí?

Si algo positivo tuvo la resistencia en Faluya es que consiguió romper, al menos momentáneamente, con los planes de enfrentamiento y división étnica y religiosa de Iraq. Como ejemplo, a Faluya acudieron números combatientes del Ejército de El Mahdi, las milicias chiíes del polémico clérigo Muqtada al Sadr. Básicamente, el grueso de lo que se llamó insurgencia o resistencia iraquí estuvo dominado por por ex militares, tanto del ejército, como de cuerpos especiales como la Guardia Republicana, los Fedaiyines de Saddam o el Ejército de Al Quds, y también por cuadros del Partido Baaz.

El Partido Baaz resurgiría de la mano del alto dirigente del gobierno iraquí y amigo personal de Sadam Hussein, Izzat Ibrahim al Duri, con el denominado Frente Jihad y Liberación-Partido Baaz Árabe Socialista de Iraq. Fuera de la oficialidad del Baaz encontramos grupos de disidentes del baazismo iraquí –ya fueran pro sirios o simplemente contrarios a la línea de Sadam Hussein-, nasseristas y comunistas –más bien de las diferentes escisiones del PC iraquí– con menor potencia de ataque como la Alianza Patriótica Iraquí.

Hay que reconocer que finalmente la división sectaria del país propiciada por los ocupantes dio sus frutos. En primer lugar, los grupos chiíes político-religiosos se inclinaron en un primer momento por la colaboración con los ocupantes, con el visto bueno de Irán, quitando la excepción puntual y matizada de Muqtada Al Sader que siempre se han mantenido alejado de la influencia iraní, priorizando muchas veces una visión patriótica iraquí y árabe.

Por otro lado, los grupos baazistas hegemonizados por los suníes en muchos casos sufrieron la infiltración de Al Qaeda, y por otro lado, seguían manteniendo un profundo sectarismo anti chií y, sobre todo, anti persa –el eterno enemigo iraní-, y en otros, cegados por esa visión sectaria colaboraron e incluso se afiliaron al Estado Islámico. El ejemplo más claro lo tenemos con el propio Izzat Ibrahim Al Duri, que pactó con el Estado Islámico e integró a sus grupos armados dentro del mismo para acabar con lo que denominaba como injerencia iraní, a través del ex primer ministro Al Maliki. Son muchas las informaciones que indican que el Estado islámico utilizó al Baaz de Al Duri como un mero peón y que cuando dejaron de ser útiles comenzaron a exterminarlos, como al parecer pasó en Mosul y en otro lugares.

Todo parece indicar que el propio Al Duri está refugiado y protegido por el régimen saudí; Al Duri considera que el principal enemigo de Iraq es la “expansión iraní” y, como consecuencia, piensa que la mejor opción para hacer frente a esa “amenaza” es la alianza con Arabia Saudí. No tan fiable pero tampoco en absoluto descartable serían los rumores que apuntan a que el propio Al Duri formase parte del Estado Islámico. El caso es que el Baaz de Al Duri fue una pieza clave para la creación y expansión del Estado Islámico en Iraq.

La situación se complicaría aún más con un Al Maliki cada vez más inclinado hacia Irán, Rusia y China y cada vez más alejado de los EE.UU., con el desarrollo de milicias como las Unidades de Movilización Popular (PMU), cercanos al modelo libanés de Hizbullah, que asumieron un protagonismo indiscutible en la lucha contra el Estado Islámico tanto en Iraq como en la vecina Siria, y con un parlamento salido de las elecciones de 2018 en la que la coalición Sairun, formada entre otros por el Partido Comunista y por la organización de Moqtada Al Sader, se hizo con la mayoría de los escaños.

Iraq fue destrozada, las cicatrices están ahí y seguirán por mucho tiempo, los invasores norteamericanos juraron enviar a Iraq a la edad de piedra, y casi lo consiguieron. Los invasores consiguieron dividir Iraq, libanizarlo, rompiendo la convivencia entre grupos étnicos y religiosos, y sembrando el sectarismo en la vida diaria de los iraquíes; solamente las protestas sociales están consiguiendo erosionar el sistema sectario y unir a los oprimidos de Iraq, independientemente de su origen étnico o de sus creencias, porque ese es el único futuro posible.

Recordar a los mártires de Faluya es un deber antiimperialista. Ya Fidel Castro destacó que los combatientes de Faluya demostraban como un ejército en desventaja númerica y armamentística fue capaz de doblarle el brazo a los poderosos ejércitos de los imperialistas. La moral de los combatientes de Faluya vive en la resistencia patriótica yemení, y por supuesto, en la de la resistencia antiimperialista y antisionista de la República Árabe Siria que tiene después de tantos años de sacrificio y martirio la victoria al alcance de sus manos.

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