Teorías del golpe de estado

Hasta ahora, no había habido un golpe de estado como es debido que no involucrara -cuando menos- la exhibición de armas y tropas. Pero el recuento de Florida no los necesitó y de este modo quedó alterada y subvertida la voluntad popular que se había decantado mayoritariamente por Gore como presidente, el cual, siempre según Moore, ha pasado a ser considerado como presidente en el exilio, esto sí, un cómodo exilio interior.
Al pairo de los hechos del 11 de septiembre de 2001, aparecieron de otras teorías que hablaban de un segundo tipo moderno de golpe de estado. De acuerdo con estas teorías, Bush habría estado secuestrado -y con él la voluntad popular por segunda vez- por oscuras fuerzas politíco-econòmico-militares que le habrían obligado a atacar, primero Afganistán y, después Iraq, una versión que no me costaría demasiado descartar por lo que tiene de benevolente con este «hombre elegido por nadie que está sentado en la Casa Blanca», también según palabras de Moore. Aun así, hay de otros indicios que no hace falta ir tan lejos para ver nuevas y ciertamente bastas formas de golpe de estado moderno. Todo parece apuntar que nos ha faltado bien poco que no nos secuestraran la información sobre los hechos del 11-M en Madrid. Quien sabe hasta qué niveles se habría consumado este secuestro sin Internet y la telefonía móvil que canalizaron las legítimas reivindicaciones sobre el derecho constitucional a ser informados y, muy especialmente, a saber quién nos está matando y por qué.
A estas alturas son muchos los que se hacen preguntas sobre la naturaleza de la revuelta popular explicitada el sábado y materializada a las urnas el domingo. Ha habido quienes han tenido la cara de tildar estas manifestaciones de ilegales e ilegítimas, los mismos que, a pesar de reivindicar la Constitución, parece que no han entendido en todo -o en parte- la forma y el fondo del artículo 20 de la Carta Magna. Somos muchos los que decimos que nuestra sociedad es la sociedad de la información y del conocimiento y acaso no éramos conscientes de algunas de las implicaciones de esta afirmación, como han sido las movilizaciones del sábado destinadas a contrarrestar las de cada día más evidentes manipulaciones de una información vital, en un sentido trágicamente literal.
Aun así, a estas alturas, todavía pesa una espesa sombra de sospecha sobre algunos intentos de secuestro de la información a través de Internet, dado que somos muchos los internautas que experimentamos problemas, digamos curiosos, con el acceso a Internet. Dicen que el problema ha sido la saturación de la red, pero hay muchos indicios de que a algunos servidores de la operadora de telefonía dominante habían aparecido filtros misteriosos que impedían que la información de miles de páginas web alojadas en los Estados Unidos llegaran a los clientes de esta operadora. Lo afirmo con conocimiento porque, ya sea a causa del filtro o de la avería, la mía estuvo secuestrada desde el jueves por la tarde hasta el lunes por la tarde, momento en el cual Telefónica me reconoció que tenían una avería. La operadora tendrá que recurrir a una buena explicación para explicar con pelos y señales, los detalles de esta avería, estúpida en sus consecuencias, puesto que no consiguió limitar el acceso a las ediciones digitales de los principales diarios americanos, pero que nos avisó de los peligros de la dependencia de un solo operador.
En cualquiera caso, sin ningún asomo de duda, ha quedado claro que tenemos la obligación de proteger estos nuevos medios de comunicación de los secuestradores (y/o ineptos) de siempre, sobre todo ahora que han mostrado su utilidad en defensa de la democracia. Esta vez no parece que se hayan salido con la suya, como no se salieron el 23-F del 1981 gracias a la radio, pero si no estamos alerta si vuelven a intentarlo lo conseguirán.
*Llorenc Valverde es catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de las Illes Balears (UIB)







