Violencia «invisible» en el norte de Irlanda

Durante este fin de semana esta violencia ha vuelto a hacerse manifiesta tanto en Belfast como en otras áreas de mayoría protestante, como Antrim, Ballymena, Ballyclare, Carrickfergus, Glengormely y Larne.
La decisión de la Comisión de Marchas de alterar el recorrido de una marcha orangista para que no atravesara un área nacionalista en Springfield Road ha dado origen a los peores incidentes vividos en el norte de Irlanda en los últimos años. Los unionistas emplearon armas de fuego y bombas caseras contra la Policía y un joven católico se encuentra en situación muy grave tras haber sido atacado por un grupo de diez lealistas el viernes por la noche. A todo esto hay que añadir coches, autobuses y locales incendiados, además de otros múltiples daños.
En demasiadas ocasiones este tipo de hechos pasan desapercibidos para buena parte de la opinión pública. De hecho, la actuación violenta de los unionistas está siendo una constante en los últimos meses, tanto con ataques a católicos, como con enfrentamientos entre distintas facciones lealistas. Sin embargo, parece como si este tipo de agresiones no contasen a la hora del análisis político. Ocurre en muchas ocasiones a lo largo y ancho del mundo.
En periodos de «tregua» entre israelíes y palestinos se producen multitud de acciones violentas por parte del Ejército, con muertes y destrucciones de inmuebles, pero sólo si se da un atentado palestino se comienza a hablar de que «el proceso está en peligro».
Sin ir tan lejos, también en Euskal Herria podríamos encontrar ejemplos similares, en los que, por ejemplo, unas pintadas en una sede política se elevan a la categoría de ataque eclipsando el hecho de que diariamente un importante sector de esta sociedad está siendo perseguido, espiado, desposeído de sus cargos políticos y de sus derechos civiles.
Es más que probable que si lo ocurrido este fin de semana en el norte de Irlanda hubiera sido protagonizado por nacionalistas, Tony Blair habría hecho algún tipo de admonición pública a los republicanos. La violencia unionista, en cambio, diríase que resulta invisible y se sigue otorgando a sus líderes un cierto derecho de veto sobre el futuro de Irlanda.







