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08/07/2005 :: Pensamiento

El Reino Unido se tambalea, la estrategia de la socialdemocracia se rompe en pedazos

x Roberto Delgado - La Haine
Qué romántico era ver a Will Smith rogándole al G8 que convierta la pobreza en historia. Se me caían las lágrimas al comprobar que Tony Blair, en plena presidencia inglesa de la Unión Europea, se comprometía a colocar el drama que vive África en la agenda del G8 ante las "presiones" de las multitudinarias movilizaciones pacifistas y musicales del Live 8. Quizá se le olvidó el drama que viven Irak y Afganistán, entre otros muchos sitios, pero no importa. Cuánta alegría desatada al conocer que la organización de los próximos juegos olímpicos del 2012 caía en manos de la capital inglesa. Y todo en el mismo fin de semana. Desgraciadamente la realidad es mucho más cruel.

La armonía neoliberal se rompe. Fase 1: Los anticapitalistas intentan asaltar el recinto de reuniones del G8

Desde tempranas horas de la madrugada del 6 de julio, grupos antiglobalización se movilizaron para bloquear los accesos al Hotel Gleneagles, donde tendrían lugar las reuniones del G8. Se realizaron acciones de bloqueo para impedir la llegada del personal de apoyo de los grandes líderes en la autopista M9, en la A822 en el sur de Crieff, en las vías de los trenes, en el puente Kinckle de la carretera B8062 a las afueras de Auchterarder, en el Hotel Sheraton de Edimburgo... A las 6.00 de la mañana, agencias de prensa ya reportaban duros enfrentamientos con la policía. En las afueras de la localidad de Stirling, el periódico socialdemócrata The Guardian informaba que un Burger King había sido atacado y en el centro de la ciudad manifestantes se enfrentaban a pedradas contra furgonetas de la policía. Horas después, se reportaban nuevos choques en esta ciudad cercana a Gleneagles, con el ataque a un local de Pizza Hut. A las 11.25, el colectivo de información alternativa Indymedia informaba de que a la salida del Hotel Sheraton había sido bloqueado con éxito la delegación japonesa por decenas de manifestantes que pararon los autobuses durante 10 minutos colocándose en frente de la caravana. A la misma hora se confirmaban numerosos bloqueos en torno a la autopista A9 entre los pueblos de Stirling y Perth. Otros delegados fueron bloqueados en la A9, cerca de Greenloaning.

Pasadas las cinco de la tarde, una marcha que partió desde Auchterader en dirección al hotel Gleneagles (lugar de las reuniones del G8), formada por unas 4000-5000 personas, se acercó a unos 500 metros del perímetro de seguridad. Entonces, un bloque de varios cientos de manifestantes se desmarcaron de la ruta autorizada para la marcha y corrieron campo a través hasta las vallas de seguridad que protegían el Hotel. Este grupo llegó a derribar unos seis metros del primer anillo de acero que, a lo largo de ocho kilómetros, aislaba Gleneagles. Indymedia reportaba que en medio de los enfrentamientos con la policía, algunas personas llegaron incluso a la segunda valla de seguridad, unos 100 metros más adelante. 4 helicópteros de combate Chinook sobrevolaban la zona y 'disparaban' flashes de luz a los activistas. Finalmente, el fortísimo dispositivo policial logró disolver violentamente a los manifestantes. Un participante de la acción comentaba a Indymedia que "todo el mundo estaba realmente aburrido en una marcha que no iba a ninguna parte, entonces la gente rompió la barrera y la atmósfera cambió".

Saldo represivo final de la jornada: más de 400 activistas detenidos y decenas de heridos.

La lección que debemos sacar de esta jornada es que el poder intentó, en Génova del 2001, frenar las combativas movilizaciones antiglobalización que, con la participación de la socialdemocracia (ATTAC participó en los bloqueos de Praga, año 2000), se venían desarrollando cumbre tras cumbre. El asesinato televisado de Carlo Giuliani ha logrado que la socialdemocracia opte por la moderación y la festividad como única forma de acción antiimperialista, sin embargo los activistas más conscientes del movimiento han visualizado con claridad la estrategia de cooptación de la clase dominante y ha desbordado sus planes. Es posible que si continúa el boicot efectivo de próximas cumbres, el poder recurra nuevamente al asesinato de activistas como forma de disuasión. Pero ahora el panorama no es el mismo: la socialdemocracia está quedando en evidencia y los anticapitalistas están superando la situación de estancamiento en que se encontraban.

El coro único se escandaliza

Los periodistas del Imperio se llevaban las manos a la cabeza. No encontraban adjetivos suficientes para descalificar el enfrentamiento de militantes anticapitalistas contra el impresionante dispositivo policial (más de diez mil policías, apoyados desde el aire por un avión espía y varios helicópteros) que protegía a los representantes políticos de los 8 países más poderosos del mundo. Y como si fueran todos del mismo bando (no sé por qué se me confunden las cosas), los vanagloriados y bientratados representantes de las mal llamadas "protestas pacíficas" se unían al desprecio a los que, en vez de proponer alegremente al G8 que "convierta la pobreza en historia", confrontaron al G8 para algo esencialmente distinto: convertir el capitalismo en historia.

Geldof, el principal organizador de los macro-conciertos del Live 8, calificó de "idiotas" a los "manifestantes violentos". Al mismo tiempo, informaban varios medios que el primer ministro escocés, Jack McConnell, condenaba los enfrentamientos de la jornada definiendo a los manifestantes como "gamberros".

Los anticapitalistas faltaban el respeto a las hermosas infraestructuras neoliberales de forma inaceptable. Las televisiones se retorcían de indignación y rabia. Para calificar a los manifestantes, utilizaban las palabras "violentos" y "encapuchados" una y otra vez, como si la máquina informativa hubiera sufrido un cortocircuito. El ardor anticapitalista revolvía las tripas de los voceros mediáticos. La noticia difundida esa misma noche por la edición digital de la cadena Telemadrid es un excelente ejemplo:

"Los violentos trataron de rebasar la kilométrica barrera de acero que pretende aislar del mundanal ruido el lujoso hotel escocés de Gleneagles. (...) Algunos activistas, con el rostro oculto por capuchas, llegaron a derribar unos seis metros de la verja y una torreta de vigilancia. (...) Pertrechada de banderas comunistas y pancartas anticapitalistas, la turba prendió fuego a una bandera estadounidense, mientras los agentes del orden formaban cordones para cerrar el paso de los agresores. (...) Tal fue el empuje de los activistas, que un helicóptero militar 'Chinook' aterrizó en una ladera con refuerzos policiales y perros adiestrados para disuadir a los violentos. (...) Esos disturbios ocurrieron tras el grave enfrentamiento que protagonizaron esta mañana en Stirling grupúsculos de anarquistas y agentes del orden. En esa localidad, varios encapuchados atacaron un banco y destrozaron las ventanas de una hamburguesería de una cadena estadounidense, toda vez que otros violentos golpearon con barras automóviles estacionados en la calles".

Al mismo tiempo, los medios alababan las manifestaciones de la socialdemocracia, remarcando continuamente su carácter "pacífico" y "festivo".

Una movilización no es necesariamente mejor, más anticapitalista o simplemente más efectiva, por el mero hecho de ser violenta o pacífica (sino por los objetivos puntuales que se persigan). Pero el poder sabe de sobra que la violencia es útil porque la usa todos los días para perpetuar su sistema, y llama mucho la atención, especialmente en este caso, el esfuerzo que los medios del capital dedican a criminalizar toda protesta violenta mientras que aplauden abiertatamente las protestas pacíficas.

La armonía neoliberal se rompe. Fase 2: Una cadena de atentados en Londres contra objetivos civiles primermundistas conmociona al mundo

La sangre de los civiles europeos no vale más que la sangre de los civiles del tercer mundo. Ya lo avisó la resistencia islámica en varias ocasiones, en concreto tras reivindicar los atentados en Madrid del 11 de marzo del 2004. En este tiempo, mientras la capital española era duramente golpeada por Al Qaeda, la isla británica permanecía indemne pese a sus bombardeos sobre Irak y Afganistán.

Ahora Londres ha sido blanco de una cadena de atentados, tres explosiones en el Metro y una en un autobús, que han provocado al menos 37 muertos y 700 heridos, según la policía. El ministro británico de Asuntos Exteriores, Jack Straw, manifestó que los ataques tienen "el sello de Al Qaeda". El marco de estos atentados es el siguiente: se cometen al tiempo que se celebra la cumbre del G-8 en Escocia, en plena presidencia de Reino Unido en la UE y un día después de que la capital británica fuese elegida sede olímpica para 2012.

Si bien las informaciones difundidas sobre estos hechos son escasas hasta el momento, algunos analistas valoran la posibilidad de un "autoatentado", al estilo del 11 de septiembre (de lo cual cada vez hay más evidencias), porque "este operativo eclipsa las duras y efectivas movilizaciones contra el G8". Ahora los medios no hablarán de otra cosa más que de los atentados, eso es cierto. Sin embargo me atrevo a sostener que las consecuencias de estos atentados son mucho más negativas para el poder británico que para el movimiento anticapitalista.

Los atentados de Londres se producen cuando el Reino Unido había establecido, precisamente estos días con motivo de la cumbre del G8 en Escocia, el mayor despliegue policial que jamás había tenido lugar en el país, denominado "Operación Sorbus" y en el que participaba el servicio de contraespionaje británico MI6 y Scotland Yard.

Los atentados contra objetivos civiles demuestran que el tan cacareado dispositivo de seguridad tenía unas prioridades muy claras: anteponer la protección de las vidas de los dirigentes imperialistas a la de la población.

El hecho de que la seguridad británica no haya podido evitar las explosiones, justo después de que Londres haya sido elegida para organizar los juegos olímpicos del 2012, pone en vilo a todo el mundo de ahora en adelante, que esperará junto al televisor que las bombas vuelvan a estallar en medio del evento deportivo causando alguna masacre de características similares. Los atentados en Londres se convierten así en un duro ataque psicológico contra la población británica, pero también contra los multimillonarios intereses económicos depositados por la clase político-empresarial en los Juegos Olímpicos.

Los atentados de Londres podrían eclipsar el mensaje de las valientes protestas anti-G8, pero si algo nublan es la propaganda pro-G8 como ente salvador de la tierra; como espacio de toma de decisiones que afectan a la vida de todas las personas del planeta pero que en realidad se basan en los intereses económicos de las potencias que lo conforman.

El imperialismo pretendía explicar con el Live 8 que otro mundo es posible, siempre y cuando se dé dentro de los márgenes delimitados por el poder. Mostró que entre el poder y la sociedad puede existir la comunicación. Después de colocar presidentes "progresistas" (Gutiérrez, Lula, Kirchner, Lagos, Vázquez...) en América Latina, el Live 8 es la demostración definitiva de que el imperialismo ha decidido apoyar abiertamente a sectores moderados de la "lucha por un mundo mejor". Les escucha, les invita a dialogar, les permite protestar (incluso financia algunas de sus quejas) y hasta les regala algunos gobiernos. Saben que ese lavado de cara y ese fortalecimiento de la credibilidad del sistema democrático imperialista, mantendrá bloqueadas por un tiempo las luchas que se desatan desde una población mundial que vive en tiempos de saqueos económicos a gran escala.

Tanto las combativas movilizaciones como los atentados, imponen la cruda realidad a los habitantes de este planeta, rompiendo la idílica imagen que el poder, utilizando a la la socialdemocracia, intentó construir (y logró, aunque ahora con un éxito más relativo) de que unos cuantos macro-conciertos televisados y repletos de "estrellas" iban a devolver la dignidad a los países esclavizados.

De hecho, el mensaje de los anticapitalistas queda hoy más claro que nunca: EL IMPERIALISMO ESTA DESTRUYENDO EL PLANETA. LOS PUEBLOS DEL MUNDO SE DEBATEN ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE. LA JUSTICIA NO PUEDE ESPERAR.

robe_delgado@yahoo.com

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