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07/02/2019 :: México

Significados de las históricas Huelgas de Matamoros-2019: Lecciones, alcances y desafíos (I)

x José Luis Ríos Vera
Al octavo día de Huelgas, 34 empresas fueron derrotadas y cedieron a las demandas obreras

Introducción

Más de cuarenta mil obreros negaron su fuerza de trabajo a cuarenta y cinco empresas de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación de la ciudad fronteriza de Matamoros (estado de Tamaulipas, México). Los grandes contingentes obreros estallaron huelgas en cada una de las empresas el 25 de enero de 2019. A partir de este día, los obreros paralizaron las líneas de producción, y los representantes del capital, encolerizados, hicieron ver en ello la caída de un rayo en cielo sereno. Nada más lejano de la realidad. Las maquiladoras representan cadenas de valor que infunden vida a la “globalización neoliberal” a partir de las condiciones estructurales de superexplotación del trabajo. Las clases dominantes (locales-extranjeras) en México construyeron un patrón de reproducción del capital con el que se integraron de modo subordinado a la “globalización” reproduciendo en escala ampliada relaciones de superexplotación y condiciones sistémicas de dependencia.

Al octavo día de Huelgas, 34 empresas fueron derrotadas y cedieron a las demandas obreras (Bono Anual –que patrones intentaron cancelar este año y que hizo explotar el conflicto–; 20% de Incremento Salarial, Reducción de la cuota sindical); cuatro días después, 41 de 45 empresas aceptaron las reivindicaciones de los trabajadores.

Este histórico movimiento de Huelga, ofrece significativas lecciones al mundo del trabajo, al poder obrero y popular así como también desafía los vientos de “continuidad y cambio” que envuelven a la nueva etapa del país.

En una apretada síntesis, esta primera parte aborda las primeras lecciones y desafíos que ha lanzado el histórico movimiento obrero de Matamoros. En otro momento discutiremos la dinámica de este conflicto entre el capital/trabajo y que sustenta estas lecciones y desafíos que señalamos.

Lecciones, alcances y desafíos del poder obrero

En enero de 2019, el movimiento obrero de Matamoros conmocionó las estructuras históricas del sindicalismo corporativo ligado históricamente a los intereses de la empresa. Se rebeló a los poderosos mecanismos de coerción y control obrero que tiene maniatada a más de 60% de la clase trabajadora sindicalizada en México.

Al desbordar y desnudar al sindicalismo corporativo tradicional cuyo eje se conforma históricamente en la interrelación sindicato-empresa-Estado y ha sido hegemónico bajo la era neoliberal, se mostró la fuerza del poder obrero y la necesidad política de fortalecer su trascendental lucha por la democratización sustantiva del sindicalismo en México, su independencia política, su carácter de clase y la conformación ampliada de la clase trabajadora que permita elevar las condiciones de organización y representación clasistas acorde a las necesidades e intereses del conjunto de las clases trabajadoras, marcadas actualmente por la desocupación, la extensión estructural de la precarización laboral, y la erosión de los derechos y conquistas de los trabajadores.

El movimiento obrero se levantó esencialmente frente a las relaciones de superexplotación del trabajo endógenas a la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación, conformada predominantemente por la gran corporación transnacional. El poder obrero de Matamoros cuestionó con gran profundidad las condiciones y mecanismos de opresión, coerción y control político que ejercen, el sindicalismo oficial (charrismo sindical), las cámaras patronales (Consejo Coordinador Empresarial, CCE; la Confederación de Cámaras Industriales, CONCAMIN; el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación, INDEX; la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, AMIA; la Cámara Nacional de la Industria del Acero, Canacero; y un conjunto de instituciones y agentes estatales, que fungen como vehículos para efectivizar las mayores condiciones de explotación del trabajo y que impiden al trabajador la reproducción de sus condiciones de existencia en las condiciones normales del siglo XXI.

El movimiento de huelga evidenció públicamente el papel manipulador que llevaron a cabo la mayor parte de los medios de comunicación y las empresas, los que fueron superados por los lazos de pertenencia y solidaridad de clase entre los trabajadores y el uso extraordinario que implementaron de las redes sociales.

Los nexos estructurales sobre los que reposa el actual conflicto entre el capital/trabajo agudizado en los parques manufactureros y maquiladores de la ciudad de Matamoros, nos permiten sostener otra de las lecciones y mayores significados de las históricas huelgas obreras experimentadas en enero de 2019: el movimiento obrero ha puesto en tela de juicio el patrón de reproducción del capital vigente en México y las relaciones de superexplotación del trabajo que lo sustentan, y dentro del cual, tiene precisamente en la Industria Maquiladora de Exportación a uno de sus núcleos fundamentales.[1]

Patrón de reproducción del capital: superexplotación del trabajo, dependencia y subdesarrollo

Las relaciones de superexplotación del trabajo han sustentado por décadas la reproducción de un patrón de acumulación del capital volcado a la especialización productiva, es decir, una forma específica que el capital despliega al concentrarse en unos cuantos sectores y ramas productivas especializadas y subordinadas al mercado exterior, tales como el sector manufacturero automotriz, aparatos electrónicos, de computación, aeroespacial, electrodomésticos, equipo y aparatos eléctricos, así como el despojo y devastación de recursos naturales (energéticos, minerales, etc.), nichos productivos de la agroindustria exportadora, entre otros.

El capitalismo dependiente mexicano tiene como uno de sus cimientos a la Industria Maquiladora de Exportación, pues ésta ocupa uno de los principales lugares en el proceso de acumulación del capital.

En las últimas décadas del siglo XX las corporaciones transnacionales descentralizaron y externalizaron sus procesos de producción en eslabones y etapas productivas alrededor del mundo (diseño, investigación, manufactura, ensamblado, comercialización, etc.). Configuraron nuevas cadenas globales de valor, buscando las mejores facilidades a la inversión, menores costos de producción, elevadas tasas de superexplotación, mayores tasas de ganancia, cercanía a grandes mercados, etc. Dentro de estas condiciones históricas se presentó -en el marco de la negociación del TLCAN, hoy T-MEC-, el relativo auge de la inversión extranjera en México, con lo que se buscó generar las mayores facilidades y condiciones para atraer inversiones sobre la base del impulso a una economía exportadora. México se colocó para las corporaciones transnacionales (principalmente estadounidenses) en un escenario de producción “regional”, cuya significación real residió en hacer de la superexplotación del trabajo el “factor de competitividad global”. De representar uno de los más altos salarios de América Latina en 1994, el salario mínimo en México cayó al último lugar de la región en la última década. Desde los años noventas, se experimentó un gran crecimiento de las plantas maquiladoras, pasando de 1,700 plantas que ocupaban a medio millón de trabajadores en 1990 a 3,590 en el año 2000, ocupando a 1.2 millones de trabajadores. En la actualidad son más de 5,100 establecimientos que ocupan a 2.7 millones de trabajadores.

La manufactura ha sido el sector privilegiado por las inversiones del capital extranjero en México, lo que se explica por los vínculos de ésta con el mercado exterior y elevadas tasas de ganancia que reposan en las condiciones de superexplotación de los trabajadores. En el periodo 2000-2014, las ramas manufactureras en las que se concentró la inversión extranjera directa (IED) fueron cinco: equipo de transporte, bebidas y tabaco, alimentos y bebidas, química, computación y comunicación. La industria manufacturera destacó al concentrar más de dos tercios del total de las exportaciones (83%). Para el año de 2017 alcanzó el 89% del total exportado. Para 2017 (ene-nov) la rama de equipos de transporte destaca por concentrar 35% de las exportaciones equivalentes a 150 mil millones de dólares; maquinaria, equipo y productos metálicos diversos concentran el 23%; equipos y aparatos eléctricos y electrónicos acaparan el 20% del total exportado. En conjunto, solo este núcleo de manufacturas concentró el 78% de las exportaciones manufactureras en dicho periodo (El financiero, 29/01/2018).

El carácter concentrador de IED en la manufactura, ha conducido a su concentración en torno a sectores productivos (desigualdad productiva) y en torno a regiones y entidades federativas (desigualdad regional), pues la mitad de la inversión de la economía estadounidense se concentra en cinco o seis estados fronterizos con EEUU, sedes principales en el establecimiento de empresas maquiladoras.

Este patrón de reproducción del capital de especialización productiva se caracteriza por una elevada dependencia financiera, una concentración en la industria manufacturera y maquiladora exportadora, con un permanente déficit comercial derivado del alto índice de importaciones, procesos de desindustrialización (alta desocupación), y una creciente dependencia tecnológica (pobre desarrollo científico-tecnológico-educativo) y comercial con los capitales y mercados externos (abandono del mercado nacional), en suma, una compleja dialéctica reproductiva de subdesarrollo.

Las maquiladoras reflejan los grados de subordinación a la división internacional del trabajo, la reproducción dependiente que el país encierra en su integración a las cadenas de valor del capital transnacional y sus condiciones estructurales de explotación y esclavitud moderna que involucran al grueso de los trabajadores. Ha sido el movimiento obrero de Matamoros quien ha puesto de manifiesto el cuestionamiento esencial al patrón de acumulación y reproducción del capital vigente en México, y que tiene a la Industria Maquiladora como uno de sus polos principales.

Desafíos a la 4T

En este sentido, sostenemos que el movimiento obrero gestado en las maquiladoras de Matamoros lanza un enorme desafío a lo que se presenta como la Cuarta Transformación (4T) de la historia de México abanderada por el nuevo gobierno, y ello al presentarle frente a sus ojos las profundas raíces de una dependencia estructural que se traduce en subordinación económica y política (especialmente a EEUU), subdesarrollo y superexplotación del trabajo, mismas que no pueden transformarse con programas de políticas públicas y sociales -por más significativos que lograran ser-, ni por decreto.

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Nota: [1] Para su mayor profundización, y donde abordamos estas problemáticas con mayor bibliografía, véase mi trabajo: “México frente al globalismo neoliberal: superexplotación, despojo y barbarie”, (4 partes), 18/03/2018, https://www.lahaine.org/mundo.php/mexico-frente-al-globalismo-neoliberal

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