Un millón de muertos, el saldo de la guerra "antiterrorista" de EEUU tras el 11S de 2001
No hubo campanadas ni lectura de los millones de nombres que han muerto, fueron heridos o desplazados en otros países por acciones imperiales que usaron este ataque como excusa
Hace 25 años EEUU proclamó una "guerra contra el terrorismo" que ha costado casi un millón de vidas en el extranjero y ha servido para criticar y perseguir a disidentes dentro del país; actualmente es empleada por Trump para justificar conflictos contra Irán y Cuba, así como el asedio contra inmigrantes y opositores locales.
En este aniversario del primer ataque de fuerzas extranjeras al territorio estadounidense (con la simbólica excepción de la incursión de Pancho Villa a Columbus, Nuevo México), se realizó una serie de actos que culminaron con la remembranza de la destrucción de las Torres Gemelas, donde murieron 2 mil 753 personas (en total, perecieron 2 mil 997 en los ataques de ese día, incluidos al Pentágono, en un campo de Pensilvania y los pasajeros de los aviones).
Entre los estadounidenses mayores de 10 años de edad en 2001, 93 % recuerdan exactamente dónde estaban cuando llegó la noticia del derrumbe de las Torres Gemelas, según una nueva encuesta de Pew Center. El día, conocido como 9-11 o 11S por la fecha, está grabado en la memoria colectiva del país imperialista.
Casi inmediatamente después del atentado terrorista, Bush empezó a preparar una guerra no provocada contra Irak (país que nada tuvo qué ver con el (¿auto?)ataque) y Afganistán. Generó y nutrió un ola contra el Islam que incluyó el arresto de cientos de musulmanes mientras miles enfrentaron procesos de deportación. Pero este viernes, en la ceremonia central en el parque monumento en la Zona Cero, donde se alzaban al cielo las Torres Gemelas, el anfitrión fue un musulmán: el alcalde inmigrante y socialdemócrata Zohran Mamdani.
La era pos 11S se definió por sus guerras y la persecución de "enemigos" internos, pero también por un masivo movimiento que rechazó ese esquema, generando solidaridad tanto dentro del país como con otras naciones, impulsando un cambio progresista bajo las sombras de los poderosos que usaron las torres para propósitos derechistas.
El 20 de septiembre, nueve días después del 11S, Bush declaró una "guerra contra el terrorismo". Lanzó lo que sería la incursión bélica más larga de la historia de EEUU contra Afganistán, el 7 de octubre de 2001, que duró 20 años y terminó con derrota imperial.
La guerra contra Irak comenzó en 2003 bajo la misma justificación. El "terrorismo" se convirtió en el nuevo enemigo externo e interno. Sustituyó al comunismo y a las drogas como las máximas amenazas.
Hoy, el término "terrorismo" se aplica a todo, desde enemigos externos, entre ellos Cuba, Venezuela e Irán, como a viejos adversarios, bautizando a los cárteles y narcotraficantes como organizaciones terroristas, o hasta fusionando bajo ese nombre a nuevas amenazas, como el "islam-comunismo".
Campo de batalla en 78 países
Son 25 años de guerra y los costos son enormes. El actual gobierno estadounidense continúa con lo que llama actividades antiterroristas en 78 países. Se calcula que aproximadamente 4,5 millones de personas han muerto directa e indirectamente por las guerras pos 11S (por lo menos 940 mil fallecieron debido la violencia bélica) y han sido desplazadas por lo menos 38 millones de personas de sus hogares; el gasto estadounidense en los conflictos supera 8 billones (con b) de dólares, según el proyecto 'Costs of War' de la Universidad Brown.
La presencia de EEUU en Afganistán duró 19 años, 10 meses y 23 días, desde el 7 de octubre de 2001, hasta 30 de agosto de 2021. Murieron --según cifras oficiales poco creíbles-- 2.442 soldados estadounidenses y 1.144 soldados de diferentes países de la OTAN y al menos 3.846 contratistas. Los números parecen limitados en comparación a los 51.191 soldados afganos muertos en el mismo período, además de entre 47.000 y 71.000 civiles y entre 66.000 y 73.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas.
Las medidas antiterroristas inventadas en la era pos 11S se emplean como justificación para ataques militares en el extranjero, como a las lanchas pesqueras destruidas bajo el argumento de pertenecer a narcos y contra otras naciones, pero también a opositores dentro del país. Hay dos tipos de medidas: contra quienes llevan a cabo lo que oficialmente se de nomina "atentado terrorista" y hacia quienes ofrecen "apoyo material" a aquellos que cometen los actos violentos o no.
Son acciones legales muy ambiguas --se acaba de enjuiciar a ocho activistas en Texas que protestaban contra un centro de detención de inmigrantes y confrontaron a agentes y policías; fueron condenados a un total, entre todos, a 450 años-- que prevén décadas de cárcel a los acusados de participar y/o apoyar un acto de terrorismo.
Vale recordar que el terrorismo doméstico de estadounidenses blancos es causante de muchos más actos criminales que los ejecutados por actores extranjeros o islámicos; de hecho, hasta el retorno de Trump, el Departamento de Seguridad Interna y agencias de inteligencia definían como la mayor amenaza de seguridad interna a las facciones locales de extrema derecha.
El mayor acto de terrorismo doméstico fue cometido en 1995 contra el edificio federal en Oklahoma City, donde murieron 167 personas y cientos más resultaron heridas. Los responsables eran Timothy McVeigh y Terry Nichols, ultraderechistas blancos.
Durante estos 25 años también hubo otros cambios que siguen brotando hasta hoy. El movimiento contra la guerra en Irak fue más grande en sus expresiones en las calles que el de Vietnam, y las manifestaciones contra el neoliberalismo altermundistas, Ocupa Wall Street y nuevas alianzas cimentadas en las dos campañas electorales presidenciales de Bernie Sanders, expresaron una oposición constante al esquema establecido de la era pos 11S por las cúpulas políticas.
También vale recordar que después del gobierno de Bush y su grupo neoconservador que impuso el esquema bélico pos 11S, se eligió al primer presidente afroestadounidense, que prometió "el cambio" y obtuvo el Nobel de la paz siendo uno de los más guerreristas de la historia. Fuerzas progresistas siguen condenando las guerras, rechazan la etiqueta de "terrorismo" contra países como Cuba y no sólo eligieron a un musulmán en la ciudad más grande del país, sino que otro progresista con la misma creencia religiosa ganó contra la cúpula para ser candidato al senado por Michigan, mientras Ilhan Omar y Rashida Tlaib (primera palestina-estadounidense en el Congreso) continúan enfrentando a la ultraderecha cada vez con más aliados.
Conmemoración sin Trump
La mañana de este viernes, familiares de los caídos, incluidos bomberos, policías y personal de emergencia que murieron al intentar rescatar a víctimas, y también a los que después padecieron enfermedades causadas al ser expuestos a los venenos en el aire y en los escombros, y algunos políticos escucharon seis campanadas en la ceremonia conmemorativa.
Trump decidió no venir porque no se le permitió hacer declaraciones como es la regla con todo político. Las campanas replicaron a las 8:46, cuando el primer avión impactó la torre norte; 9:03, momento en que la segunda nave se estrelló contra la torre sur; 9:37, cuando otra aeronave (o misil, aun no queda claro) impactó en la sede del Pentágono; 9:59, hora en que se derrumbó la torre sur; 10:03 tiempo en que el vuelo 93 se desplomó en un campo en Pensilvania, y a las 10:28, cuando se derrumbó la segunda torre.
Pero no hubo campanadas ni lectura de los millones de nombres que han muerto, fueron heridos o desplazados en otros países por acciones imperiales que usaron este ataque como excusa, algo que sigue hasta hoy.
La era pos 11S de 2001 sigue en disputa.
CLAE







