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22/09/2017 :: Argentina

Trasfondos. Sobre la desaparición forzosa de Santiago Maldonado

x Miguel Mazzeo
Para las clases dominantes es fundamental garantizar el aislamiento de las comunidades en lucha. Por eso Santiago sigue desaparecido

La desaparición forzosa de Santiago Maldonado terminó siendo delatora de un conjunto de situaciones que constituyen los fundamentos mismos de la política represiva del gobierno argentino. Puso sobre el tapete el peso de las estructuras de dominación basadas en el despojo de los pueblos condenados a una muerte por desarraigo; mostró cuan desarrollados están los sistemas de usurpación territorial y la intensidad que pretenden desarrollar sus personeros junto con la impiedad y la barbarie que están dispuestos a ejercer. Si tenemos en cuenta este trasfondo, difícilmente la desaparición de Santiago pueda considerarse un “accidente” o un hecho aislado.

 Esas estructuras y esos sistemas se han conformado a lo largo de los años a partir de la articulación de diversos actores: terratenientes extranjeros y locales, grandes empresas mineras, forestales o hidroeléctricas; grupos financieros y mercantiles, sectores del Estado: el poder político y judicial, las fuerzas de seguridad, los organismos de inteligencia y, claro está, los medios de desinformación. Se constituyó así un bloque monolítico, prácticamente sin fisuras. Lo que le confirió un elevado grado de inmunidad e impunidad. Este bloque ni siquiera tuvo que hacer trampa después de que se hizo la ley. Para ellos la ley ya era la trampa. Todo sigue igual, como está a la vista. O un poco peor. Hoy el contexto político, ideológico y cultural, por la vía de la identificación, la indiferencia o la insensibilidad generalizada, alienta la mentira provocatoria, el arrebato discriminatorio, el cinismo ilimitado y justifica la crueldad ejercida contra las víctimas.

En la Patagonia (a ambos lados de la cordillera) pervive la vieja cultura conservadora del latifundio, la cultura de los “conquistadores del desierto” y los “pacificadores de la araucaria”. Más recientemente esa vieja cultura se ha combinado sin demasiadas contradicciones con la “moderna” cultura del extractivismo y la mercantilización de los recursos naturales y de todas las esferas de la actividad humana. Se trata de culturas “falsas”, que no admiten otra “incorporación” que no implique dominación y subordinación. De este modo, no hacen otra cosa que reproducir la muerte.

En las últimas décadas el despojo ha adquirido nuevos ritmos. Se ha tornado vertiginoso. Viene avanzando a pasos agigantados, apoderándose de bosques, ríos, montañas, animales y seres humanos. Según los tecnócratas neoliberales, esa es la única posibilidad de hacer competitivas a nuestras economías periféricas y atrasadas. No podemos darnos el “lujo” de la sustentabilidad, dicen. Ni hablar de democratizar el derecho a la propiedad.

La desaparición forzosa de Santiago Maldonado también puso en evidencia el carácter estratégico de la lucha de los pueblos (originarios o no) en defensa de sus territorios, concebidos como espacios integrales, como entornos naturales y espirituales. El control territorial, entonces, es la base para la reconstrucción material, identitaria y política de los pueblos. Y la autonomía territorial es la base para los procesos emancipatorios más amplios. Los pueblos quieren la tierra para reconstruirla y reconstruirse. Otro trasfondo. Vale decir que los mapuche, por ejemplo, nunca ambicionaron el territorio de los otros y las otras. Solo han reclamado por el propio, el que les robaron o el que pretenden robarles. No se puede decir lo mismo de Benetton o Lewis.

Son tiempos de acumulación por desposesión, de trasnacionalización de la economía y pérdida de soberanía. Son tiempos de colonización de las subjetividades por parte del mercado y de auge de la cosmovisión que pone el énfasis en la libertad individual, la propiedad privada y los formatos empresariales: ¡todos y todas somos capitalistas! Entonces, la lucha por el territorio adquiere centralidad, universalidad y capacidad de articular un sujeto anticapitalista extenso y diverso. Hoy más que nunca, la resistencia de los pueblos originarios, su lucha por tierra e identidad, el pensamiento cosmovisionario ancestral (que no escinde a la naturaleza del ser, a la tierra del ser), cobran nuevos sentidos. Por eso son objeto de desprecio y estigmatización para la derecha y los grupos más representativos del poder dominante. Con la desaparición de Santiago comenzaron a instalarse con más fuerza las “ideologías de la distinción” y los discursos sobre los “no iguales”: pobres, indios, campesinos…

La repuesta represiva del Estado (en ambos lados de la cordillera), tiende a cortar de raíz los procesos de lucha de las comunidades en defensa del territorio. Esa respuesta contempla el recurso a terrorismo de Estado, con sus leyes antiterroristas, con sus leyes de seguridad interior –que son verdaderas trampas-, con sus discursos contrainsurgentes y con los grandes medios de desinformación satanizando a quienes se resisten al despojo (“subversivos”, “terroristas”) y obviando las aberraciones de los despojadores. Estos medios son cajas de resonancia de los intereses de las grandes empresas, los terratenientes y el Estado represor.

Al mismo tiempo, desde el poder, se pretende evitar cualquier connato de solidaridad. Para las clases dominantes es fundamental garantizar el aislamiento de las comunidades en lucha. Por eso Santiago sigue desaparecido. Entonces, para nosotros y nosotras es fundamental comprender los alcances de esa lucha. La lucha del pueblo mapuche por sus territorios ancestrales es parte de la lucha para que el conjunto de los y las de abajo recuperen sus propias territorialidades materiales o simbólicas, o para que no pierdan los fragmentos de las mismas que aún conservan, incluyendo a la mismísima patria. Sus experiencias de control territorial, sus formas embrionarias de autonomía, resaltan como alternativa a la ciudadanía neoliberal y la democracia precaria que se nos quiere imponer, un ejemplo de democracia radical para todos y todas.

¿Dónde está Santiago Maldonado?

Lanús Oeste, 20 de septiembre de 2017
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