Victoria venezolana, boicot importado

En todo caso, la liza electoral venezolana ha servido para remarcar dos constantes que aparecen, prácticamente de manera calcada, en cada cita electoral, desde hace siete años. De una parte, cada elección, desde su llegada al poder, ha servido para demostrar la capacidad de Chávez de revalidar, pese a las campañas mediáticas y a las movilizaciones en la calle, su apoyo electoral. El líder del Movimiento V República no sólo no se ve desgastado significativamente por las críticas opositoras y por la censura de la Administración estadounidense, sino que consigue aumentar a cada votación su cuota de apoyo electoral. Esta constante podría repetirse tras los comicios a la Asamblea Nacional, o así lo hacía presagiar, al menos, la alta cifra de participación que indicaban los primeros sondeos a pie de urna. La segunda constante en el devenir político venezolano, también prácticamente desde la llegada al poder de Chávez, ha sido la utilización del boicot como arma política. A este respecto, y por mucho que los partidos de la oposición traten de hacer suyo el dato de la abstención, hay que constatar que todo apuntaba ayer a que a los colegios electorales venezolanos concurrió un porcentaje de votantes notablemente superior al que participa, por ejemplo, en la mayoría de los estados europeos, y por descontado de EEUU, sin que ningún ente oficial al uso se atreva a cuestionar por ello la legitimidad de sus respectivos comicios.
La cita electoral de ayer puso de manifiesto el escaso interés del electorado venezolano, comulgue en todo, en parte o en nada con Chávez, por secundar un boicot que parece responder a una consigna de los benefactores estadounidenses de estos partidos. Podemos deducir de ello que, tampoco en esta ocasión, la injerencia de Washington dará los réditos esperados para los anti-Chávez, que fracasaron en su golpe de 2002, en el «paro petrolero de 2003» y en el referéndum revocatorio de 2004. Su salida del Parlamento puede ser un paso más en el declive de una oposición incapaz de plantear una alternativa soberana al bolivarismo. El propio presidente llegó a manifestar ayer que los partidos tradicionales han muerto en Venezuela.







