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Estado español :: 30/07/2026

El Estado español arde: lo que los datos dicen sobre los incendios

Gonzalo Saiz
No arde más veces que antes, pero arde peor cuando arde, porque el daño se concentra en unos pocos megaincendios sobre un paisaje cada vez más continuo y despoblado

Cada verano, cuando el humo cubre los telediarios, se repite el mismo relato de que el Estado español arde más que nunca y la culpa es del cambio climático. Cuando se contrasta con los datos oficiales de la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del Ministerio, depurada por la fundación Civio, con casi 300.000 incendios registrados entre 1968 y 2022, la historia resulta ser, como mínimo, incompleta.

¿Han aumentado los incendios?

El primer resultado incomoda a casi todos. Por número de incendios, en el siglo XXI hay menos incendios que en el siglo XX. Hay una media de 5.728 fuegos al año en el período de 1968-1999 y ahora se ha pasado a 4.936 entre 2000-2022. También la superficie media anual ha caído de 172.000 a 113.000 hectáreas de media al año. Sin embargo, contar incendios no mide el daño. La superficie quemada es enormemente volátil y depende de unos pocos años extremos. La clave está en la asimetría del daño de unos pocos incendios (fat tails) que hace que el 1 % de incendios más grandes explique alrededor del 49 % de toda la superficie quemada. Dicho de otro modo, casi la mitad del daño lo causa una minoría diminuta de grandes incendios. El problema no es el incendio típico, sino el catastrófico.

Figura 1. Número medio de incendios por décadas. Fuente: EGIF / Civio.

La mayor parte de los incendios son causados por los humanos

La segunda conclusión es igual de contundente. Entre 2000 y 2022, el 83 % de los incendios tuvo causa humana por negligencias, accidentes, ferrocarril o intención, frente a apenas un 2 % de origen natural, es decir, rayos. Dentro de lo humano, cerca de tres de cada cuatro fuegos fueron intencionados, aunque conviene recordar una cautela metodológica: en más del 76 % de los casos la causa es "supuesta" por el agente, no probada judicialmente.

Figura 2. Causas de los incendios en 2000-2022: alrededor del 83 % tiene origen humano. Fuente: EGIF / Civio.

España es más verde ahora que hace cincuenta años

Aquí aparece una paradoja que desmonta buena parte del relato simplón. España tiene hoy más de siete millones de hectáreas más de bosque que en los años setenta, fruto del abandono agrario, la regeneración natural y las repoblaciones. Pero "más verde" no equivale a "menos fuego". Lo que dispara la propagación no es la cantidad de bosque, sino la continuidad del combustible, horizontal y vertical. El matorral y los combustibles finos, que avanzan con el abandono rural, forman una alfombra continua por la que la llama corre sin freno.

Figura 3. Evolución de la superficie forestal arbolada en España desde los años setenta. Fuente: MITECO, Inventario Forestal Nacional / Mapa Forestal.

A ese problema se suma la desaparición de quien limpiaba el monte, esto es, la ganadería extensiva. El censo de ovino ha caído un 44 % en veinticinco años, de unos 24 millones de cabezas en 2000 a 13,4 millones en 2024, y el caprino un 19 %. Menos ovejas y cabras pastando significa más biomasa fina acumulada.

Figura 4. Descenso del censo de ovino en España (2000-2024). Fuente: MAPA / Eurostat.

Es correcto afirmar que no existe ninguna norma que "prohíba limpiar el monte" y que la Ley de Montes, de hecho, obliga a la prevención. Pero sí que existe un complejo entramado de autorizaciones autonómicas y restricciones en espacios protegidos que, sumado a la burocracia y a la pérdida de rentabilidad ganadera, hace que en muchos lugares simplemente no se limpie. El obstáculo es real, aunque no sea una única ley que lo prohíba.

El clima: peligro frente a actividad

¿Y el cambio climático? Existe y agrava el problema, pero no de la forma que sugieren los titulares. La manera rigurosa de estudiarlo es separar el "peligro climático" de la "actividad observada". El índice meteorológico de peligro (FWI, Fire weater index) mide variables como la temperatura, la humedad, el viento y la lluvia; en otras palabras, cómo de seco y propenso a arder está el campo. Este índice ha subido de forma clara en los últimos años. Científicos como Barbero y colaboradores (2020) lo cuantifican con un método contrafactual. Parten del clima real, le restan la tendencia forzada por el hombre estimada con diecisiete modelos climáticos y comparan. Concluyen que el cambio climático explica en torno a la mitad del aumento del peligro de incendio en el Mediterráneo, y que un verano extremo como el de 2003 ha pasado de ser un evento de 1 cada 500 años a 1 cada 10.

Y, sin embargo, la actividad real de incendios en España ha disminuido, como muestran Urbieta et al. (2019) y Rodrigues et al. (2020): menos fuegos, menos superficie y menor tamaño medio, gracias a la extinción y la gestión. La lección es doble porque sube el peligro de fondo, pero lo que finalmente arde lo modulan las igniciones humanas, el paisaje y los medios.

La buena noticia es que la prevención eficaz se conoce y es barata comparada con la extinción. Combinar clareo y quema prescrita en zonas estratégicas es lo más robusto para reducir la severidad futura. El pastoreo dirigido recorta el combustible fino. También la supervivencia de una casa depende de su "zona de ignición", siendo esencial que los los primeros metros no tengan nada combustible pegado a la fachada, además de un tejado cerrado a las ascuas. Todo ello se hace en invierno y primavera, no en agosto: el verano solo cosecha lo que se siembra en los meses fríos.

Conclusión

El Estado español no arde más veces que antes, pero arde peor cuando arde, porque el daño se concentra en unos pocos megaincendios sobre un paisaje cada vez más continuo y despoblado. Las causas son abrumadoramente humanas; el clima añade peligro, pero no sustituye a la piromanía ni a la falta de gestión.

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BIBLIOGRAFÍA

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Barbero, R. et al. (2020). "Attributing Increases in Fire Weather to Anthropogenic Climate Change Over France". Frontiers in Earth Science 8: 104. doi:10.3389/feart.2020.00104

Censo ganadero: MAPA -- "Caracterización de los sectores ovino y caprino (datos 2024)"; Eurostat.

Datos: MITECO -- Estadística General de Incendios Forestales (EGIF). Civio, «Todos los incendios forestales» (1968-2023).

Davis, K. T. et al. (2024). "Tamm review: fuel treatment effects on subsequent wildfire severity". Forest Ecology and Management 561: 121885.

Fernandes, P. M. et al. (2013). "Prescribed burning in southern Europe: developing fire management in a dynamic landscape". Frontiers in Ecology and the Environment 11(s1): e4-e14. doi:10.1890/120298

Jolly, W. M. et al. (2015). "Climate-induced variations in global wildfire danger from 1979 to 2013". Nature Communications 6: 7537. doi:10.1038/ncomms8537

Rodrigues, M., Jiménez-Ruano, A. & de la Riva, J. (2020). "Fire regime dynamics in mainland Spain. Part 1: Drivers of change". Science of the Total Environment 721: 135841. doi:10.1016/j.scitotenv.2019.135841

Turco, M. et al. (2016). "Decreasing Fires in Mediterranean Europe". PLOS ONE 11(3): e0150663. doi:10.1371/journal.pone.0150663

Turco, M. et al. (2017). "On the key role of droughts in the dynamics of summer fires in Mediterranean Europe". Scientific Reports 7: 81. doi:10.1038/s41598-017-00116-9

Urbieta, I. R. et al. (2019). "Fire activity and burned forest lands decreased during the last three decades in Spain". Annals of Forest Science 76: 90. doi:10.1007/s13595-019-0874-3

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